viernes, 25 de enero de 2019

CON "I" DE ILUSIÓN


Primera publicación de este 2019 que estrenamos hace ya casi un mes. Junto a la Nochevieja, la Noche de Reyes es sin duda una de las noches mágicas del año. La primera implica un cambio de año, de ciclo, una oportunidad más para obligar a nuestra mente a plantearse nuevos retos y seguir creciendo. Es la noche de los objetivos a marcar para los próximos 365 días, muchos de los cuales quedan en el cajón del olvido por falta de un ingrediente imprescindible: la ilusión.

La ilusión es la pócima secreta que convierte nuestros sueños en objetivos, y después en realidad. Para ello, nuestro calendario nos coloca sólo cinco días después del inicio del año la noche de la ilusión por excelencia: La Noche de Reyes. Es la noche de los niños. Esos niños que todos deberíamos aspirar a volver a ser, buscando una de las etapas más mágica de nuestras vidas. Este año he tenido la infinita fortuna de vivir esa noche de forma muy especial. Gracias a mi conexión directa con el Rey Melchor, he podido formar parte este año de su cortejo de beduinos y vivir una experiencia inolvidable. Para poner la guinda al pastel, me acompañó durante todo mi camino el Beduino Luishamed, un auténtico experto en esto de la ilusión. Fueron seis horas muy intensas envueltos en saris de colores brillantes, con la piel oscurecida y bajo un gorro que nos hacía más grandes ante la mirada atónita de niños y no tan niños. Aprendes que la ilusión es la magia que es capaz de sacar una sonrisa de felicidad de cualquier niño, de sus padres, e incluso de sus abuelos. Hablaba en Mayo en mi post sobre la necesidad de “volver a ser un niño”. Sin duda he sido testigo de excepción en primera fila de esta transformación. Para no olvidarlo, la imagen que acompaña a la publicación de este mes es un recuerdo de ese día. No lo olvidaré nunca, y espero repetirlo cada vez que tenga ocasión.
                  
Mi deseo para este año es que no perdamos la ilusión, que cuando lleguen las tormentas, que llegarán, la utilicemos como el paraguas que nos permita bailar bajo la lluvia.

Con esa misma “i” de ilusión, mi hijo Pablo ha vuelto a pisar de nuevo las tablas del Gran Teatro Falla (y repetirá en pocos días) y yo he fijado mis objetivos profesionales, personales y deportivos para este recién estrenado 2019. Ilusión no me va a faltar. Con eso y estar vivo seguimos avanzando.

Gracias por vuestro tiempo.


miércoles, 26 de diciembre de 2018

ARRIVEDERCI 2018, BENVENUTI 2019


Cerramos el año en el blog con un merecido agradecimiento en primer lugar a todos  los que habéis invertido parte de vuestro  preciado tiempo en la lectura de alguna de sus publicaciones, incluso en todas para los muy fans. Esta última entrada será un resumen homenaje a las once anteriores. Hace ahora un año, con el 2018 recién nacido, decidí realizar al menos una reflexión mensual para compartir con el que quisiera leerlas. Doce meses después, el objetivo se ha cumplido. Espero repetir para este próximo 2019 que está ya a punto de nacer.
Comencé el año destacando la importancia de aprender a vivir, algo que llevo haciendo desde que nací y que espero seguir haciendo hasta el día en que llegue mi hora de partida. Hablar de aprendizaje es hablar de Maestros, por lo que aproveché esta entrada para agradecer todo lo que me han dado.
En el mes de Febrero utilicé el recurso de las frases para dar forma a mi crónica de la Maratón de Sevilla, en la que tuve la inmensa fortuna de ser el impulsor de una capitana llamada Elena perteneciente a la sin par familia de los Carros de Fuego. Había que agradecerlo de alguna forma, y una entrada del blog era una de ellas.
En Marzo llegó el turno de la Felicidad, posiblemente porque fue este mes el que cambió mi vida en 2004 con el nacimiento de mi hijo Pablo. Con él la palabra felicidad tomó otra dimensión. Abril también es un mes muy importante para mí. El del nacimiento de Daniela algunos años después y el de mi boda algunos años antes. Por eso este mes hablé de la gente, de las personas que nos cruzamos en nuestro camino y también aproveché para darles las gracias.
En Mayo con mi cumple en el horizonte, decidí rejuvenecer varios años y volver a ser un niño, retornar a ese estado de inocencia y aprendizaje infinito que es (o que debería ser siempre) la niñez. Lo importante es que la edad no la marca el DNI, creo que como muchas otras cosas es una mera cuestión de actitud. Pero el tiempo sigue avanzando inexorablemente, por lo que en Junio decido dedicarle el post del mes. La teoría de la relatividad, el cuento de “El Buscador” de Bucay y la presentación de la Comparsa “Tic tac” fueron algunos de las ideas que le dieron forma.
En el mes de mi nacimiento en pleno verano hablé sobre la desconexión, sobre la necesidad de poner una pausa a este frenético ritmo con el que hemos decido vivir nuestras vidas. Momentos para disfrutar con los tuyos, para reír, para respirar,  para cargar el depósito de gasolina y afilar el hacha, porque a la vuelta había que seguir dando vueltas al circuito y cortando árboles.
Reflexión del mes de Agosto dedicada al miedo, uno de nuestros mayores enemigos que nos acompañan permanentemente a lo largo y ancho de todo nuestro recorrido. Precisamente por eso deberíamos utilizarlo como argumento para VIVIR (en mayúsculas) y no como excusa para no hacerlo.
Septiembre es el tradicional mes de la visita a los niños de la Fundación Andrés Olivares para la sesión de fotos que sirve de base al calendario anual. Allí te das cuenta de lo que de verdad importa, como la peli de Paco Arango, por lo que no encontré mejor título para la publicación de este mes.
Octubre fue un mes intenso y deportivamente importante. Cometí la inmensa locura de participar en una prueba de ultradistancia en la que me “merendé” 454 kilómetros en tres días (nadando, pedaleando y corriendo) No quería dejar pasar ese mes sin recordar todo lo aprendido en estos tres días vividos tan intensamente y sin agradecer a todos los que lo hicieron posible.
Noviembre también es un mes muy especial para mí, el del cumple de mi mujer, la que tantos años lleva aguantándome. Por eso quería que la publicación también fuese especial, y no encontré mejor forma de hacerlo que dedicando la entrada a los niños de la Fundación Andrés Olivares, que vestidos de héroes y heroínas dieron vida a un calendario espectacular que no olvidaremos nunca.
En Diciembre resumo y agradezco, aunque también me gustaría dejar constancia al menos de mi participación en un evento (es mucho más que una prueba deportiva) Su nombre lo dice todo, Ultramarathon de la Vida. Un homenaje a los donantes de órganos y una petición a los que aún no lo son. No hay palabras que reflejen con justicia lo que se vive todos los años en el Puente de la Inmaculada en Sanlúcar de Barrameda, por lo que este magistral video producido por el genial Diego Escobedo me ha parecido una forma correcta de hacerlo.


Y como imagen para la publicación, un primer plano de mi carta a los Reyes, una carta que espero que todos hayáis escrito repleta de sueños, como lo he hecho yo.
Echando la mirada atrás este blog me ha servido, entre otras muchas cosas, para demostrar que el agradecimiento es una de las vías que conduce a la felicidad. He dado las gracias en casi todas las publicaciones y ahora que las he revisado, tengo que confirmar que me siento feliz, más feliz.
Gracias de nuevo por penúltima vez este año y espero que en este inminente 2019 todos vuestros sueños se hagan realidad. Con vuestro esfuerzo y dedicación, pero que se hagan. Todo lo demás se nos dará por añadidura…



sábado, 24 de noviembre de 2018

SUPERHÉROES, MÁS QUE HÉROES


Este mes mi publicación trata sobre los héroes, o mejor aún de los superhéroes.

Según la R.A.E. en su primera acepción, un héroe (del latín “heros, -ōis”, y éste del griego “ἥρως hḗrōs”) es una persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble. También lo define como una persona a la que alguien convierte en objeto de su especial admiración.

Cuando le colocamos delante el prefijo súper, expresando grado máximo hablamos de superhéroe, una persona que goza de características superiores a las de un ser humano que utiliza para hacer el bien.

En el post de Septiembre (Lo que de verdad importa)  hablaba sobre mi visita a la sede de la Fundación Andrés Olivares para la sesión de fotos que da pie al calendario solidario que anualmente tenemos la fortuna de preparar con ell@s, por ell@s y para ell@s. Esa publicación quedó a medias, porque no quise desvelar la espectacular temática de este año. Tras la presentación realizada el pasado Jueves, a la que tuve la ofortuna de acudir como espectador de excepción, no quedaba otro remedio que dedicar la entrada de este mes a los niños. Haber vestido a los niños y niñas de superhéroes y superheroínas puede que no haya sido la decisión más original y novedosa, pero seguro que ha sido la más acertada. Si algo tienen en común estos niños y niñas es que realizan acciones muy abnegadas en beneficio de una causa noble. No sólo luchan día a día con la dura prueba que les ha tocado vivir sino que además lo hacen dando lecciones de vida a todos los que de una o de otra forma formamos parte de su entorno. Todos los que estamos cerca profesamos hacia ellos la más profunda y especial de nuestras admiraciones.  Y todo ello lo hacen en grado máximo, por lo que el prefijo súper es más que merecido. El calificativo de superhéroe es por tanto, uno de los muchos que estos auténticos campeones se merecen.

Este año, gracias al alma, magia y corazón que estos superhéroes contagian han conseguido elevar a un puñado de gente normal para también realizar acciones extraordinarias. Los voluntarios y los trabajadores de la Fundación, los familiares de los niños, los patrocinadores, los impresores, los diseñadores, los maquilladores, los medios de comunicación y los fotógrafos (mención especial para Diego Escobedo y Paco Aznar) han conseguido concentrar en tan solo ocho páginas una infinita cantidad de emociones y sentimientos que sólo se pueden encontrar en un ambiente como éste.

Recuerdo perfectamente cuando tuve la oportunidad de comprobar por primera vez el resultado final. Venía de viaje de trabajo, y al llegar a la estación de Atocha de Madrid comprobé que al grupo de Whatsapp que mantengo con Diego e Ivana (otra de las integrantes del equipo ADN artífice del calendario) para nuestras aventuras solidarias habían llegado varias imágenes. Me senté a almorzar mientras llegaba la hora de subir al tren y allí tuve la oportunidad de ver el  primer adelanto del resultado. No pude contener la emoción y las lágrimas brotaron de mis ojos. Mis expectativas habían quedado ampliamente superadas. Venía muy contento de la sesión de fotos, pero lo que tenía ante mis ojos era difícil de esperar.

Lo de la presentación del Jueves fue incluso mejor. Compartir momentos con la gente de la Fundación, pero sobre todo con Edu, Claudia y con nuestra Catwoman Carmen queda fuera de mi alcance descriptivo. Para los que os queráis hacer una idea, os podéis hacer con un ejemplar del calendario. Son sólo cinco euros a cambio de algo que simplemente no tiene precio.

Como adelanto os dejo el espectacular vídeo de la preparación del calendario. Este mes no tengo más que decir. Hay cosas que aún no soy capaz de expresar con palabras. Lo siento. Gracias por vuestra atención.





viernes, 26 de octubre de 2018

LOS CAMINOS DIFÍCILES USUALMENTE TE LLEVAN A INCREÍBLES DESTINOS


 

Este mes, tal como comenté en mi última publicación, voy a aprovechar mi experiencia en la Aventura Hispano Triatlón para escribir este post.

 

Este mes es mi amiga Ivana la que me presta la frase que le da título a la entrada del blog. En todos los años que llevo practicando deporte, el de este puente de Octubre ha sido posiblemente el camino más difícil que he recorrido. Casi con toda seguridad ha sido también el destino más increíble que he alcanzado.

 

Según reza en su web "Hispano Triatlon no es una competición, es una aventura, un reto, un desafío de 30 participantes en realizar las distancias de 10km de natación, 360km de bici y 84km de carrera, distribuidos en tres días." Una locura según algunos. Vuelvo a un tema que ya he tocado en otros momentos en el blog. El de los porqués. En este caso, la aparente dureza del reto queda diluida por el motivo que le daba sentido. Los 454 kilómetros en tres días del reto se convertían en #454corazones en un intento de aportar nuestro modesto grano de arena a la espectacular campaña de 15.000 corazones que lleva a cabo la Fundación Andrés Olivares (www.15000corazones.com) Como he repetido muchas veces en las últimas semanas, la aparente dificultad se disolvía como el azúcar en el café cuando pensábamos en la dura prueba que atraviesan estos niños cada día. Para no extenderme demasiado, porque la experiencia del largo fin de semana daría para un libro, os dejo algunas reflexiones.

 

  • Siempre he mantenido que el triatlón engancha tanto porque en cierto modo es una metáfora de la vida. No importa si nadas, pedaleas o corres, pero siempre tienes que seguir adelante. Eso era porque no conocía el Hispano, donde además puedes comer y dormir entre etapas. Como la vida misma.

 
  •  Por mucho que me habían contado lo que era esta prueba, realmente no valoras su alcance hasta que no participas en ella. Como en la vida, hay que vivir la experiencia para poder sentirla. No nos vale con que la leamos, o la escuchemos.

 

  •  No tenemos ni idea de lo que somos capaces de hacer. Si alguien me hubiese dicho hace algunos años que iba a participar en un evento así hubiese apostado lo que fuese en mi contra. La mente está siempre por encima del cuerpo, pero además el corazón está siempre por encima de nuestra cabeza.

 

  • La más grande caminata comienza con un paso (con una brazada este caso). Si el viernes a las 8:00 de la mañana cuando atravesamos el pantalán iluminados sólo por el fuego de las antorchas hubiese pensado en lo que me quedaba por delante os puedo garantizar que no me hubiese tirado al agua. Todo en esta vida hay que partirlo en pequeños bocados que podamos digerir. Aunque me vuelve loco, no sería capaz de comerme la espectacular tarta de tres chocolates que prepara mi mujer María de un solo bocado.
     
  • La importancia de saber a dónde vas y de rectificar cuándo te apartas del camino. En la natación tuvimos la fortuna de nadar casi 13 kilómetros. Por el mismo precio, nadamos casi 3.000 metros de más. 1.250 metros de separación entre el pantalán y la primera boya nos ayudaron a hacerlo realidad. Nos quedamos con la parte positiva, el cruce del Estrecho está cada vez más cerca.

 

  •  El deporte une. Hay algo mágico en esta prueba que no experimentas hasta que no participas en ella y que además es difícil de explicar (como el mismo camino). Te abrazas con gente a la que no has visto nunca como jamás abrazarías a tu vecino de enfrente.
     
  • La solidaridad une. El tercer día, posiblemente el más difícil, en el que estás más cansado es el día de la doble maratón, de la carrera a pie. Ese día, dos de los retos solidarios que tuvieron lugar en el Hispano 2018, el de #454corazones y el #RetoPichón de mi amigo Juan Luis Muñoz Escassi caminaron de la mano. Fue un honor acompañar a Juan (y a su hijo Juan Jr.) en su caminar.

 

  • Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos, hazlo acompañado. Aquí había que llegar lejos y no había prisa ninguna por llegar. Salvo excepciones, esta aventura se realiza en pareja. Yo he tenido la inmensa fortuna de hacerlo junto a mi amigo Manu, con quien ya compartimos hace años un paseo de 73 kilómetros de Sevilla al Rocío. Pero el equipo no se queda ahí. La autosuficiencia exigida por esta prueba hace necesaria la participación de un asistente. En nuestro caso, tíos con suerte, tuvimos dos: Luismi y mi tocayo Antonio. Sin ellos os puedo garantizar que no hubiésemos pasado del primer día.

 

  •  Lo que en apariencia puede ser lo más duro puede llegar a ser lo más gratificante. Lo que más me preocupaba era el tercer día. 84 kilómetros corriendo a pie, por un camino difícil (muy difícil) era algo a lo que nunca me había enfrentado. Por si fuese poco, casi a mediados del recorrido, teníamos que cruzar a nado un río de unos 30 metros de anchura. Echarse al agua calzado y vestido era algo que no tenía controlado, y no sabía cómo iba a reaccionar. Cuando después de casi 40 kilómetros en tus piernas te tiras al agua haces lo posible por no llegar a la otra orilla. La sensación de frescor, de paz, de tranquilidad y de algo más para lo que no encuentro palabras es difícil de explicar. Te quedarías allí para el resto del día.

 

  •  Siempre hay una primera vez para todo. Como decía mi amigo Dani, en un solo fin de semana he superado mi record de distancia a nado, en bicicleta y de carrera a pie. A ver cuánto tiempo tardo en superarlo de nuevo.

 

Se me quedan muchas cosas fuera, pero como dije al principio, la experiencia da para un libro. Somos Hispanos, somos leyenda.

 

Gracias a todos por haberlo hecho posible.


sábado, 22 de septiembre de 2018

LO QUE DE VERDAD IMPORTA


LO QUE DE VERDAD IMPORTA

El mes de Septiembre, el de la vuelta a  la rutina, al cole, al horario habitual en el trabajo...mi post toma nombre de esta excepcional película de Paco Arango.

En mi caso Septiembre es el mes de la visita anual a la Fundación Andrés Olivares. Es el mes en el que realizamos las fotos que formarán parte de ese calendario del que ya llevamos tres ediciones en las que coinciden protagonistas y beneficiarios: los niños de la Fundación.

Dice el gran Maestro Kuppers que lo más importante es que lo más importante sea lo más importante. Este galimatías de palabras cobra sentido nada más cruzar el umbral de la sede de la Fundación. Está ubicada en la malagueña calle del Arroyo de los Ángeles (no se podía haber escogido un mejor nombre), junto al Hospital materno infantil. El alma, la magia y el corazón que forman parte de su lema se respiran en el ambiente con la mayor de las intensidades posibles. Basta la mirada de un niño, una de sus sonrisas, un abrazo de alguno de sus emocionados padres para darte cuenta de que hay algo en el mundo exterior ajeno a este mundo que debe estar equivocado... No puede ser que la felicidad pueda convivir con el aparente dolor que los foráneos presumimos en este ambiente. Nuestra mente de adulto, que hace tiempo que perdió la inocencia y la sabiduría de los niños, no alcanza a comprender la esencia de lo importante. O más bien podríamos decir que lo olvidamos, porque una vez también fuimos niños. Son estos enanos de sonrisas imborrables, como los bautizó el año pasado nuestro genial fotógrafo Diego, los encargados de recordárnoslo.

Este año los niños se han vestido de Superhéroes, para dar forma y color al calendario. La sesión ha sido una experiencia espectacular, seguramente porque en su día a día interpretan este papel a la perfección. Hemos contado además con la inesperada visita de Spiderman, Batman y Bumblebee (Transformer) que nos han hecho albergar la esperanza de que es posible volver a ser un niño, como decía la bella canción de Los Secretos. Ver las caras de los niños rebosantes de emoción como si estuviésemos en la Noche de Reyes cuando contemplan a sus Héroes nos vuelve a recordar lo que realmente es importante. Recibir un abrazo de Edu, Andrés y de Robert (una pena que no coincidiesen con los Superhéroes, para poder haberlos disfrutado de forma conjunta) nos ha cargado de energía hasta nuestra próxima visita, que esperamos que no se demore un año.

La familia, los amigos (como los que siempre me acompañan a estos líos, mis inseparables Ivana y Diego, para los que no tengo palabras de agradecimiento), los niños…son de las cosas más importantes de esta vida. Sólo tenemos que hacer que sean lo más importante.

No puedo finalizar este post de otra forma que pidiendo prestadas dos frases que utilizan mis amigos de la Fundación, como muestra de cosas importantes.

 “Lo mejor y lo más bonito de esta vida no puede verse ni tocarse, debe sentirse con el corazón”

“No es necesario hacer cosas extraordinarias, sino hacer las cosas ordinarias con un amor extraordinario”

Y la imagen que lo acompaña es una preciosa fotografía de estos Héroes de camino al Hospital Maternoinfantil de Málaga. No hay palabras para comentarla…

Mi próximo post, el  de Octubre, será para contar mi experiencia en el reto #454Corazones, mi modesta contribución a la campaña #15000Corazones (www.15000corazones.com) de la Fundación Andrés Olivares, un pequeño granito de arena en forma de agradecimiento a todo lo bueno que me han dado, que me siguen dando, y que sin duda me darán.

Gracias.

jueves, 16 de agosto de 2018

EL MIEDO


Oí una vez a Pilar Jericó decir que las personas no tenemos miedo únicamente en dos ocasiones, cuando lo llamamos de otra forma o cuando estamos muertos. Esta afirmación, que en principio puede parecer radical, no lo es tanto cuando asumimos que el miedo es quizás el mecanismo de supervivencia más fuerte que existe, y que ha hecho capaz que hayamos llegado a nuestros días. Esto justifica que esté tan poderosamente enraizado en nuestro ADN que sea muy difícil vivir sin él.

La R.A.E. define el miedo como una “sensación de angustia provocada por un peligro real o imaginario”. En los adjetivos “real o imaginario” puede estar la clave de su adecuada gestión. Hay tantos tipos de miedo como causas a esa  sensación de angustia. Es importante definir si el origen de esa sensación es real o imaginario. Javier Iriondo, un auténtico gurú en esto del miedo (bueno, en esto y en otras cosas) cuenta en sus conferencias una anécdota que me impresionó bastante desde la primera vez que la oí. En uno de sus múltiples viajes por el mundo, tuvo la oportunidad de hablar con un anciano de la tribu de los Másai, en Kenya. Cuando le preguntó por sus tres mayores miedos, la respuesta fue breve y directa: el león, la hiena y el leopardo. Tres miedos reales como la vida misma, de los que debe protegerse para sobrevivir. Una respuesta muy distinta de la que tendríamos si preguntamos a alguien perteneciente a lo que venimos llamando “civilización”.  
 
Entre los miedos más habituales, el miedo al cambio, a la soledad, a fracasar, al ridículo, al futuro… Muchos de estos en realidad no son más que distintas manifestaciones de uno de los miedos más aterradores que podemos sufrir: el miedo a no ser suficiente. Este último miedo es consecuencia de una de las conductas más nocivas propias del ser humano: el estar permanentemente comparándonos. Nuestro cerebro mide todo en relación a los demás; el coche del vecino, la casa de mi compañero de trabajo, las vacaciones de mi amigo… sin darnos cuenta de la importancia de ser uno mismo. Esa comparativa es además sesgada, solemos ensalzar lo bueno (o lo aparentemente bueno) de los demás y lo malo de nosotros mismos.

También el miedo al cambio merece una consideración especial. En la lucha de refranes que tiene lugar en nuestro refranero tradicional, el “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” debería batir por goleada al “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy…”. Ya dijo Heráclito que “nadie se baña dos veces en el mismo río”. La vida es ante todo cambio, y resistirnos a él es en cierta forma resistirnos a la vida. Por ello, seguir avanzando, aprendiendo y salir permanentemente de nuestra zona de confort deberían ser normas de obligado cumplimiento en nuestras vidas.

Dicen los expertos que un mecanismo muy útil para superar el bloqueo provocado por el miedo consiste en ponerse en lo peor. Busca todo lujo de detalles en la peor situación que seas capaz de imaginar, y plantea soluciones al respecto. Este ejercicio te hará relativizar todo. Nada de lo que te pueda pasar es tan grave como para justificar no seguir adelante y siempre podremos encontrar una salida. Mi amigo Alonso Pulido, siempre dice que la mala noticia es que los problemas no se acaban nunca, pero la buena es que las soluciones tampoco. Precisamente muchos miedos actuales tienen su origen en la imaginación de posibles problemas futuros (que por cierto, casi nunca llegan a pasar). Por ello, llevar esa imaginación hasta el límite, hasta el más mínimo detalle nos puede ayudar a calibrar las posibilidades de que finalmente pase eso que tanto nos preocupa.

La universalidad del miedo nos coloca en una situación de difícil gestión. Poco podemos hacer por evitarlo, otra cosa muy diferente es lo que hagamos con él. Podemos utilizarlo como excusa para no seguir creciendo, o como argumento motivador para hacerlo. 
            
No os puedo decir que no tengáis miedo, porque ya hemos visto que eso va a ser complicado, pero sí os deseo que os sirva como argumento para vivir vuestra vida, y no como excusa para no hacerlo. Como sabéis que soy muy de frases, termino esta publicación con una que me ha encantado:


-          El miedo no nos previene de la muerte, sino de la vida. (Naguib Nahfouz)

viernes, 27 de julio de 2018

DESCONEXIÓN


Tiempo de verano, momento de vacaciones. Hora de recargar el depósito que a estas alturas del año suele estar ya bastante seco.

En esta sociedad competitiva en la que vivimos, el concepto de desconectar, de pasar el tiempo alejado de nuestras tareas habituales no está demasiado bien visto.

En la desenfrenada carrera por tener más, por llegar más lejos, por ser mejores, apartarnos del ritmo frenético del día a día puede parecer un signo de debilidad, de no ser lo suficientemente profesional o competente.

Cada vez que reflexiono sobre este tema vienen a mi mente dos sencillos ejemplos, bastante gráficos por cierto relativos a esta cuestión.

El primero es el cuento del leñador.  Ese excepcional trabajador con unas capacidades únicas que llegó a la serrería, y a pesar de su habilidad cada día que pasaba cortaba menos árboles. Desmotivado, fue a ver al dueño de la empresa para despedirse, incapaz de encontrar una explicación a su bajo rendimiento. El propietario, un hombre mayor de contrastada experiencia, le preguntó:
- Hijo, ¿cuándo fue la última vez que afilaste el hacha?
- ¿Afilar el hacha? No quería perder tiempo en eso..
- Ahí tienes la respuesta a tu problema...

La otra metáfora es la del piloto de coches que no quería parar a recargar combustible para no parar de dar vueltas al circuito. Finalizar la carrera antes de tiempo va a ser inevitable.

Por eso, si no afilamos el hacha, si no paramos a echar gasolina, nuestro cuerpo y nuestra mente se encargarán de detenernos de cualquier forma.

Disfrutar de la familia, de los amigos, leer, pasear, y lo que es más difícil, no hacer absolutamente nada son algunas formas de hacerlo. Tan necesario como dormir bien unas horas todos los días, como disfrutar del oasis del fin de semana.

Parando para afilar el hacha o para repostar combustible podremos cortar árboles de la forma más eficiente posible y podremos dar más vueltas al circuito.

Así ganaremos en tranquilidad,  equilibrio y perspectiva, activos fundamentales en nuestro desempeño personal y profesional.

Tambien merece la pena destacar que la revolución digital nos lleva a estar permanente conectados, en un demoledor 24x7 que cada vez nos deja menos tiempo para lo verdaderamente importante, para vivir. ¿Cuánto tiempo podemos pasar sin revisar nuestro móvil en busca del último correo o para disipar la duda de cuantos likes llevamos en nuestra última publicación? La desconexión cobra hoy más importancia que nunca.

Descansen y desconecten. Feliz verano.

Nos vemos a la vuelta.