sábado, 17 de agosto de 2019

EL QUIJOTE DE SANLÚCAR


En un lugar de la Sanlúcar, de cuyo nombre no puedo acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de dorsal en astillero, zapas antiguas, bici flaca y porte corredor...

            Así podría comenzar perfectamente el relato de mi blog del mes de Agosto para referirme a Eduardo Rangel, presidente de la Fundación Donando Vidas.

            Su amigo y hermano de la vida Enrique Sánchez, artista de sabores, olores y texturas, lo define siempre como un Quijote. Al igual que el protagonista una de las obras más conocidas de nuestra literatura fue tachado de loco en muchas ocasiones. Igual que Don Quijote permaneció ajeno a las burlas de los demás y continuó adelante con su proyecto, para derrotar a esa maldita lista de espera que tomó forma de gigante contra el que luchar. Además de la diferencia de época que a cada uno le tocó vivir, hay otra que merece la pena resaltar. El hijo literario de Cervantes luchaba solo contra sus enemigos (bueno, con la única asistencia de su caballo Rocinante y su fiel escudero Sancho Panza, que lo acompañaba siempre montado en su rucio) mientras que Eduardo capitanea un inmenso ejército de guerreros pacíficos dispuestos a difundir el mensaje de la donación de órganos por todo el mundo. Entre ellos (él prefiere llamarlos Familia) tengo el inmenso honor de incluirme. En esta batalla sin armas, cuenta también con su particular Dulcinea que guía sus pasos en los momentos de oscuridad. Loli merece su reconocimiento. Porque delante de un gran hombre como Eduardo (nunca detrás) existe una gran mujer.

          Eduardo es un luchador incansable. Para él no existen los imposibles. Tras el fallecimiento de su madre, encontró en el deporte la excusa perfecta para unir voluntades en pos de tan noble causa. Dicen que el poder reside en la mente, pero yo creo que también se encuentra en el corazón. Sólo así podemos entender las hazañas deportivas que ha protagonizado este sanluqueño, que han derivado en un crecimiento de la cifra de donantes de órganos impensable para ser impulsada por una única persona. Entre otras, recorrió la distancia entre su querida Sanlúcar de Barrameda y el hospital Reina Sofía de Córdoba, para unir su lugar de nacimiento y el de la despedida de su madre. En el reto Renacer, completó ocho maratones (uno por cada provincia de Andalucía) en cuatro días (uno por la mañana y otro por la tarde). Ha sido Finisher de pruebas tan exigentes como el Iroman de Lanzarote, el de Kalmar (Suecia), el Norseman (en Noruega), entre otras. Como organizador ha sido el padre de la Ultramaratón de la Vida, una prueba que este año celebrará su cuarta edición y que deja una imborrable huella en todos los participantes, que ya reservamos el puente de la Inmaculada todos los años para disfrutar de estos momentos en Sanlúcar.

          Una de sus últimas creaciones ha sido la Gala de Premios Donando Vidas, que ha celebrado este año también en Sanlúcar su primera edición. Allí han sido premiados entre otros el Doctor Pérez Bernal, el auténtico número uno en las donaciones de órganos que ha permitido que España se coloque a la cabeza de este importante ranking. Entre sus geniales frases, me quedo con la afirmación de la existencia de ángeles sin alas, como llama a todos esos donantes que abandonaron este mundo con el más bello acto de amor posible, regalando la vida a otros. En esta línea reconoció la importancia de la solidaridad, una asignatura que jamás se estudió en la carrera de Medicina pero que salva tantas vidas o más que los antibióticos y las vacunas.

         Como broche de oro a la Gala, el Quijote Sanluqueño fue sorprendido con la entrega del primer Premio Purificación Enríquez (su Madre, quien sin saberlo se marchó de este mundo desencadenando todo esto).  Recibió el precioso raigón de olivo milenario elaborado artesanalmente en Castro del Río porque no había nadie que lo mereciese más. Nos enseñó a todos a llorar, porque cuando llega el momento no hay nada mejor que sentir las lágrimas rodando por tus mejillas.

        Os dejo al final el enlace al video de la Gala. Casi dos horas de emociones, de gente muy grande que hacen albergar la esperanza de que un día esa lista de espera de receptores esperando órganos desaparezca, aunque ello implique también la desaparición de la Fundación, como Eduardo afirmó en una de sus últimas frases de la gala.

       Para cerrar la publicación una frase de mi amiga Marta Núñez que me encanta: el mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños. No me cabe duda que Eduardo es uno de ellos. En sus manos seguro que tendremos un mundo mejor. Afortunadamente, y en contra de lo que ocurrió con Alonso Quijano, Eduardo no está solo. Tenemos otros muchos Quijotes en este mundo y yo soy un afortunado de compartir muchos momentos con ellos. Andrés Olivares, Juan Luis Muñoz Escassi, el Doctor Pérez Bernal, Vanessa y Antonio, los Capitanes, los padres de los niños de Carros de Fuego y tantos otros son Quijotes cambiando el mundo.



miércoles, 24 de julio de 2019

VÍVELA, SIÉNTELA, DISFRÚTALA (GRACIAS)

     Este mes ha sido muy fácil encontrar tema para la publicación del blog. No podía dejar pasar la oportunidad de hablar sobre mi reciente aventura canaria gracias a la Asociación Carros de Fuego. Como hilo conductor de la publicación usaré el lema de la carrera Orotava 8KM en la que hemos participado: "Vívela, siéntela, disfrútala"

     Es curioso como la vida va uniendo puntos para llevarte a vivir situaciones inesperadas. Aunque soy un tipo a quien le encanta planificar, es muy cierto lo que decía John Lennon: "la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes". Ni en mis mejores predicciones sobre el futuro hubiese imaginado vivir algo así. La vida sólo nos pide que la vivamos, mientras nosotros nos empeñamos en complicarla.

     La vida me ha regalado un Máster intensivo en los cinco días que he convivido con mi Capitán  (así es como llamamos en Carros de Fuego a los niños que nos llevan en volandas a los impulsores desde sus carros) Cristian y su familia. Las cuestas que dejamos atrás el sábado en la carrera no son nada comparadas con las que superan estos campeones en su día a día, y en todos estos días jamás escuché ni una queja ni un lamento. Sonrisas, risas y amor, mucho amor hacen que el camino se allane de forma inexplicable.

     En esta carrera tan especial magistralmente organizada por gente como Marcos (una delicia comprobar que aún existen buenas personas en el mundo) he tenido la oportunidad de sentir cosas que hasta ahora eran desconocidas para mí. Ha sido un verdadero regalo coincidir con gente tan grande como Anthony, su madre Zohila, Fernando, David, Lioneel, Miguel Ángel, Gilberto, Domingo y su mujer, Rafa, Dory, Ángel, Muller, Antonio Lima...una lista casi interminable de la que seguro mi frágil memoria ha dejado a alguien atrás y a cuyos integrantes sólo les puedo decir "Gracias" en mayúsculas desde lo más profundo de mi corazón. He aprendido lecciones inolvidables en el entrenamiento de la carrera, en la visita guiada, en la convivencia en el Sabor Canario, en la recepción en el Ayuntamiento de la Orotava  (por cierto un diez para esta Administración y en particular para su Concejal de Deportes Antonio Lima,  que nos ha enseñado lo que significa realmente la política), en ese almuerzo inolvidable y sobre todo en la carrera. Nos marchamos de la bella villa de la Orotava con el sentimiento de que aquí tenemos nuevos amigos a los que no olvidaremos nunca.

     Aunque es muy difícil, y puede que incluso injusto, si me tengo que quedar con un momento de entre todos los vividos en La Orotava, en el Teide, en el Puerto de la Cruz, en Icod, en Garachico, en el Loro Parque  (gracias infinitas y eternas, Pablo) me quedaría sin duda con la subida a la Iglesia de la Concepción en la primera vuelta de la carrera, que completamos solos Cristian y yo. Cuando más se complicaba la subida e incluso sostener el carro para que no se fuese hacia atrás era una odisea, mi Capitán comenzó a gritar con todas sus fuerzas animándome a continuar subiendo: ¡Vamos Antonio, tú puedes solo, que eres un crack! Las lágrimas de emoción que rodaron por mis mejillas se mezclaron con el sudor que bañaba mi cuerpo fruto del esfuerzo y de la temperatura. Mis piernas empujaron  con todas sus fuerzas y coronamos con unas sonrisas de felicidad infinita dibujadas en nuestros rostros ante la atenta mirada de su madre Ana que segundos antes sufría como nosotros, o incluso más.

     Tampoco puedo pasar por alto el pie de foto que Luis, uno de los padres de esta Asociación me ha dedicado en uno de los videos que ha montado con fotos del viaje: Antonio ya es uno más de la familia. Nada más cierto. Encantadísimo y súper agradecido.


     Soy consciente de que no hay forma de resumir en palabras todo lo vivido, sentido y disfrutado estos días. Espero que estas líneas ayuden al menos a hacerse una idea y que sirvan también como homenaje y agradecimiento a todos los que han hecho realidad este sueño. Como dijo el gran Jesús Vidal tras recoger su estatuilla de Los Goya como reconocimiento a su interpretación en Campeones, son sólo tres palabras: inclusión, diversidad y visibilidad. Estos días he sido premiado con la posibilidad de conocer su verdadero significado.

     Para los que no tengáis la fortuna de conocer la Asociación Carros de Fuego os dejo el enlace de su web, para que podáis comprobar en directo que hay otra forma de vivir, sentir y disfrutar la vida. Deberíamos de aprender de ellos. Yo intento hacerlo todos los días.

     Gracias por vuestro tiempo y disculpad por la extensión de la entrada, pero este mes tenía tanto que decir, y aún siento que se me quedan muchísimas  cosas en el tintero. Esto daría para un libro

     Cristian, como sé que esto es demasiado largo, todo se puede resumir en "muchísimas gracias, mi Capitán"

www.carrosdefuego.org


domingo, 23 de junio de 2019

LOS MIEDOS


Durante todo el mes estoy a la búsqueda de un tema para subir al blog, en función del momento, de las circunstancias, de las experiencias que más impacto me produzcan. Este mes me había planteado hablar sobre los miedos. El Afterwork de APD que trataba sobre cómo afrontar retos y superar miedos me pareció una señal perfecta que confirmaba mis intenciones.

Empezaré con las dos frases que abrieron el evento, una de Nelson Mandela y otra de Wody Allen.

En la primera el líder sudafricano decía algo así como: “Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.” El cineasta por su parte, con su habitual sentido del humor, sentenciaba: “El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro.”

Dos temas sobre los que volveremos al final. La universalidad de la emoción y sobre todo las diferentes formas de reaccionar frente a él.

El miedo es una emoción primaria, de esas que todos traemos de fábrica y de esas que yo creo que compartimos con todos nuestros parientes los animales (aunque no todos piensen así): alegría, tristeza, asco, ira y miedo. Es una de las emociones algunas veces llamadas negativas (aunque no por ello innecesarias, como se puso de manifiesto en la producción de Disney “Inside out”) Nos provoca una sensación desagradable motivada por un peligro real o imaginario. Gracias al miedo estamos aquí hoy. Ha tenido un papel fundamental en la supervivencia de la especie. Si no hubiésemos venido equipados de serie con el miedo los depredadores u otros peligros reales habrían acabado con nosotros. El problema surge cuando millones de años después seguimos respondiendo de igual forma ante los miedos que proceden de una amenaza imaginaria que ante los reales. En relación con esta dualidad me viene a la memoria una afirmación que hacía la crack de Pilar Jericó en el mismo evento de APD: “Sólo el 8% de nuestros miedos imaginarios se hacen realidad. El 92% restante no se cumple nunca”. Lo tengo muy presente por la última vez que recuerdo haber sentido realmente miedo. Fue hace un mes en el segmento de bici del Ironman Lanzarote. Un descenso muy complicado (al menos para mí) con unas rachas de viento espectaculares, que me entraban desde todos los ángulos posibles y que me hicieron pasarlo realmente mal, temiendo acabar con mis huesos en el suelo en más de una ocasión a la salida de esas cerradas curvas.  Si me hubiesen asegurado que sólo tenía un 8% de posibilidades de caerme, hubiese (al menos lo hubiese intentado) disfrutado más del momento. Por cierto, al final, después del mal rato, no pasó absolutamente nada.

                Creo que esa sensación sobre el peligro imaginario que nos asalta se basa, como suele ocurrir en una premisa falsa. Tenemos una falsa sensación de control que nos hace incurrir en el temor a perder cosas que creemos tener. Vayamos con un ejemplo. Si tenemos miedo a contraer una grave enfermedad, ¿somos conscientes del grado real de control que tenemos sobre nuestra salud? Podemos hacer todo lo posible por tener “bajo control” innumerables factores: ejercicio, nutrición, estrés en el trabajo, sueño… pero siempre hay una parte que se nos escapará ¿Es conveniente vivir con esa permanente sensación de miedo, sabiendo que aún manteniendo todas nuestras variables bajo control, hay posibilidades, aunque pocas de que el peligro finalmente acabe llegando?

                Leí una vez que una de las mejores estrategias contra el miedo es imaginarnos en el peor escenario de los posibles. Adelantarnos al futuro en nuestra imaginación y pensar con todo lujo de detalles qué pasaría si tenemos que enfrentarnos a la situación que tanto tememos. Con este ejercicio relativizamos y tomamos la suficiente perspectiva que necesitamos para cuestionar nuestros más terribles presagios. Al final, ¿qué es lo peor que podría pasarnos? ¿Morirnos? Ahí lamento comunicar que las posibilidades de ocurrencia se elevan hasta el 100%.

                Vuelvo a otros de mis autores de referencia, a quien además tengo el gusto de conocer en persona. El gran Javier Iriondo, un auténtico gurú en esto de los miedos, asume que todos tenemos miedos, pero la gran diferencia radica en lo que decidimos hacer con él. El miedo tiene que ser el motivo para hacer las cosas, no la excusa para no hacerlas. Los valientes lo usan como argumento y motivación para avanzar, mientras que los cobardes lo usan como excusa para no hace nada.

                Como bien dice, “no hay que nada a lo que tener miedo, salvo al propio miedo”

                Que vuestros miedos se conviertan en vuestros mejores motivos para seguir luchando en busca de vuestros sueños. Gracias y hasta el mes que viene, espero.

 


viernes, 31 de mayo de 2019

NO DEJES DE SOÑAR...


Este mes vuelvo a utilizar el título de una canción para dar entrada a la publicación del blog. Esta vez es la preciosa “No dejes de soñar” del gran Manuel Carrasco la que me ha inspirado. Si tuviese que escoger un consejo para dejar a mis hijos, posiblemente esta frase estaría colocada en el top de lista.

Escribo casi sin despertar del sueño que ha ocupado mis últimos días. En mi caso los sueños son la chispa que iluminan mis días y que dan sentido a mi existencia. Levantarte cada mañana con tu visión puesta en el horizonte creo que es una de las formas que te garantiza el aprovechamiento de tus días en esta vida.

Alguna que otra vez he oído asignarle una connotación negativa a la palabra sueño en comparación con la palabra objetivo. Como si no fuesen concretos, ni alcanzables, ni medibles, ni supusiesen un reto… En mi opinión un sueño es incluso algo más que un objetivo, porque le añade un ingrediente básico en la vida: la pasión.

Estos días he tenido la oportunidad de hacer realidad un sueño que llevaba rondando mi mente hace varios años. He podido finalizar el Ironman de Lanzarote. La primera ver que oí hablar de esta aventura fue hace muchos años gracias a mi amigo Dani. Cuando casi no sabía lo que era el triatlón Dani me contó que había una prueba de 226 kilómetros en la Isla de Fuego, donde el viento reinaba a sus anchas. Inmediatamente mi cerebro racional descartó la posibilidad ni siquiera de plantearme algún día esta aventura, pero mi corazón emocional se quedó con la copla para poder recuperarla varios años después.

El año 2013 tuve la posibilidad de viajar a la Isla junto a varios amigos (Ivana, Nandi, José Mari, Nene, Lay y el siempre recordado Silva) pero no fui capaz de enfrentarme a mis miedos. Ese año participé en dos triatlones de larga distancia posiblemente para convencerme a mí mismo de lo que era capaz. Pero la deuda con Lanzarote (y especialmente con mi amigo Juan Antonio) quedó grabada en mi corazón. Sabía que tenía que ir, sin importar el cuándo ni el cómo.

                A finales del año pasado, seguramente el que ha sido mi mejor amigo desde la infancia me brindó esta oportunidad en bandeja. La hora había llegado. El sueño era cada vez más real, y podía comenzar a concretar detalles. El primero, darle un sentido al mismo. Encontrar un “por qué”, porque como dice el gran Javier Iriondo, cuando tienes un por qué, encuentras el cómo.  Volver a retomar mi reto #YoAdelantoTuDonas (salir el último de la prueba para ir adelantando participantes y tratar de concienciarlos sobre un tema importante) podía ser una temeridad. Lanzarote es ya de por sí lo suficientemente dura como para complicarla con cuestiones adicionales y voluntarias. Pero otra característica de los sueños es que son emocionales más que racionales, y colaborar con mis amigos de la Fundación Donando Vidas podría ser la guinda a un pastel maravilloso. El por qué sería concienciar a la gente sobre la donación de órganos. Estaba decidido. Como en cuanto a detalles ando regular, mi amigo Diego Escobedo se encargó de darle forma: un logotipo mágico, un video espectacular, y una difusión en redes propia de los mejores.

                Mientras no dejaba de entrenar, cada día durante los noventa anteriores al reto fui subiendo a redes sociales fotografías con amigos y familiares donantes de órganos (tanto nuevos como antiguos) Cada día una foto, cada día un donante. Esta actividad me dio la oportunidad de hacer campañas informativas en la Peña Carnavalesca Ibarburu (de la que mi hijo forma parte y dónde obtuve una respuesta espectacular), en la Carrera en honor de Valeria con mis compañeros de la Fundación Donando Vidas (principal beneficiaria además del reto), con las Cuadrillas de Costaleros de la Hermandad de la Estrella de Dos Hermanas, en el gimnasio New Fit, en los desayunos del Club Tixe, en la Fiesta de las Familias del Colegio Antonio Gala, y con innumerables amigos que día a día iban formando parte de este sueño. Incluso cometí la osadía de cantar (sí de cantar…) el pasodoble del donante, que los chavales de la Chirigota  Juvenil de Ibarburu se encargarían de arreglar unos meses más tarde. Ésta ha sido otra característica fundamental de la aventura. No ha sido mi sueño, ha sido nuestro sueño, y la ayuda de los demás ha sido imprescindible para cumplirlo.

                Y cuando el día “D” se acercaba aparecieron los miedos, los que creo que son los principales enemigos de los sueños. Miedo a no ser suficiente, miedo a defraudar a todos los que me habían acompañado, miedo a no ser un ejemplo para mis hijos… Y me volví a acordar de Javier Iriondo, cuando decía que todos tenemos miedos, pero de nosotros depende utilizarlos como excusas para rendirnos o como argumentos para superarnos. Afortunadamente me quedé con la segunda opción. Tatué en mi alma una frase de alguien a quien admiro mucho, que la noche antes escribió que ser valiente no es sacar fuerzas de donde no las hay para seguir adelante, sino que ser valiente es seguir adelante aún cuando no tengas fuerzas para hacerlo. Con esta espectacular frase me lancé al agua el último de los 1.650 participantes sabiendo que cruzaría ese arco de meta antes de las diecisiete horas que tenía como límite máximo. Y ese día la realidad superó ampliamente a la ficción de mis sueños vividos durante tanto tiempo atrás. Sufrí, disfruté, reí, lloré, pero sin perder la sonrisa ni un solo instante, como bien me habían aconsejado los que estaban a mi lado sin estarlo. Estaba allí, como protagonista de mi sueño, de nuestro sueño y no podía dejarlo escapar.

                Al final el sueño se cumplió, pero como dice mi hija Daniela, el fin es el principio de algo nuevo. Esa noche mágica en Lanzarote no terminó nada, empezó todo. Hay todavía muchos donantes que conseguir, hay sueños de mayor calado que el mío, como hacer que la maldita lista de espera que condena a los posibles receptores de órganos desaparezca y seguiremos avanzando con nuestros sueños. Porque nunca, nunca, hay que dejar de soñar. No dejéis de hacerlo. Gracias. Muchas gracias.

                Para los que queráis crónica con más detalles deportivos de mi participación en la prueba estoy pensando en algo. Una publicación en el blog no me da para tanto que tengo que contar…



jueves, 18 de abril de 2019

LA MUERTE (EN RECUERDO DE MARCO "JARO")

La inesperada marcha de uno de los impulsores de Carros de Fuego me ha llevado este mes a escribir sobre este real pero desagradable tema para algunos. La muerte, tabú para muchos, es una de las pocas verdades absolutas que admiten poca discusión en esta vida. Si algo tenemos claro en esta vida, como le decía Carlitos a Snoppy en la imagen que acompaña la publicación es que un día nos moriremos todos. Pero lo verdaderamente importante, como le respondía este perro sabio, es que el resto de los días no. Decía el  recordado Pablo Raez que lo triste no es morirnos, lo triste es que no sepamos vivir mientras nos llega la hora. En relación a este tema llegan a mi mente dos cuentos que tuve la ocasión de leer magistralmente narrados como siempre de parte del genial Bucay, y cuyos enlaces adjunto al final. El primero, una narración al parecer de origen irlandés que cuenta la historia del joven que pudo encerrar a la muerte en un tarro cuando venía a buscar a su madre. A pesar de que pudo engañarla, se dio cuenta que no hay vida sin muerte. Ambas son las dos caras de una misma moneda y sólo es posible explicar una en función de la otra. Al final no tuvo más remedio que liberarla y con ello dejar ir a su madre para que la vida siguiese su curso. En el segundo, el famoso cuento de “El Buscador”, en el que un viajero contempla con tristeza y horror como un cementerio parece estar repleto de niños, cierra con la gran lección de que el el único y verdadero tiempo vivido es el disfrutado, el gozado, el sentido de forma plena e intensa.

La despedida de Marco ha reabierto en mi círculo más íntimo el debate sobre la incidencia en la salud de las “locuras que hacemos”. Aún asumiendo que muchas veces transitamos por la delgada línea que separa la explosión de dopamina provocada por el cumplimiento de nuestros sueños con la amenaza de la tragedia, el quedarnos en casa no nos va a garantizar que se retrase nuestra hora. Podrá llegar de otra forma, quizá incluso menos agradable, pero como escuché una vez a la crack de Patricia Ramírez: “Si está para ti esta para ti aunque te quites, y si no está para ti, no está para ti aunque te pongas…” Obviamente, salir en bicicleta de carretera durante varias horas incrementa tus posibilidades de sufrir un accidente, pero llevar una vida “socialmente” aceptada, con estrés en el trabajo, con consumo de tabaco, alcohol, con una alimentación también lo hace, pero parece que está mejor visto. Cuando mi madre, que posiblemente sea la persona que más me quiere (no creo que exista un amor más fuerte que el de una madre hacia su hijo, pero eso daría para otra publicicación), me pide con una mezcla de tristeza y enfado que deje de hacer estas locuras, la respuesta que se lleva siempre es la misma: "Garantízame que si me quedo sentado en casa viviré eternamente y lo mismo me lo pienso". Ya lo dijo también Steve Jobs en otra de sus frases lapidarias: "Stay crazy, stay hangry" (permanezcan alocados, permanezcan hambrientos". Hay que procurar saber vivir mientras nos llega nuestra hora, que al final llegará.

Cerraré esta publicación con una segunda verdad también casi absoluta. Cuando morimos, sólo existen dos posibles destinos para nuestros órganos: otro cuerpo en el que puedan seguir dando vida o el cubo de la basura. No hay más… Pero eso será materia de la publicación del mes de Mayo, espero. Gracias por vuestro tiempo.

Donde quiera que estés, Marco, sigue impulsando a nuestros capitanes. En la última carrera se respiraba algo especial en el ambiente. Estabas allí, con nosotros, aunque no pudiésemos verte, tocarte ni oírte.



viernes, 22 de marzo de 2019

JUVENTUD SOLIDARIA, DIVINO TESORO...



Dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Como comentaba con uno de los protagonistas de la historia que viene a continuación no creemos que sea así. Cualquier tiempo pasado fue…pasado.  Sólo con poder vivir el presente ya podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos mucho que el hoy es mejor que el ayer. También hay gente que afirma que lo mejor está por llegar, algo que sin duda genera optimismo e ilusión pero que de forma indirecta atribuye al presente una posición comparativamente inferior al futuro. Puede tener su parte de razón en la esperanza de caminar hacia una vida mejor, pero si no vivimos el presente no habrá futuro que valga.

Toda esta disertación filosófica surgió en el I Torneo Solidario de Pádel organizado por los profesores y jóvenes (aunque los profes también siguen siendo jóvenes) de TSAFAD del proyecto de Formación Profesional Ergos. Estos chavales llevaron a cabo esta actividad a beneficio de la Fundación Andrés Olivares, una organización malagueña que centra sus esfuerzos y recursos en el cuidado de niños y familiares afectados por el cáncer infantil. En mis tiempos, aunque es cierto que tengo ya unos añitos, era difícil ver a la juventud comprometerse con este tipo de causas (o al menos yo no tuve la fortuna de encontrarlo) A modo de ejemplo, aprovechando que mis hijos estudian en el Colegio Antonio Gala, que es también la sede de este proyecto de FP, os puedo contar que la solidaridad forma parte de los valores que se inculcan desde que los peques entran  por las puertas de primero de infantil. El cross escolar (donde buscan patrocinadores que “compren” con cantidades simbólicas sus carreras), la semana solidaria donde apadrinan a niños, tómbolas,… Incluso entre varios profesores han montado una ONG,  “Sonríe por África” con la que ayudan a gente necesitada en Guinea Bissau y Senegal, y además invierten su tesoro más preciado (su tiempo) en visitar y asistir a estas personas.

Volviendo a la historia del torneo de Pádel que vertebra esta publicación ha sido una experiencia inolvidable ver la involucración de estos jóvenes a favor de unos niños que ni siquiera conocían. Mi más sincera felicitación y agradecimiento para ellos.

Con todos estos argumentos es difícil afirmar que la juventud de hoy es peor que la de hace unos años. Como mucho podríamos decir que es distinta, porque entre otras cosas tienen a su alcance herramientas que nosotros no seríamos capaces ni de soñar: smartphones, increíbles videoconsolas, cachimbas, reggaetón…  pero creo que son más importantes los valores que desarrollen que los peligros que les acechen. Mi generación vivió el drama de la heroína en los ochenta, pero afortunadamente no todos los jóvenes de mi época sucumbieron a esta lacra. Los chavales a los que aludía antes, además de tener acceso a todos los “venenos” anteriores han invertido su tiempo en buscar patrocinadores, negociar con instituciones, difundir el evento, asistir como voluntarios y otro sinfín de tareas para que el evento resultase un completo éxito. Hablando de solidaridad, aprendí de una voluntaria de la Fundación Andrés Olivares que cuando ayudas a los demás, recibes muchísimo más que los demás. Estos muchachos, que además han ayudado a auténticos superhéroes, seguro que han recibido una recompensa que jamás alcanzaban a imaginar.

En línea con esta juventud solidaria y maravillosa que creo que tenemos, estamos en disposición de imaginar un futuro mejor. Como dice un buen amigo mío, no se trata de dejar a nuestros hijos un mundo mejor, sino de dejar  mejores hijos a nuestro mundo. En ello estamos. Gracias por vuestra atención y a estos maravillosos jóvenes por su labor.


viernes, 22 de febrero de 2019

MARATÓN DE SEVILLA 2019 – TRABAJO EN EQUIPO


No he encontrado un mejor tema para la publicación del mes de Febrero que hablar sobre el trabajo en equipo. Seguro que he estado muy influenciado por las experiencias de este mes, como han sido las actuaciones de mi hijo Pablo y sus compañeros de chirigotas en el Teatro Falla de Cádiz y la recién terminada Maratón de Sevilla.

El trabajo en equipo forma parte de nuestras vidas, tanto en la faceta personal como profesional. En relación a esta última, es difícil encontrar un currículum que no cite como fortaleza la capacidad de trabajar en equipo, como si fuese un plus añadido y no un requisito imprescindible.

Una definición de equipo podría ser un conjunto de personas que persiguen un objetivo, que trabajan coordinados y que contribuyen con su talento, aptitudes y energía, al trabajo. Me centraré en la vivencia del Maratón, por haber tenido el lujo de vivirla en primera persona. Lo primero y casi lo más importante es que los cuatro integrantes de este equipo no formábamos un equipo independiente. Éramos parte de un equipo mayor, formado en esta Maratón por los once (curioso, igual que un equipo de fútbol) capitanes que dirigían sus respectivas escuadras y por los cincuenta y siete impulsores que tuvimos el inmenso honor de acompañarlos. Voy incluso más lejos, el equipo estaba formado por mucha más gente que no saltó al campo esa soleada mañana de Febrero. Había otros capitanes, otros impulsores, familiares, patrocinadores,… Al menos a los once capitanes quiero rendir homenaje mencionándolos: Eduardo, Cristian, Casilda, Ana, Diego, Sofía, Nacho, José Alberto, Elena, Julia y Héctor. A los demás no lo hago por temor a dejarme alguno atrás. Los que lo leáis os sentiréis identificados. Y ésta creo que podría ser una de las enseñanzas de esta publicación. Un equipo sólo tiene sentido cuando se pone en valor junto a otros equipos. Un equipo aislado no es realmente un equipo.

Quiero hablar ahora sobre la energía como parte de la definición. Escoltar a los capitanes eleva nuestros depósitos hasta límites insospechados. No importa que uno venga sin dormir, que otro arrastre una lesión que impediría caminar a la mayoría de los mortales, o que otro tenga un daño en la cintilla que sólo se mejora corriendo rápido. Cuando impulsas un carro los cuarenta y dos kilómetros de la maratón se te quedan cortos. Os lo juro. Además correr con estos niños nos ha permitido escuchar uno de los más bellos piropos que se le puede regalar a una persona. El público nos alabó como padres, y en más de una ocasión. Y a los que tenemos hijos, como Guille, Miguel Ángel y un servidor, que te digan que eres un pedazo de padre te llega el alma. Aunque todos nosotros no seamos sus padres biológicos, copiando a Jesús Vidal, estoy seguro de que a todos los impulsores nos gustaría, porque sería un honor tener unos hijos como nuestros capitanes. 

Hablar de Jesús Vidal es hablar de “inclusión, diversidad y visibilidad”. Tres palabras que utilizó el reciente premio Goya en la categoría de actor revelación en su emotivo y ejemplar discurso de la pasada edición de este certamen y que han dado, este año más que nunca, sentido a esta maratón. Inclusión porque los espectaculares Capitanes de los Carros de Fuego nos han permitido formar parte de su familia, y nos han acogido como uno más de ellos. Diversidad porque no somos iguales que ellos, está claro todo el mundo no puede ser igual de grande. Y por último visibilidad porque gracias a ellos la gente se ha dado cuenta de que existe otra Maratón tan importante o más que la de los profesionales que nos hipnotizan con sus ritmos y sus zancadas. Y aquí quiero agradecer la labor de los medios porque gracias a ellos el nombre de Carros de Fuego ha traspasado fronteras. Creo que es justo reconocer su loable labor, porque no sólo deben recibir palos.

Estas tres palabras deberían formar parte obligada de la definición de equipo. Si todos los equipos fuesen inclusivos, diversos y visibles tendríamos mucho ganado en este juego que llamamos vida.

Volviendo a la definición tradicional de equipo, se habla de perseguir un objetivo, que en nuestro caso no era ni mucho menos terminar, sino hacer que los capitanes disfrutasen de su día y que nosotros pudiésemos hacerlo con ellos. Os puedo garantizar que lo cumplimos. También hay que contribuir con aptitudes, talento y energía. Aquí casi todo lo ponen también ellos. Los impulsores sólo corremos, y eso lo puede hacer cualquiera. Y además todo esto hay que hacerlo de forma coordinada, algo que queda fuera de toda duda. Sin haberlo comprobado, apuesto a que nuestros corazones laten de forma totalmente sincronizada con los de nuestros capitanes.

Antes de terminar una breve reseña. Igual que no hay equipo sin líder, no hay impulsor sin capitán. Ellos son nuestra verdadera razón de ser y no deberíamos olvidarlo nunca.

No me quiero extender más porque no quiero que esto se haga más largo que una maratón sin capitán. Simplemente quiero (queremos) dar las gracias públicamente a todos los que han puesto su grano de arena para que el pasado 17 de Febrero las sonrisas de los capitanes de Carros de Fuego Deporte adaptado a niños con diversidad funcional, brillasen aún más que el propio sol.

Capitanes, impulsores, familiares, miembros de la asociación, participantes, público, organización, voluntarios, medios de comunicación, patrocinadores todos de alguna u otra forma formáis  parte de este maravilloso equipo, este agradecimiento va para vosotros. Muchas gracias.

Mención especial para D. Juan Garrido, speaker oficial de la Maratón que en la línea de meta es capaz de erizar la piel y el cabello de todos los asistentes, incluso el mío. Gracias por estar siempre ahí. Nos vemos impulsando.