Estrenamos el blog en este año 2026. Y al mirar atrás me doy cuenta de que éste será mi noveno año publicando mensualmente. Aunque si me pongo “tiquismiquis” (y hoy me he levantado así), esta aventura empezó un poco antes: en 2013 cuando escribía crónicas deportivas de pruebas de larga distancia, coincidiendo con mi debut en el mundo Ironman.
Hay momentos
en la vida en los que las cosas no salen como las habíamos imaginado. Y cuando
eso ocurre, solemos tener dos opciones: cambiar… o insistir. El problema es
que, si seguimos haciendo lo mismo, lo más probable es que sigamos obteniendo
los mismos resultados como ya nos dejó caer el bueno de Einstein, en una frase
que no sé si realmente llegó a pronunciar él.
Este mes
vuelvo a usar una metáfora deportiva. Sí, otra vez. A falta de terapia barata, no hay nada como un dorsal para reflexionar. Cuando
empecé a escribir en 2013, aventurarme con un Ironman, con mis capacidades físicas,
parecia más una locura que una imprudencia. De las tres disciplinas, para mí la
más intimidante era clara: correr una maratón después de nadar 3,8 km y
pedalear 180 km. Eso no era sólo correr. Era negociar con tu cuerpo, con tu
cabeza y con tus excusas.
Por aquellos
días alternaba mis entrenamientos con clases de Tai Chi Chuan en el gimnasio de
Pako’s, que siempre ha sido para mí algo así como mi segunda vivienda. Esa
práctica, entre otras muchas cosas, me regaló un Maestro… y un libro: “Chi
Running”, de Danny Dreyer. Y ahí cambió el guion: empecé a vivir las
interminables sesiones de carrera no como entrenamientos, sino como clases.
Aprendía más de lo que “machacaba”.
Casi quince
años después, y con bastantes kilómetros en las piernas, la carrera empezó a
perder el aliciente. Reconozco que me costó tiempo amar esta disciplina, pero
cuando lo logré, salir a correr se convirtió en una especie de meditación en
movimiento. Siempre sin música. Y en cada kilómetro me enfocaba en una faceta
distinta del Chi Running. No importaba la velocidad ni la distancia: importaban
las sensaciones.
Pero con
tantas sesiones y tantas carreras, el hambre de aprender se fue apagando. Y
pasé de ser alumno… a ser simplemente corredor.
En mi caso,
además, hay una “variable” extra: la mayoría (por no decir todas) las carreras
en las que participo las hago con mis Capitanes de Carros de Fuego. Y quien
haya empuñado el asidero de un carro lo sabe: cuando vas con un Capitán, todo
cambia. Los músculos dejan de doler, la mente deja de quejarse y la respiración
se ordena como por arte de magia. Te olvidas de que te falta entrenamiento o de
que te sobran kilos. Sales para correr… y, de pronto, estás haciendo algo mucho
más grande que correr.
El problema es
que entrenar con un carro no es algo que yo pueda controlar siempre. Así que,
buscando innovar, decidí hacer algo que a veces olvidamos que también es
innovar: volver a los principios.
Siempre me ha
encantado esa frase de: “Cuando pienses en rendirte, recuerda por qué
empezaste.” No había pensado en rendirme (o, al menos, no de forma consciente)…
pero volver al principio me ha devuelto algo que echaba de menos: ilusión. Y,
sobre todo, disfrute.
Y aquí viene
mi pequeña “teoría” de este mes: muchas veces, volver al origen, pero con toda
la experiencia acumulada, es una de las formas más originales de avanzar. No
solo en el deporte. También en lo profesional… y en lo personal.
Porque sí: nos
encanta planificar. Nos encanta que los planes salgan bien. Gracias, capitán Hannibal Smith, por ponerle
frase a nuestro deseo colectivo (espero haber arrancado una sonrisa a los de mi
edad). Pero la vida tiene un sentido del humor bastante particular, y a veces
—muchas más veces de las que nos apetece— las cosas no salen como estaban
previstas. John Lennon lo resumió de forma magistral: “La vida es eso que pasa
mientras estamos ocupados haciendo otros planes.”
¿Entonces qué?
¿Planificar o fluir sin planes? Buena pregunta… y material de sobra para otra
publicación.
De momento,
este enero me quedo con una idea sencilla: si lo que estás haciendo no te está
llevando a donde quieres, cambia algo. Y no descartes que ese “algo” sea volver
a hacer lo que hacías hace mucho, pero con la persona en la que te has
convertido hoy.
Si esta
publicación, además de gustaros, consigue que alguien se pare un minuto a
pensar cuando las cosas no salen según lo previsto (que nos pasa a todos,
aunque lo disimulemos muy bien), entonces habrá merecido la pena, o mejor la
alegría, como dice otro de mis Maestros.
Nos vemos en
febrero, el mes del carnaval. Gracias por vuestro tiempo, como siempre.






