sábado, 20 de junio de 2026

BOCADO A BOCADO, PUNTO A PUNTO, PARTIDO A PARTIDO…

     Casi sin darnos cuenta nos hemos plantado en el ecuador del año. Minuto a minuto, hora a hora, día a día, mes a mes… Y precisamente de eso va esta publicación. De enfocarnos en lo que tenemos justo enfrente, de dar pasitos breves y controlados y no perdernos en los grandes objetivos que a veces nos asustan y nos hacen parecer muy pequeños ante ellos…

    Recuerdo de mi experiencia laboral anterior que mi director financiero, Rafa González, uno de los mejores profesionales con los que he tenido la oportunidad de trabajar durante todos estos años, siempre ponía el ejemplo del elefante cuando nos enfrentábamos a un gran proyecto. “¿Cómo te comerías un elefante?”, preguntaba. “Bocado a bocado”, contestábamos todos, con la respuesta más que interiorizada. De la misma forma que un conocido entrenador de un conocido equipo de fútbol concreta su estrategia a lo largo de una temporada. “Partido a partido”, siendo consciente de que es lo único en lo que nos podemos enfocar es en el partido en el que estamos jugando ahora. El de la semana que viene aún queda muy lejos. Leía no hace mucho una enseñanza que ya había escuchado antes sobre Rafa Nadal. El secreto de este genio fue enfocarse exclusivamente en la bola presente. La bola anterior, con independencia de que la hayamos ganado o perdido ya quedó atrás. La bola siguiente aún no ha llegado, y no podemos hacer nada sobre ella.

    Creo firmemente que esa es la única estrategia que funciona. En las famosas listas de tareas pendientes, no un montón de tareas para «algún día», sino el trabajo de un solo día, lo suficientemente pequeño como para terminarlo y tacharlo. El gran objetivo se divide en un plan, y el plan se convierte en el único paso que das hoy. Porque no podemos escalar la montaña de una vez. Sólo podemos dar el paso que tenemos delante. Recuerdo perfectamente una de las pruebas más duras en las que he participado en mi vida y que me tuvo muy cerca del abandono. Fue la FAN-PIN, la evolución de una prueba histórica que se celebra en el Tercio de Armada de San Fernando desde los años 80. Tres horas para atravesar un recorrido aproximado de 8 kilómetros donde los participantes debemos enfrentarnos a asfalto, agua, tierra, fango y diversos obstáculos. Los últimos dos kilómetros, popularmente conocidos como “el río”, son un recorrido de fango, con todas las texturas posibles, desde arcilla hasta papilla. Por si fuese poco, el “batido” de los competidores precedentes van empeorando las condiciones del terreno por minutos… Esta prueba engarza perfectamente con el tema de la publicación de hoy. En ese infierno de barro, la única forma posible de avanzar es mantener tu atención en el metro que está inmediatamente frente a ti. No es posible hacerlo de otra forma. Metro a metro. Cuando alcanzas ese metro, que parece estirarse a medida que intentamos superarlo de todas las formas posibles, debemos fijarnos en el siguiente, y una vez superado en el próximo. Si caes en el error de elevar tu vista hasta la línea de meta, que aparece al fondo del horizonte, parecerá alejarse cada vez que levantamos la cabeza para hacer lo mismo.

    Y aunque un metro pueda parecer algo pequeño, no lo es. Casi nunca te quedas en lo pequeño, porque lo pequeño nunca fue el obstáculo. El obstáculo era empezar. Y una vez que te metes en el “barro” ya has empezado. Se trata de impulso, no de motivación. La motivación es un sentimiento, y los sentimientos van y vienen. El impulso es física. Una vez que te pones en marcha, es más fácil seguir avanzando que detenerte.

    Lo más práctico es dividir las cosas en nuestra lista en dos tipos:

    En primer lugar, esas pequeñas tareas que tienes que acometer, las cosas rápidas y sencillas. Cosas que hay que resolverlas sobre la marcha, sin necesidad de darle muchas vueltas y de posponer. Es algo parecido a lo que hago por las mañanas cuando salgo a entrenar. No me lo cuestiono, me pongo directamente los botines y salgo de casa. Como en la dinámica del “Getting things done”, todo lo que dura menos de dos minutos lo hacemos sobre la marcha.

  Segundo, esa tarea importante que solemos evitar. No nos podemos quedar mirando la montaña entera. Hay que encontrar el paso que puedes dar hoy, y dar solo ese paso. Tenemos que dar ese paso y dejar que la montaña se vaya haciendo más pequeña a nuestras espaldas.

    Espero que os haya gustado la reflexión y os haya ayudado a hacer más pequeña esa montaña que nos encontramos frente a nosotros. Pasito a pasito, minuto a minuto, y antes de que nos demos cuenta estaremos leyendo la publicación que cierre el año.

Gracias por vuestro tiempo como siempre y seguimos escribiendo. Letra a letra, frase a frase.



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