Publicación del veraniego mes de Agosto, vacacional para algunos, y laborable para otros (para los que las hemos disfrutado ya y para los que lo harán a partir de septiembre).
Reflexiones públicas de Choleja, un loco solidario que sueña con dejar unos mejores hijos al mundo. #ShowMustGoOn es su lema.
miércoles, 16 de agosto de 2023
SÉ QUE PUEDO VOLAR ("I BELIEVE I CAN FLY")
viernes, 21 de julio de 2023
DISCURSO DE AGRADECIMIENTO A LA FUNDACIÓN OLIVARES POR SU INSIGNIA DE ORO
Málaga, 7 de Julio de 2023.
Querido y estimado Señor presidente de la Fundación Olivares, Don Andrés Olivares Díaz. Estimados señoras, estimados señores... gracias, muchísimas gracias.
Para todos aquellos que ya me conocéis soy Antonio Jurado. Para los que aún no me conocéis, como ha comentado nuestro querido presidente Andrés, soy Antonio Jurado también. Esto, que puede parecer una tontería, es una de las mejores lecciones que me regaló mi padre. Él siempre me decía que fuese dónde fuese, estuviese con quién estuviese, me conociesen o no, fuese siempre yo mismo. Gracias, Papá. Espero que desde tu privilegiada situación desde un lugar al que de momento no puedo acceder, estés disfrutando de este momento como lo estoy haciendo yo. Seguro que sí. Va por ti. Gracias.
He tenido la oportunidad de subirme a un escenario en más de una ocasión para presentar a nuestro presidente Andrés Olivares. Cuando lo hago, siempre digo, con la seriedad más absoluta, que hablar delante de Andrés es como salir con una raqueta a pelotear antes de que Rafa Nadal salte a la pista a jugar un partido. Dicen que las comparaciones son odiosas, y en momentos como estos aún más. Hoy voy a tener la osadía de hacerlo después de él, y con los roles cambiados. Hoy es como si tuviese la poca vergüenza de salir con la raqueta después de que Rafa gane uno de sus incontables trofeos en Roland Garros. Si además tenemos en cuenta la lista de ilustres merecedores de esta insignia que me preceden en el tiempo: Pablo Alborán, Basti, Juan Barroso, Nena Paine… queda confirmado que mi vergüenza finalizó en el mismo lugar en el que lo hizo mi cabello. Ni rastro.
Si tuviese que resumir todo mi discurso en una sola palabra no tendría ninguna duda: “Gracias”. Si tuviese que hacerlo en dos, también lo tendría muy claro: “Muchísimas gracias”. Podría decir que siempre había soñado con este momento, pero os estaría engañando. Esto es tan bonito que ni siquiera había alcanzado a soñarlo… Hoy vuelvo a vivir el verdadero significado de las palabras “Alma, Magia y Corazón”. Esas palabras que aprendí lo que realmente querían decir cuando os conocí.
Conocí a la Fundación Olivares hace ya una década. Por aquel entonces unos jóvenes chavales (bueno, sólo diez años más jóvenes) de un club de triatlón de Dos Hermanas decidimos hacer un calendario solidario y donar nuestra modesta aportación a una Fundación. Causalmente, porque Dios no juega a los dados, como decía Einstein, la Fundación se cruzó en nuestro camino. Causalmente también, tuve la oportunidad de hablar por teléfono con su presidente, y tirando de poca vergüenza (una vez más) le pedí que viniese a Dos Hermanas para asistir a la presentación del calendario. Me lo confirmó sobre la marcha, y ahí comenzó esta bella historia de amor. El día de la presentación, además de tener la ocasión de compartir escenario con él por primera vez, recibí una increíble lección de boca de una de las voluntarias de la Fundación que cambió mi vida. Miento, cambié yo, especialmente la forma en que vivía la vida. Me dijo que “cuando ayudas a los demás, recibes muchísimo más de lo que das”. Esta irrefutable ley, que sólo tenemos que poner en práctica para confirmar su validez, me zarandeó desde lo más profundo de mi ser. El juego de la vida va sobre dar, no sobre recibir. También de la Fundación aprendí la maravillosa frase de la Madre Teresa de Calcuta que dice que “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Durante estos años he puesto pequeñas gotas, muy pequeñas, y quizás menos de las deseables, para intentar colaborar dentro de mis posibilidades en hacer realidad el sueño de Luis: que los niños enfermos de cáncer y sus familias tuviesen la oportunidad de vivir una vida mejor. Posiblemente esté hoy aquí porque suelo hacer bastante ruido con las gotas que aporto, un comportamiento que tiene su explicación.
El día que conocí a Andrés, tras uno de sus inigualables abrazos, me dijo que la aportación económica era fundamental para la Fundación, porque gracias a estos recursos se materializan las medidas que mejoran la vida de los niños. Pero casi tan importante como el dinero es la difusión. Que todo el mundo sepa quién es Fundación Olivares, que todos conozcan su mensaje puede llevar (y de hecho lleva) a que alguien con más recursos y más posibilidades que cualquiera de nosotros pueda decidir mañana ayudar a la Fundación. Me lo tomé tan al pie de la letra que he hecho mucho ruido, hago mucho ruido y espero seguir haciéndolo en un futuro. Casi todos mis conocidos saben quién es Fundación Olivares y me siguen en todo lo que difundo.
Esa palabra “gracias” que indicaba al principio como resumen de esta charla, es un agradecimiento no sólo a la Fundación, a sus niños, a sus familias, a sus voluntarios, a sus trabajadores, a su patronato que ha decidido ponerme hoy aquí. A ellos no tendré nunca la posibilidad de devolver ni una pequeña parte de todo lo que me han dado. También es un agradecimiento a todos los que día a día vais poniendo vuestra gotita para que este océano no deje de crecer. A todos mis familiares, mis amigos, que están siempre dispuestos a colaborar con pulseras, con corazones, con calendarios, aquí además tengo que mencionar expresamente a los artistas Diego Escobedo y Paco Aznar, los magos de las cámaras y el Photoshop, a gente como los Pitos Locos que nos regalaron los excepcionales momentos vividos el pasado año… Tantas y tantas gotitas destinadas a que los niños enfermos de cáncer sigan siendo niños. Muchísimas gracias a todos, de todo corazón, un corazón verde y rojo con un inmenso abrazo, como la imagen de la Fundación Olivares. Hablando de imagen, ahora que puedo ver y tocar esta preciosa insignia de oro, como dicen también mis amigos de la Fundación, “lo mejor de esta vida no puede verse ni tocarse, debe sentirse con el corazón”. Os prometo que lo siento.
Y ahora quiero finalizar volviendo al lugar a donde empecé. Quiero dar las gracias especiales a Luis, porque gracias a él estamos aquí hoy y muchos hemos podido encontrar un sentido a nuestras vidas. Y no puedo terminar sin dar las gracias a mi mujer María, y a mis hijos Pablo y Daniela, que hoy me acompañan a este emotivo acto que no olvidaré nunca. Ellos son los últimos culpables de que hoy esté aquí, porque sin ellos no sería el Antonio que soy. Y por último, no podía olvidarme. Fuerza a mi "hermanamiga" Maru.
Muchísimas gracias de nuevo. Os quiero. Tela.
domingo, 18 de junio de 2023
¡¡¡FELICIDADES, MAMÁ!!!
Hoy vuelvo a utilizar mi blog como altavoz para felicitar a alguien muy especial. Lo hice en su día conmigo cuando superé el medio siglo de vida, después con mi hijo Pablo cuando alcanzó su mayoría de edad, y hoy voy a hacerlo con mi madre, que acaba de cumplir ochenta primaveras.
Ochenta es un número especial, huelga decirlo. Para los que nacimos en la década de los setenta, hablar de esos años es hablar de una época inolvidable. Como canta Melendi en su tema autobiográfico “Yo me veo contigo”, fueron años de inocencia y mercromina, de hombreras, pendientes y rejillas. Superman, Rocky, Indiana Jones, los Goonies, E.T. y Freddy Krueger ocupaban las pantallas del cine, porque por aquel entonces los estrenos de las pelis no se podían ver pirateadas en el móvil (que ni siquiera existía). Y entre tanto héroe de ficción arrasaba una heroína y la moda juvenil era mezclar Coca Cola y aspirina…Se nos fue Lennon, y llegó un tal Ronald Reagan, Maradona miró al cielo y Dios le tendió la mano, y los que tenían la suerte de tener un Atari se dedicaban a matar marcianos… Pero estos fueron mis ochenta, y no los de mi madre. Y a diferencia del gran Paco Umbral, no he publicado este blog para hablar de mi libro, sino del libro de mi madre.
Mi madre ha sido, es y seguirá siendo (espero que por muchos años) básicamente una mujer buena. Creo que es la mejor forma de definirla. Alguien prudente, alejada de conflictos y totalmente entregada a los suyos. Para que os hagáis una idea, comparto con vosotros la curiosa historia de la elección de mi nombre “Antonio Manuel”. Mi padre se llamaba Manuel, al igual que lo hacía mi abuelo materno. La intención de mi madre era tener otro Manolo en casa (imagino que para economizar a la hora de llamarnos y poder avisarnos a los dos de una sola vez). Haberme llamado sólo Manolo hubiese implicado honrar a su padre y no a mi abuelo paterno, que se llamaba Antonio. Así que tema resuelto llamando al niño Antonio Manuel. Esta es la verdadera historia, y no la que me inventé y cuento muchas veces de que mi madre veía una novela venezolana mientras estaba embarazada. Soy tan viejo que en esa época no había ni novelas. UHF y VHF, y además en blanco y negro. Lo del amago de ser bautizado como Carmelo lo contaré en otra ocasión.
Hablando del embarazo, mi madre siempre me cuenta que pasó los casi diez meses (por sus cuentas, lo que os da una idea de que di ruido incluso antes de salir) cosiendo hasta el último momento. Era costurera y cosía los mejores pantalones que se podían hacer para una tienda ubicada en pleno centro de Sevilla llamada Izquierdo Benito, a la que la acompañé muchas veces de niño a recoger telas y patrones y entregar pantalones. Siempre pensó que sería sastre y aunque se equivocó en ello, posiblemente mi buen estilo tradicional a la hora de vestir venga de esa época. O no, los genes pudieron dar un salto esperando a que naciese mi hermano.
Cuando asomé la cabeza tuve la genial idea de pasarme dieciocho meses llorando. Año y medio en el que ella intentaba calmarme pacientemente sin saber muy bien qué me pasaba (ni yo soy capaz de recordarlo hoy en día…) Año y medio en el que mi padre incluso llegó a adscribirse al turno de noche en la fábrica en la que trabajaba o a desplazarse a Antequera para intentar dormir algo.
Después de dejar de llorar me dio por ser un niño enfermizo. Y ella siempre estuvo ahí, preocupada como ninguna e intentando evitarme cualquier signo de sufrimiento. En mi pueblo había un pediatra muy famoso al que siempre digo medio en broma medio en serio que le financiamos con mis consultas la espectacular vivienda que tiene en pleno centro de Dos Hermanas. Vegetaciones, amígdalas (las famosas “bolas” que nos extirparon a casi toda una generación”, reuma, roturas de huesos… Nada grave al fin pero siempre estaba con algún achaque.
Después me dio por pedir un hermano. Como me encontraba un poco solo en comparación con todos mis amigos de esa época decidí no ser hijo único. Y aunque no tengo pruebas, imagino que tuviste que convencer a Papá de que otro llorón podía entrar por las puertas, ahora que ya comenzaba a dejaros un poco de libertad. Afortunadamente lo hiciste y llegó tu Alejandro Jesús, el que fue la alegría de la casa con sus bromas y su poca vergüenza, mientras yo me convertí en un niño tímido y serio que sacaba buenas notas. Cosas de la edad, que cantan los “Modestia aparte”.
Igual que Papá siempre estuviste muy orgullosa de nosotros, sobre todo en lo que se refería a nuestros estudios. Todavía recuerdo cómo te enfadaste conmigo (a tu modo, claro, nada grave…) el día que te enteraste de mis notas de selectividad (sí, en mi época se llamaba así) por otra madre. Para mí era sólo una nota, y estaba más preocupado esos días por los kilos que movía en el gimnasio que por las notas que pudiese sacar.
Fui cumpliendo años con la velocidad inexorable del tiempo, que es la misma durante toda nuestra vida aunque dependiendo de la edad que tengamos la sintamos de forma diferente. Mantuve una relación distante con vosotros, y me di cuenta tarde de lo que significa una madre. Dicen que no aprendemos a ser hijos hasta que no somos padres. Creo que es totalmente cierto. De forma bastante curiosa el Universo se encarga de que el Karma se manifieste haciéndote ver en tus hijos comportamientos que reconoces como tuyos. Y así puedes vivir en primera persona lo que tus padres vivieron hace ya muchos años. Afortunadamente, hay esperanza para el cambio…
Y para complementar y terminar la publicación no puedo usar otra foto que la que escogió mi hermano Ale para felicitarle su cumpleaños en redes. Salimos los dos con ella, que es lo que le gusta. Y es que ella siempre nos ha querido a los dos por igual, a pesar de ser tan diferentes. “Tanto monta, monta tanto” o “qué dedo me corto que no me duela” como tantas y tantas veces nos ha dicho.
Gracias Mamá por ser cómo eres y por haberme aguantado y haberme ayudado a ser la personita que hoy soy, que me consta que no ha sido fácil. Y aprovecho para pedirte perdón por todas las veces que te hice daño, que han sido más de las deseadas. A ver si ahora la gente se va pensar que soy un hijo modelo, nada más lejos de la realidad.
Ahora que sé que tendrás tus ojos llenos de lágrimas cuando leas esto, acuérdate de todas esas veces que te he hecho reír con alguna de mis ocurrencias. Espero que sigan siendo muchas más.
Felicidades y te quiero una “jartá”. Como cantaba Carlos Vives, nuestro amor es tan profundo, que tú eres mi consentida y que lo sepa todo el mundo.
Gracias a todos como siempre por vuestro tiempo y volvemos en pleno verano.
viernes, 19 de mayo de 2023
GAFAS DE ABEJA O DE MOSCA, TÚ DECIDES…
miércoles, 19 de abril de 2023
LA VIDA EN BUSCA DE SENTIDO
Andaba buscando publicación para el mes de abril, sin mucho éxito. Estaba preocupado por si me lo hubiesen robado del calendario como le ocurrió a Sabina, cuando comenzaron a llegarme señales apuntando en la misma dirección.
Lo
primero fue recibir en una aplicación del móvil de resúmenes de libros una
reseña del magistral “El hombre en busca de sentido”, del también genial Víctor
Frankl. Acceder al esquema de esta obra
que ya había leído en un par de ocasiones me permitió disfrutarla de nuevo
desde una óptica distinta. Volveremos después sobre este punto.
Aún
no lo tenía muy claro, cuando mi amiga Ana Rubio me envió el enlace a su
publicación mensual, que este mes trata sobre “Ikigai” y la cosa cambió. Ana fue compañera de la formación de Search Inside
Yourself de la que ya he hablado en otras ocasiones. Sus contribuciones son
siempre muy inspiradoras y agradecidas. Dos señales tan seguidas sobre el “sentido”
tenían que significar algo. Aunque no existe una traducción literal para
“Ikigai”, esta palabra de origen japonés viene a significar algo así como el
propósito, el sentido, el motivo, la razón de ser. Corrijo el pronombre:
nuestro propósito, nuestro sentido, nuestro motivo, nuestra razón de ser. Algo
que bajo mi punto de vista debería ser lo primero (si no sabemos para lo que
estamos aquí ¿tiene sentido lo demás?) se convierte habitualmente en lo último.
Muchas veces es algo que no llegamos a descubrir hasta el final de nuestros
días. Y es algo tan importante que puede incluso suponer nuestra supervivencia
en situaciones extremas. Decía Frankl que “los que tienen un por qué para vivir pueden soportar casi
cualquier cómo”.
Tener
claridad sobre el “por qué” estamos aquí es una ayuda infalible para una vida
mejor. Además de la motivación primaria
que parece controlarlo todo, supera el aspecto puramente racional, alcanzando
una convicción más profunda de que uno puede vivir o morir por sus ideales. La
frustración que genera el vivir sin sentido actúa como un auténtico impulsor
del cambio en algún momento de nuestras vidas, y nos lleva a crecer más allá de
lo que habíamos soñado.
Volvemos
a parafrasear al eminente neurólogo austriaco, padre de la logoterapia: “cuando
ya no somos capaces de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de
cambiarnos a nosotros mismos”. El cambio es también crítico en nuestra
supervivencia. Fue Darwin el que dijo que no sobrevivían las especies más
fuertes, sino las que mejores se adaptaban. Y en esa adaptación el cambio juega
un papel fundamental. Un cambio que suele transitar por un camino complicado y
oscuro, donde el sentido puede convertirse en la luz que guíe nuestros pasos.
Rematamos
la parte tradicional de la publicación de este mes con otra genial frase de
Víctor: “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las
libertades humanas: la elección de la
actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio
camino”. Tener clara esta libertad es fundamental para poder tener claro
nuestro sentido.
Y
hasta aquí llega lo que es una publicación habitual de mi blog. Un escrito más
breve de lo habitual en el que reconozco que se me puede haber ido un poco la
“pinza” en el fondo y en las formas. Pero como decía antes, todo tiene un por
qué. En los últimos tiempos han llegado a mi vida varias noticias sobre
inteligencia artificial. Concretamente sobre “ChatGPT”, una de sus más
sencillas y llamativas manifestaciones. No he podido resistirme a la curiosidad
y le he pedido un “artículo de 500 palabras hablando sobre la vida en busca de sentido que incluya frases de Víctor Frankl”.
Y me ha devuelto esto:
“La búsqueda de sentido en la vida es una de
las mayores preocupaciones del ser humano. En la búsqueda de una respuesta, nos
encontramos con las palabras de Víctor Frankl, psiquiatra y superviviente del
Holocausto, quien afirmaba que "el hombre no está en busca de placeres,
sino de un sentido para su vida".
Frankl creía que el sentido de la vida no es
algo que pueda ser encontrado de forma externa, sino que es algo que cada
persona debe descubrir dentro de sí misma. En su libro "El hombre en busca
de sentido", Frankl narra su experiencia como prisionero en un campo de
concentración nazi y cómo fue capaz de encontrar sentido y propósito incluso en
las condiciones más extremas.
Uno de los principales mensajes que Frankl
transmitía es que la vida no es solo una búsqueda de felicidad, sino una
búsqueda de sentido. La felicidad, según él, es un subproducto de encontrar un
propósito y una razón para vivir. La vida puede ser difícil, pero si
encontramos un significado, podremos enfrentar cualquier adversidad.
Frankl también
destacaba la importancia de encontrar un propósito que vaya más allá de uno
mismo. En lugar de centrarse únicamente en la propia felicidad, debemos buscar
un propósito que nos permita contribuir a la sociedad y hacer del mundo un
lugar mejor. En palabras de Frankl, "lo que importa no es lo que esperamos
de la vida, sino lo que la vida espera de nosotros".
Otro de los conceptos clave de Frankl es la
idea de que la vida tiene sentido incluso en los momentos más difíciles. En su
experiencia en el campo de concentración, Frankl vio a muchas personas perder
la esperanza y rendirse ante las circunstancias adversas. Sin embargo, él descubrió
que incluso en los peores momentos, aún había cosas por las que valía la pena
luchar. En sus propias palabras, "la vida siempre tiene sentido, incluso
en las situaciones más terribles".
Por último, Frankl nos recuerda que cada
persona tiene la capacidad de encontrar su propio sentido en la vida. No hay
una respuesta universal a la pregunta de qué da sentido a la vida, sino que
cada uno debe descubrirlo por sí mismo. Como dijo Frankl, "el hombre no
debería preguntar qué es el sentido de la vida, sino que es él quien está
siendo cuestionado por la vida".
En conclusión, la vida en busca de sentido
es una búsqueda constante en la que cada persona debe encontrar su propio
propósito y razón para vivir. Las enseñanzas de Víctor Frankl nos recuerdan que
el sentido de la vida no se encuentra en la felicidad o el éxito externo, sino
en el descubrimiento de un propósito que vaya más allá de uno mismo y en la
capacidad de encontrar significado incluso en los momentos más difíciles. En
última instancia, es responsabilidad de cada uno de nosotros encontrar nuestro
propio camino y darle un significado a nuestra vida”.
De locos. Me
lo tomaré como un reto y seguiré intentando mejorar para no ser superado por la
máquina… Creo que esto es lo que nos espera. Habrá que adaptarse a los cambios
para sobrevivir. No queda otra.
Este mes acompaño mi publicación con una imagen sin sentido ninguno que me devuelve una conocida APP, jugando con mi cara y con el término "inteligencia artificial". A pesar de su teórica inteligencia, ha tenido a bien colocarme pelo, rosa, pero pelo al fin.
Gracias por
vuestro tiempo como todos los meses, de mi parte y de parte de “ChatGPT”. Nos
“vemos” en Mayo, aunque a estas alturas no tengo nada claro quién escribirá la
publicación…
martes, 14 de marzo de 2023
ENSAYO Y ERROR. MI ÚNICA FORMA DE APRENDER
Publicación del mes de Marzo en la que comparto una de las constantes en mi vida, la del error. Si hay algo en lo que soy un auténtico especialista es en equivocarme. Como me gusta decir, porque suelo hacer muchas cosas, me equivoco en muchas de ellas. Si no hiciese nada, me equivocaría menos, aunque pienso que no hacer nada es una de las formas más peligrosas de errar, porque te priva del beneficio del aprendizaje. Aprovecho para decir que no tengo ningún problema en pedir perdón cuando lo hago, por si juega a mi favor.
Seguro que otros pueden aprender con el mero uso de la lógica, el razonamiento y la deducción, pero yo soy de los que necesita el duro golpe del error para aprender la lección. No me da vergüenza reconocer que, dependiendo de la lección, a veces necesito que el golpe sea lo suficientemente considerable o incluso repetitivo. Como decía mi abuelo hay gente “pa tó”.
Escojo
tema para este mes porque me vuelve a llegar de forma causal la frase de
Michael Jordan que tantas veces he escuchado: “He fallado más de 900 tiros en
mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces han confiado en mí para el
tiro ganador y lo he fallado, he fracasado una y otra vez en mi vida y por esto
tengo éxito”. Nada que objetar a las palabras de una de las mayores estrellas
que ha dado el deporte a lo largo de su historia. Si acaso al traductor, que
creo que de forma errónea utiliza el verbo “fracasar” cuando en la versión
original en inglés se habla de “fail” (fallar). He leído en más de una ocasión,
aunque no consigo localizarlo ahora, que no existe una traducción literal para “fracasar”
en inglés, porque los anglosajones no reconocen ese matiz tan negativo en el
error. La Rae define en su segunda acepción el fracaso como un “suceso
lastimoso, inopinado y funesto”, algo donde es difícil encontrar algún atisbo
de positividad. El fallo, sin embargo, se define como “falta, deficiencia o
error”, algo con aparentemente menos
carga negativa.
Yo
he fallado muchísimo más que Jordan. Tanto que he perdido la cuenta. Aunque
reconozco que he evolucionado bastante menos que él siempre he intentado
aprender de mis innumerables fallos. En uno de los aspectos en los que más me
equivoqué sin duda fue en la relación con mi padre, y creo que gracias a ello
he intentado dar lo máximo en mi relación ahora con mis hijos. Me sigo
equivocando, y diariamente, pero con el firme objetivo de seguir aprendiendo y
mejorar, aunque sea poco.
En
el aspecto profesional, desde muy joven tuve la oportunidad de tener gente a mi
cargo, lo que me dio la oportunidad también de compartir con ellos mi particular
visión acerca del error. Posiblemente porque siempre fui consciente de mi
propensión al fallo, intenté buscar un lado positivo al mismo y compartirlo con
mi equipo. Siempre digo a los que tengo a mi alrededor que se equivoquen, que
traten de aprender de los errores y de no repetirlos, al menos en demasiadas
ocasiones. Contamos con que el “hombre es el único animal que tropieza dos
veces en la misma piedra”, con lo que doy por hecho que la mayoría de las veces
un solo error no es suficiente para aprender. A aquellos que presumen acerca de
que sus equipos no se equivocan nunca, o que lo hacen muy poco, siempre les
argumento usando la teoría de la relatividad. El error no debería considerarse
de forma absoluta. Una persona que hace cien cosas al día y se equivoca en diez
no debería ser minusvalorada en relación con otra que sólo lleva a cabo dos
tareas, y se equivoca en una de ellas. Si perdemos de vista el alcance total,
caeríamos en el error de decir que nuestro primer sujeto se equivoca diez veces
más que el segundo, cuando está haciendo cincuenta veces más (“falla” en un
diez por ciento, en contra de la segunda que lo hace en un cincuenta por
ciento). Y además de esta realidad numérica (o cuantitativa) también existe
otra relatividad cualitativa. Nada es tan grave como parece y si el error tiene
una función didáctica nuestra única preocupación debería ser no repetirlo en el
futuro (a menos que no hayamos sido capaces de aprender la lección).
También leí en cierta ocasión que la forma más fácil de convertir a un niño en un ser extraordinario es motivarle cada vez que se equivoque, en lugar de reprenderle. Si fomentamos el error como fuente de aprendizaje, a esas edades su desarrollo sería infinito. Desgraciadamente, nadie quiere que su hijo sufra las duras consecuencias del error, y tratamos de evitárselas a toda costa. También escuché en cierta ocasión al gran Emilio Duró que una forma bastante fiable de vaticinar el nivel de éxito en la vida de un niño es ver si sus padres dejan que se levante solo cada vez que se cae cuando está comenzando a andar. Si reconoce los fallos como posibilidades para mejorar, y sobre todo si asimila que no depende de nadie para hacerlo su trayectoria se presume importante.
Decía
mi recordado Maestro de Tai Chi Chuan Juan Lu “que las piedras con las que
tropieces sean tus apoyos para levantarte”. Una
bonita metáfora sobre la importancia y la función del error.
A
modo práctico, os muestro algunos consejos que he podido recopilar y que nos
pueden ser útiles a la hora de aprender de nuestros propios errores. Si los
veis interesantes en próximas publicaciones podré profundizar en este novedoso método de investigación.
- Reconoce el error: Aceptar que se cometió un error es el primer paso para aprender de él. A veces puede ser difícil aceptar un error, pero es importante ser honesto contigo mismo para poder seguir adelante.
- Analiza lo que salió mal: Identifica qué salió mal y cómo sucedió. Trata de ser objetivo y ver la situación desde diferentes perspectivas. También es importante no culpar a los demás, asume la responsabilidad de tus acciones.
- Busca una solución: Una vez que identifiques lo que salió mal, piensa en soluciones que puedas implementar para evitar que suceda de nuevo. Si no estás seguro de cómo resolver el problema, busca ayuda de alguien de confianza.
- Aprende de la experiencia: Toma nota de lo que aprendiste del error y cómo puedes aplicar ese aprendizaje en el futuro. Trata de ser más consciente en el futuro para evitar cometer el mismo error.
- Sé amable contigo mismo: Aprender de los errores puede ser doloroso, pero es importante ser amable contigo mismo durante el proceso. Recuerda que todos cometemos errores y que lo importante es aprender de ellos.
- Sé persistente: Aprender de los errores es un proceso continuo. No te rindas si vuelves a cometer un error, sigue trabajando en mejorar y aprendiendo de tus errores.
jueves, 23 de febrero de 2023
EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS
Continuamos con las publicaciones no tradicionales en este 2023. El mes más corto del almanaque nos deja como sugerente título esta película de Nagisa Osima estrenada en España en los mágicos ochenta. Seguro que a todos los de mi generación les trae muy buenos recuerdos. Momentos inolvidables. De todas formas, haciendo uso del “quiebro”, ese recurso tan propio de las letras de muchas agrupaciones carnavaleras que tienen en este mes su época favorita del año, no voy a hablar sobre la película anterior ni sobre el género al que pertenece.
Este
mes quiero reflexionar sobre los sentidos. Y no hablo de los sentidos que la
RAE define como la recepción y el reconocimiento de sensaciones y estímulos que
nos llegan a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. No. Quiero
usar un significado más amplio, que recoge acepciones como el sentido común, el
del humor, el del ridículo… en concreto me gustaría centrarme en el del humor y
en el del ridículo, que muchas veces parecen fluir en sentidos (entendido ahora
como orientaciones) opuestos dentro de la misma dirección.
Mi
genial profesor Antonio Garrido, al que suelo mencionar habitualmente, nos dijo
una vez que los dos elementos motivadores más potentes para las personas eran
el humor y el dolor. Si queremos que alguien haga algo no hay nada mejor que
hacer que se divierta y lo pase bien o infringirle dolor (de cualquier tipo)
como consecuencia no deseada y directa de que no acceda a nuestros deseos. Una
auténtica paradoja de la naturaleza humana, que teniendo la posibilidad de
hacer pasar un buen rato al prójimo, en muchas ocasiones (demasiadas quizás) opte
por el plan B. Quizás por ello decidimos llamar al sentido común de esa forma,
aunque en muchas ocasiones se trate del menos común de los sentidos.
Hablando
del sentido del humor, no puedo dejar de mencionar a otro de mis Maestros. El
no menos genial Alonso Pulido, que ha desarrollado y puesto en práctica el
concepto de “ahumor” (amor+humor) como forma de vida. Retomando el sentido del
ridículo, del que ya avanzábamos que se movía en sentido contrario al del
humor, Alonso muestra como permanente indumentaria un chalequillo de llamativos
rombos multicolores. Cuando algunas personas con un sentido del ridículo
bastante más desarrollado que el del humor se asombran, critican o incluso
rechazan el uso del chalequillo, Alonso siempre argumenta, con un exquisito
sentido del humor (y también con una educación innegable) que la principal
diferencia con ellos es que él es capaz de llevar esa prenda, mientras que la
gran mayoría de estos interlocutores no tienen la posibilidad ni la libertad
para hacerlo. Yo me siento muy orgulloso de haberme colocado el chalequillo en
alguna de las mágicas sesiones de formación que organiza.
En
mi caso concreto el paso de los años arrastró las grandes dosis de timidez y
sentido del ridículo que rebosaba en mis años más mozos. Se llevaron
enganchados la mayor parte de mis cabellos, pero es un efecto colateral que he
pagado encantadísimo, y que volvería a pagar sin dudarlo lo más mínimo. En
cuanto al sentido del ridículo siempre digo que mientras que lo que haga no
atente contra los derechos de los demás y no haga daño a nadie, si encima soy
capaz de arrancar aunque sea una simple sonrisa bienvenido sea. Deberíamos
aprender a relativizar más y ser menos
“serios”. Total, en cien años, todos calvos (algunos antes…)
La
risa es el principal efecto directo del sentido del humor. Tiene un indudable y
contrastado efecto positivo en nuestras vidas. Decía el insigne Freud, padre
del psicoanálisis entre otras cosas, que la risa elimina la energía negativa
del organismo. El córtex cerebral libera unos impulsos eléctricos que hacen que
en menos de un segundo de liberar la risa, los pensamientos negativos queden
bloqueados. Hablando de frases, un curioso proverbio escocés dice que la
sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. Más que acertado además
en los momentos que vivimos. Rebuscando por la web, he encontrado este decálogo
de efectos beneficiosos de la risa, que no he podido dejar de compartir:
· Mejora la tolerancia al dolor, debido a la
generación de endorfinas. Estudios confirman hasta un 10% de mayor resistencia
al dolor en personas que ríen habitualmente.
·
Combate el estrés. Además de endorfinas, también
se generan dopaminas y se reducen los niveles de cortisol.
·
Mejora el sistema inmunológico y previene
enfermedades, también porque al reducir el cortisol se liberan unos anticuerpos
llamados citoquinas.
·
Mejora el funcionamiento del sistema vascular.
Estudios científicos revelan que las personas que han sufrido infartos suelen
reír en promedio un 40% menos.
·
Genera un efecto antidepresivo, al reducir el
estrés, la tensión y la irritabilidad.
·
Mejora la respiración, al vaciar los pulmones,
como ocurre con las respiraciones profundas.
·
Mejora las relaciones sociales. Al ser
contagiosa, ayuda a los demás a relajarse y a alinearse con nuestro estado de
ánimo.
·
Favorece la quema de calorías, elevando hasta un
10% el gasto calórico y la frecuencia cardiaca.
·
Mejora la memoria, mediante un efecto de mejora
del aprendizaje y el recuerdo retardado.
· Fomenta una buena salud mental. Al reírnos de
nosotros mismos (en relación con el sentido del ridículo que hablábamos antes)
nos aceptamos tal como somos, ayudándonos a relativizarlo todo.
Y como cosecha
propia, creo que reír nos hace más bellos, aunque sea interiormente. Las
neuronas espejo, que controlan el mecanismo cerebral de la empatía, son
decisivas a la hora de dar significado a la expresión risa contagiosa. De
hecho, esta evidencia científica es utilizada por algunos cómicos, que se ríen
para provocar el mismo efecto en su público. Si mi teoría sobre la belleza es
cierta (que todavía no he encontrado prueba en contra) y todos nos contagiamos
de nuestras risas haremos sin duda de este mundo un lugar más bello para vivir.
Hablar de
risas en mi vida es hablar ineludiblemente de mi hijo Pablo. Suya es la foto
que acompaña a esta publicación. En un momento y un lugar donde las risas son
claras protagonistas, como es el Carnaval de Cádiz. Como ya publicaba hace un
año, además de ser la chirigota el ejemplo prefecto de organización de alto
rendimiento, las risas que provoca generan todos los efectos positivos
descritos antes (y alguno más). Yo este año he tenido la oportunidad de vivirlo
en primera persona, y doy buena fe de ello.
Gracias por su
tiempo. Rían hasta que se os desencajen las mandíbulas y hasta que los
abdominales se bloqueen por el dolor. Nos vemos en Marzo. Gracias.





