domingo, 23 de abril de 2017

Gracias, Cristian


Gracias Cristian

Los que me conocéis sabéis lo pesado que me pongo con dar las gracias cada vez que finalizo algún reto. Como es lo que siento, no tengo ninguna intención de cambiarlo. Hoy, aunque el reto en principio parecía light, creo que las gracias están más justificadas que nunca. Esta mañana he tenido el honor de participar como impulsor junto a la Asociación Carros de Fuego en la carrera del Parque de María Luisa, correspondiente al circuito 10 K del IMD de Sevilla. Aunque no suelo ponerme muy nervioso antes de las carreras (revoloteo de mariposas en el estómago, visitas a Mr. Roca y poco más) la sensación de hoy superaba a lo que vivo antes de una Maratón o incluso de un Ironman. Era mi primera participación junto a ellos y creo que el desconocimiento, el miedo o la responsabilidad se empeñaban en jugármela. Afortunadamente, cuando fueron llegando los miembros de esta maravillosa familia, todo mi sentimiento se convirtió en emoción, ilusión, alegría, felicidad… Había tanto amor en esa glorieta del parque junto a la salida que era imposible no sentirse así. Desde el primer momento me sentí como uno más. Conocí a Cristian, el chico que capitaneaba nuestro equipo y uno de los tíos más grandes que he conocido en mi vida. También a sus padres, Félix y Ana, para quien simplemente no tengo palabras. Nos organizamos los relevos junto a Miguel, Juan y José Luis, mis compañeros de equipo. No tengo intención de realizar una crónica de la carrera, porque esta publicación pretende ser sólo una prueba de agradecimiento. Sí quiero destacar las muestras de respeto y cariño de los corredores a los que adelantábamos, que no han sido pocos, a los que advertíamos de la llegada del carro para evitar cualquier percance. Tras 45 minutos, espectacular llegada a la Plaza de España con los cuatro agarrados al carro y con un Cristian rebosante de felicidad. Escuchar su voz mientras lo entrevistaban y ver su cara cuando le colgaban la medalla ha sido el mejor regalo posible para sus impulsores. Gracias, Cristian, por haberme enseñado hoy la cara más bella del deporte, una cara que a pesar de mis años de practicante no había tenido oportunidad ni de imaginar. Gracias por habernos regalado tu sonrisa, y tu sirena, esa sirena de policía que me acompañará en todas las carreras y que estoy seguro que me dará alas cuando las cosas se compliquen. Gracias por tu ejemplo, por hacerme ver que no hay excusas para no seguir siempre adelante. Gracias por haberte fotografiado junto a mí, para guardar esa foto como un recuerdo inolvidable del día de hoy. Gracias a tus padres, Félix  y Ana, por ser una familia fantástica y por haberme enseñado hoy otro significado de las palabras Papá y Mamá. Gracias a tus compañeros de la asociación: Daniela, Casilda, Juan Carlos, David, Ismael, Manu, Luis Fernando,… y a todos los demás. Gracias a los que habéis participado hoy en la carrera de andadores por la lección que me habéis dado. Espero que me sirva para borrar definitivamente las quejas y excusas de mi diccionario. Gracias a sus padres y familiares, por haber creado esta Familia tan bonita. Gracias a Vicky, por haberme dado la oportunidad de conoceros en la pasada Feria de la Maratón de Sevilla, y por ser la más viva prueba junto a vosotros de que los ángeles existen… Gracias a todos los impulsores que hacéis posible este bello sueño, especialmente a mis compañeros Miguel, Juan y José Luis, que me han hecho apretar hoy como en mis mejores tiempos. Gracias también al IMD, por permitir esta categoría en sus carreras y haber introducido hoy la carrera de andadores, una experiencia que como he dicho antes jamás olvidaré. Gracias a esos corredores que nos han facilitado la carrera, y al público que nos ha  animado sin parar. Gracias a Alejandra, por el increíble reportaje fotográfico que ha realizado y del que he obtenido las  fotos que acompañan a esta publicación. Para terminar como empecé, gracias, Cristian. Muchas gracias. Espero volver a verte pronto.
 
 


lunes, 20 de febrero de 2017

Mi maratón más larga (MMML)


Comienzo esta crónica (poco deportiva, pero espero que muy emotiva) de la pasada Maratón de Sevilla con una frase de Anxo Pérez que me encanta apropiarme cuando cumplo algún sueño, y que viene a decir algo así como que cuando alcanzas el éxito es el momento no de pensar “qué he hecho bien”, sino de pensar ”a quién debo decir gracias”. Considero un éxito haber cruzado otra vez esa línea de meta, por lo que creo firmemente que es el momento de dar las gracias. Y quiero comenzar esta cadena de agradecimientos por mi mujer, María, porque sin ella no hubiese sido capaz de ponerme ni siquiera en la línea de salida. Ella es la que está siempre ahí, cuidando de Pablo y Daniela, encargándose de que todo esté en su sitio y soportando mis ausencias y este estilo de vida que roza permanentemente la línea de la cordura. Gracias. También especialmente a mis hijos, mi verdadera fuente de inspiración y motivación y a quienes intento inculcar con estas aventuras los valores innatos al deporte como el esfuerzo, la solidaridad, la voluntad, la lucha por tus sueños y la posibilidad de hacer de este mundo un lugar mejor. Gracias a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo, a todos los que tienen el inmenso mérito de soportarme durante más o menos horas al día. Gracias a la Fundación Luis Olivares, por apoyar todas mis iniciativas y ser la pieza que completa y da sentido al puzle. Gracias a todos los medios que difundís mis aventuras como si de un auténtico personaje mediático se tratase. Gracias a “Dos Hermanas Diario Digital”, con las innumerables entrevistas de Paco, a “Desde la Grada” con Adame, a “El Nazareno” con Valme, a “Muchodeporte” y a “Maratón Radio” con Eva y Rafa. Gracias a Torrewear (Carlos, Josewa) por esa espectacular camiseta fabricada con el corazón, con el mismo que adornaba su pecho y su espalda. Gracias también a la Organización de la Maratón, concretamente a Daniel Quintero por todas las facilidades que me habéis proporcionado y por haber retwitteado cada uno de mis innumerables twits.
Quinta participación en la Maratón de Sevilla y segunda vez que llevaba a cabo el Reto #YoAdelantoTúDonas. Tan satisfecho terminé el pasado año que hoy en día no concibo volver a correrla sin salir el último… El reto es sencillo de explicar y llevar a cabo. Salgo el último de la  maratón con el objetivo de ir adelantando a cuantos más mejor, con la esperanza de difundir el  mensaje de la importancia de la donación de médula y lograr el mayor número de donantes posible. Este año quería dar una vuelta de tuerca al asunto. Comencé contando mi proyecto a la Organización y solicitando un stand para difundir la labor de la Fundación Luis Olivares. Su respuesta no se hizo esperar: ¡deseo concedido! Poco a poco los entrenamientos me iban acercando al día “D” señalado en el calendario: 20 de Febrero de 2017. Este año además de buscar donantes de médula, también buscaba donación de fondos para la Fundación, inspirado por un comentario de mi hija Daniela. Daría la opción a todos mis allegados de que al final de la carrera realizasen una aportación libre y voluntaria en función de los adelantados.
Este año el hecho de disponer de un stand y vivir la Feria del Corredor desde dentro me iba a hacer vivir una experiencia única. Mi Maratón no empezó el Domingo a las 8:30. Lo hizo el Viernes 18 sobre esa hora cuando comencé a decorar el stand. Una sencilla mesa con la bandera de la Fundación Luis Olivares por tapete, unos calendarios, folletos sobre la labor de la Fundación y unas pulseras conmemorativas completaban la decoración junto a los posters que había impreso en A3 y pegado en las paredes. A mi derecha, los chicos de Acnur, con una labor encomiable y con el crack de Javi organizándolo todo y a mi izquierda, Edu, un auténtico fenómeno con su tienda de Longfield se convirtieron en vecinos de nivel. La mañana del Viernes comenzó tranquila. Poca afluencia de público pero vivencias muy enriquecedoras. Tuve la oportunidad de conocer la labor de las chicas de Carros de Fuego, una organización que nos da a cualquier corredor la posibilidad de vivir la espectacular experiencia de correr impulsando un carro con un ángel disfrazado de niño. La iniciativa me impactó y me enamoró desde el primer segundo, tanto que espero poder colaborar con ellos cuanto antes y saborear estos momentos que a buen seguro erizarán mi piel, como dice mi amigo Andrés.  
Voy recibiendo visitas de amigos con los que nos tomamos fotos para recordar y difundir en las redes sociales para ayudar a la tan necesaria labor de difusión de estas organizaciones. Vendo algunas pulseras, algunos calendarios pero sobre todo me llevo abrazos, sonrisas, miradas, conversaciones… Durante estos dos días desfilan entre otros Manu, Carlos, Antonio, Conchi, Fernando, Norber, Quisco, Juan Dianez, Juan Monroy, Javier,  Gaby, Mari Carmen, Antonio, Vitorrunning, Frank, Enrique, Ade, Carmen, Jose, Ana, Fernando, Laura, Ana, Diego, Marcos, Maca, Juan (aunque no coincido con estos tres últimos porque estoy en la comida de la pasta…) , Los Ruinas, José Luis, Dani, Encarni, Gonzalo, Raúl y cierran Ivi, Vane y Concha, que además me ayudan hasta a desmontar el stand. Dos días largos, intensos e inolvidables. Las casi 22 horas que paso allí cansan mis pies, pero alimentan mi espíritu. Como muestra más que representativa recibo una llamada de ALGUIEN (con mayúsculas) que me dice que ALGUIEN (también con mayúsculas) me ayudará desde el cielo. No puede leerse, no puede oírse, hay que sentirlo con el corazón. El sábado por la noche me marcho camino de casa con la seguridad de que la carrera del Domingo es un mero trámite, la guinda que coronará el rico pastel que hemos cocinado durante estos dos días.   
Por primera vez en mucho tiempo el día de la competición (curioso nombre, porque yo hace ya mucho tiempo que dejé de competir, de hecho tengo mis dudas si alguna vez lo hice…) me levanto muy tranquilo. Las mariposas revolotean hoy en el estómago de forma diferente a como lo suelen hacer estos días. Imagino que los dos días vividos forman parte de la maratón, y por eso hoy no hay lugar para nervios. La fina lluvia de camino al estadio se convierte en chubasco por momentos… Cumplimos con la fiel tradición de cambiarnos todos juntos. Sonrisas, abrazos, saludos…una foto abrazando a un amigo a miles de kilómetros de distancia (te espero el año que viene Tobi) y de camino hacia la salida. Salir el último te evita los nervios de los cajones. La música y la voz del speaker hacen de banda sonora de la avalancha de personas que cruzan el arco de salida. Espero pacientemente hasta que el último de los participantes la supere para comenzar mi Maratón. El GPS no pilla señal, y en lugar de reiniciarlo decido correr sin él.  El tiempo es lo de menos. No sentir la vibración en mi muñeca cada mil metros me evitará hacer los inevitables cálculos de ritmos, horarios previstos y demás. No me hacen falta. Hoy no. Oigo mi nombre a mi izquierda y me encuentro al crack de Diego Escobedo cámara en mano. Espero que me haya sacado un buen perfil, porque le hice caso y me peiné especialmente para él. Salgo enchufado. No sé a qué ritmo pero con muy buenas sensaciones. Las piernas van muy ligeras y no hay quien me borre la sonrisa de mi cara. Voy viendo llegar los carteles de los kilómetros antes de lo previsto.  En Ronda Triana me encuentro a mis amigos de la Fundación Josep Carreras: Fátima, Javier, Jordi,…unos auténticos cracks. Chocamos las manos y me llevo parte de su energía hacia adelante. Por República Argentina  diviso el globo de las 4 horas que lleva mi amigo Manuel Olmo junto a los Predators y mi amiga Ana. Los pillo a la altura de la Torre del Oro (buen lugar) y Manolo aprovecha para tomarnos una foto con la Gopro que guardaré en el fondo de mi corazón como recuerdo de este espectacular día. Justo antes de comenzar la bajada del subterráneo que nos llevará a Torneo me cruzo con mi amigo Ledesma que debuta hoy. Sigo adelante. Los aplausos y ánimos de la gente son el mejor combustible. En los avituallamientos los voluntarios llevan a cabo su impecable y poco reconocida labor.  En uno de ellos un auténtico crack con cuerpo de niño nos anima al grito de “Vamos al Aquarius, que me lo quitan de las manos…” Estamos en Sevilla… Cae el kilómetro 10 (la distancia con la que empecé a correr), el 20, justo antes de la media maratón… Todavía voy bien, adelantando a buen ritmo, pero sin obsesionarme como otras veces. Es curioso, no llevo reloj (lo llevo pero sin el GPS conectado, es decir como si no lo llevase) y sin embargo mi ritmo es mucho más uniforme que otras veces. Camino del 30 las piernas empiezan ya a notar los kilómetros. Aunque tengo muy presente la llamada del día anterior, intento utilizar el Comodín del Cielo sólo en caso de necesidad. Soy consciente de que tendrá cosas más importantes que hacer que ayudar a este pobre loco a finalizar la carrera, pero tampoco quiero perder mi conexión con Él, porque sé que es Él la verdadera causa de que esté hoy aquí. Supero la curva frente al Benito Villamarín, que siempre es un punto de inflexión en la carrera (y es que en este giro comienza el verdadero sufrimiento de muchos, no sé por qué aunque lo puedo intuir…) Viene lo más duro,  pero también lo más bonito. La interminable recta de la Palmera te lleva hasta el Parque de María Luisa, La Plaza de España, Calle San Fernando, Avenida de la Constitución… el centro está a rebosar. Por la catedral el pasillo se estrecha como si fuésemos subiendo un puerto en el Tour. Sentimos los aplausos y los gritos de la gente muy cercanos, y la cara de ilusión de los pequeños a los que chocas las manos.
Entrando a la Alameda, subidón de los buenos… mi compañero de trabajo Fran y su mujer Manoli me jalean e inmortalizan este momento con fotos que jamás olvidaré. Un niño grita: “Mamá, una camiseta del equipo de Luis Olivares”… tantas emociones seguidas hacen entrar a mi corazón en zona roja muy cerca de la meta. La calle pica ligeramente hacia arriba para recordar a tus muslos que llevan recorridos ya casi cuarenta kilómetros. El Puente de la Barqueta nos devuelve a la orilla del río donde nos espera la meta. Un par de rectas y ya podemos divisar el estadio. En el último giro a la derecha antes de buscarlo, una bandera blanca entre la multitud me avisa de la presencia de Mari Carmen, mujer de Gabi. Para poner broche a la fiesta, entraré por el estadio ondeando la bandera de la Fundación Luis Olivares. Las lágrimas asoman a mis  ojos por primera vez en el día de hoy, las mariposas anudan sus alas a la altura de la garganta y no se hace fácil respirar… La oscuridad del túnel desaparece al fondo con el dibujo de las gradas atestadas de gente. Elevo mis manos al cielo ondeando la bandera entre ellas…Saboreo cada zancada, cada bombeo de mi corazón, cada grito del público, como si lo viviese a cámara lenta. Soy yo, estoy aquí, ahora… Nada más cruzar la meta una cara conocida aparece detrás de una cámara. Diego otra vez, estuvo al principio y ahora al final…Camino despacio de camino a tomar mi medalla. Otra más. La quinta. Soy feliz, igual que la mayoría de los que me rodean. No importa el puesto, ni el tiempo, porque en la maratón, como en la vida, lo importante no es la meta, sino el camino…
Pido disculpas por la extensión de esta publicación, pero no me ha sido posible hacer una crónica más corta de esta maratón tan larga…
Ahora #ShowMustGoOn y… ¡¡¡a por la próxima!!!
¡¡¡Gracias a tod@s!!!

martes, 17 de enero de 2017

Yo adelanto tú donas (II) - vuelve el reto...


Yo Adelanto Tú Donas (II)

En pocos días llega a Sevilla uno de los acontecimientos deportivos del año. Su Maratón. Su trigésimo tercera edición (quinta para mí) donde se volverán a llenar sus calles de corredores en busca del sueño de completar los 42,195 kms. de su recorrido. Este año vuelvo a plantear mi reto “Yo Adelanto Tú Donas”. Saldré el último de todos los corredores (a este fecha van ya más de 12.000 inscritos) para volver a repetir la aventura del pasado año. De nuevo mi objetivo será lograr tantos donantes de médula como adelantados, algo fácil de decir, pero un poco más complicado de conseguir y comprobar. El año pasado conté con la inestimable colaboración del programa Tiempo de Juego de la Cope que me ayudó a difundir mi aventura. Este año  la Organización de la Maratón ha cedido gentilmente un stand en la Feria del Corredor en Fibes para que la Fundación Luis Olivares pueda difundir su magnífica labor y las bondades de la donación de médula. Desde aquí mi agradecimiento especial para ellos. Ya se nos ocurrirá algo especial para darles la repercusión que se merecen.

La donación de médula es la única esperanza que sostiene el hilo de vida de algunos enfermos con cáncer. Un sencillo pinchazo con el fin de incluirnos en el Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO), que se traducirá en una sencilla intervención en el caso de que se requiera punción lumbar o un proceso parecido a la donación de sangre en el hipotético caso de que seamos compatibles con algún receptor es todo lo que tenemos que hacer para salvar una vida... ¿tenemos algo mejor que hacer en esta vida que regalársela a alguien?
Pero este año quería dar un paso más.  Además de la difusión y de la toma de conciencia de la necesidad de hacenos donante de médula, que puede ser de lo más importante,  también voy a intentar fomentar entre todos una modesta colaboración económica. Inspirado por mis hijos Daniela y Pablo, que se han comprometido a donar 1 céntimo por cada 10 atletas adelantados quiero hacer extensivo este reto a todo el mundo. Si quieres colaborar de esta forma con la Fundación Luis Olivares, basta con que te fijes tu cuota personal por adelantado y cuando termine la Maratón le realices la donación en función de los adelantados. Al final de este post indico los números de cuenta de la Fundación. Si quieres que lo haga público, o mejor aún, si eres una Fundación, Empresa, Organización, Asociación o similar dispuesta a donar una real y escandalosamente importante cantidad por cada atleta adelantado contacta conmigo y te convertiremos en patrocinador oficial del reto. Incluso podría llevar tu logo en la camiseta que vestiré el próximo 19 de Febrero durante 42,195 kms. por las calles de Sevilla. Estimo que tardaré más de tres horas y media, por lo que la inversión publicitaria merecerá la pena.
Gracias por el tiempo invertido en leer esta publicación.
A continuación os dejo algunos enlaces de interés por si os interesan:

https://www.facebook.com/yoadelantotudonas/?hc_ref=PAGES_TIMELINE&fref=nf
- Facebook oficial del Reto Yo Adelanto Tú Donas
https://soundcloud.com/user-55267000/audio-tjcope-200216 - Entrevista el pasado año en Tiempo de Juego (Cadena Cope)

https://www.youtube.com/watch?v=XiWP4NT3NIk - Vídeo de promoción del reto Yo Adelanto Tú Donas 2017

http://www.fundacionluisolivares.org/ - Página web de la Fundación Luis Olivares, beneficiaria del proyecto

http://www.fundacionluisolivares.org/wp-content/uploads/2016/01/Donaci%C3%B3n-m%C3%A9dula.pdf - Información sobre la donación de médula
@cholejs- Twitter
Cuentas de la Fundación Luis Olivares.
CAJAMAR
 ES 48 3058 0751 0727 2031 1171
LA CAIXA
 ES 57 2100 1873 1902 0014 2361
Si quieres que te enviemos el certificado de tu donación necesitaremos tus datos, envíanos un mail a direccion@fundacionluisolivares.org



viernes, 30 de diciembre de 2016

CALENDARIO ADN SOLIDARIO 2017

Resumo en este post toda la información relativa al calendario ADN Solidario 2017 a beneficio de la Fundación Luis Olivares.

Se trata de una iniciativa solidaria del Club de Atletismo y Triatlón ADN (Agrupación de Deportistas Nazarenos) de Dos Hermanas. La Fundación Luis Olivares es una Fundación malagueña que centra sus esfuerzos en la atención de los niños enfermos de cáncer y sus familias. Poco se puede decir de una Fundación cuyo lema reza que "Lo mejor y lo más bonito de esta vida no puede verse ni tocarse, debe sentirse con el corazón" y que resume su actividad en las palabras "Alma, Magia y Corazón". Para todos aquellos que queráis ampliar información podéis visitar www.fundacionluisolivares.org. El calendario se realizó una tarde del mes de Septiembre en la que algunos miembros del equipo tuvimos la inmensa fortuna de desplazarnos a sus instalaciones junto con el artista Diego Escobedo, autor de las fotografías. De esa inolvidable tarde salieron las imágenes que componen el calendario, que a pesar de ser un auténtica obra de arte se pone a la venta al módico precio de 3 €, para que esté al alcance de todo el mundo. Si os hacéis con un ejemplar, se harán realidad las palabras de una de las volutarias de la Fundación, que una vez indicó que cuando se ayuda a los demás, se recibe mucho más de lo que se da. Por sólo 3 € recibiréis mucho, tanto que no se puede expresar con palabras. El 2017 se llenará de Alma, Magia y Corazón si pasáis los días con la ayuda de este calendario. Os dejamos algunas imágenes y un video con algunas tomas de ese mismo día. Gracias!!!

https://vimeo.com/183122164





lunes, 7 de noviembre de 2016

Sobre erizar la piel y otras reflexiones...

Hoy mi corazón me pedía subir una reflexión no deportiva al blog. Mi mente tenía sus dudas, pero una de las muchas cosas que aprendí el Viernes era a hacer más caso al corazón en caso de dudas.

El pasado Vienes presentamos en el Centro Cultural la Almona el Calendario ADN Solidario 2017 a beneficio de los niños de la Fundación Luis Olivares. Al comenzar el acto tuve la sensación de que había poca gente para un acto de estas características y hubiese deseado que hubiese más, pero otra de las cosas importantes que aprendí este Viernes (aunque ya lo había oído antes pero no había sido capaz de interiorizarlo) fue que la felicidad es la total ausencia de deseo, por lo que en aras de mi felicidad, decidí eliminar ese deseo de mi mente. Ahora, mientras escribo, creo firmemente que estábamos los que teníamos que estar, también porque el Viernes alcancé a entender la genial frase de Steve Jobs de que la vida hay que vivirla mirando siempre hacia adelante, pero que hay que entenderla (conectar los puntos, que decía él) mirando hacia atrás.

Después de echarle un poco de valor y tragarme los nervios (e incluso puede que el miedo) a hablar en público agradezco a todos los que han tenido algo que ver en la creación de este calendario y me lanzo a presentar a Andrés Olivares. No es fácil hablar delante de Andrés, pero como él dice, me miré al espejo, me vine arriba y me dije tú puedes. No sé lo que transmití hacia afuera, pero me sentí muy cómodo y se me hizo hasta corto.

Después de fundirnos en un emotivo abrazo, le cedí el escenario y todos nos dispusimos a escucharlo. Sin querer repetir mi presentación, podríamos decir que Andrés es una persona rebosante de alma, magia y corazón, capaz de cambiar este mundo de locos en el que vivimos. No he podido encontrar ni un solo asistente de los que estuvieron allí el viernes que hayan quedado indiferentes a la exposición de Andrés. Paso a indicar algunas reflexiones con mayor o menor grado de conexión entre ellas, que vienen a expresar lo que puede sentir (con el corazón por supuesto) en este inolvidable acto.

Empiezo por la frase que da título a esta publicación: "Hay que llenar la vida de momentos que te ericen la piel". Yo había escrito en alguna otra ocasión que la vida estaba llena de momentos. Pero en definitiva son estos momentos de la piel de gallina los que hay que vivir, como los que a buen seguro los que estuvimos el viernes allí lo hicimos.

Aunque Andrés no es muy de dar consejos, sólo cuenta su experiencia sin juzgar ni valorar lo que podamos opinar sobre ellas, sí nos pide dos sencillas cosas, que sonriamos (el sonriente lo llamaba uno de sus niños) y que abracemos. Qué abracemos de verdad, como él mismo lo hace, como lo hace Rober, Rosa o como lo hace mi pequeña Daniela que es también mi mejor profesora en esta asignatura que a veces se me hace tan cuesta arriba.

Vivir y decidir con el corazón, como decía al principio. Sólo hay veinte centímetros de distancia física en nuestro cuerpo entre mente y corazón pero todo un infinito en cuanto a los caminos que ambos dibujan. Me quedo también con el consejo que le da a su hija pequeña de hacer lo que el corazón le pida, algo que intentaré también inculcar a los míos y aplicarme en primera persona. De hecho aquí estoy redactando este texto.

La diferencia entre lo natural o normal y lo habitual, algo que siempre he defendido y que ahora gracias a Andrés me ha quedado aún más reforzado. Siempre me he caracterizado por  hacer cosas "no habituales" que muchos se empeñan a calificar de "no normales". Con independencia de que la opinión de los demás cada vez tiene menos influencia en mi vida (entiendo que es lo que tiene actuar con el corazón...) Andrés nos habló sobre lo de bajarnos de esa escalera mecánica en la que la sociedad nos coloca, donde se nos guía nuestra actuación hasta límites insospechados. Me viene a la mente una experiencia que cuenta Víctor Kuppers en la sus conferencias, y que he tenido la oportunidad de vivir en primera persona. Víctor propone a sus alumnos de la Universidad que en un momento determinado, llamen a sus madres simplemente para decirles que las quieren (al más puro Stevie Wonder) Por lo que cuenta, las respuestas son muy similares a la que en su día obtuve de mi madre: "Hijo, ¿te pasa algo? ¿te encuentras bien?". Estas respuestas prueban que muchas veces lo natural o normal (que un hijo le diga a su madre que la quiere) está muy lejos de lo habitual (la mayoría de las madres receptoras de estas llamada parecen ser primerizas en este aspecto)

La vida y la muerte. Minutos antes de comenzar la presentación, sentado frente al ordenador para comprobar que un video que después iba a mostrar Andrés me preguntó mirándome a los ojos: "Antonio, voy a hablar de la muerte, estoy viendo que hay niños pequeños... no hay problemas ¿no?"

- "Ninguno, Andrés, el problema es que a los niños no se les habla de la muerte desde pequeños, y deberíamos hacerlo".  Ojalá desde el cole les explicaran que la muerte es algo tan natural como la vida, y que no se puede entender una sin la otra. Todavía de adultos, vivimos como si no nos fuésemos a morir nunca, y pasamos nuestro tránsito por las escaleras mecánicas preocupándonos por cosa que al final no tienen importancia ninguna, y nos olvidamos de buscar momentos que nos ericen la piel...

El desapego. Uno de los momentos álgidos de la noche se vivió cuando Andrés explicó con naturalidad total la marcha de Luis. Una vez cumplida su misión en esta vida, que no era otra que explicar a su padre la labor que debía guiar todas sus energías ayudando a los niños que lo necesitaban, nada lo retenía aquí. Era el momento de hablar del desapego, de explicar que nuestros hijos no son nuestros, son de la vida. Si nadie nos pertenece (ni nuestros seres más queridos) no cabe hablar de pérdida cuando se marchan. Primero porque no se puede perder algo que no se tiene, pero sobre todo porque que no podamos verlos y tocarlos  no significa que no estén aquí, podemos seguir sintiéndolos con el corazón, porque entre otras cosas son de lo mejor y más bonito de estas vida.

Todas estas reflexiones podrían resumirse en una sola: la vida es sencilla, básica. Somos nosotros los que la complicamos encerrados en esa maldita escalera mecánica que nos arrastra y que tan difícil nos es abandonar. Afortunadamente, los niños aún no han aprendido a complicarla. Nuestra pequeña Carmen, con sólo cuatro añitos, lo entendió perfectamente y lo primero que hizo al día siguiente al levantarse (se marchó dormida del acto) fue levantarse, pedir papel y lápiz y dibujar un corazón verde my grande con patas y un corazón rojo en el pecho. Ellos son nuestra esperanza y nuestro futuro. Nosotros los adultos, mientras seguiremos deambulando por las escaleras...

Gracias, hermano (como te gusta decir) por haberte conocido. Ahora, mirando hacia atrás, empiezo a comprender por qué. Saber que hubo un momento en que Luis acudió a mis sueños para que fuese a tu búsqueda me eriza definitivamente la piel, y mucho. Un abrazo con una sonrisa infinita. Gracias.   

martes, 18 de octubre de 2016

CRÓNICA DEPORTIVA (O NO…) DEL IBERMAN 2016


 

El pasado sábado 15 de Octubre completé el que fue mi sexto triatlón distancia Ironman en los últimos cuatro años. Un triatlón que por las circunstancias que lo acompañaban iba a ser de los más especiales de los que había vivido. En primer lugar, porque la natación y salida tenía lugar en la playa de Isla Canela, el lugar donde he veraneado los últimos años y que tan buenos recuerdos me trae. Tres años después, volvía al escenario de mi segundo larga distancia, deseoso de volver a vivir las sensaciones experimentadas entonces. También venía muy justo de preparación física, de hecho no había decidido mi participación hasta escasamente un mes antes, pero quería demostrarme que la motivación y la actitud mental adecuada me darían para no sufrir mucho y conseguir mi objetivo. Por último, había utilizado esta competición como marco para el cumplimiento de mi reto #226ParaUnMillón, con el que contribuir al sueño del malagueño Pablo Ráez de alcanzar el millón de donantes de médula en España (su #RetoUnMillón difundido en redes sociales)

Con este cúmulo de circunstancias me presentaba el Viernes por la mañana en el hotel Playa Canela a recoger el dorsal y el resto del pack de carrera. Una acertada decisión la de haber venido tan temprano que me permitió descansar más de lo habitual en la jornada de reflexión y superar la complicada liturgia de los preparativos (por mucha lista que lleves siempre tienes la sensación de que se queda algo atrás…) de la forma más relajada posible.

Check in de bici y material frente al apartamento (gracias Ricardo otra vez por tu generosidad y disposición a ayudar), justo en la calle que me ha llevado y traído de vuelta a la playa innumerables veces en todos estos veranos. Allí tengo la fortuna de conocer a Raúl, Carlos, a Yesi y a su linda pequeñaja. Un cuarteto de maravillosos gaditanos con los que coincidí también en la charla técnica y que me hicieron olvidar de golpe la soledad que vivía en esos momentos.

Me voy a la cama temprano y duermo como un lirón, a pesar de los nervios previos a la prueba. Revisión del material en Boxes y camino a la playa a la busca del primer segmento. Caminando por la pasarela de madera afloran a tu mente el cúmulo de pensamientos habituales en estos momentos. Dudas, miedos, felicidad, compromiso, emociones contrapuestas… Me encanta la sensación de sentir latir mi corazón embutido en el neopreno, con el ruido exterior silenciado a medias por los tapones en mis oídos y por el rítmico golpeo de mi motor empujando la sangre hasta todos los rincones de mi cuerpo. En estos momentos me encuentro con María Sierra (una excepcional persona a la par que una deportista modelo), con Javier Mérida (ejemplo de superación personal y un tío grande de verdad) y con Esther Córdoba (a la postre campeona de la prueba) Choco mis manos con las de Carlos y Raúl deseándonos lo mejor y tras el bocinazo de rigor encamino mis pasos hacia el agua. Aquí tus neuronas dejan paso a la habitual pregunta de estos momentos ¿qué hago yo aquí?... La respuesta surge sola cuando cambias el por qué estoy aquí por el para qué. Encontrarle un sentido es fundamental para enfrentarte con fuerzas a 226 kilómetros. El mar es un auténtico plato, sin rastro de olas y con una temperatura que pronto se convierte en ideal tras recorrer la estrecha capa que el neopreno deja sobre mi piel. Nado más relajado que nunca. A pesar de que sólo había nadado 2.000 metros en el último mes me siento muy cómodo. No sé a qué ritmo voy pero tengo la sensación de que podría aguantar horas de esta forma. Giros de boyas muy limpios y en la primera vuelta la tormenta mental entra en funcionamiento. El todo es relativo que utilizo tantas veces en mi filosofía diaria me golpea con más fuerza que nunca. Me veo demasiado rodeado de gente para lo que estoy acostumbrado, pero no soy capaz de ubicarme dentro del grupo, por lo que me llegan las primeras dudas de cómo lo iré haciendo. Dudas sin sentido, porque si voy cómodo, no tengo por qué preocuparme cómo vayan los demás. Salgo en la primera vuelta y cuando echo la vista atrás puedo distinguir bastantes gorros blancos y brazadas en el mar, lo que me indica que no debo ir muy descolgado. De nuevo a por la segunda vuelta, también muy relajado y a un ritmo que no me castigue mucho de cara a lo que me queda por delante.

Salgo de la segunda vuelta con mi sonrisa en rostro y encaro el largo camino de madera que me llevará hasta la bici. Cuando llego a boxes pensando en mis cosas puedo divisar como María sale de la T1. Me ha aventajado sólo en el tiempo que haya tardado en hacer su primera transición, algo que hubiese firmado con los ojos cerrados antes de empezar. Al final 1:25:19 algo más de lo esperado pero asumible cuando compruebo de que a todos nos salen más de los 3.800 inicialmente previstos. Transición muy tranquila (casi diez minutos), en mi línea. Me seco bien y preparo el  arsenal de avituallamientos que me acompañará en este primer segmento. A pesar de que hace un poco de fresco y el mono está chorreando, tomo la acertada decisión de dejar el cortavientos y salir sólo con los manguitos en los brazos como única prenda de abrigo. Llega el momento de pedalear.

Salgo muy fácil en dirección a Ayamonte. Primeros kilómetros sin forzar para ir cogiendo sensaciones y adaptar a mi cuerpo al cambio de posición. Ya en la localidad ayamontina los continuos badenes del recorrido me juegan una mala pasada y me muestran otra importante lección. La bomba de aire y una de las cámaras que llevaba como repuesto (a la postre de los complementos más importantes que podía necesitar en este sector) iban sujetas al cuadro con unas sencillas gomillas que ceden en uno de los baches del recorrido. Y es que a veces, las cosas más importantes de la vida las sujetamos con las pinzas más débiles, sin darnos cuenta de la importancia de cuidar los pequeños detalles que mantienen en pie nuestras motivaciones. Casi milagrosamente advierto como la bomba se cuela entre las bielas y el cuadro y la cubierta casi se enreda en la rueda trasera y me detengo justo a tiempo. Meto la bomba en mi espalda y lío como buenamente puedo la goma alrededor del portadorsal antes de volver a pedalear. A pesar de que debo estar agradecido a que no me ha pasado nada, los segundos (o incluso minutos) parado han hecho que me hayan pasado bicis como cohetes y comienzo a dudar de mi posición real en carrera. Camino a Villablanca el fantasma del corte sobrevuela mi mente. Teníamos nueve horas para los dos primeros segmentos, pero visto el tiempo transcurrido comienzo a preguntarme si llegaría a tiempo a Villareal. Mi cabeza comienza el carrusel de infinitos cálculos que intentan estimar los tiempos previstos de llegada a las próximas poblaciones, sin éxito ninguno. Las cuestas y el viento comienzan a hacer estragos y hay tramos en los que me veo en la más absoluta soledad. Afortunadamente, los carteles amarillos y algún que otro voluntario de vez en cuando me confirman que me encuentro en el camino correcto. Poco a poco mis piernas van notando la falta de kilómetros de entrenamiento en esta segunda parte de la temporada. No recordaba ni por asomo la dureza de esta parte del recorrido (de haberlo hecho me hubiese pensado más fríamente mi participación…) Hablando de dureza me planto en Pomarao, localidad fronteriza que da paso a la segunda parte del recorrido por suelo portugués. Su interminable bienvenida pone a prueba mi fuerza mental, empeñada en no poner pie a tierra por mucho que me quede sin desarrollo en las primeras rampas. En esta espectacular subida consigo dejar atrás a varios compañeros, lo que me supone un importante refuerzo psicológico. Comienzo mi vagar por un infinito recorrido de toboganes sin fin, que junto al viento en contra dificulta cada vez más mi pedalear. Es en estos kilómetros cuando tengo que echar mano de todo mi arsenal psicológico. Pablo y Daniela cobran vida en la foto que me acompaña en el acople del manillar desde mi primera aventura en esta distancia y casi puedo escuchar sus voces pidiéndome que no me rinda. Es complicado dejar kilómetros atrás, sobre todo cuando tienes claro que no puedes vaciarte del todo porque una maratón con sus 42 kilómetros te espera a partir de la T2. Los nombres y las caras de los casi 80 donantes que han colaborado conmigo en este reto inundan mis pensamientos, y son ellos los que me dan fuerzas en muchos momentos para seguir adelante. La familia y los amigos también juegan su papel. Sé que ninguno de ellos alberga la más mínima duda de que volveré a convertirme en Finisher una vez más, por lo que me conjuro para no fallarles. Por fin el Guadiana aparece a mi izquierda, lo que parece ser una confirmación de que sólo nos queda bajar hasta la meta. Nada más lejos de la realidad, porque la carretera se empeña en serpentear subiendo y bajando de forma paralela al curso del río, acercándote y alejándote en innumerables ocasiones. Las conversaciones con Pablo y Daniela cada vez son más continuas. Ahora ya tengo referencia de otros corredores a los que suelo alcanzar cuando la carretera se empina y que me pasan en llanos y bajadas. Por fin diviso al fondo la silueta del Castillo de Castro Marim, prueba irrefutable de que la T2 está muy cerca. Escoltados por la guardinha motorizada llegamos a la glorieta que nos llevará a soltar la bici. Me echo en los acoples para estirar toda la espalda y respiro aliviado.

Suelto la bici con relativa rapidez, cambio de calcetines, me coloco las medias de compresión y sustituyo casco por gorra. Me ajusto el dorsal y salgo a correr, vaciándome una botella de agua en la cabeza con los primeros pasos. Es tal la tranquilidad que me da haber soltado la bici que voy muy cómodo. En la avenida que me lleva de vuelta a la carretera diviso a la izquierda a mi amigo Alberto de Canofotosports inmortalizando atletas. Lo saludo y sigo corriendo, consciente de que de aquí me llevaré un buen recuerdo de la carrera. No dejo de pasar corredores. Por fin subo el Puente Internacional del Guadiana, uno de los momentos cumbres de la prueba junto con el paso por Pomarao. Otra foto para el archivo. Hasta la llegada a Ayamonte, donde llego un poco justo por la falta de avituallamiento voy muy fresco. A pesar del calor, me planto en el circuito con muy buenas sensaciones. Llega el momento de la verdad, cuatro vueltas a un circuito de casi siete kilómetros donde habrá que dar la nota. Aquí la aglomeración de atletas es mucho mayor, cada uno a su ritmo y con posiciones muy diversas en carrera. En el primer paso por el avituallamiento decido levantar un poco el pie y tomármelo con tranquilidad. Como fruta y bebo, para que el calor no me haga mella. El estómago no me da para mucho más. No sólo tengo que terminar, hay que volver a Punta del Moral, recoger la bici en Villareal y de allí en coche para Dos Hermanas, así que tengo que guardar algo incluso para cuando cruce la meta. Será una T3, como mi libro. En la primera vuelta me encuentro a mi amigo Miguel López. Escuchar mi nombre y ver una cara amiga me da un subidón de los buenos. Algunas fotos y una sonrisa de complicidad que me dan más energía que todos los geles que aún cuelgan de mi portadorsal. Las cuatro vueltas se hacen un poco pesadas por un lado pero por otro compensa el no perder nunca la referencia y no dejar de cruzarte gente. El sol se pone y la noche baja varios grados la temperatura. En mi penúltima vuelta me encuentro con Yesi que me devuelve la camiseta de la Fundación Luis Olivares que le había dado por la mañana antes de comenzar. Carlos ya ha terminado y acompaña con la bici a Raúl que va una vuelta por detrás mía. Me cruzo con María Sierra y con Esther Córdoba  que van a un ritmo genial. Enfilo por última vez la avenida que me llevará a la compensación para meta. La gente no deja de animar y unas tímidas lágrimas asoman a mis ojos. Alzo los brazos, miro al cielo, y soy Finisher de un LD por sexta vez en cuatro años. Esta vez he tardado quince minutos más que hace tres años, pero las circunstancias nada tienen que ver. Pienso en los míos, en los donantes, en los niños de la Fundación, en mi amigo Silva a quien di ánimos hace tres años para seguir adelante y que hoy me los devolvió con creces en los momentos menos buenos. No hay tiempo para mucho más. Toca volver, cuanto antes, que en casa me esperan para disfrutar al día siguiente de la Romería de Valme. El ¿qué hago yo aquí? de esta mañana se transforma en ¿cuándo es el próximo? Ya habrá tiempo de plantear esa pregunta. Ahora más que nunca toca descansar, desconectar y disfrutar de familia y amigos. El proyecto del Calendario Solidario para la Fundación Luis Olivares me espera y hay que estar fino. Gracias a todos los que habéis hecho posible que esta crónica se haya hecho realidad, sobre todo a los que me esperaban en casa y que son los principales sufridores de esta afición. Gracias también a la organización del Iberman por su apoyo y colaboración y sobre todo a esos 77 nombres que han dado sentido a esta historia. Gracias a vosotros, lo mismo cualquier día, alguien en cualquier lugar de este loco mundo recibe el regalo de la vida en forma de vuestra médula. De todo corazón, gracias.

Marina, Alex, Ana, Jose, Ángela, Tobi, Cristina, Blanca, Jesús, Pepe, Raúl, Inma, Frank, Antonio, Caro, Edurne, Norber, Dani, Encarni, Alfie, Manu, Van Kerkof, Eduardo, Juanma, Conchi, Juan, Adela, Maria, Pepe, Charo, Toni, Carlos, María, José Luis, María José, María José, Rocío, Beatriz, José Antonio, Fran, Semi, Rocío, Esther, Rosa, Ana, Sole, Sete, Darío, Mari, Manuel, Rocío, Muna, Manolo, Alberto, Marta, Manuel, Catalina, Aurora, Miriam, Jesús, Trinidad, Antonio, Francisco, Reyes,  José Antonio, Mar, Carmen, Patri, Sara, Caro, Fernando, Lidia, Juanma, Encarni, Paco, Olga, Manoli,...

 
 

 

 



lunes, 26 de septiembre de 2016

#226ParaUnMillon


A escasamente un mes de participar en mi próximo triatlón distancia Ironman vuelvo a subirme al caballo de los retos. No tenía claro si volvería a hacerlo, pero las últimas publicaciones del “Guerrero” Pablo Ráez en redes sociales y sobre todo mi visita la pasada semana a la Fundación Luis Olivares han sido la chispa que han vuelto a encender la mecha en mi interior.
No podía dejar pasar por alto la oportunidad de ayudar a Pablo (mágico nombre). El “Guerrero” ha lanzado un reto, lograr un millón de donantes de médula, y en nuestras manos está el poder hacer su sueño realidad. Por eso voy a intentar alcanzar la cifra de 226 donantes (aunque parta con cierta ventaja, tras los 65 conseguidos para mi reto anterior “226forBarbate”). Tres semanas puede parecer poco tiempo, pero os aseguro que es demasiado, sobre todo comparado con todas las personas que esperan agónicamente esa llamada que les indique que ha aparecido alguien compatible con su médula y que se va a prestar al incomparable acto de donar vida. Es toda una eternidad para Pablo, que tan sólo hace unos días luchaba con todas sus fuerzas por salir adelante. “226paraunmillon” pretende remover conciencias, al menos en mi círculo de amistades. Por eso os pido perdón por anticipado desde ya porque os voy a agobiar en estos casi veinte días que quedan hasta que el próximo 15 de Octubre me coloque el neopreno en la playa de Isla Canela, tan cargada de recuerdos para mí. 226 son pocos, casi nada en relación con un millón, pero como decía Jorge Bucay en su maravilloso cuento de las estrellas de mar, si todos cambiamos nuestros pocos metros cuadrados de influencia seremos capaces de cambiar el mundo. “226paraunmillon” pretende conseguir 226 nuevos donantes (por lo menos) para “bautizar” cada uno de los kilómetros del Iberman con sus nombres anónimos. Aunque la donación sea totalmente anónima, y habrá gente que no verá bien presumir de ser donante, creo que un sencillo nombre como homenaje a este acto heroico no le va a hacer daño a nadie. Para ello cuento con la inestimable colaboración de Eduardo Jiménez, organizador de esta emotiva prueba y que desde el primer momento se ofreció para colaborar conmigo en lo que fuese necesario. 226 son pocos, pero sin España reunimos a poco más de cuatro mil locos que compitan en esta distancia (que a buen seguro que los hay de sobra) y cada uno aporta sus 226 estaremos muy cerca de alcanzar el millón que pide Pablo. Lo importante no es la prueba, lo importante son los donantes.
Abro pues, este reto con esta publicación en mi blog y os agradezco a todos por anticipado vuestra labor de difusión de esta iniciativa, y sobre todo a los que toméis la decisión de haceros donantes si aún no lo habéis hecho.
Cierro esta primera publicación sobre el reto con una frase que publiqué en Facebook hace un par de días y que no deja de rondarme la cabeza: "Cuando pequeños actos son multiplicados por millones de personas pueden transformar el mundo" (Howard Zinn). De momento nos conformamos con 226 para alcanzar nuestro millón. Gracias.
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