domingo, 18 de junio de 2023

¡¡¡FELICIDADES, MAMÁ!!!

               Hoy vuelvo a utilizar mi blog como altavoz para felicitar a alguien muy especial. Lo hice en su día conmigo cuando superé el medio siglo de vida, después con mi hijo Pablo cuando alcanzó su mayoría de edad, y hoy voy a hacerlo con mi madre, que acaba de cumplir ochenta primaveras.

              Ochenta es un número especial, huelga decirlo. Para los que nacimos en la década de los setenta, hablar de esos años es hablar de una época inolvidable. Como canta Melendi en su tema autobiográfico “Yo me veo contigo”, fueron años de inocencia y mercromina, de hombreras, pendientes y rejillas. Superman, Rocky, Indiana Jones, los Goonies, E.T. y Freddy Krueger ocupaban las pantallas del cine, porque por aquel entonces los estrenos de las pelis no se podían ver pirateadas en el móvil (que ni siquiera existía). Y entre tanto héroe de ficción arrasaba una heroína y la moda juvenil era mezclar Coca Cola y aspirina…Se nos fue Lennon, y llegó un tal Ronald Reagan, Maradona miró al cielo y Dios le tendió la mano, y los que tenían la suerte de tener un Atari se dedicaban a matar marcianos… Pero estos fueron mis ochenta, y no los de mi madre. Y a diferencia del gran Paco Umbral, no he publicado este blog para hablar de mi libro, sino del libro de mi madre.

              Mi madre ha sido, es y seguirá siendo (espero que por muchos años) básicamente una mujer buena. Creo que es la mejor forma de definirla. Alguien prudente, alejada de conflictos y totalmente entregada a los suyos. Para que os hagáis una idea, comparto con vosotros la curiosa historia de la elección de mi nombre “Antonio Manuel”. Mi padre se llamaba Manuel, al igual que lo hacía mi abuelo materno. La intención de mi madre era tener otro Manolo en casa (imagino que para economizar a la hora de llamarnos y poder avisarnos a los dos de una sola vez).  Haberme llamado sólo Manolo hubiese implicado honrar a su padre y no a mi abuelo paterno, que se llamaba Antonio. Así que tema resuelto llamando al niño Antonio Manuel.  Esta es la verdadera historia, y no la que me inventé y cuento muchas veces de que mi madre veía una novela venezolana mientras estaba embarazada. Soy tan viejo que en esa época no había ni novelas. UHF y VHF, y además en blanco y negro. Lo del amago de ser bautizado como Carmelo lo contaré en otra ocasión.

              Hablando del embarazo, mi madre siempre me cuenta que pasó los casi diez meses (por sus cuentas, lo que os da una idea de que di ruido incluso antes de salir) cosiendo hasta el último momento. Era costurera y cosía los mejores pantalones que se podían hacer para una tienda ubicada en pleno centro de Sevilla llamada Izquierdo Benito, a la que la acompañé muchas veces de niño a recoger telas y patrones y entregar pantalones. Siempre pensó que sería sastre y aunque se equivocó en ello, posiblemente mi buen estilo tradicional a la hora de vestir venga de esa época. O no, los genes pudieron dar  un salto esperando a que naciese mi hermano.

              Cuando asomé la cabeza tuve la genial idea de pasarme dieciocho meses llorando. Año y medio en el que ella intentaba calmarme pacientemente sin saber muy bien qué me pasaba (ni yo soy capaz de recordarlo hoy en día…) Año y medio en el que mi padre incluso llegó a adscribirse al turno de noche en la fábrica en la que trabajaba o a desplazarse a Antequera para intentar dormir algo.

              Después de dejar de llorar me dio por ser un niño enfermizo. Y ella siempre estuvo ahí, preocupada como ninguna e intentando evitarme cualquier signo de sufrimiento. En mi pueblo había un pediatra muy famoso al que siempre digo medio en broma medio en serio que le financiamos con mis consultas la espectacular vivienda que tiene en pleno centro de Dos Hermanas. Vegetaciones, amígdalas (las famosas “bolas” que nos extirparon a casi toda una generación”, reuma, roturas de huesos… Nada grave al fin pero siempre estaba con algún achaque.

              Después me dio por pedir un hermano. Como me encontraba un poco solo en comparación con todos mis amigos de esa época decidí no ser hijo único. Y aunque no tengo pruebas, imagino que tuviste que convencer a Papá de que otro llorón podía entrar por las puertas, ahora que ya comenzaba a dejaros un poco de libertad. Afortunadamente lo hiciste y llegó tu Alejandro Jesús, el que fue la alegría de la casa con sus bromas y su poca vergüenza, mientras yo me convertí en un niño tímido y serio que sacaba buenas notas. Cosas de la edad, que cantan los “Modestia aparte”.

              Igual que Papá siempre estuviste muy orgullosa de nosotros, sobre todo en lo que se refería a nuestros estudios. Todavía recuerdo cómo te enfadaste conmigo (a tu modo, claro, nada grave…) el día que te enteraste de mis notas de selectividad (sí, en mi época se llamaba así) por otra madre. Para mí era sólo una nota, y estaba más preocupado esos días por los kilos que movía en el gimnasio que por las notas que pudiese sacar.

                Fui cumpliendo años con la velocidad inexorable del tiempo, que es la misma durante toda nuestra vida aunque dependiendo de la edad que tengamos la sintamos de forma diferente. Mantuve una relación distante con vosotros, y me di cuenta tarde de lo que significa una madre. Dicen que no aprendemos a ser hijos hasta que no somos padres. Creo que es totalmente cierto. De forma bastante curiosa el Universo se encarga de que el Karma se manifieste haciéndote ver en tus hijos comportamientos que reconoces como tuyos. Y así puedes vivir en primera persona lo que tus padres vivieron hace ya muchos años. Afortunadamente, hay esperanza para el cambio…

Y para complementar y terminar la publicación no puedo usar otra foto que la que escogió mi hermano Ale para felicitarle su cumpleaños en redes. Salimos los dos con ella, que es lo que le gusta. Y es que ella siempre nos ha querido a los dos por igual, a pesar de ser tan diferentes. “Tanto monta, monta tanto” o “qué dedo me corto que no me duela” como tantas y tantas veces nos ha dicho.

              Gracias Mamá por ser cómo eres y por haberme aguantado y haberme ayudado a ser la personita que hoy soy, que me consta que no ha sido fácil. Y aprovecho para pedirte perdón por todas las veces que te hice daño, que han sido más de las deseadas. A ver si ahora la gente se va   pensar que soy un hijo modelo, nada más lejos de la realidad.

              Ahora que sé que tendrás tus ojos llenos de lágrimas cuando leas esto, acuérdate de todas esas veces que te he hecho reír con alguna de mis ocurrencias. Espero que sigan siendo muchas más.

              Felicidades y te quiero una “jartá”. Como cantaba Carlos Vives, nuestro amor es tan profundo, que tú eres mi consentida y que lo sepa todo el mundo.

                Gracias a todos como siempre por vuestro tiempo y volvemos en pleno verano.



viernes, 19 de mayo de 2023

GAFAS DE ABEJA O DE MOSCA, TÚ DECIDES…



     Vuelvo a escribir este mes de Mayo aprovechando una experiencia reciente, como suelo hacer de forma habitual.

     En una interesante conversación con alguien a quien quiero con locura se me vino a la mente el excepcional ejemplo que en su día tuve ocasión de oír de boca de mis amigas Carmen y Manuela Ortega. Hablando sobre las circunstancias de la vida, que nos desesperan en más de una ocasión, recordé esa charla sobre las gafas de abeja y las de mosca. Básicamente, venían a decir que todos tenemos en nuestros bolsillos unas gafas de mosca y otras de abeja. La decisión acerca de qué gafas nos ponemos es exclusivamente nuestra. Con las gafas de abeja, obviamente estamos más predispuestos a ver flores, que es de donde obtienen su alimento habitual. Con las de mosca, no creo que haga falta decir lo que veremos con mayor asiduidad. Las flores y las heces (que raro me siento escribiendo esto para no herir la sensibilidad de nadie) están ahí, en la naturaleza, y nuestra capacidad de actuación sobre ellas es nula. No tenemos forma de convertir una “m…” (que difícil se me va a hacer llegar hasta el final de la publicación sin que se me escape) en una flor. Lo que sí podemos es decidir qué gafas llevamos. Llevar las gafas de abeja no nos liberará de la desagradable visión del alimento de las moscas, pero al estar enfocados en las flores, seguro que les prestamos menos atención y continuamos nuestra búsqueda de flores que nos alegren la vista. A sensu contrario, ocurre exactamente lo mismo. Llevar puestas gafas de mosca aumentará las posibilidades de que veamos lo que no queremos ver, y cuando veamos algún capullo (en el sentido vegetal de la palabra) no lo apreciaremos como se merece y seguiremos buscando marrones que ratifiquen nuestra teoría de que la vida no es precisamente bella.

Melendi, un cantautor a quien podemos ver también con gafas de mosca o de abeja, escribía y cantaba en su canción “Existen los ángeles” la siguiente estrofa:

“Me enseñaste que el color

del traje que visten los días

lo elige siempre la pena

si no buscas la alegría”

     Esta genialidad va un paso más allá de la teoría inicial. No sólo las gafas condicionan nuestra visión del mundo a nuestro alrededor. También parece que venimos programados de fábrica para usar las gafas de mosca, porque deben ser más cómodas o más fácil de encontrar en el bolsillo. Ponernos las gafas de abeja es una decisión consciente, que implica cierto esfuerzo, pero que son compensados con creces por los resultados.

     Hablar de gafas es hablar de actitud, un tema tan usado por grandes Maestros como Küppers. Para Víctor, es el multiplicador que es capaz de elevar hasta el infinito nuestro valor actuando como una poderosa palanca sobre la suma de nuestros conocimientos y habilidades. Para otro fenómeno como Lluis Soldevilla, es la letra con la que se escribe la palabra “Éxito” aunque todos pensábamos que comenzaba con “E”. “Actitú” es también el nombre de la ropa de deporte de Valentí San Juan, un verdadero referente a nivel motivacional para todos los que nos gustan las experiencias extremas y el deporte. Nos encontramos con tres claros ejemplos de personas que visten sus gafas de abeja, utilizando cualquier oportunidad en forma de flor que se les cruce y dejando el abono para que cumpla su labor de hacer crecer a las flores, sin maldecir nuestra mala suerte si alguna vez pisamos en el lugar equivocado.

     En el ajetreado modo de vida actual, en el que las flores y los excrementos (vaya cantidad de sinónimos voy a tener que buscar) se encuentran en esos extensos campos de las redes sociales, nuestra necesidad de adiestramiento en el cambio de gafas se ha hecho aún más importante si cabe. Hablando de redes y del universo de Internet, a continuación comparto algunos consejos sobre cómo mejorar nuestra actitud (como usar la mayor parte del tiempo gafas de abeja):

1. Ser agradecido. Expresar gratitud por lo que tenemos es la mejor forma de prepararnos para todo lo bueno que nos falta por llegar.

2. Rodearnos de personas positivas. "Dime con quién andas y te diré quién eres", que dice nuestro sabio refranero.

3. Plantearnos metas y propósitos. Yo añadiría por pequeños que sean. Mantener viva la llama de la ilusión en el camino de hacer un sueño realidad es una de las mejores medicinas contra el mal olor.

4. Identificar todo lo bueno que tenemos en la vida. Muy en relación con el punto uno. Gafas de abeja a tope y gracias por las bellas flores que tenemos la dicha de contemplar.

5. Realizar actividad física. Los que me conocéis sabéis que poco más necesito añadir. “Mens sana in corpore sano”, si acaso. El latín parece que le da más solemnidad. En su justa medida, como todo en la vida, aunque para algunos nunca nos sea suficiente.

6. Leer libros o escuchar música que nos aporten experiencias positivas. O publicaciones como estas. Puestos a escoger…

7. Buscar apoyo cuando lo necesitemos. "Si caminas solo llegarás rápido, si caminas acompañado llegarás más lejos". Esta sabia enseñanza de Confucio cobra más sentido si entendemos que la vida va sobre llegar lejos, no sobre terminarla antes…


     Espero que estas líneas de este mes os ayuden a que os coloquéis las gafas adecuadas y sobre todo a que os quitéis las erróneas. Cierro también con Melendi, con su canción “Quítate las gafas”. Gracias como siempre por vuestro tiempo y seguimos hacia el ecuador de 2023.

“Hoy el cielo, en mi lucha, es quitarme para siempre

esas gafas que se usan, para convertir en gente a

cada persona que ves, si decido llamar raro al diferente

es porque no me quiero ver…”





miércoles, 19 de abril de 2023

LA VIDA EN BUSCA DE SENTIDO

                 Andaba buscando publicación para el mes de abril, sin mucho éxito. Estaba preocupado por si me lo hubiesen robado del calendario como le ocurrió a Sabina,  cuando comenzaron a llegarme señales apuntando en la misma dirección.

                Lo primero fue recibir en una aplicación del móvil de resúmenes de libros una reseña del magistral “El hombre en busca de sentido”, del también genial Víctor Frankl. Acceder al esquema de  esta obra que ya había leído en un par de ocasiones me permitió disfrutarla de nuevo desde una óptica distinta. Volveremos después sobre este punto.

                Aún no lo tenía muy claro, cuando mi amiga Ana Rubio me envió el enlace a su publicación mensual, que este mes trata sobre “Ikigai” y la cosa cambió.  Ana fue compañera de la formación de Search Inside Yourself de la que ya he hablado en otras ocasiones. Sus contribuciones son siempre muy inspiradoras y agradecidas. Dos señales tan seguidas sobre el “sentido” tenían que significar algo. Aunque no existe una traducción literal para “Ikigai”, esta palabra de origen japonés viene a significar algo así como el propósito, el sentido, el motivo, la razón de ser. Corrijo el pronombre: nuestro propósito, nuestro sentido, nuestro motivo, nuestra razón de ser. Algo que bajo mi punto de vista debería ser lo primero (si no sabemos para lo que estamos aquí ¿tiene sentido lo demás?) se convierte habitualmente en lo último. Muchas veces es algo que no llegamos a descubrir hasta el final de nuestros días. Y es algo tan importante que puede incluso suponer nuestra supervivencia en situaciones extremas. Decía Frankl que “los que tienen un por qué para vivir pueden soportar casi cualquier cómo”.

                Tener claridad sobre el “por qué” estamos aquí es una ayuda infalible para una vida mejor.  Además de la motivación primaria que parece controlarlo todo, supera el aspecto puramente racional, alcanzando una convicción más profunda de que uno puede vivir o morir por sus ideales. La frustración que genera el vivir sin sentido actúa como un auténtico impulsor del cambio en algún momento de nuestras vidas, y nos lleva a crecer más allá de lo que habíamos soñado.

                Volvemos a parafrasear al eminente neurólogo austriaco, padre de la logoterapia: “cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiarnos a nosotros mismos”. El cambio es también crítico en nuestra supervivencia. Fue Darwin el que dijo que no sobrevivían las especies más fuertes, sino las que mejores se adaptaban. Y en esa adaptación el cambio juega un papel fundamental. Un cambio que suele transitar por un camino complicado y oscuro, donde el sentido puede convertirse en la luz que guíe nuestros pasos.

                Rematamos la parte tradicional de la publicación de este mes con otra genial frase de Víctor: “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas: la  elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino”. Tener clara esta libertad es fundamental para poder tener claro nuestro sentido.

                Y hasta aquí llega lo que es una publicación habitual de mi blog. Un escrito más breve de lo habitual en el que reconozco que se me puede haber ido un poco la “pinza” en el fondo y en las formas. Pero como decía antes, todo tiene un por qué. En los últimos tiempos han llegado a mi vida varias noticias sobre inteligencia artificial. Concretamente sobre “ChatGPT”, una de sus más sencillas y llamativas manifestaciones. No he podido resistirme a la curiosidad y le he pedido un “artículo de 500 palabras hablando sobre la vida en busca de  sentido que incluya frases de Víctor Frankl”. Y me ha devuelto esto:

“La búsqueda de sentido en la vida es una de las mayores preocupaciones del ser humano. En la búsqueda de una respuesta, nos encontramos con las palabras de Víctor Frankl, psiquiatra y superviviente del Holocausto, quien afirmaba que "el hombre no está en busca de placeres, sino de un sentido para su vida".

Frankl creía que el sentido de la vida no es algo que pueda ser encontrado de forma externa, sino que es algo que cada persona debe descubrir dentro de sí misma. En su libro "El hombre en busca de sentido", Frankl narra su experiencia como prisionero en un campo de concentración nazi y cómo fue capaz de encontrar sentido y propósito incluso en las condiciones más extremas.

Uno de los principales mensajes que Frankl transmitía es que la vida no es solo una búsqueda de felicidad, sino una búsqueda de sentido. La felicidad, según él, es un subproducto de encontrar un propósito y una razón para vivir. La vida puede ser difícil, pero si encontramos un significado, podremos enfrentar cualquier adversidad.

                Frankl también destacaba la importancia de encontrar un propósito que vaya más allá de uno mismo. En lugar de centrarse únicamente en la propia felicidad, debemos buscar un propósito que nos permita contribuir a la sociedad y hacer del mundo un lugar mejor. En palabras de Frankl, "lo que importa no es lo que esperamos de la vida, sino lo que la vida espera de nosotros".

Otro de los conceptos clave de Frankl es la idea de que la vida tiene sentido incluso en los momentos más difíciles. En su experiencia en el campo de concentración, Frankl vio a muchas personas perder la esperanza y rendirse ante las circunstancias adversas. Sin embargo, él descubrió que incluso en los peores momentos, aún había cosas por las que valía la pena luchar. En sus propias palabras, "la vida siempre tiene sentido, incluso en las situaciones más terribles".

Por último, Frankl nos recuerda que cada persona tiene la capacidad de encontrar su propio sentido en la vida. No hay una respuesta universal a la pregunta de qué da sentido a la vida, sino que cada uno debe descubrirlo por sí mismo. Como dijo Frankl, "el hombre no debería preguntar qué es el sentido de la vida, sino que es él quien está siendo cuestionado por la vida".

En conclusión, la vida en busca de sentido es una búsqueda constante en la que cada persona debe encontrar su propio propósito y razón para vivir. Las enseñanzas de Víctor Frankl nos recuerdan que el sentido de la vida no se encuentra en la felicidad o el éxito externo, sino en el descubrimiento de un propósito que vaya más allá de uno mismo y en la capacidad de encontrar significado incluso en los momentos más difíciles. En última instancia, es responsabilidad de cada uno de nosotros encontrar nuestro propio camino y darle un significado a nuestra vida”.

De locos. Me lo tomaré como un reto y seguiré intentando mejorar para no ser superado por la máquina… Creo que esto es lo que nos espera. Habrá que adaptarse a los cambios para sobrevivir. No queda otra.

Este mes acompaño mi publicación con una imagen sin sentido ninguno que me devuelve una conocida APP, jugando con mi cara y con el término "inteligencia artificial". A pesar de su teórica inteligencia, ha tenido a bien colocarme pelo, rosa, pero pelo al fin.

Gracias por vuestro tiempo como todos los meses, de mi parte y de parte de “ChatGPT”. Nos “vemos” en Mayo, aunque a estas alturas no tengo nada claro quién escribirá la publicación…



martes, 14 de marzo de 2023

ENSAYO Y ERROR. MI ÚNICA FORMA DE APRENDER

            Publicación del mes de Marzo en la que comparto una de las constantes en mi vida, la del error. Si hay algo en lo que soy un auténtico especialista es en equivocarme. Como me gusta decir, porque suelo hacer muchas cosas, me equivoco en muchas de ellas. Si no hiciese nada, me equivocaría menos, aunque pienso que no hacer nada es una de las formas más peligrosas de errar, porque te priva del beneficio del aprendizaje. Aprovecho para decir que no tengo ningún problema en pedir perdón cuando lo hago, por si juega a mi favor.

         Seguro que otros pueden aprender con el mero uso de la lógica, el razonamiento y la deducción, pero yo soy de los que necesita el duro golpe del error para aprender la lección. No me da vergüenza reconocer que, dependiendo de la lección, a veces necesito que el golpe sea lo suficientemente considerable o incluso repetitivo. Como decía mi abuelo hay gente “pa tó”.

        Escojo tema para este mes porque me vuelve a llegar de forma causal la frase de Michael Jordan que tantas veces he escuchado: “He fallado más de 900 tiros en mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces han confiado en mí para el tiro ganador y lo he fallado, he fracasado una y otra vez en mi vida y por esto tengo éxito”. Nada que objetar a las palabras de una de las mayores estrellas que ha dado el deporte a lo largo de su historia. Si acaso al traductor, que creo que de forma errónea utiliza el verbo “fracasar” cuando en la versión original en inglés se habla de “fail” (fallar). He leído en más de una ocasión, aunque no consigo localizarlo ahora, que no existe una traducción literal para “fracasar” en inglés, porque los anglosajones no reconocen ese matiz tan negativo en el error. La Rae define en su segunda acepción el fracaso como un “suceso lastimoso, inopinado y funesto”, algo donde es difícil encontrar algún atisbo de positividad. El fallo, sin embargo, se define como “falta, deficiencia o error”, algo con aparentemente  menos carga negativa.

        Yo he fallado muchísimo más que Jordan. Tanto que he perdido la cuenta. Aunque reconozco que he evolucionado bastante menos que él siempre he intentado aprender de mis innumerables fallos. En uno de los aspectos en los que más me equivoqué sin duda fue en la relación con mi padre, y creo que gracias a ello he intentado dar lo máximo en mi relación ahora con mis hijos. Me sigo equivocando, y diariamente, pero con el firme objetivo de seguir aprendiendo y mejorar, aunque sea poco.

         En el aspecto profesional, desde muy joven tuve la oportunidad de tener gente a mi cargo, lo que me dio la oportunidad también de compartir con ellos mi particular visión acerca del error. Posiblemente porque siempre fui consciente de mi propensión al fallo, intenté buscar un lado positivo al mismo y compartirlo con mi equipo. Siempre digo a los que tengo a mi alrededor que se equivoquen, que traten de aprender de los errores y de no repetirlos, al menos en demasiadas ocasiones. Contamos con que el “hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, con lo que doy por hecho que la mayoría de las veces un solo error no es suficiente para aprender. A aquellos que presumen acerca de que sus equipos no se equivocan nunca, o que lo hacen muy poco, siempre les argumento usando la teoría de la relatividad. El error no debería considerarse de forma absoluta. Una persona que hace cien cosas al día y se equivoca en diez no debería ser minusvalorada en relación con otra que sólo lleva a cabo dos tareas, y se equivoca en una de ellas. Si perdemos de vista el alcance total, caeríamos en el error de decir que nuestro primer sujeto se equivoca diez veces más que el segundo, cuando está haciendo cincuenta veces más (“falla” en un diez por ciento, en contra de la segunda que lo hace en un cincuenta por ciento). Y además de esta realidad numérica (o cuantitativa) también existe otra relatividad cualitativa. Nada es tan grave como parece y si el error tiene una función didáctica nuestra única preocupación debería ser no repetirlo en el futuro (a menos que no hayamos sido capaces de aprender la lección).

       También leí en cierta ocasión que la forma más fácil de convertir a un niño en un ser extraordinario es motivarle cada vez que se equivoque, en lugar de reprenderle. Si fomentamos el error como fuente de aprendizaje, a esas edades su desarrollo sería infinito. Desgraciadamente, nadie quiere que su hijo sufra las duras consecuencias del error, y tratamos de evitárselas a toda costa. También escuché en cierta ocasión al gran Emilio Duró que una forma bastante fiable de vaticinar el nivel de éxito en la vida de un niño es ver si sus padres dejan que se levante solo cada vez que se cae cuando está comenzando a andar. Si reconoce los fallos como posibilidades para mejorar, y sobre todo si asimila que no depende de nadie para hacerlo su trayectoria se presume importante.

      Decía mi recordado Maestro de Tai Chi Chuan Juan Lu “que las piedras con las que tropieces sean tus apoyos para levantarte”. Una  bonita metáfora sobre la importancia y la función del error.

        A modo práctico, os muestro algunos consejos que he podido recopilar y que nos pueden ser útiles a la hora de aprender de nuestros propios errores. Si los veis interesantes en próximas publicaciones podré profundizar  en este novedoso método de investigación.

  •  Reconoce el error: Aceptar que se cometió un error es el primer paso para aprender de él. A veces puede ser difícil aceptar un error, pero es importante ser honesto contigo mismo para poder seguir adelante.
  • Analiza lo que salió mal: Identifica qué salió mal y cómo sucedió. Trata de ser objetivo y ver la situación desde diferentes perspectivas. También es importante no culpar a los demás, asume la responsabilidad de tus acciones.
  • Busca una solución: Una vez que identifiques lo que salió mal, piensa en soluciones que puedas implementar para evitar que suceda de nuevo. Si no estás seguro de cómo resolver el problema, busca ayuda de alguien de confianza.
  • Aprende de la experiencia: Toma nota de lo que aprendiste del error y cómo puedes aplicar ese aprendizaje en el futuro. Trata de ser más consciente en el futuro para evitar cometer el mismo error.
  • Sé amable contigo mismo: Aprender de los errores puede ser doloroso, pero es importante ser amable contigo mismo durante el proceso. Recuerda que todos cometemos errores y que lo importante es aprender de ellos.
  • Sé persistente: Aprender de los errores es un proceso continuo. No te rindas si vuelves a cometer un error, sigue trabajando en mejorar y aprendiendo de tus errores.

                Abrevio también este mes. Lo bueno, si breve y sin errores (o con pocos) doblemente bueno. Espero que os haya gustado y no haberme equivocado mucho. Si lo he hecho, espero al menos haber aprendido la lección para no repetirlo en el futuro.



jueves, 23 de febrero de 2023

EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS

                 Continuamos con las publicaciones no tradicionales en este 2023. El mes más corto del almanaque nos deja como sugerente título esta película de Nagisa Osima estrenada en España en los mágicos ochenta. Seguro que a todos los de mi generación les trae muy buenos recuerdos. Momentos inolvidables. De todas formas, haciendo uso del “quiebro”, ese recurso tan propio de las letras de muchas agrupaciones carnavaleras que tienen en este mes su época favorita del año, no voy a hablar sobre la película anterior ni sobre el género al que pertenece.

                Este mes quiero reflexionar sobre los sentidos. Y no hablo de los sentidos que la RAE define como la recepción y el reconocimiento de sensaciones y estímulos que nos llegan a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. No. Quiero usar un significado más amplio, que recoge acepciones como el sentido común, el del humor, el del ridículo… en concreto me gustaría centrarme en el del humor y en el del ridículo, que muchas veces parecen fluir en sentidos (entendido ahora como orientaciones) opuestos dentro de la misma dirección.

                Mi genial profesor Antonio Garrido, al que suelo mencionar habitualmente, nos dijo una vez que los dos elementos motivadores más potentes para las personas eran el humor y el dolor. Si queremos que alguien haga algo no hay nada mejor que hacer que se divierta y lo pase bien o infringirle dolor (de cualquier tipo) como consecuencia no deseada y directa de que no acceda a nuestros deseos. Una auténtica paradoja de la naturaleza humana, que teniendo la posibilidad de hacer pasar un buen rato al prójimo, en muchas ocasiones (demasiadas quizás) opte por el plan B. Quizás por ello decidimos llamar al sentido común de esa forma, aunque en muchas ocasiones se trate del menos común de los sentidos.

                Hablando del sentido del humor, no puedo dejar de mencionar a otro de mis Maestros. El no menos genial Alonso Pulido, que ha desarrollado y puesto en práctica el concepto de “ahumor” (amor+humor) como forma de vida. Retomando el sentido del ridículo, del que ya avanzábamos que se movía en sentido contrario al del humor, Alonso muestra como permanente indumentaria un chalequillo de llamativos rombos multicolores. Cuando algunas personas con un sentido del ridículo bastante más desarrollado que el del humor se asombran, critican o incluso rechazan el uso del chalequillo, Alonso siempre argumenta, con un exquisito sentido del humor (y también con una educación innegable) que la principal diferencia con ellos es que él es capaz de llevar esa prenda, mientras que la gran mayoría de estos interlocutores no tienen la posibilidad ni la libertad para hacerlo. Yo me siento muy orgulloso de haberme colocado el chalequillo en alguna de las mágicas sesiones de formación que organiza.

                En mi caso concreto el paso de los años arrastró las grandes dosis de timidez y sentido del ridículo que rebosaba en mis años más mozos. Se llevaron enganchados la mayor parte de mis cabellos, pero es un efecto colateral que he pagado encantadísimo, y que volvería a pagar sin dudarlo lo más mínimo. En cuanto al sentido del ridículo siempre digo que mientras que lo que haga no atente contra los derechos de los demás y no haga daño a nadie, si encima soy capaz de arrancar aunque sea una simple sonrisa bienvenido sea. Deberíamos aprender a  relativizar más y ser menos “serios”. Total, en cien años, todos calvos (algunos antes…)

                La risa es el principal efecto directo del sentido del humor. Tiene un indudable y contrastado efecto positivo en nuestras vidas. Decía el insigne Freud, padre del psicoanálisis entre otras cosas, que la risa elimina la energía negativa del organismo. El córtex cerebral libera unos impulsos eléctricos que hacen que en menos de un segundo de liberar la risa, los pensamientos negativos queden bloqueados. Hablando de frases, un curioso proverbio escocés dice que la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. Más que acertado además en los momentos que vivimos. Rebuscando por la web, he encontrado este decálogo de efectos beneficiosos de la risa, que no he podido dejar de compartir:

·          Mejora la tolerancia al dolor, debido a la generación de endorfinas. Estudios confirman hasta un 10% de mayor resistencia al dolor en personas que ríen habitualmente.
·         Combate el estrés. Además de endorfinas, también se generan dopaminas y se reducen los niveles de cortisol.
·         Mejora el sistema inmunológico y previene enfermedades, también porque al reducir el cortisol se liberan unos anticuerpos llamados citoquinas.
·         Mejora el funcionamiento del sistema vascular. Estudios científicos revelan que las personas que han sufrido infartos suelen reír en promedio un 40% menos.
·         Genera un efecto antidepresivo, al reducir el estrés, la tensión y la irritabilidad.
·         Mejora la respiración, al vaciar los pulmones, como ocurre con las respiraciones profundas.
·         Mejora las relaciones sociales. Al ser contagiosa, ayuda a los demás a relajarse y a alinearse con nuestro estado de ánimo.
·         Favorece la quema de calorías, elevando hasta un 10% el gasto calórico y la frecuencia cardiaca.
·         Mejora la memoria, mediante un efecto de mejora del aprendizaje y el recuerdo retardado.
·     Fomenta una buena salud mental. Al reírnos de nosotros mismos (en relación con el sentido del ridículo que hablábamos antes) nos aceptamos tal como somos, ayudándonos a relativizarlo todo.

Y como cosecha propia, creo que reír nos hace más bellos, aunque sea interiormente. Las neuronas espejo, que controlan el mecanismo cerebral de la empatía, son decisivas a la hora de dar significado a la expresión risa contagiosa. De hecho, esta evidencia científica es utilizada por algunos cómicos, que se ríen para provocar el mismo efecto en su público. Si mi teoría sobre la belleza es cierta (que todavía no he encontrado prueba en contra) y todos nos contagiamos de nuestras risas haremos sin duda de este mundo un lugar más bello para vivir.

Hablar de risas en mi vida es hablar ineludiblemente de mi hijo Pablo. Suya es la foto que acompaña a esta publicación. En un momento y un lugar donde las risas son claras protagonistas, como es el Carnaval de Cádiz. Como ya publicaba hace un año, además de ser la chirigota el ejemplo prefecto de organización de alto rendimiento, las risas que provoca generan todos los efectos positivos descritos antes (y alguno más). Yo este año he tenido la oportunidad de vivirlo en primera persona, y doy buena fe de ello.

Gracias por su tiempo. Rían hasta que se os desencajen las mandíbulas y hasta que los abdominales se bloqueen por el dolor. Nos vemos en Marzo. Gracias.



martes, 31 de enero de 2023

LA ELECCIÓN

          

El tema de la primera publicación de 2023 se resistía más de lo habitual. Con más de ochenta publicaciones en el  blog cada vez me resulta más complicado encontrar un tema original sobre el que escribir. De hecho este mes la publicación ha nacido justamente sobre la campana…

                Este mes de Enero hablaré de elección. No preocupaos que aunque el año es el que es, no es una elección municipal, ni autonómica, ni siquiera general. Mis reflexiones van por otros derroteros. Y el tema surgió porque en menos de cinco días escuché hablar a dos fenómenos a los que tengo en muy alta estima, como son Alonso Pulido y Emilio Duró, sobre el mismo tema. Además tuve la inmensa fortuna de hacerlo en riguroso directo, en ambas sesiones con un público bastante reducido y en una cercanía total, como si de un concierto privado se tratase.

                Alonso y Emilio afirmaban que son los hijos los que eligen a los padres, en una especie de metáfora o teoría no científica que posiblemente proceda de la teoría ancestral Kundalini. Esta idea fue recuperada por el Mestro Yogui Bhajan, y según ella los bebés eligen a sus padres antes de nacer.

                Aunque aparentemente muy alejada de la realidad (o no, porque muchas veces me planteo cuál es la verdadera realidad, si es que realmente existe, y si no son nuestras interpretaciones las que conforman lo que realmente aceptamos como tal), esta teoría defiende que cuando un alma decide reencarnarse lo hace eligiendo el tipo de vida que desea tener, en función de las lecciones de vida que necesita aprender. Así, en este imaginario supermercado infinito de padres cada alma escoge aquellos que mejor podrían servir a su propósito de vida. Tras un primer viaje espiritual y justo antes de volver a la tierra, el alma decide qué quiere aprender y cuál será su camino de aprendizaje. Tras esta decisión buscan padres que sean compatibles con este plan. Por si fuese poca la responsabilidad que supone ser padre, con esta teoría nos convertimos además en verdaderos Maestros de estas lecciones de vida para ese alma en proceso de aprendizaje. Esta sería una interpretación más de la teoría de la causalidad y de que Dios no juega a los dados, como manifestó el genial Einstein. O como dice mi amigo Alonso Pulido, una evidencia más de que toda la vida está inimaginablemente bien organizada. Algo así como la teoría de unir los puntos hacia delante y entenderlos hacia atrás, que promulgaba Steve Jobs.

                Reflexionando sobre el tema recordé también a mi amigo Andrés Olivares, fundador de la Fundación Olivares y firme defensor de esta teoría. De hecho, posiblemente fue a él a quién escuché hablar por primera vez sobre el tema. Andrés perdió a su hijo de forma prematura y decidió hacer de esta pérdida el impulso que zarandeó su vida para hacer de la ayuda a los niños enfermos de cáncer y a sus familiares su propósito vital. Andrés tiene tan claro que fue su hijo quien lo escogió a él para tan noble motivo, y que esto que conocemos como vida física no es más que un porcentaje mínimo sobre la vida real, que cuando te lo cuenta no te permites albergar el más mínimo resquicio de duda.  

                Todas estas teorías guardan bastante relación con el aspecto energético del universo en el que vivimos. Según la física cuántica, un paquete individual de energía (llamado cuanto) bajo ciertas circunstancias se comporta como una partícula de materia. Y esto no es teoría. Se evidencia que más allá de todo lo tangible y material lo que existe realmente es energía. Como dice mi amigo Alonso (otra vez) en realidad estamos todos huecos. Y si somos ondas de energía, lo de las vibraciones es obvio que tiene su importancia.

                Tenía ya la publicación medio orientada, pensando permanentemente en el motivo que podría haber llevado a las almas de mis hijos a escogernos a nosotros como padres (especialmente a mí, porque a la madre puedo entenderlo) cuando de momento un pensamiento zarandeó mi mente. ¿Qué fue lo que me llevó a mí a escoger a mis padres como progenitores? ¿Qué lecciones necesitaba aprender durante mi tránsito por este mundo material? Esta reflexión me hizo ver muchas cosas de mi relación con mis padres de otra forma. Porque no todos tenemos la fortuna de ser padres (en mi caso particular, lo considero como una auténtica lotería, de lo mejor que lo ha pasado), pero todos sin excepción somos hijos de alguien (en el buen sentido del término, entiéndase). Como en el caso de los súper héroes, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, y ser Maestro de alguien tan amado como los hijos es lo máximo. Además en mi caso particular, no tengo muy claro que la elección del alma de mis hijos respecto a su padre haya sido la correcta. Estoy totalmente seguro de que ellos me enseñan a mí muchísimo más que yo a ellos. Ellos son mis verdaderos Maestros que no se cansan de darme lecciones diarias de cómo hay que vivir la vida, aunque el torpe de su padre necesita que le repitan la clase una y otra vez y siga sin enterarse…

                No he encontrado mejor foto para acompañar a esta publicación que ésta de mis hijos contemplando una maravillosa puesta de sol en el Palmar, en la costa de Cádiz. Tras escribir estas líneas creo adivinar que estaban comentando sobre la elección del padre que habían hecho…

                Perdonad si este mes se me fue un poco la pinza, pero también me hacía ilusión hacer algo distinto y creo que lo he conseguido. No me he querido extender en exceso por si a alguien le interesa y quiere destinar su tiempo mejor a reflexionar que a leer. Como este mes me he retrasado tanto, la de Febrero en breve, espero.

                Gracias por vuestro tiempo como siempre, en el invertido en leerlo y en el que hayáis podido usar para dejar volar vuestra imaginación.    




martes, 20 de diciembre de 2022

FELIZ NAVIDAD, FELIZ 2023. SEGUIMOS BUSCANDO...

    Llega la publicación del mes de diciembre, como una prueba más de que el tiempo vuela (tempus fugit). Ya lo comentaba en el post de Julio de 2021 cuando llegó el momento de cumplir los 51 años. Año y medio más tarde, no sólo sigue volando, sino que lo hace cada vez de forma más rápida (movimiento uniformemente acelerado, creo que se llamaba en Física cuando estudiaba).

    Esta  tradicional publicación de diciembre suele ser de despedida del año en curso, de agradecimiento por todo lo vivido y de preparación para el nuevo año a punto de comenzar. Este mes usaré como hilo argumental el cuento de “El Buscador” del genial Bucay, sobre el que ya he escrito también en alguna que otra ocasión.

     Es un cuento sobre una persona que andaba por la vida en constante búsqueda, sin saber muy bien de qué (un poco como me pasa a mí, y como creo que en cierta medida nos ocurre a muchos). Este buscador decidió salir en un viaje sin ningún destino planeado para buscar eso que no tenía nada claro lo que era. En cierta ocasión llegó a un camposanto. Allí el viajero contempló aterrorizado las inscripciones de las lápidas en lo que parecía ser un cementerio de niños. Ninguna de ellas marcaba edades superiores a los once años. Desolado, rompió a llorar pensando en la terrible maldición que pesaba sobre aquel lugar. Un anciano al verlo le preguntó si tenía algún familiar allí enterrado. Le contestó que no, pero que estaba desolado al ver aquel cementerio repleto de niños… El anciano sonrió y le contestó algo así:

     “Tranquilo amigo, no hay ninguna maldición. Le explicaré… Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y la costumbre es que cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró el disfrute ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿Y después?, la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?, ¿horas?, ¿días?

      Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso… Y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”

       Esa debería ser para nosotros la verdadera medida del tiempo. Y el objetivo de nuestras vidas, que el tiempo disfrutado se acercase en la mayor medida posible a nuestra edad biológica. Y afortunadamente ésta es la sensación que me queda mirando atrás hacia los últimos doce meses del calendario. Ha sido un año espectacular, posiblemente de los mejores de mi vida, aunque eso lo acabo diciendo casi todos los años. Imagino que mi decadente memoria selectiva me hace recordar con mayor intensidad los últimos buenos momentos vividos en detrimento de los menos buenos.

        2022 será un año que recordaré mientras viva. Ha sido un año muy especial a todos los niveles. En el profesional me ha permitido seguir aprendiendo y conociendo a gente espectacular a un ritmo de vértigo. Muchas de las horas vividas en el trabajo, especialmente las experiencias vividas junto a compañeros se han quedado anotadas en mi imaginaria libreta colgada del cuello.

       En lo personal ha sido aún más espectacular. Los años me van dando la experiencia que no se puede adquirir de otra forma y todo se contempla desde otro punto de vista. Estoy en el camino de buscar qué es lo realmente importante en mi vida, y priorizarla en torno a ello. Para ello tengo que hacer mención especial a mi familia, que son los que realmente me iluminan en los momentos de oscuridad y le dan sentido muchas veces a esta aventura llamada vida. Muchos de los momentos que he anotado en mi libreta las he vivido junto a ellos. Unas vacaciones inolvidables, y unos momentos vividos cada vez más intensamente.  Quizás aprovechando que uno de los miembros de la familia ha comenzado a vivir su vida de forma independiente, cerca en distancia kilométrica de nosotros pero lejos en distancia emocional, porque lo echamos bastante de menos.  En esta línea, las vacaciones de este año han sido de las mejores que hemos vivido.

        También mi vida social me ha regalado gran cantidad de horas de calidad que han sido realmente vividas. Dicen que los amigos son la familia que se escoge, y aquí también han jugado un papel fundamental en haber completado un año con matrícula de honor.

         No podría pasar por alto un agradecimiento a la vida por el espectacular estado de salud que me ha regalado en este año que se va. No hay mejor lotería que ésta, y que conste que escribo estas líneas antes del día 22, el día mundial de la Salud.. Como consecuencia directa me ha hecho vivir uno de los años más intensos de mi vida deportiva, por llamarla de alguna forma. Maratón de Sevilla, medio Ironman de Marbella, Desafío Doñana, Ultramaratón de la Vida no oficial y el culmen de la temporada en la Maratón de Atenas, con un viaje inolvidable que hizo realidad el sueño de Cristian, y sobre el que ya escribí el mes pasado. Todas estas pruebas y muchas más que he llevado a cabo, la mayoría de ellas junto a los Capitanes de Carros de Fuego,  han ido a engrosar directamente mi cuenta de momentos realmente vividos.

        No quiero alargar esta publicación mucho más allá del agradecimiento a todos los que me habéis hecho vivir estos momentos, que sois muchos y muy buenos. A los que tenéis el detalle de leerme mensualmente, gracias especiales por vuestro tiempo, como os digo siempre. No creo que estas líneas tengan la calidad suficiente como para que podáis considerar el tiempo invertido en su lectura como tiempo realmente vivido, por lo que os lo agradezco especialmente.

         Para finalizar, y como no puede ser de otra forma en la época en la que estamos os quiero desear una muy Feliz Navidad y todo lo mejor para este inminente 2023, en el que espero que vuestro contador de momentos vividos alcance la cifra más cercana posible a los 31.536.000 segundos que esperamos vivir a partir del próximo 1 de Enero. Y como imagen que acompaña a la publicación, una simpática (espero) felicitación navideña que me recuerda las casi cuatro horas intensamente vividas hace poco más de un mes. Feliz Navidad y gracias.