jueves, 6 de junio de 2024

LA CAMPANA DE LOS SUEÑOS



  Estaba como loco esperando a que llegase el mes de junio para escribir y subir esta publicación a mi blog. Porque siempre tuve muy claro desde el primer momento en el que recibí esa desconcertante llamada de mi "amigo" hace ya muchos meses que llegaríamos hasta aquí. Esta publicación va especialmente dedicada a mi "amiga", pero también a otra “hermanamiga” muy especial que pasó por un trance similar y a todas las guerreras que día a día luchan contra esta lacra.

Durante los duros días de la pandemia de 2020 que desmoronó nuestro mundo, tanto exterior como interior, llegó a mí una frase que la utilicé como mantra en los momentos más difíciles. “Y cuando la tormenta haya pasado, tú no comprenderás cómo lograste cruzarla con vida. Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí es cierta. Cuando salgas de la tormenta no serás la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta”. Eso escribió Haruki Muraka y eso imprimí para mis compañeros de equipo. Sabía que superaríamos la tormenta, y que nos transformaría,  esperando y deseando que para mejor.

Mi "amiga" ya era un claro ejemplo de lo que significa vivir bien y ser feliz antes de que le llegase la tormenta. Puede que por eso le llegase a ella. Otra frase que me encanta es que Dios (o el Universo, o la vida, o cada uno que le ponga lo que quiera) da las peores batallas a sus mejores guerreras. Pero la tormenta se equivocó con ella. No sólo resurgió una mejor versión, que ya tiene mérito, sino que tuvo los ovarios suficientes como para acercarse a la tormenta, agarrarla de su cuello y susurrarle al oído “yo soy la tormenta”. Esa fue la repuesta que obtuvo la tormenta cuando la intentó convencer de que no sería lo suficientemente fuerte para resistirla. Todos los que tenemos la fortuna de conocerla y compartir momentos inolvidables con ella tuvimos muy claro de que lo sería.

Dicen que la vida es como el lienzo en blanco de una pintura, que en el que vamos plasmando nuestras vivencias, algunas en brillantes colores, y otras en tonos grises. Es en este cuadro donde un día se nos cuela nuestra particular tormenta sin avisar, esperando que olvidemos la paleta de colores para pintar sólo en blanco  y negro. Pero mi "amiga" es alegría pura, luz y color. Pocos días pintó en blanco y negro, y los que lo hizo, no nos permitió a los más cercanos a ella que nos diésemos cuenta. 

Durante todos estos duros y largos meses, que los que estamos fuera seguro que no podemos ni imaginar, nunca ha perdido la sonrisa. Dice su marido que no hay nada serio que no se pueda decir con una sonrisa, y es totalmente cierto. Tan generosa ha sido que nos ha permitido a muchos afortunados acompañarla a las largas sesiones de tratamiento, en las que siempre había motivos para reír y pasarlo bien, a pesar de las circunstancias. La que tuve el honor de asistir, fue coronada por un espectacular almuerzo en una conocida pizzería sevillana localizada a un paseíto del hospital. Recorrido que por cierto, se negó a hacer en coche y caminó como si viniese de echar una siesta, imagino que para regodearse frente a la tormenta por si permanecía al acecho. Aprovecho para recordarle que tenemos una segunda cita pendiente. Por cierto, ese día, tanto a la entrada como a la salida, mi imagen quedó cautiva en esa campana que captaba toda la atención como un oasis en el desierto de la frialdad del hospital.  Mientras la acompañaba en la soledad de la sala de tratamiento, la oímos sonar, junto a sonrisas y llantos de emoción. 

Y como al final todo llega, por fin llegó la hora de que mi "amiga" tocase esa campana, la campana de los sueños. Algo que no dudábamos ninguno de los que tuvimos la enorme fortuna de acompañarla. Todos los que pudimos asistimos a compartir ese inolvidable momento con ella. Allí estaba, con la sonrisa que nunca perdió, saliendo más fuerte tras todo lo vivido y dejando atrás la tormenta. Porque ella es la tormenta.

Y a pesar del duro proceso que le ha tocado vivir,  a todos los que hemos sido testigos nos ha regalado infinidad de lecciones, valiosísimas pero que corremos el riesgo de olvidar cuando todo pase. La más importante de todas fue que no aplazó su decisión de VIVIR (así, con mayúsculas) hasta que llegase el ansiado momento de tocar esa campana. Ha viajado, reído, llorado (aunque la mayoría no la hayamos visto), salido a cenar, a  almorzar, se ha ido de vacaciones, una vida normal salvo por una cita ineludible los jueves, que jamás le hizo perder la sonrisa. VIVIR es urgente, y es para hoy, no para mañana, por mucho que arrecie la tormenta. No podemos dejar nuestra vida en suspenso mientras nos llega el momento de tocar la campana. La vida es demasiado bella (aunque igual de dura a veces) como para perder ni un solo segundo.

Gracias, "amiga" por todo lo que me has enseñado. Mis palabras este mes van dedicadas a ti, a mi “hermanamiga” de la que hablaba al principio y a tantas mujeres que han atravesado, están atravesando y tendrán que atravesar esa maldita tormenta. Ojalá todas puedan dejarla atrás como tú.

p.s.: Aunque he usado las palabras "amigas" y "amigos" para disimular en parte vuestra identidad, los dos sabéis que sois mucho más que eso. Os queremos una jartá.





domingo, 19 de mayo de 2024

TRABAJANDO EN EQUIPO

 De las muchas definiciones de equipo que hay por ahí rodando hay una que me gusta especialmente. La de que es  “un pequeño grupo de personas” con habilidades complementarias, comprometidas con un propósito común, y con un enfoque por el que se sienten solidariamente responsables. Lo de habilidades complementarias y lo de responsabilidad solidaria nos define a la perfección. Pero donde nos sentimos verdaderamente EQUIPO es en lo del compromiso con el propósito común.  En lo de mejorar la calidad de vida de niños con neurodiversidad y con diversidad funcional. Ahí nos hemos montado en un cohete con el que soñamos con llegar muy alto. Pero el EQUIPO no está formado sólo por los tres personajes que la IA ha sido capaz de caricaturizar. Hay tanta gente detrás empujando que ni la casi infinita potencia de la IA podría con ello.

En el panorama actual dinámico, competitivo  y cargado de incertidumbre, la capacidad de cultivar un equipo cohesivo e impactante es crucial para el éxito. Hablábamos de IA. ¿Podrán las máquinas alguna vez llegar a formar equipos? Desde mi ignorante y modesto punto de vista creo que no. Porque además de lo que decíamos antes en la definición, un equipo es…

👉🏽1. Visión y propósito compartidos: 🧭🌍

La visión y el propósito son el mejor pegamento de cohesión en un equipo. Y cuanto el propósito es tan elevado como el nuestro, el pegamento es muy difícil de romper. 

👉🏽2. Perspectivas y experiencia diversas: 🧠🤝🧩

En nuestro caso las edades, las circunstancias, las experiencias garantizan una diversidad de pensamiento que genera diferentes puntos de vista, necesarios para conducir a soluciones creativas e innovadoras.

👉🏽3. Comunicación y colaboración efectivas:💬📡🤝

La comunicación es el alma de cualquier equipo. El ser pequeños al principio supone una verdadera ventaja en este sentido. Algo que debemos mantener cuando seamos grandes.

👉🏽4. Confianza y respeto mutuos:🤝👍🏽😄

La confianza y el respeto son los pilares que sustentan la estructura de un gran equipo. Todos confiamos en todos y nos respetamos, generando un ambiente donde sentirse valorado es fundamental para dar lo mejor de cada uno cada día.

👉🏽5. Aprendizaje y crecimiento continuos:📖📈💡

El estar en un sector tan innovador como el nuestro nos hace ser humildes y conscientes de que como decía Sócrates “sólo sabemos que no sabemos nada”. Tenemos un infinito camino de aprendizaje y crecimiento por delante que no deja de crecer día a día con los inagotables avances de la tecnología.

👉🏽6. Pasión por la excelencia:🏆🔥💯

Muy relacionado con el propósito. Mejorar la calidad de vida de niños con diversidad funcional no deja espacio para medias tintas. Somos conscientes de que lo perfecto no existe, pero buscamos ser un poco mejor cada día.

👉🏽7. Sentido del humor:😂🎊🥳

Alejandro Casona (y mi compadre también) decía que «No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa». Uno de nuestros objetivos es normalizar la diversidad, eliminar las barreras y sustituir las emociones que habitualmente genera. Nada de lástima, y muchas risas porque en definitiva son niños. El sentido del humor no está para nada reñido con la profesionalidad. Una atmósfera positiva fomenta el sentido de pertenencia, mejora la cohesión del equipo. Como muestra la imagen que acompaña a la publicación.

👉🏽8. Compromiso con la responsabilidad social:🌎🤝☘️

Otro punto que afortunadamente llevamos en nuestro ADN gracias a nuestro propósito. No hay mejor motivación que tener un impacto positivo en el mundo. Confucio decía «Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida». Si además de gustarte, le encuentras un sentido, podrás completar el círculo.

Un gran equipo no mucho más que un grupo de individuos, es una fuerza colectiva capaz de  transformar los sueños en realidad.

Por eso no creo que las máquinas vayan a poder crear equipos en el futuro.

Gracias una vez más  a todos los que estáis acompañándonos y que formáis parte de nuestro amplio Equipo. Sabéis muy bien quienes sois.

María Jesús Garrido Sánchez, gracias por haberme enseñado a ver el mundo a través de esas gafas.

Miguel Lopez gracias por darle forma.

En #Minifunkids #CreemosEnLaNeurodiversidadCreamosParaAvanzar

#TrabajoEnEquipo #Colaboración #Diversidad #Liderazgo #Cultura #Excelencia #Éxito




martes, 14 de mayo de 2024

EL CÍRCULO DEL 101

           Tomo prestado parte del título de uno de los geniales cuentos del gran Jorge Bucay que tanto me ayudaron en el pasado. En el círculo del 99, al que algún día debería dedicar una publicación completa, un joven ve cómo se arruina su vida al encontrar una bolsa con 99 monedas de oro. Noventa y nueve, y  no cien. Un experimentado maestro le deja el regalo, consciente de que el joven se preocupará más por encontrar la moneda que presuntamente le falta que por disfrutar las 99 que ha recibido. Porque pensamos que 99 no es un número redondo. Porque pensamos que 100 sí lo es. Y vivimos presuponiendo que la vida es tan perfecta como redonda.

          Los 101 son mucho más que una carrera. Al contrario de lo que decía el cuento de Jorge, no le sobra ni le falta nada. 101 son los kilómetros que la Legión conmemora como recuerdo de la gesta protagonizada por unas unidades legionarias que no dudaron en hacer gala de su Espíritu de Marcha y recorrieron esa distancia entre el frente y Tetuán para socorrer a la Ciudad de Melilla.

           Mi historia con los 101 viene de muy atrás. De hace casi 20 años. Por aquel entonces, además de joven, era más imprudente que hoy. Después de haber completado la peregrinación a Santiago de Compostela en bicicleta de montaña junto a mi amigo Isidro, pensé que haber recorrido mil kilómetros por la Ruta de la Plata equivaldría a hacer diez veces esta prueba. Me apunté al año siguiente, en unos años en los que aún no existía la locura que supone hoy conseguir dorsal. Y junto a mi otro amigo Javier nos inscribimos. A última hora, un problema de salud en casa impidió que me desplazase a Ronda. Javier sí  lo hizo, y sus comentarios me “acongojaron” tanto que decidí que no haber ido había sido un regalo del destino. No volví a intentarlo. Hasta que años después el deporte volvió a mi vida disfrazado de triatlón y de carreras largas. Hacer los 101 era una de las cosas que rellenaban esa lista eterna de cosas que hacer antes de morir. Una lista que, a pesar de que cada vez soy más viejo, cada vez recoge más cosas…  Año a año me preinscribía y cuando llegaba el momento del “sorteo”, con varios dispositivos “a la misma vez” golpeaba una y otra vez las teclas del ordenador o la pantalla del móvil (o las dos) esperando que alguna vez la pantalla me devolviese el mensaje de que había obtenido plaza. Pero no podía ser. Y este año, cuando menos fe tenía en conseguirlo, cuando sólo probé con el ordenador y de forma casi apresurada porque quería irme a desayunar con María, el destino me regaló una plaza, primero en MTB (lo que casi me provoca una decepción mayor que cuando no la conseguía) para aclararse posteriormente el error de la plataforma y confirmarme que estaba inscrito como marchador.  

Ese domingo 21 de enero comenzaba oficialmente mi andadura hacia esta edición. Es la primera parte de esta aventura. La de ponerse en su línea de salida con un dorsal, que visto lo visto, tiene casi tanto mérito como la de cruzar la línea de meta dentro del horario establecido.  A cuatro meses vista quedaban muchos deberes por hacer. En poco menos de un mes tenía mi cita anual con la maratón de Sevilla, donde volvería a correr con mi amigo Cristian en un evento que repetiré mientras mi salud me lo permita. Con el fondo acumulado necesario para esta prueba y tras haberme medianamente recuperado de la misma, comencé a introducir caminatas cada vez más largas para acostumbrar a mi cuerpo, pero sobre todo a mi mente, a ese ritmo de carrera. Aproveché el traslado de nuestras oficinas de Minifunkids a la Ciudad del Conocimiento de Dos Hermanas para caminar la distancia desde mi casa (4,5 kilómetros) hasta en dos trayectos de ida y vuelta diarios. Esos dieciocho kilómetros diarios (aunque de forma intermitente) se unían a otros entrenamientos, especialmente los fines de semana, haciéndome superar la barrera psicológica de los cien kilómetros a pie (que no corriendo) por semana. Algo que para muchos será una anécdota, pero que para mi estilo de vida y mi edad supone un verdadero reto.

           Superada la fase de entrenamiento y preparación, que es bastante más dura que la de la carrera en sí, me presenté en Ronda el amanecer del sábado 11 de mayo. Dispuesto a disfrutar, a pasarlo bien, a dejar el tiempo encerrado en el reloj y a vivir la experiencia. Viaje de ida esa misma mañana en coche con Jesús y con David, que ya iba por su tercera edición, con los nervios propios de la situación. De todas formas tengo que reconocer que con el tiempo han cambiado un poco las sensaciones que vivo cuando me enfrento a una prueba de estas características. El nerviosismo descontrolado con el que me enfrenté a mi primera Maratón en Milán en 2012, o a mi primer Ironman en 2013, se ha convertido en cierta prudencia, e incluso algunas veces en un exceso de calma tensa que se podría confundir incluso con falta de motivación. Es verdad que estas locuras, por cuestiones logísticas, siempre las llevo a cabo sin la participación de mis Capitanes de Carros de Fuego, y es algo cada vez más difícil de gestionar. De todas formas, basta con sentir el pistoletazo inicial para comenzar a vivir la aventura y a disfrutarla, de una forma que quizás no la hacía antes. Ser más prudente y medir más los riesgos me permiten experimentarla en otra dimensión. Una dimensión que como siempre excede la puramente deportiva. Enfrentarte a estos retos te proporciona unas herramientas y habilidades difíciles de obtener de otra forma. La fuerza de voluntad, la resiliencia, la determinación, la actitud, el compañerismo… son valores que salen reforzados de estas pruebas y que se hacen parte de tu ADN para afrontar otras situaciones de la vida. No hay pitch, reunión de negocios o proyecto que parezcan insalvables cuando has completado 101 kilómetros por la serranía de Ronda en menos de 24 horas.

        Si a todo lo anterior le sumas que has completado la prueba en compañía de muy buenos amigos, Jesús Rey (más bien casi hermano, o primo, porque desde muy pequeñito ha formado parte de mi familia, aún sin compartir apellidos), Juan Luis Muñoz (con quien he tenido el placer de compartir aventuras deportivo solidarias maravillosas gracias a su #RetoPichón) y a los amigos sanluqueños Alberto y Rubén (a quienes también considero mis amigos, porque como decía aquella canción de mi juventud, los amigos de mis amigos son mis amigos) la experiencia es máxima. Soy consciente de que mi aspecto social es una de mis muchas facetas que necesitan mejorar, como las notas de los niños. Mi apretado ritmo de vida hace que dedique a mis amigos mucho menos del tiempo del que debería. No todos pueden acompañarme en estas locuras, pero con los que tengo el lujo de compartir este tiempo (poco más de veintiuna horas y media para ser exactos en esta edición) intento compensar un poco.

         No voy a entrar mucho en detalles deportivos, porque tampoco creo que sean los más importantes. Durante esas horas hemos reído (mucho) hemos estado a punto de llorar en más de una ocasión (incluso alguna que otra lágrima se ha escapado por ahí), hemos disfrutado y sufrido a la vez, como en la vida misma. Esas horas me han vuelto a enseñar el verdadero significado de palabras como amistad, compañerismo, fuerza, honor, determinación, respeto, resiliencia, voluntad... Me han hecho conocer a mi amigo “Paco de Tarragona” un “cientounero” mayor que yo y con bastantes ediciones a sus espaldas. Él me regaló su crema para las rozaduras sin conocerme de nada, y con él mantuve una más que animada conversación durante casi la última hora que nos llevó hasta el Cuartel. Un Cuartel repleto de legionarios que mostraban una solidaridad y amabilidad sin límite con todos los participantes que llegábamos hasta ese punto que rompe la carrera en dos, la parte fácil que acabábamos de dejar atrás (70 kilómetros de calentamiento) y la parte complicada que nos quedaba por delante (31 kilómetros que debían llevarnos hasta la mágica meta de Ronda).  Me han recordado que las mejores experiencias no se planifican, y así me han regalado unos 30 últimos kilómetros finales inolvidables junto a mi amigo Juan Luis Muñoz Escassi (sí, el del incombustible reto Pichón) que me ha hecho vivir momentos repletos de magia. Sin separarnos más de un par de metros uno del otro, porque entre otras cosas mi frontal no era capaz de iluminar ni la pantalla de mi reloj, y recorrer ese terreno a oscuras era más que una temeridad. Kilómetros de silencios eternos, tan sólo rotos por el ritmo de nuestra entrecortada respiración y por el rítmico golpear de los bastones en el suelo, de conversaciones trascendentales y de miradas cargadas de significado. Me ha hecho sentirme parte activa de su #RetoPichón, que este año colabora con Sisu, la Asociación Andaluza de Cuidados Paliativos Pediátricos. Con el lema de “Aire”, busca aportar fondos a esa asociación que permitan a esos padres respirar para seguir cuidando. Esta prueba iba dedicada a Adrián, un nombre que tuvimos que invocar en más de una ocasión para que nos diese fuerza para seguir.

En tantos kilómetros los fantasmas han llegado a mi mente en más de una ocasión, pero como puse en su día en mi anterior publicación en redes sobre esta prueba, cuando tuve la tentación de rendirme inmediatamente pensé en porqué había comenzado esto. Esos 101 nombres (imaginarios e ideales) de niños a los que ayudar desde Minifunkids eran la mejor motivación posible. Tenía que llegar a esa meta y desplegar esa bandera por ellos. Cuando lleguen las curvas en el camino, que tendrán que llegar, acordarme de este momento será una inyección de moral de incalculable valor.

Me cuesta trabajo cortar pero no quiero que a los posibles lectores de esta publicación se les haga más larga que mi aventura en los 101. No quiero que falte ni que sobre nada. Si acaso, finalizar con una petición para que os intereséis en lo que significa el Reto Pichón y que colaboréis en la medida de lo posible. La causa lo merece.

           Gracias infinitas a todos. Cada día tengo más claro que esto es un tema de equipo. Causalmente el otro día llegaba a mi correo una imagen motivadora en la que decía que el éxito es un deporte de equipo. En soledad no hubiese sido capaz ni de inscribirme a la prueba. Ahora tengo otra locura entre ceja y ceja (en el poco espacio que me queda libre). Aunque no depende de mí, y es hasta más complicada que la meta que acabo de cruzar, me pongo con ello. El día que deje de tener ilusiones y sueños por cumplir, dejaré de vivir. Por cierto, ahora ya puedo decir que soy “cientounero”. El 101 es un número completo. No le sobra ni le falta nada. Este  mes la foto adjunta tampoco necesita muchos comentarios. Después de casi 22 horas caminando se puede seguir siendo feliz. Gracias.




martes, 16 de abril de 2024

LA VIDA ES UNA EXCUSA PARA SER FELIZ

        No me importa apurar el tiempo las publicaciones de mi blog hasta que un tema inspirador se cruza en mi camino. Sé que antes de que transcurra el mes algo llegará a mi vida que prenderá la mecha de la creatividad en mi mente y me motivará a escribir. En esta nueva aventura de Minifunkids, todos los días pasean por mi mente oportunidades nuevas. Con este propósito de mejorar la vida de chicos con neurodiversidad y diversidad funcional, las lecciones que diariamente aprendemos de ellos son infinitas.

       La frase que da título a la publicación de abril está inspirada en una frase de uno de estos guerreros. Juan Ángel es un chaval con parálisis cerebral que ama el fútbol. Tanto que es presidente de honor del U.D. Santa Rosalía Maqueda, del malagueño distrito de Campanillas. A principios de mes aprovechamos una de nuestras visitas a la capital malagueña para visitarlo y pasar con él y con su familia una tarde inolvidable. Entre otras muchas cosas, Juan Ángel nos dijo que “el fútbol es una excusa para ser feliz”.  Una frase que resume otra mágica lección vivida gracias a estos niños que iluminan nuestro camino y que dan sentido a lo que hacemos. Para Juan Ángel el fútbol lo es todo. No  sólo es su excusa para ser feliz, es su razón para vivir. Dándole vueltas a esta bella reflexión en el camino de regreso a casa, pensé que cada uno de nosotros tenemos nuestro fútbol particular que nos empuja a seguir adelante, nuestra excusa para ser feliz. Y el fútbol, las  carreras, pintar cuadros o tocar un instrumento musical no son más que una de las múltiples cosas que podemos hacer en esta vida para ser feliz.

     Esta lección me enseña una vez más que la vida no va sobre lo que te pasa, sino sobre cómo reaccionas a lo que te pasa. Como diría el estoico Epicteto Lo que importa no son las cosas que te pasan, sino el cómo reaccionas ante ellas”. No tenemos control sobre las sorpresas, tanto positivas como negativas, que nos tiene reservada la vida. No podemos evitar circunstancias como un accidente, una enfermedad o un golpe de suerte. Pero sí tenemos la libertad para decidir nuestra reacción. Nos podemos hundir en la miseria, ahogarnos en nuestros lamentos o aprovechar la situación como una oportunidad para crecer, para subir de nivel.

        Ana, la abuela a la que tuve la inmensa fortuna de conocer durante la Media Maratón de Chiclana, es otro inmejorable ejemplo. La conocí en esa prueba en la que tuve el privilegio de participar acompañado una vez más por mis inseparables capitanes de Carros de Fuego, maestros de calidad.  Ana promueve en redes y en pruebas deportivas la loable iniciativa de #YoLuchoPorElMillón, con el que, recogiendo la inolvidable herencia del gran Pablo Ráez, trata de concienciar a la gente para obtener un millón de donantes de médula. La historia de Ana es la historia de una abuela con cuatro nietos, que vio marchar antes de tiempo a su hija Deby. Débora era militar de profesión y sin haber tenido la suerte de conocerla, estoy seguro que con un corazón enorme y solidario. Cuando Pablo Ráez se marchó ella abanderó su lucha. Ser donante de médula, o de sangre, y de órganos no te digo, debería ser algo tan natural como la vida misma. Ana corre con el chambergo de artillería de su hija en la cintura y con una bandera azul con la recreación del reconocible brazo de Pablo rodeado por ese “Siempre fuerte” que lo hizo tristemente famoso. Bajo ellos, los lemas #YoDono, #DonaMédula y #YoLuchoPorElMillon en forma de hashtags. Con esta gasolina, se entiende que el motor de Ana funcione a la perfección. Completó una más que loable Media Maratón de Chiclana acompañando al globo de las dos horas. El mismo día del aniversario de la marcha de su hija Débora. “Levántate y brilla” era su lema. El lema que estoy seguro que ayudó a su madre a levantarse y brillar como lo hace. El lema que la llevará el próximo día once de mayo a completar los famosos 101 kilómetros de Ronda. La buscaré, porque caminar junto a ella será una garantía absoluta de finalizar la prueba.

      Reiteramos, lo importante no es lo que te pasa, sino como reaccionas. La vida debería ser una excusa para ser feliz. Porque  a pesar de las tragedias que puedan sacudirte, muchas de ellas sin posibilidad de explicación, la felicidad siempre es una opción. Siempre tenemos a nuestra disposición excusas para alcanzarla. Yo he visto la felicidad en la mirada de Juan Ángel, en la mirada de Ana, a pesar de sus circunstancias. La decisión de usar esas excusas, y de buscar la felicidad a pesar de nuestras circunstancias es sólo nuestra.

        En esa búsqueda y utilización de excusas tan difícil (o más) que tomar la decisión y agarrarnos con fuerza a esa excusa es mantenerla a lo largo del tiempo. Nuestra mente es siempre nuestro peor enemigo y siempre está al acecho de los momentos de debilidad para invitarnos a abandonar. Para ello comparto una frase cuyo autor desconozco, que suelo usar en muchas de mis aventuras deportivo solidarias cuando las fuerzas flaquean. Y es que “cuando estés a punto de rendirte, recuerda por qué comenzaste”. O como dice mi amigo Javier Iriondo, cuando tienes un “por qué”, el “qué  el “cómo” aparecen de forma mágica.

         No hay mejor foto para ilustrar esta publicación que la de nuestras sonrisas junto al crack de Juan Ángel en el estadio del  U.D. Santa Rosalía Maqueda. No encuentro palabras para agradecerle lo que nos hizo vivir esa tarde allí. Seguro que él las encuentraría.



jueves, 21 de marzo de 2024

MIS PRIMEROS 100 DIAS EN MINIFUNKIDS (PUBLICACIÓN 100 DEL BLOG)

      Comparto hoy una publicación extraordinaria en mi blog para comentar y celebrar mis primeros cien días en Minifunkids. No sé muy bien cómo esta idea llegó a mi mente, pero sobre todo no sé cómo fue capaz de destacar entre la infinidad de ideas que lo hacen diariamente. Quizás porque 100 días es  una cifra redonda. Me acordé del genial cuento del Círculo del 99 de Jorge Bucay, que no destriparé hoy porque seguro que me da para una futura publicación. 100 días en los que mi vida ha dado un cambio espectacular que como dice mi amigo Alonso, merecía la alegría compartir.

        Si tuviese que resumir estas 2.400 horas en una sola palabra, no tendría ninguna duda. Escogería la palabra “gracias”, una de mis favoritas. Gracias por todo lo que he vivido en estos cien días, por las personas que se han cruzado en mi camino como últimos fichajes a mi álbum de la vida, y también gracias a aquellos que ya aparecían pero que han cambiado su demarcación e incluso su camiseta para jugar un papel aún más relevante. Pero una sola palabra creo que no sería suficiente para expresar todo el agradecimiento que siento. Así que pensé en escribir una publicación extraordinaria para poder compartirlo. A la hora de estructurarla, un “reel” de Instagram (perdonad el anglicismo, pero es uno de los efectos colaterales de haber “rejuvenecido” en esta nueva aventura) me mostró un señor de edad madura dando tres sabios consejos sobre la vida. Las tres frases me parecieron una forma muy original de hacerlo.

    v  Rodéate de personas cuyos ojos se iluminen cuando te ven llegar.

Las personas han jugado un papel fundamental en esta nueva temporada de la serie de mi vida, como no podía ser de otra forma. Lo de la luz en los ojos es bastante gráfico. Por razón de mi hoy perdida timidez, siempre he encontrado serias dificultades a la hora de mirar a la gente a los ojos. Lo veía como una especie de intromisión en su intimidad, pero ahora me doy cuenta de que en realidad era una barrera para proteger la mía. Hoy, casi sin timidez y sin intimidad, me encanta disfrutar del brillo en las miradas de los ojos de las personas.

Y estos cien días los he podido vivir gracias al brillo de todos los que han iluminado mi camino con sus ojos. Por orden de aparición, como en los créditos de las películas, tengo que comenzar por dar las gracias a mi familia, a mi mujer, María, y a mis hijos Daniela y Pablo. Ellos fueron los primeros que iluminaron sus miradas y sonrisas cuando les planteé la posibilidad de cambiar de trabajo y me animaron sin dudarlo a pesar del riesgo que podría entrañar. Ya conocían a Minifunkids y a María Jesús desde antes y seguro que la luz en los ojos de María Jesús también los había hipnotizado. Porque si algo derrocha María Jesús es luz. En estos cien días, las decenas de veces (casi cien sin temor a equivocarme mucho) que la he escuchado contar la historia de Minifunkids he podido vivir en primera persona como la luz que rebosan sus ojos cuando habla de sus niños hipnotiza a todo el que se cruza en su camino. Con esa  luz no era posible decir que no a este sueño.

Pero Minifunkids no es sólo María Jesús. Además de su CEO y fundadora, que no es poco, Miguel, Juandi, Alejandro, Alberto y todos los que de una u otra forma colaboran en el proyecto, también iluminan sus ojos cuando hablan de Minifunkids.

Esa luz se extiende a los socios, que vieron luz también en la posibilidad de ayudar a niños con diversidad funcional y fueron fundamentales para que el sueño se fuese haciendo realidad. Para cerrar este círculo, la luz de José María, mi Amigo con Mayúsculas (Hermano no de sangre con Mayúsculas también) que fue quien actuó de alineador de astros para que esto  saliese adelante. Por si fuese poco, mi Hermano (este de sangre) formó parte de ese equipo que junto a María, Jesús y Paco nos permitieron que les “okupásemos” su despacho durante los primeros meses. A pesar de haber irrumpido en sus vidas, iluminaban sus ojos cuando nos veían llegar. Los echamos de menos.

En este ejército de iluminadores no podemos olvidar a todos los mentores, formadores y otros colaboradores que nos hemos encontrado por el camino y que han intercambiado sus valiosos consejos a cambio de la luz de Minifunkids. No queremos olvidar a ninguno de esa larga lista que conforman Jose, Pablo, Paloma, los “Carlos”, Bassem, Beatriz, Enrique, y todos a los que no he tenido el gusto de conocer pero también iluminaron el camino de María Jesús con el brillo de sus ojos.

Y no podemos finalizar este apartado sin destacar el brillo de los ojos de los niños, esos niños que son nuestro verdadero porqué y en los que hemos puesto la esperanza y nuestro esfuerzo para que con el uso mágico de la realidad virtual y con la iluminación que sus ojos generen dentro de esos visores podamos ayudarles a mejorar su calidad de vida, haciendo de este mundo un lugar más inclusivo, diverso y visible.

Cerrar este apartado sin hablar de mi amigo Cristian sería imperdonable. Si alguien es ejemplo de luz en sus ojos es precisamente él. Por eso cada vez que tenemos ocasión contamos con él como imagen para unos flyers en la MWC, o como protagonista de un vídeo de agradecimiento en la diapositiva que cierra la mayoría de nuestras presentaciones.                     

v  Lentamente es la forma más rápida de llegar a dónde quieres estar.

         Avanzar lento y firme sin desviarte mucho del camino es mejor que hacerlo como pollo sin cabeza y sin tener muy claro dónde vas. Si usas la segunda opción al final terminarás equivocándote de camino, y tendrás que volver sobre tus pasos para deshacer lo recorrido. Esta experiencia la tengo muy asumida gracias a mi experiencia en deportes de larga distancia. Si te equivocas en el trazado de una ultra y después te das cuenta de que por ahí no se llega a la meta no te quedará otra que volverte hasta el punto donde te equivocaste. Ese punto donde una parada y reflexión sobre el camino a tomar posiblemente te hubiese ahorrado una cantidad extra de kilómetros que seguro que al final acabas lamentando.

 Ya hablé sobre este tema en mi publicación de enero donde hablaba de atarme los cordones antes de empezar a correr. Paradójicamente (¿qué es la vida, sino paradoja junto a humor y cambio?, como la definen magistralmente en el “Guerrero Pacífico”) en este metaverso de realidad virtual, donde todo viaja a una velocidad endiablada, mantener la firmeza, ser paciente y saber contar hasta diez pueden ser virtudes diferenciales y verdaderas ventajas competitivas. En un mundo donde todos corren sin saber por qué, priorizar, ralentizar y racionar las fuerzas te pueden acelerar al final. Carrera de fondo donde lo  importante no es sólo llegar, sino seguir avanzando y subiendo (como veremos a continuación) cuando nos creamos haber cruzado la meta. Como escribía en T3, uno de mis libros, “La verdadera competición empieza cuando cruzas la línea de Meta”.

v  La cima de una montaña es la base de la siguiente, así que sigue subiendo.

Dice un proverbio africano que si quieres caminar rápido vayas solo, pero que si quieres llegar lejos, lo hagas acompañado. Ya dejamos claro en el punto anterior que nuestro caminar debía ser lento pero firme. En este aclaramos que nuestro objetivo es llegar lejos, muy lejos. Que el viaje sea largo y dure lo máximo posible. Que creemos un Minifunkids tan sostenible y sólido que seamos capaces de ayudar a muchos niños. A mientras más mejor. Así que toca ir acompañado de gente a las que les brillen los ojos, con paso firme y seguro. Porque una vez lleguemos a dónde queremos estar, el camino no se habrá terminado. De hecho es ahí donde comenzará el verdadero camino. Este tercer consejo precisamente se habla sobre esto. Cuando creemos haber alcanzado la cima, tenemos que tomar conciencia de que la cúspide tan sólo es la base de la siguiente montaña que nos aguarda, así que debemos seguir subiendo.

En esta subida permanente no puedo dejar de subir sin recordar las sabias palabras de mi padre. Él hablaba de que la vida era una escalera. De que a veces tocaba ir cuesta abajo, casi frenándote, pero que otras veces tenías que subir y apretar porque los escalones se hacían insalvables. Y que cuando bajases fueses amable con los que en esos momentos sufrían la  subida, porque algún día tú ocuparías su lugar y puede que los que hoy estaban sufriendo mañana disfrutarían de la bajada. Y al final la vida te iba a devolver lo que tú le dieses a ella. Una lección brutal, como todas las que me regaló sin necesidad de haber pisado nunca una universidad. La otra que más utilizo es la de que fuese siempre el mismo, fuese donde fuese y estuviese con quien estuviese. Lecciones fáciles de enunciar y comprender pero difíciles de poner en práctica, como la de los verdaderos Maestros.

Con este privilegiado material genético hoy tengo la suficiente experiencia como para tener la posibilidad de usarla a mi favor. Paradójicamente, a mi edad me encuentro jugando en una Champions para jóvenes, donde la mayoría son emprendedores de startups que podrían ser incluso mis hijos. A pesar de ello, he sido más que bien recibido y en ningún momento he sentido rechazo a la llamada generación de plata, además de por mi falta de canas, posiblemente por que contemos con la inclusión y con la diversidad como dos pilares de nuestro proyecto.

Tenemos muy claro que no todo serán días de vino y rosas, ni achuchones en la espalda ni alfombras rojas por las que desfilar. Llegarán las espinas, los inconvenientes, las subidas interminables, y ahí es donde debemos mantener la luz en los ojos y recordar por qué comenzamos, cuál es nuestro propósito y nuestra motivación. El otro día escuchaba en una conferencia que los dos secretos del éxito en la vida son ilusión y voluntad. Ahora mismo nuestros depósitos rebosan. Vigilaremos que no se vacíen. Reponerlos será una de nuestras tareas principales.

Gracias por invertir vuestro tiempo en leer esta reflexión, quizás un poco más larga de lo habitual. 100 días no son nada. Lo importante es el día de  hoy. Y cuando pase, el de mañana, que se acabará convirtiendo en hoy también, a vivirlo a tope. Día a día. Trocito a trocito. Partido a partido.






martes, 12 de marzo de 2024

REGRESO AL FUTURO: LA ILUSIÓN DEL FIN DE LA HISTORIA

     En mi reciente reestrenado papel de aprendiz, que paso interpretando la mayor parte de mis días, ha llegado a mis dominios  una excepcional charla Ted del psicólogo de la Universidad de Harvard Dan Gilbert. Dan Nos habla sobre la “ilusión del fin de la historia”.

(https://www.ted.com/talks/dan_gilbert_the_psychology_of_your_future_self?utm_campaign=tedspread&utm_medium=referral&utm_source=tedcomshare)  

    Básicamente este fenómeno mental se pone de manifiesto cuando nos preguntamos a nosotros mismos si somos la misma persona que éramos hace diez años. La respuesta en la mayoría de los casos es negativa. Puede ser para mejor o para peor, pero todos admitimos que evolucionamos. “Cómo hemos cambiado” que cantaba la genial Sole Giménez de Presuntos Implicados. Sin embargo, si nos preguntamos cómo seremos dentro de diez años la cosa cambia. A pesar de que tenemos muy claro que nuestro yo pasado es bastante diferente a nuestro yo presente, tendemos a pensar que quienes somos ahora es la versión "real" y "terminada" de nosotros mismos, y que nuestro yo futuro será básicamente el mismo que somos hoy. Pensamos que la persona que somos hoy es la persona que siempre seremos. Gilbert lo explica de manera espectacular con una frase para enmarcar: "Los seres humanos son obras en progreso que erróneamente piensan que están terminadas".

       Nos olvidamos de que todo lo que hacemos, pensamos y decimos hoy está creando lo que seremos el día de mañana. Igual que todo lo que hicimos, pensamos y dijimos en el pasado nos hizo llegar hasta nuestro yo de hoy. Lo verdaderamente fascinante de este tema es como en muchas ocasiones en el futuro nos acabamos lamentarnos de las decisiones del presente. Posiblemente las tomamos sin pensar que tendrán su impacto en el futuro. La gente se (nos) gasta importantes cantidades de dinero en eliminar tatuajes por los que también pagaron una cantidad importante, se casa para después divorciarse, incluso a edades adultas se lucha duro para olvidarnos de tantas cosas que durante la madurez se luchó duro para conseguir. Tomamos las decisiones en este justo momento pensando que el yo futuro será exactamente igual que el yo presente, con lo que el impacto de la decisión será correcto. Pero cuando miramos hacia atrás nos damos cuenta de que las decisiones de hace diez años no nos afectaron como pensábamos, porque el yo de hoy no es el yo del pasado, e incluso a veces tiene poco que ver con él. Dan sugiere que este fenómeno puede estar relacionado con que el cerebro humano tiene más facilidad para recordar que para imaginar y para crear. Al yo de hace diez años lo tenemos controlado, pero al yo de dentro de otros diez lo tenemos que imaginar, y quizás nos sea más cómodo suponer que será igual que el de ahora.

       En mi caso particular, creo que una de las razones que me empujó a dar el salto en el ámbito laboral tuvo mucho que ver con esto, aunque no de forma consciente. Obviamente no estaba nada contento con el yo que veía frente al espejo. La frase de Steve Jobs me llegó a perseguir como una señal de que algo tenía que hacer. Cuando me preguntaba si quería hacer lo que iba a hacer cada día si fuese el último día de mi vida y el  "no" comenzó a repetirse durante demasiados días seguidos, entendí que tenía que cambiar algo. Me obligué a imaginarme dónde me gustaría estar dentro de diez años, algo que realmente no fue fácil, y a escribir mi particular (y mental) carta a los Reyes. Y sin saber muy bien ni cómo ni por qué, la oportunidad apareció. Fue una decisión tomada más con el corazón que con el cerebro, más con la emoción que con la razón, con todo lo que ello conlleva. Sin embargo, cuando miro hacia atrás para conectar los puntos de mi vida (otra vez el eterno Jobs) creo firmemente que en mi vida los resultados de las decisiones emocionales han superado por goleada a las racionales.

     Y hablando de emociones, no puedo escribir estas líneas sin dejar de emocionarme. Hablando de décadas hacia adelante y hacia atrás, mi hijo Pablo, sopla por segunda vez en su vida las velas con un cero en la tarta. Le deseo que todo lo que haga hoy le lleve al Pablo que quiere ser dentro de diez años. Un Pablo que con su creatividad él seguro que es capaz de imaginar muy distinto al de hoy con todo lujo de detalles. Como decía Melendi, uno de nuestros artistas favoritos, veinte años no son nada…  

     Al final queda claro que el tiempo es nuestro gran definidor. El que nos coloca a cada uno en  nuestro sitio. Lo bueno es que con nuestras decisiones de hoy tenemos el poder de definir a nuestro yo del futuro. El de dentro de diez años, o el de los que sea. Lo importante en la vida es siempre el camino, no la meta. Y lo dice un individuo que ya ha perdido la cuenta de todas las que ha cruzado.

     Y como imagen para ilustrar la publicación de este mes, una imagen generada por inteligencia artificial (sí, quien me iba a decir a mí que a mis años yo iba a enredar con esas cosas) que me ayuda a visualizar a mi Antonio del futuro, dentro de diez años o más. Un Antonio que sigue llevando puestas gafas de realidad virtual.

     Gracias como siempre por vuestro tiempo y nos vemos en un mes. En un plazo de tiempo en el que todos seremos distintos a los de hoy, aunque no nos demos cuenta.





martes, 13 de febrero de 2024

42 LECCIONES QUE ME REGALÓ LA MARATÓN

      Llegó el mes de febrero, el mes más corto del calendario (este año, incluso con un día más de lo habitual sigue siéndolo). Febrero es además el mes del Carnaval. Para los enamorados de esta fiesta, que me consta que somos muchos, es el mes en el que todas las creaciones en forma de música, letras y disfraces se hacen realidad después de haber pasado casi un año transitando por los caminos de nuestras mentes. Este año por circunstancias me ha tocado vivirlo en segunda línea, fundamentalmente porque mi hijo Pablo, que fue quién me reactivó el veneno del carnaval que yacía dormido en mi interior, también ha dado un paso atrás. Sus obligaciones académicas y el hecho de estar alejado de los suyos lo han empujado a tomar esa decisión. Y si el artista no ha salido, ya os podéis imaginar qué ha hecho su padre. No por falta de ganas, pero no me ha quedado otra que seguir sus pasos. Pero no sólo de carnaval se alimenta febrero. Para los corredores también es el mes de la Maratón de Sevilla, la madre de todas las carreras que tiene lugar en estas fechas en la capital hispalense. Este año me volveré a centrar en la maratón, resumiendo en 42 puntos (uno por kilómetro) las lecciones que me da esta carrera cada vez que me enfrento a ella. Lecciones que no sólo son aplicables al ámbito deportivo, sino que también puedo extrapolar a cualquier faceta de mi vida. Intentaré hacerlo de forma resumida. Mensajes cortos, que os dejen tiempo a reflexionar. No quiero que al profundizar en ellos quedéis más cansados de leer la publicación que ya al correrla…

1.- La verdadera felicidad, como en la vida, se encuentra al disfrutar del camino, no al cruzar la meta.

2.- La maratón no comienza el día de la carrera, comienza en el momento en el que decides inscribirte. A veces incluso antes.

3.- La maratón, en contra de lo que muchos puedan pensar, es un deporte fundamentalmente de equipo. A mí me tocó mi lotería particular al contar con el equipo de Carros de Fuego, pero además la familia, los amigos, los compañeros… son piezas fundamentales de ese a veces invisible equipo.

4.- Correr maratones te hace agradecido por naturaleza, sólo con poder plantearte formar parte de esta aventura ya tienes que tener un estado de salud digno de ser agradecido.

5.- Todo (o casi todo) está en la mente. Charles Reade decía: “Siembra un pensamiento y cosecharás una acción; siembra un acto y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”. Todo comienza con un pensamiento que acabará guiando tu destino.

6.- Estás aquí y ahora (mindfulness). La maratón no te permite pensar en los kilómetros que ya llevas ni enfocarte en los que te quedan por recorrer. El único kilómetro (más bien metro) que tienes es el que están pisando tus pies en estos momentos.

7.- Todo lleva su tiempo. Warren Buffet decía que “nueve mujeres embarazadas no pueden crear un bebé en un mes”. No hay prisa por llegar, llegar bien es suficiente.

8.- Sé creativo. Conocer una ciudad corriendo es una original forma de hacer turismo.

9.- Todo es relativo. La felicidad del último en cruzar la línea de meta posiblemente sea mayor que la del campeón.

10.- Tus actos presentes tienen consecuencias futuras. Durante la semana después te convertirás en un perfecto imitador de Robocop y aprenderás que las escaleras hay que bajarlas de espaldas.

11.- Acepta lo que no puedas controlar. Con una visión estoica, no te queda otra que aceptar que hay factores que se te escapan y que poco puedes hacer con ellos más allá de aceptarlos. 

12.- Enfócate en lo que puedes controlar. Fundamentalmente en tu actitud sobre aquellos aspectos que no puedes controlar.

13.- La importancia del descanso. A veces descansar es más importante que entrenar, especialmente en las últimas semanas. A veces menos es más, como en la vida.

14.- Trabaja el equilibrio. Descanso, nutrición, entrenamiento, vida profesional, vida personal… encajar este complicado puzle te dará herramientas muy valiosas para tu vida.

15.- El tiempo es uno de tus tesoros más valiosos. Cuidarlo y aprender a gestionarlo es una obligación para llegar a ser “finisher”. 

16.- Conócete a ti mismo. Conocer y entender las señales de tu cuerpo (y de tu mente) es esencial para evitar lesiones y mejorar el rendimiento.

17.- La preparación es fundamental. Como comentaba en mi publicación de enero, muchas veces hay que perder tiempo atándonos los cordones para asegurarnos correr más rápido que el compañero, no más rápido que el león.

18.- Hay que empezar el día corriendo, como dice el proverbio africano: “Cada día en África, una gacela se despierta. Sabe que debe correr más rápido que el león más veloz, o será devorada. Cada mañana en África, un león se despierta. Sabe que debe correr más rápido que la gacela más lenta, o morirá de hambre. No importa si eres un león o una gacela. Cuando el sol se eleva en África, es mejor que empieces a correr.”

19.- Persistencia. En una prueba de resistencia, posiblemente más mental que física, insistir, persistir y resistir y nunca desistir son imprescindibles para llegar al final.

20.- Mantener y cultivar una actitud mental positiva es obligatorio para sobrevivir a los negros nubarrones mentales que aparecen en una maratón, que siempre lo hacen.

21- Flexibilidad. Decía Darwin que las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio. En una maratón es fundamental adaptarse a las circunstancias cambiantes de la carrera para sobrevivir.

22.- Resiliencia. Una de las circunstancias a las que tendremos que adaptarnos será la adversidad, por lo que encontraremos en la resiliencia a uno de nuestros mejores aliados.

23.- Metro a metro, kilómetro. La maratón es una prueba “molto longa”. La única forma de digerirla es enfrentarla como si nos fuésemos a comer un elefante: “bocadito a bocadito”. 

24.- Excelente herramienta para superar miedos. Para los no iniciados, la maratón puede ser aterradora. Si tienes miedo, hazlo con miedo, pero hazlo.

25.- Aprender de los errores. Con tantas lecciones concentradas en cuarenta y dos kilómetros las posibilidades de equivocarse son muy altas, pero las de aprender son aún mayores.

26.- Sal de tu zona de confort y rompe tus límites. Sin querer caer en la peligrosa filosofía “Mr. Wonderfuliana” lo único imposible es aquello que no intentas.

27.- Siempre adelante. “Si no puedes volar, corre. Si no puedes correr, camina. Si no puedes caminar, gatea. Pero hagas lo que hagas, siempre sigue hacia adelante " decía Martin Luther King Jr. Aunque arrastrase en una maratón no es lo más recomendable, la lección va sobre seguir siempre avanzando.

28.- Importancia del cambio. Para alcanzar resultados distintos no hagas siempre lo mismo, decía el genial Albert Einstein. Para seguir progresando es fundamental vencer a la rutina.

29.- El fin es el principio de algo nuevo. Esta genial frase que me enseñó mi hija Daniela nos muestra que cuando cruzas esa mágica línea de meta no sólo es el final de esta última maratón, sino el inicio de la próxima.

30.- Cáete tres veces y levántate cuatro. Esta frase, aunque no es de mi hijo Pablo, ocupó durante mucho tiempo su estado del Whatsapp. En el kilómetro treinta (el famoso muro) te va a tocar caer, de una forma o de otra. Lo importante es levantarse y seguir.

31.- Finalizar una maratón no debe hacernos creer que somos un ser invencible, que somos un ser inmortal. Somos frágiles por naturaleza y cada momento estamos un segundo más cercano a nuestra muerte. Por eso hay que vivir la vida a tope mientras podamos.

32.- Nosotros mismos somos nuestro principal competidor. Como dice Melendi, la verdadera guerra es sólo con nosotros mismos. Superarnos a nosotros es la mejor de las victorias posibles.

33.- Sé amable. Con el que adelantas, con el que te adelanta, con el juez que anota tu dorsal en un control, con el voluntario en el avituallamiento, con el que te coloca la medalla al cruzar la meta, con todo el que te cruces, como en la vida misma. En cualquier momento puedes ocupar su lugar.

34.-  Sonríe. No hay nada serio que no pueda decirse con una sonrisa, decía Alejandro Casona y también mi compadre. La sonrisa es contagiosa, y cambia el estado de ánimo del que la muestra y del que la recibe. Por muy fastidiado que vayas, siempre es posible sonreír.

35.- Lo esencial es invisible a los ojos, de “El Principito”. Lo que nos muestran los sentidos es sólo una parte de la realidad, no la realidad completa. No juzgues nunca a ningún atleta, porque no sabes lo que verdaderamente estará pasando en su interior.

36.- La maratón es aquello que ocurre mientras tu cabeza está ocupada haciendo otros planes. Jugando con la frase de John Lennon, tu cabeza centrifugará en todas direcciones con el riesgo de perderte la verdadera experiencia. 

37.- Nada golpea más fuerte que la maratón, pero no importa lo fuerte que golpea, sino lo fuerte que pueda golpearte. Y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar, así es como se llega al final, que es donde encontramos la victoria.

38.- La importancia de la respiración. Lo primero que hacemos después de llegar a este mundo, y lo último que hacemos antes de dejarlo es fundamental en el desarrollo no sólo de esta carrera, sino en el de la vida misma. 

39.- A veces una retirada a tiempo es la mayor de las victorias. Por muy mágica que sea esta carrera y por mucho que nos enseñe, nada justifica poner en riesgo nuestro bien más preciado, la vida.

40.- Siempre es posible hacer algo más. Se pueden hacer ultras, dobles maratones, o incluso pruebas como el Ironman que culminan con una maratón después de haber nadado casi cuatro kilómetros y pedaleado en bici ciento ochenta. Las locuras no tienen límite, y los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios.

41.- Rodéate de gente que te sume, no que te reste. Ahí puede estar la diferencia entre el éxito y el fracaso, como en la vida misma. La siguiente lección es el culmen de esta enseñanza.

42.- Si ayudas a los demás, recibes muchísimo más de lo que das. La lección magistral la dejo para el momento de cruzar la meta. Es la más importante de todas, y he tenido la increíble fortuna de aprenderla gracias a mis Capitanes de Carros de Fuego y a sus familias.

        Infinitas gracias por haberme acompañado hasta la meta. Espero que hayas disfrutado del camino como lo he hecho yo. Ahora a recuperar y a nutrirse bien hasta la publicación de Marzo. Y como no puede ser de otra forma, la foto que acompaña a esta carrera está casi salida del horno de la recién terminada edición de la Maratón de Sevilla.