viernes, 23 de enero de 2026

REINVENTÁNDONOS: VOLVER A LOS ORÍGENES, UNA OPCIÓN MÁS

             Estrenamos el blog en este año 2026. Y al mirar atrás me doy cuenta de que éste será mi noveno año publicando mensualmente. Aunque si me pongo “tiquismiquis” (y hoy me he levantado así), esta aventura empezó un poco antes: en 2013 cuando escribía crónicas deportivas de pruebas de larga distancia, coincidiendo con mi debut en el mundo Ironman.

Hay momentos en la vida en los que las cosas no salen como las habíamos imaginado. Y cuando eso ocurre, solemos tener dos opciones: cambiar… o insistir. El problema es que, si seguimos haciendo lo mismo, lo más probable es que sigamos obteniendo los mismos resultados como ya nos dejó caer el bueno de Einstein, en una frase que no sé si realmente llegó a pronunciar él.

Este mes vuelvo a usar una metáfora deportiva. Sí, otra vez. A falta de terapia barata,  no hay nada como un dorsal para reflexionar. Cuando empecé a escribir en 2013, aventurarme con un Ironman, con mis capacidades físicas, parecia más una locura que una imprudencia. De las tres disciplinas, para mí la más intimidante era clara: correr una maratón después de nadar 3,8 km y pedalear 180 km. Eso no era sólo correr. Era negociar con tu cuerpo, con tu cabeza y con tus excusas.

Por aquellos días alternaba mis entrenamientos con clases de Tai Chi Chuan en el gimnasio de Pako’s, que siempre ha sido para mí algo así como mi segunda vivienda. Esa práctica, entre otras muchas cosas, me regaló un Maestro… y un libro: “Chi Running”, de Danny Dreyer. Y ahí cambió el guion: empecé a vivir las interminables sesiones de carrera no como entrenamientos, sino como clases. Aprendía más de lo que “machacaba”.

Casi quince años después, y con bastantes kilómetros en las piernas, la carrera empezó a perder el aliciente. Reconozco que me costó tiempo amar esta disciplina, pero cuando lo logré, salir a correr se convirtió en una especie de meditación en movimiento. Siempre sin música. Y en cada kilómetro me enfocaba en una faceta distinta del Chi Running. No importaba la velocidad ni la distancia: importaban las sensaciones.

Pero con tantas sesiones y tantas carreras, el hambre de aprender se fue apagando. Y pasé de ser alumno… a ser simplemente corredor.

En mi caso, además, hay una “variable” extra: la mayoría (por no decir todas) las carreras en las que participo las hago con mis Capitanes de Carros de Fuego. Y quien haya empuñado el asidero de un carro lo sabe: cuando vas con un Capitán, todo cambia. Los músculos dejan de doler, la mente deja de quejarse y la respiración se ordena como por arte de magia. Te olvidas de que te falta entrenamiento o de que te sobran kilos. Sales para correr… y, de pronto, estás haciendo algo mucho más grande que correr.

El problema es que entrenar con un carro no es algo que yo pueda controlar siempre. Así que, buscando innovar, decidí hacer algo que a veces olvidamos que también es innovar: volver a los principios.

Siempre me ha encantado esa frase de: “Cuando pienses en rendirte, recuerda por qué empezaste.” No había pensado en rendirme (o, al menos, no de forma consciente)… pero volver al principio me ha devuelto algo que echaba de menos: ilusión. Y, sobre todo, disfrute.

Y aquí viene mi pequeña “teoría” de este mes: muchas veces, volver al origen, pero con toda la experiencia acumulada, es una de las formas más originales de avanzar. No solo en el deporte. También en lo profesional… y en lo personal.

Porque sí: nos encanta planificar. Nos encanta que los planes salgan bien.  Gracias, capitán Hannibal Smith, por ponerle frase a nuestro deseo colectivo (espero haber arrancado una sonrisa a los de mi edad). Pero la vida tiene un sentido del humor bastante particular, y a veces —muchas más veces de las que nos apetece— las cosas no salen como estaban previstas. John Lennon lo resumió de forma magistral: “La vida es eso que pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes.”

¿Entonces qué? ¿Planificar o fluir sin planes? Buena pregunta… y material de sobra para otra publicación.

De momento, este enero me quedo con una idea sencilla: si lo que estás haciendo no te está llevando a donde quieres, cambia algo. Y no descartes que ese “algo” sea volver a hacer lo que hacías hace mucho, pero con la persona en la que te has convertido hoy.

Si esta publicación, además de gustaros, consigue que alguien se pare un minuto a pensar cuando las cosas no salen según lo previsto (que nos pasa a todos, aunque lo disimulemos muy bien), entonces habrá merecido la pena, o mejor la alegría, como dice otro de mis Maestros.

Nos vemos en febrero, el mes del carnaval. Gracias por vuestro tiempo, como siempre.

       

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