Otro mes que vuelvo a apurar la redacción y la publicación de mi blog. Como siempre, espero a que algún evento o reflexión de mi vida diaria me inspire a escribir algo que pueda ser interesante para mi público (me acabo de venir arriba) y sobre todo que me ayude a pensar mientras lo escribo.
En el mes de
marzo hay muchos eventos que me llaman la atención. El principal de ellos, y
sobre el que ya he escrito en otras ocasiones es el cumpleaños de mi hijo Pablo,
una de mis verdaderas fuentes de inspiración junto a mi hija Daniela. Este año
estaba dándole vueltas a la opción de escribir sobre la llegada de la primavera.
La entrada de esta estación y la salida del invierno, con todo lo que ello conlleva,
da mucho juego. Además de alergias y otros daños colaterales, la primavera, que
en su raíz etimológica significa algo parecido a “primer verdor”, implica un
renacer que puede tener más sentido que el inicio de año con el día uno de
enero o el de curso a principios de septiembre.
En esas estaba
cuando la semana pasada tuve la ocasión de acudir a Ifeca (Institución Ferial
de Cádiz) a la Feria del Deporte y la Vida Sana, para llevar a cabo la
presentación de un proyecto de realidad virtual con la Fundación del Fútbol Andaluz,
de la Federación Andaluza de Fútbol. La experiencia va preferentemente dirigida
a personas con diversidad funcional y neurodiversidad, con el objetivo de darles
la posibilidad de vivir una experiencia “deportiva” que de otra forma no les
sería posible. Los lemas “fútbol sin barreras” y el “fútbol es de todos” son la
mejor evidencia posible de las características del proyecto. Por si fuera poco,
el sábado coincidió con la celebración del Día Mundial del Síndrome de Down, ése
que muchos celebran con calcetines desparejados (algunos hasta con los zapatos)
como evidencia de la normalización de la diversidad.
Del fin de
semana en Jerez me he traído varias reflexiones (y lecciones) muy importantes. La
primera es una que ya había transitado mis neuronas en más de una ocasión. ¿Cuál
es la verdadera definición de diversidad? Y a sensu contrario ¿y la de la no
diversidad? Si acudimos a la RAE en su primera acepción nos encontramos con
variedad, desemejanza, diferencia. La desemejanza y diferencia nos lleva a
pensar en la referencia respecto a la que experimentamos esa desigualdad. La
segunda acepción me gusta más: abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas.
Las palabras neurodiversidad y diversidad funcional, no aparecen en el diccionario.
Pero centrémonos en las presencias, en lugar de en las ausencias. ¿Cuál es la
referencia, la normalidad que deberíamos usar para poder entender la diversidad?
Creo que más
importante que llegar a definir la diversidad es poder vivirla. El sábado por
la mañana, la Fundación del Fútbol Andaluz tuvo a bien organizar varios
partidos de fútbol inclusivos. El que realmente llamó mi atención fue uno
jugado por un equipo de personas diversas en su más amplio sentido de la palabra.
Diversidad de edades, de géneros, de condiciones. Pasé más de media hora
absorto viéndolos calentar primero y jugar después. ¿Realmente hay alguna diferencia
entre el comportamiento de estas personas y el que observamos en un partido de
fútbol “normal”? Varias, bastantes que diría yo. Las que más me impresionaron a
continuación:
·
Foco. Aunque esta es una característica que
debería encontrarse fácilmente en deportistas de élite, nunca he visto a un futbolista
tan concentrado en un calentamiento. Esas miradas al balón antes de golpearlo no
tienen precio. Se olvidan del entorno, del marcador, incluso de las normas a
veces. Pero están dentro del juego de una forma muy intensa. Curioso
porque este foco exclusivo es la base del proyecto de Minifunkids. Lo que
ocurre dentro de esas gafas absorbe y anula todo lo que ocurre en el exterior.
·
Alegría. Un gol no es un gol. Es una explosión. Es
correr sin rumbo. Es celebrarlo como si fuera la final del mundial. No hay
postureo. Solo emoción real. He visto celebraciones más emocionantes que las de
futbolistas profesionales.
·
Inocencia. No juegan para ganar. Juegan para
jugar. A veces no entienden el resultado como lo entendemos los no diversos… y
eso, curiosamente, es lo más puro del deporte.
·
Creatividad imprevisible. Pueden hacer cosas que
“no tocan”. Ir en dirección contraria. Chutar a tu propia portería. Quedarse
con el balón más tiempo del esperado. Inventarse su propia lógica dentro del
juego.
·
Esfuerzo invisible. Lo que para algunos es
automático… para ellos puede requerir un esfuerzo enorme. Seguir una norma. Esperar
turno. Coordinarse con otros. Cada acción tiene detrás mucho más de lo que
parece.
·
Superación constante (aunque no siempre visible).
A veces no hay grandes hitos. Pero sí pequeños avances continuos. Y eso,
sostenido en el tiempo… es enorme.
No pude evitar
acordarme de la película Campeones. Entendí perfectamente por qué Javier Gutiérrez
declinó la oferta de participar en la serie “La casa de papel” para en su lugar
participar en esa inolvidable película.
Además de esta
lección también aprendí bastante de las personas (la mayoría niños) que fueron
usuarios de nuestra aplicación. Me di cuenta de que cada uno tenemos nuestros
propios patrones de comportamiento. Ante la misma situación (un balón virtual
que se lanza hacia nosotros y que tenemos que agarrar y colocar en unas cajas
correspondientes en función de distintos criterios, como color, tamaño, tipo de
balón…) todos tenemos comportamientos distintos, con independencia del grado de
diversidad (si es que la diversidad se puede medir en grados…) Algunos aprenden
a agarrar el balón a la primera, otros no son capaces de cogerlo tras más de
cinco minutos, otros usan las dos manos, otros hacen el gesto de colocar el
balón en su correspondiente cesta incluso sin agarrarlo… Diversas respuestas
ante un mismo problema. ¿Es posible distinguir las “normales” de las diversas? Yo
no fui capaz. Ni creo que sea necesario.
Y cuando ya
estaba a punto de darle al botón de publicar ayer vuelvo a vivir otra
experiencia que me reafirma mi teoría sobre la diversidad. Ayer tuve la oportunidad
de pasar un día inolvidable junto a mi ahijado, capitán, representado, casi
hijo y tantas cosas más Cristian. Por cuestiones de confidencialidad profesional
no puedo avanzar mucho más. Tan sólo os puedo decir que se “vienen cositas” y
que el resultado del día de ayer nos va a dejar con la boca abierta a más de
uno…
Quiero cerrar
esta publicación con dos definiciones que me gusta usar cuando hablo de diversidad.
Acostumbro a decir que todos somos “Igualmente diferentes” o “diferentemente
iguales”. Los que me conocéis sabéis de mi afición por usar zapatos (no sólo
calcetines) desparejados. Anteriormente sólo en mi faceta deportiva, y últimamente
en mi vida diaria (cosas de tener una jefa comprensiva, entre otras muchas
virtudes). Cuando tengo oportunidad de dar alguna charla en un centro educativo
acompañado de alguno de mis Capitanes de Carros de Fuego, siempre generamos un
debate muy constructivo sobre mis botines son iguales o diferentes. Al final,
los chavales entienden que son “igualmente diferentes” o “diferentemente
iguales”. Que sean de distintos colores y diversos no quiere decir que en el
fondo sean iguales y sirvan para lo mismo. Exactamente igual que ocurre con el
maravilloso mundo de la diversidad.

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