jueves, 20 de mayo de 2021

#YoAdelantoTúDonas y #CorazonesConMagia en el próximo Northwest Triman (As Pontes, A coruña 27/06/2021)


    Aprovechando la celebración del séptimo Northwest Triman en As Pontes el próximo 27 de Junio vamos a llevar a cabo una nueva edición del reto #YoAdelantoTúDonas en tierras gallegas. Esta vez será para colaborar con la campaña #CorazonesConMagia de la Fundación Olivares. Vuelvo así a mis inicios, a poner mi granito de arena a favor de esta Fundación y de sus niños que tanto me han dado. La campaña básicamente consiste en realizar una donación de un euro y rellenar un mensaje en un corazón de cartulina que formará parte de la que será la cadena de corazones más grande del mundo. La donación se puede realizar de forma física, si tenéis al alcance alguna de las huchas que la Fundación ha colocado en los establecimientos colaboradores, o bien de forma virtual a través de su página web www.fundacionolivares.org

    La Fundación Olivares es una fundación malagueña que destina todos sus esfuerzos y recursos al cuidado y la atención de niños enfermos de cáncer y sus familias. Para tener una idea más concreta de la Fundación os dejo por aquí su misión, visión y valores, además de dos espectaculares vídeos, el de presentación de la Fundación y el de la campaña Corazones con Magia.

    MISIÓN: Conseguir que los niñ@s enferm@s de cáncer sigan siendo niñ@s.

    VISIÓN: Queremos ser una organización reconocida por trabajar para mejorar la calidad de vida de nuestr@s niñ@s y sus familias a través de un completo programa asistencial ofrecido por grandes profesionales con mucho corazón.

    VALORES:

        Alma: El alma de esta fundación se nutre de las miradas, abrazos y sonrisas de nuestr@s niñ@s.

        Magia: Movidos por la magia que desprenden nuestr@s niñ@s nos hemos marcado como uno de nuestros principales objetivos cumplir sus sueños.

        Corazón: Reivindicar la fuerza sin igual del amor incondicional, del amor de un niñ@, del optimismo que irradia su sonrisa.

Vídeo 1: Fundación Olivares https://www.youtube.com/watch?v=JWweIMMzW-M

Vídeo 2: Corazones con Magia https://www.youtube.com/watch?v=f5-6VkdkXXE

Por último os dejo dos vídeos, el primero de presentación del reto y el segundo con un resumen del proceso de donación.

Vídeo 3: Reto #YoAdelantoTúDonas y #CorazonesConMagia  https://youtu.be/VV32xEZRl54 

Vídeo 4: Cómo donar en #CorazonesConMagia https://youtu.be/oP1yDY3wAEI

Gracias de todo corazón a todos los colaboradores y difusores de esta campaña tan cargada de Alma, Magia y Corazón, como la propia Fundación.








El poder del olfato: "El perfume es el arte que hace hablar a la memoria" (Francis Kurkdjian)

 

El poder del olfato: "El perfume es el arte que hace hablar a la memoria" (Francis Kurkdjian)                

    En este mes de Mayo, conocido como el mes de las flores, he decidido escribir sobre el olfato. Como ya he comentado en otras publicaciones, casi todos los meses hay algún detonante que causal o casualmente me conduce hasta el tema a desarrollar. En esta ocasión fue un intenso olor a aceite el que me llevó a reflexionar sobre esta cuestión. Un amanecer habitual, en el que disfrutaba de mi carrera matutina un poco más tarde de lo normal (cosas del toque de queda) pasé por las puertas de una conocida fábrica de Dos Hermanas y un intenso olor a aceite activó recuerdos que permanecían ocultos entre los entresijos de mi mente. El primer trabajo que recuerdo de mi padre fue en una refinería de aceite de oliva. Hacía muchos años, tanto que había perdido la cuenta, que no recordaba ese intenso olor al zumo de aceituna que lo impregnaba todo. Especialmente ese mono azul de trabajo que hacía las veces de uniforme y que por muchas veces que mi madre lo refregase en la pila (soy tan viejo que cuando nací no todo el mundo tenía lavadora automática y el suavizante creo que ni existía) no perdía ese intenso aroma. Pude sentirlo con tal claridad que pensé que investigar y escribir sobre el olfato no sería mala idea.

Además de esta experiencia, tengo que reconocer que mi nariz (puede que junto a mi calva) sea uno de los rasgos más característicos de mi físico. Como nunca tuve la más mínima intención de ser modelo, sería una rinoplastia lo último que me haría (aunque respete y entienda a quien no está contento con su nariz y decida retocársela). De hecho siempre cuento como anécdota que en una intervención quirúrgica en la que me extirparon un pólipo nasal el celador que me llevaba en la camilla de camino al quirófano confundió la documentación y cuando se refirió a mí como el paciente de la rinoplastia estuve a punto de salir corriendo… Tras esta operación tuve la fortuna de recuperar totalmente mi olfato que había permanecido parcialmente taponado por el pólipo, volviendo al fascinante mundo de los olores. Anécdota aparte, mi relación personal con mi nariz y la vivencia anterior parecían indicar que el tema sería interesante.

Empezando por el continente, me han parecido cuanto menos interesante los estudios existentes sobre las diversas formas de narices. Según la investigación del doctor Abraham Tamir, de la Ben-Gurion University, tan sólo hay 14 tipos de narices caucásicas distintas. En la mayoría de las páginas web de las clínicas estéticas hacen mención al estudio y podréis comprobar en qué tipo estáis clasificados. Aquí os dejo un ejemplo.

https://clinicamarch.com/rinoplastia-nariz-personalidad/

Tras estas pinceladas sobre las distintas formas y tamaños en las que este apéndice se muestra a todos, me dispongo a hablar un poco del olfato, ese sentido olvidado. Hay gente que lo considera como el más importante de todos por la relación directa que tiene con nuestro instinto de supervivencia. Nada más nacer, es de los primeros sentidos que entran en juego para guiarnos al olor de la leche materna, que normalmente será nuestro principal alimento durante esta primera etapa. 

Las especiales circunstancias especiales que estamos viviendo (léase la omnipresente pandemia) también han permitido al olfato recuperar su protagonismo a veces olvidado. Su pérdida (junto con la del gusto) es uno de los temidos síntomas que suele evidenciar la aparición de la maldita enfermedad. He tenido la oportunidad de entender la conexión tan estrecha que guardan ambos sentidos. De hecho, he llegado a oír que si perdemos el olfato sólo podríamos distinguir los sabores salados, dulces, agrios y amargos, pero nos perderíamos toda la gama de matices que nos permiten disfrutar de nuevos sabores. 

El proceso del olfato explica la potencia evocadora de este sentido. Copio y pego a continuación e intento no equivocarme, porque como estaréis imaginando, un conocimiento tan elevado queda fuera de mi alcance. Las moléculas volátiles que componen el olor aterrizan en los millones de células receptoras que componen el epitelio olfatorio y que se encuentran en el interior de nuestra nariz. Allí se traducen en mensajes que alcanzarán nuestros bulbos olfatorios del cerebro, desde donde emprenden un doble camino. Por un lado, se encaminan a la corteza primaria, donde se integra toda la información. Simultáneamente viajan hasta la corteza piriforme, que se encarga de integrar respuestas emocionales, aprendizaje y memoria con el sistema límbico. Gracias a la amígdala el aroma se conecta con una emoción, mientras que el hipocampo relaciona el olor con un recuerdo en la memoria. Por eso un determinado olor (como me ocurrió a mí con el del aceite) nos hace viajar hacia el pasado y activa el recuerdo de momentos vividos, desencadenando unas respuestas automáticas en nuestro organismo que no podemos controlar.  Este complicado proceso hace al sentido del olfato distinto a todos los demás, al no realizar el relevo sináptico en el tálamo (que bien suena, aunque no tenga ni idea de lo que significa…)

Hay estudios que afirman que recordamos el 35% de lo que olemos, frente al 5% de lo que vemos, el 2% de lo que oímos, y el 1% de lo que tocamos lo que también resulta una clara evidencia del poder evocador del olfato.

La potencia del sentido ha supuesto el desarrollo de la aromacología, dedicada al estudio de la relación entre psicología y olores y que nos enseña básicamente las reacciones sentimentales, emocionales y corporales que desencadenan los distintos olores. Los estudios realizados en este campo proporcionan validez científica a las siguientes afirmaciones, entre otras muchas.  El olor a valeriana disminuye la presión arterial; los de naranja y lavanda nos relajan muscularmente; los aromas dulces, especialmente el de rosas, disminuyen el ritmo cardiaco; el de jazmín reduce el tiempo de reacción a una decisión y la lavanda lo aumenta y los olores a limón, eucalipto y lirio inciden favorablemente en la capacidad para memorizar. 

Estudios científicos más avanzados evidencian la posibilidad de comunicar nuestros estados emocionales sólo con señales químicas. Sin querer entrar mucho en detalle para no herir la sensibilidad de nadie, el olor del sudor que desprendemos cuando sentimos determinadas emociones (por ejemplo, cuando sentimos miedo o asco al ver una película) puede provocar esas emociones en sujetos expuestos al mismo, desencadenándose expresiones faciales alineadas con esas emociones de forma automática sin posibilidad de controlarlas. Parece ser que nuestra comunicación no se realiza exclusivamente en términos de lenguaje y gestos, sino que hay algo más “flotando” en el aire, que podría explicar muchas situaciones. 

El olor también resulta fundamental en uno de los aspectos más influyentes de nuestra vida como es el caso de la elección de pareja. Hay algunos estudios que demuestran que el CMH (Complejo Mayor de Histocompatibilidad, un grupo de proteínas y geles que intervienen en el reconocimiento olfativo) es un factor importante en la elección de pareja, ya que solemos escoger como compañero de viaje a aquél cuyo CMH es más distinto al nuestro.

También resulta muy interesante el concepto negativo que tenemos del olor corporal, porque inmediatamente lo asociamos a falta de higiene o ausencia de cuidado personal. Tenemos una auténtica cruzada personal contra él intentando disimularlo con todo tipo de productos, algo totalmente alejado de la conducta del resto de los mamíferos. Dicen que puede que el gran cambio se produjo cuando comenzamos a caminar erguidos y nos alejamos de la tierra, donde los aromas se sienten con mayor intensidad.

También resulta interesante el fenómeno conocido como la “magdalena de Proust”. En su novela “En busca del tiempo perdido” el autor francés nos regala este sobresaliente texto que con su estilo tan particular pone de manifiesto el poder del olfato (y el del gusto, que ya hemos dicho que está íntimamente unido al del olor):

“(…) Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tilo, los domingos por la mañana en  Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa), cuando iba a darle los buenos días a su cuarto. Ver la magdalena no me había recordado nada, antes de que la probara; quizá porque, como había visto muchas, sin comer las, en las pastelerías, su imagen se había separado de aquellos días de Combray para enlazarse a otros más recientes; ¡quizá porque de esos recuerdos por tanto tiempo abandonados fuera de la memoria no sobrevive nada y todo se va desagregando!; las formas externas también aquella tan grasamente sensual de la concha, con sus dobleces severos y devotos., adormecidas o anuladas, habían perdido la fuerza de expansión que las empujaba hasta la conciencia. Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más, persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo.

En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tilo que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina, y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando había buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cachar ro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té.”

Hablando de escritores, fue Hellen Keller (escritora y activista sordociega norteamericana) la que describía el olfato como «un hechicero poderoso que nos transporta miles de kilómetros y hacia todos los años que hemos vivido».

Y por último, aunque no por ello menos importante es la influencia que los olores tienen en el comportamiento de los consumidores y con ello en el neuromarketing. ¿Quién puede resistirse al olor a nuevo que rezuman los coches por estrenar? En un mundo donde la publicidad se ha centrado casi en exclusiva en la vista y el oído, el olfato aparece como la gran posibilidad de diferenciación en un mundo casi sin descubrir. Sin ir más lejos, todos los que hayamos tenido la posibilidad de visitar alguno de los parques de Disney hemos podido comprobar el intenso y atrayente olor a palomitas de maíz que lo envuelve a todo, incitándonos a su consumo. Quizás en un futuro más cercano de lo que pensamos el marketing olfativo en el que las grandes marcas ya están dando sus primeros pasos, generalizará el uso del aroma como medio de comunicación entre la marca y el consumidor para poder fidelizarlo. De hecho, dicen que la memoria puede almacenar hasta diez mil aromas distintos, mientras que sólo reconoce doscientos colores.  Paradójicamente existen nombres para toda una gama de matices de colores, pero ninguno para los tonos y los tintes de un olor. El campo que se nos abre frente a nosotros es inmenso.

Muchas gracias como siempre por vuestro tiempo invertido en la lectura de estas reflexiones en voz alta. Huelan, que la vida es breve. Hasta el mes que viene.

               

 



sábado, 24 de abril de 2021

LESSONS IN LOVE (IN LIFE – LECCIONES DE LA VIDA Y SENTIDO COMÚN AL PODER)

Reconozco que después de haber cometido la osadía de hablar sobre felicidad el mes pasado me había colocado el listón demasiado alto. En Abril, un mes muy importante en mi vida porque celebro entre otras cosas mi aniversario de bodas y el nacimiento de mi hija Daniela, no quería defraudarme a mí mismo. 

Así que mirando hacia atrás en este medio siglo largo de vida he decidido compartir con vosotros algunas lecciones que he ido aprendiendo en estos años. No se trata de complicadas teorías cuánticas, sino de unas normas básicas, cargadas de sentido común que algunas veces parecen tan obvias que olvidamos aplicarlas. Hablando de ponerlas en práctica, y como muy bien dice mi Maestro Antonio Garrido cuando hace mención a su definición de “obviosis”: “Saber y no hacer es como no saber”. Todos conocemos estas reglas del juego, lo complicado (sobre todo de entender por qué no lo hacemos) es aplicarlas en nuestro día a día.

 Para bautizar la publicación, vino a mi mente la canción de Level 42 “Lessons in love”, que aunque no define exactamente de lo que quería hablar, la he utilizado de igual forma.

Ahí va mi lista, a vuestra libre disposición. Si aparentemente estáis de acuerdo con estas normas, podéis probarlas por si os funcionan. No pretendo que se conviertan en consejos, para evitar que me podáis aplicar el castizo refrán de “consejos vendo que para mí no tengo…”

Cosechas lo que siembras. Mi Maestro de Ahumor Alonso Pulido lo dice de forma muy gráfica: “Si siembras tomates, recogerás tomates. Si siembras pimientos, recogerás pimientos…”. Nuestro refranero también hace mención a esta regla con “el que siembra tormentas, recoge tempestades”. También podríamos encontrar algo de este principio de agricultura en el llamado “karma”. En la religión budista, es la creencia en que toda acción tiene una fuerza que influye en las sucesivas existencias del individuo. 

Sin necesidad de ponernos tan filosóficos, es de bastante sentido común que sobre todo en las relaciones con los demás, obtenemos lo que damos. Puede que debido a la existencia de las denominadas “neuronas espejo”, que "reflejan" el comportamiento del otro, como si el observador estuviera realizando la acción. Seguro que si todos aplicásemos esta ley el mundo sería un lugar mucho mejor. Como ejemplo este vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=fJkWfHUaHTw


Conócete a ti mismo. Este imperativo decoraba el pronaos del templo de Apolo en Delfos (γνωθι σεαυτόν) Ya los griegos conocían de la importancia de que el conocimiento de nosotros mismos es la base sobre la que se sustenta todo lo demás. Varios siglos después, Goleman definió al autoconocimiento como el primer elemento de la llamada inteligencia emocional. Sin conocernos a nosotros mismos, sin ser conscientes de nuestras fortalezas y nuestras debilidades nuestro día a día se complica mucho más. Es muy complicado conocer a los demás (otra de nuestras principales tareas en esta vida, dada nuestra dimensión social) si no nos conocemos a nosotros mismos. Y volviendo a la publicación del mes pasado, donde parecía que la felicidad se encontraba en nuestro interior, necesitamos conocernos a nosotros mismos para saber en qué parte de nosotros mismos podemos hallarla.  


Cuando ayudas a los demás recibes muchísimo más de lo que das. Mi amigo Juan Luis Muñoz Escassi, creador del “Reto Pichón”, de las conferencias “Tu 100x100” e inspirador de muchos entre los que me encuentro, dice muy gráficamente que ayudemos a los demás para ayudarnos a nosotros mismos. Viniendo del presidente de la AFA (Asociación de Fundaciones Andaluzas) no debe estar muy equivocado. Yo recibí esta valiosísima lección de manos de una voluntaria de la Fundación Olivares, con los que tengo el gusto de colaborar cuando tengo ocasión. Fue un día del mes de Octubre de 2014, cuando los compañeros del desparecido club de triatlón Bikila Dos Hermanas llevamos a cabo el acto de presentación de nuestro primer Calendario Solidario a beneficio de los niños de la Fundación. Ese día, en el que además tuvimos la oportunidad de recibir la visita de una expedición de la Fundación, esta chica al ver la emoción que transmitía mi rostro, se acercó a mí y me hizo partícipe de este secreto que debería ser conocido por todo el mundo. Creo que hay cierto matiz de “egoismo postiivo” en este punto. La solidaridad, aunque aparentemente sea con los demás, en realidad lo es con nosotros mismos. Y aquí, más importante que lo qué hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos, dónde lo hacemos y en qué medida creo que es el por qué lo hacemos. Encaja perfectamente esa frase de la Madre Teresa de Calcuta que tantas veces repito y que forma parte de mi vida: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”. Seamos todos gotas en ese inmenso océano de la vida ayudando a los demás, porque recibiremos más de lo que damos, y al final nos estaremos ayudando a nosotros mismos.


Cuidado cuando subes con el que va bajando, porque la vida es larga y mañana puede ser al revés. Esta frase me la repetía mi padre desde que alcanzo a recordar. No es bueno pisar a nadie, además de por lo que se indica en la lección uno (siembras lo que recoges) porque la vida es caprichosa y un día te puede elevar a las alturas para al día siguiente hundirte en sus más oscuros y profundos pozos. En mi más de medio siglo de vida me he encontrado en más de una ocasión muy por encima mía a alguien a quien en el pasado había podido contemplar desde lo más alto de la montaña. Menos mal que mi padre me insistió en el tema (posiblemente porque él llegó bastante alto viniendo desde muy abajo) y al menos de forma consciente, nunca he intentado hacer daño a nadie.  


Sé tú mismo. Otra de las grandes enseñanzas de mi padre, y que puede guardar alguna relación con la anterior. Después de conocerte a ti mismo, sembrar lo que recoges y tratar a los demás con humildad y compasión, no te queda otra que ser tú mismo.  Como decía en el punto anterior mi padre pasó de trabajar detrás de la barra de una de las tabernas de los años cincuenta a ser confundido con el mismísimo Notario cuando acabó trabajando en una Notaría muchos años después. La vida le dio la oportunidad de relacionarse con gente de lo más diverso, pero Manuel Jurado, el “Chole”, como lo conocían los suyos era siempre el mismo. Trataba con la misma sencillez y desparpajo al aparcacoches en la calle que al mismísimo Registrador de la Propiedad, moviéndose con una increíble comodidad en cualquier ambiente por muy lejano que estuviese de sus humildes orígenes. Recuerdo especialmente cuando me decía: “Qué alguien tenga más dinero que tú no lo hace superior a ti, sé tú mismo, que es lo que importa”. Y a continuación me soltaba lo de la escalera de la vida.  Reconozco que echo de menos sus lecciones magistrales, aunque es cierto que él era más de hechos que de palabras, que es como realmente se enseña.



Carpe Diem. Vive el momento. La vida es demasiado corta como para perder el tiempo mientras pasa.  Vivir el momento y disfrutar de lo que tenemos cada día es uno de los consejos más valiosos que podemos recibir (aunque recuerdo que no estoy precisamente dando consejos).  Aquí sí me viene como anillo al dedo una de las estrofas que forma parte de la canción que titula esta entrada: “If we lose the time before us, the future will ignore us” (si perdemos el tiempo que hemos pasado, el futuro nos ignorará)

Por último, para hacernos conscientes de lo efímero de nuestra existencia, os adjunto un enlace con una publicación brutal que muestra en forma de gráficos nuestra vida en semanas. Basta colocar el ratón en nuestra edad actual para que un escalofrío recorra todo nuestro cuerpo al pensar lo que hemos dejado atrás y lo que teóricamente tenemos por delante. La sensación se intensifica en el caso de que, como ocurre con un servidor, ya le hayamos dado la vuelta al jamón.


https://waitbutwhy.com/2014/05/life-weeks.html


Respira. Lo primero que hacemos al llegar a este mundo, lo que no dejamos de hacer mientras estamos aquí y lo último que hacemos antes de marcharnos no debe ser algo banal. A pesar de esto, es una de las muchas cosas que damos por hechas y la llevamos a cabo en modo de piloto automático, sin ser conscientes de su importancia. La práctica del mindfulness nos lleva entre otras cosas a centrarnos en esta tarea tan cotidiana como importante. Respirar conscientemente calma la mente, alimenta el espíritu y relaja el cuerpo. Y además es gratis… Desgraciadamente no nos damos cuenta de su importancia hasta que no tenemos dificultades para llevarla a cabo, como ocurre en la mayoría de los aspectos de la vida.



Paciencia. Esta no es precisamente una de mis virtudes, ni creo que del resto de la humanidad. Parafraseando a Fred Brooks, que en 1975 acuñó la ley del mismo nombre, "nueve mujeres no pueden tener un bebé en un mes". Todo lleva su tiempo. En relación con la paciencia no puedo pasar por alto la metáfora del bambú. Si quieres cultivarlo, debes saber que tarda hasta siete años en desarrollar sus fuertes raíces bajo la tierra, hasta que, tras romper el suelo, pueden alcanzar una altura de hasta veinticinco metros en sólo seis semanas. Pero no basta con echar las semillas y dejarlas creer. Hay que cultivarlas, regarlas, cuidarlas y trabajarlas durante todo ese tiempo. Siete años en los que aparentemente no vemos ningún avance pero el bambú sigue haciéndose fuerte bajo tierra. Escuché la historia del bambú por primera vez haciendo referencia al proceso de educación de los hijos, y no puede ser más acertada. Durante años pasas inculcando tus valores a tus descendientes pensando que caen en saco roto, cuando en realidad no dejan de fortalecer sus raíces que le permitirán explotar y convertirse un día en unas maravillosas personas, altas y fuertes como el propio bambú.  


El espectáculo debe continuar. Pase lo que pase, como decía el gran Freddy Mercury, “El espectáculo debe continuar”. No te queda otra opción que seguir, como dice la mamá de Mara en este emotivo vídeo de la Fundación Olivares, en su colección “Historias con Alma”. Con este vídeo poco más tengo que decir.


https://www.youtube.com/watch?v=6dmjB8x_u78 


Agradece.  La gratitud es otra de las lecciones más valiosas que podemos aceptar. Pocas cosas en la vida tienen un efecto más positivo que unas “gracias” desde el corazón.  En este sentido, me encanta una de las frases que cita Anxo Pérez (el mismo individuo con pelo rizado que inunda nuestros anuncios de Youtube prometiéndonos hablar cualquier idioma en tiempo récord gracias a su método 8 Belts, y que fue capaz de convencer en un restaurante al mismísimo César Alierta de Telefónica de que todos sus ejecutivos utilizasen este método para aprender chino) en su libro “Los 88 peldaños del éxito”. Viene a decir, que cuando conseguimos algo no es el momento de vanagloriarnos ni darnos palmadas en la espalda por lo buenos que somos, sino de agradecer a todos los que nos han ayudado a conseguirlo. He intentado hacer de esta frase casi un mantra particular e intento dar las gracias el mayor número posible de veces. De hecho, llevo años escribiendo un “diario de gratitud” donde todas las noches antes de irme a dormir, escribo algo sobre tres cosas por las que me he sentido agradecido en ese día. Por muy complicado que haya resultado, siempre se pueden encontrar tres cosas por las que estar agradecido (estar vivo en el momento de escribir, recién cenado y a punto de irme a dormir a una cómoda cama bajo techo deberían ser más que suficientes, pero siempre aparecen más) Irme a dormir con esa emoción de gratitud no sólo influye favorablemente en mi sueño sino creo que también impacta de forma positiva en mis niveles de felicidad. De hecho, mis hijos, sabios como todos los niños, cuando eran pequeños llamaban a mi diario de la gratitud el libro de la felicidad de papá.

Un mes más, quiero agradeceros vuestro tiempo invertido en la lectura de estas líneas (que creo que este mes ha sido un poco más). Sin ánimo de dar consejos, como decía antes, la vida me enseñó que se cosecha lo que se siembra, que tengo que conocerme a mí mismo, que cuando ayudo a los demás recibo muchísimo más de lo que doy, que tengo que tratar bien a los demás con independencia de donde se encuentren, que debo ser yo mismo, que hay que vivir el momento, que tengo que ser consciente al respirar, debo tener paciencia, y que pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. Gracias otra vez, y hasta el mes que viene.






 

jueves, 25 de marzo de 2021

EN BUSCA DE LA FELICIDAD (SPOILER: ESTÁ EN NUESTRO INTERIOR)

             Justamente tres años después, retomo el mismo tema que dio origen a la publicación de Marzo de 2018. Quizás porque este año, aprovechando el día Mundial de la Felicidad que se celebra el 20 de Marzo, he tenido la oportunidad de asistir a algún que otro seminario (virtual, por supuesto), celebrado en el marco de la World Happinesss Week en el que me ha quedado patente que el concepto que teníamos de la felicidad ha cambiado significativamente (creo que para mejor) en los últimos años. He querido reflejar de alguna forma esta evolución en el título de la entrada del blog. Si hace un trienio era un modesto “Hablando de felicidad” ahora ya soy más ambicioso y pido prestado el título de la genial película de Will Smith llamada “Buscando la felicidad”, para a continuación dar pistas sobre su localización.

Recuerdo hace unos quince años, en mi etapa de padre primerizo, cuando acudía junto a mi mujer a unas sesiones de la Escuela de Padres del Ayuntamiento de Dos Hermanas, donde desarrollábamos unos talleres que llevaban por título “Aprendiendo a ser feliz”. Cuando comentábamos el tema con los amigos, algunos de ellos padres también, la mayoría se mostraban sorprendidos de que asistiésemos a clases de un curso con este nombre.

La felicidad, que parece ser el estado natural por defecto del ser humano (ése que traemos instalado de fábrica en nuestro sistema operativo) parece olvidarse cuando vamos cumpliendo años (la verdad es que podríamos celebrar aniversarios, porque la expresión que utilizamos normalmente “huele” un poco a condena) y  vamos transitando por el camino de la vida.

La felicidad, sobre la que existe la controversia de si sería conveniente considerarla como una decisión o como una obligación, creo que debería ser casi de obligado cumplimiento en el caso de los padres.  Al tener hijos tenemos entre otras, la dura y a la vez satisfactoria misión de dejar a nuestros hijos este legado, para que al menos tengan la oportunidad de decidir cuando sean adultos si quieren volver a la felicidad.

Volviendo al inicio y retomando el tema de la World Happiness Week que ha inspirado esta publicación, me sorprende muy gratamente la evolución tan positiva que ha tenido el tema de la felicidad en los últimos tiempos.

Paloma Fuentes, Gerente de Felicidad en Mahou, una verdadera referencia en este campo, abrió el evento con una conferencia sugerentemente titulada “Explorando las habilidades de la felicidad en las organizaciones”. Es una delicia seguir sus publicaciones por la positividad e ilusión que transmite. Si hace unos años hablar de felicidad en el trabajo casi se consideraba una utopía, actualmente hay empresas pioneras que hacen de la felicidad una importante ventaja competitiva porque no tienen dudas de que la felicidad de los empleados guarda una relación directa y estrecha con la productividad, los resultados y el futuro de la compañía. Todavía hoy hay quien recela de esta figura, pero en unos años el “Chief Happiness Officer” será tan habitual en las empresas como los aficionados corriendo por la calle (que por cierto, también éramos mirados de forma extraña hace unos años cuando éramos minoría.)

Si hablamos de Directores de Felicidad, Chade-Meng Tan es otra referencia a nivel mundial. El conocido como el tipo afable y alegre («cosa que nadie puede negar», como se afirma en su tarjeta de visita) fue uno de los primeros ingenieros que formaron parte de Google. Uno de los pioneros del crecimiento personal en el trabajo, desarrolló el programa “Busca en tu interior” (“Search Inside Yourself”) uniendo inteligencia emocional y mindfulness con la intención de impulsar el rendimiento de una de las empresas más innovadoras y exitosas del mundo.

Entre los beneficios de la inteligencia emocional se encuentran la de generar un liderazgo sobresaliente e inspirador, incrementar el rendimiento de forma espectacular y facilitar las condiciones que hacen posible la felicidad. Aún sin descartar los dos primeros, de indudable relevancia, nos centraremos en el último que es el que sirve de hilo conductor al artículo. Con independencia de la evidencia empírica que puedan arrojar los distintos estudios, el sentido común parece hacernos ver que los cinco componentes de la inteligencia emocional parecen estar bastante alienados con la búsqueda de la felicidad. Vayamos con ello.

õ  Autoconocimiento. Conocer los propios estados internos, preferencias recursos e intuiciones parece algo muy lógico para llegar a ser feliz. Si no nos conocemos suficientemente, no será fácil buscar aquello que nos hace feliz. El “Conócete a ti mismo” que coronaba el frontón del templo de Apolo en Delfos ha perdurado a lo largo de los siglos, convirtiéndose en un mantra imprescindible del crecimiento personal.

õ  Autogestión. Como gestión de los estados internos, impulsos y recursos. Aquí radica uno de los pilares de la libertad del ser humano. Como citó Víctor Frankl. “Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio se encuentra nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta está nuestro crecimiento y nuestra libertad.” Es pasar del reaccionar al responder, paso también imprescindible para ser felices.

õ  Motivación. Entendida como la existencia de motivos que nos empujan a actuar. Estamos motivados cuando tenemos alineamiento y lo que hacemos es coherente con nuestros valores, cuando tenemos visión y somos capaces de ver el futuro que deseamos, y cuando tenemos resiliencia, superándonos, adaptándonos y aprendiendo de los tropiezos. Tampoco parece que esto vaya muy en contra de la percepción de la felicidad, por muy subjetiva que sea.

õ  Empatía. La capacidad para experimentar y entender lo que otros sienten, pero manteniendo la clara separación entre nuestros sentimientos y los de la otra persona también es muy útil de cara a incrementar nuestros niveles de felicidad, si consideramos nuestra dimensión básicamente social. Nuestras relaciones suelen determinar nuestro nivel de felicidad, y hay pocas perspectivas mejores que la empatía para gestionarlas.

õ  Liderazgo: La capacidad de ser espejo para los demás, de inspirar a otros, es pieza inseparable de la felicidad. De hecho, dicen que la felicidad es de las cosas que se incrementan al compartirla.

Buscando información al respecto me he encontrado con una frase que se atribuye a Benjamin Franklin y me ha parecido espectacular, además de bastante acertada: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días” Todas las habilidades anteriores, que entre otras cosas son entrenables, y por tanto, mejorables, nos permiten dar cada día pequeños pasitos en busca de la felicidad. Al final, creo que la vida no es más que un continuo aprendizaje. El día que dejamos de aprender, dejamos de morir…

Finalizo la publicación con uno de esos cuentos que tanto me gustan. Éste sobre la Rabiya lo aprendí precisamente en la Escuela de Padres a la que hacía referencia al inicio de la publicación. La anciana mujer, como haría el señor Mang de Google varios cientos de años después, tenía muy claro que la felicidad se encuentra en nuestro interior.

Una tarde la gente vio a Rabiya buscando algo en la calle frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana. ¿Qué pasa? Preguntaron- ¿Qué estás buscando?

- ¡Perdí mi aguja – dijo ella!

Y todos la ayudaron a buscarla. Pero alguien le dijo:

– Rabiya, la calle es larga, pronto no habrá más luz. Una aguja es algo muy pequeño, ¿por qué no nos dices exactamente dónde se te cayó?

– Dentro de mi casa- respondió ella.

– ¿Te has vuelto loca? – gritó la gente- si la aguja se te cayó dentro de tu casa, ¿Por qué la buscas aquí fuera?

– Porque aquí hay luz y dentro de la casa no la hay.

– Pero aún habiendo luz, ¿Cómo podemos encontrar la aguja si no es aquí donde la has perdido? – Lo correcto sería llevar la lámpara a la casa y buscarla allí.

 Y Rabiya se rió.

-  ¡Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas! ¿Cuándo vais a utilizar esta inteligencia para vuestra propia vida interior? En el tiempo que os conozco os he visto siempre infelices, intentando cubrir vuestra felicidad con cosas exteriores, buscando afuera lo que sé, por mi propia experiencia, que se encuentra dentro de vosotros mismos. Usad vuestra inteligencia. ¿Por qué buscáis la felicidad en el mundo exterior? ¿Acaso la habéis perdido allí?

                Gracias como siempre por vuestro tiempo invertido en la lectura de estas reflexiones en voz alta y sed felices, que Abril está a la vuelta de la esquina. Ya sabéis, buscad la felicidad en vuestro interior, aunque esté oscuro. Al final acabará apareciendo.

                Y para poner la guinda al pastel la foto extraída de la película de Will Smith que bautiza esta publicación con una de mis frases favoritas y que durante tanto tiempo decoró las habitaciones de mis hijos:

“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo. Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo por ellos mismos, te dirán que tú tampoco puedes hacerlo. ¿Quieres algo? Ve por ello y punto”

                Para seguir este consejo creo que tienes que conocerte, gestionar tus emociones, motivarte, empatizar con los que te dicen que no podrás hacerlo, liderar a los demás con tu ejemplo, y ello te llevará, inevitablemente a esa felicidad que habita en tu interior.





sábado, 27 de febrero de 2021

Hablando de lemas vitales, "El espectáculo debe continuar" (The show must go on)

Este mes ha sido un artículo de LinkedIn el que me ha inspirado el contenido de esta publicación. Reme Egea Pastor hablaba sobre las seis enseñanzas de liderazgo que nos dejó el gran Freddie Mercury. Los que me conocéis sabéis que es uno de mis ídolos, además de ser el padre de la canción que coincide en su título con uno de mis lemas vitales. El genial “The show must go on” (“El espectáculo debe continuar”) resume en una sola frase bastantes puntos de mi filosofía vital.

Creo que al final todos tenemos nuestros propios lemas. Algunos son temporales, y nos acompañan en función del momento vital que nos ha tocado vivir, pero otros continúan marcándonos el camino durante casi toda nuestra vida. En mi caso este lema no creo que lleve conmigo más de diez años. No recuerdo exactamente cuándo me apropié de la frase de Freddie, pero sí que tuvo que ver con el inicio de mi relación con los deportes de resistencia. En entrenamientos y pruebas donde lo normal es pasar varias horas enchufados el principal enemigo con el que nos solemos encontrar son los pensamientos que nos pueden llevar a abandonar. El cansancio físico, pero sobre todo el psicológico, suelen hacer su trabajo para empujar a la mente hasta el borde del abismo del abandono. Ante ello, no hay mejor medicina y antídoto que interiorizar que pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. 

¿Por qué un lema vital? Al no tener mucha idea de psicología (como de otras muchas cosas), he pensado que un acercamiento al significado de los lemas en marketing podría darme una aproximación bastante certera.

Entre otros aspectos, los puntos que más he considerado que pueden justificar la elección de un lema son los siguientes:

- Expresan la promesa de la marca de forma directa. Si soy coherente con mi lema, bastará conocerlo para saber que soy un tío que pase, lo que pase, siempre continuaré con el “show”.

- Usan palabras suficientes para generar emociones. Creo que el “The show must go on” no suele provocar indiferencia emocional. Son pocos los que no reconocen en estas palabras al artista que las hizo famosas.

- No mencionan a la competencia y destacan cualidades reales y duraderas. Tampoco creo que existan dudas al respecto.

- En lo que me he perdido un poco es en lo de ser único y original, diferenciándonos del resto. El “The show must go on” está muy lejos de ser mío y obviamente está disponible para todo el que quiera utilizarlo. 

¿Qué significa para mí el “The show must go on” (TSMGO)? Más allá de su traducción en inglés, la reflexión irá en torno a las implicaciones personales que para mí tiene. 

Personalmente veo mucha conexión entre el “TSMGO” y las mal llamadas “soft skills” (essential skills, que dice mi amiga Cristina Jardón) que forman parte de la inteligencia emocional, algo con lo que cada vez estoy más conectado.

Autoconocerse implica que el espectáculo deba continuar, porque en este gratificante pero a la vez duro proceso de descubrir cómo somos realmente, en muchos momentos nos vamos a encontrar “cositas” que no nos van a gustar, pero que no serán excusas para detener el proceso.

Autogestionarse, y con ello autocontrolarse, tampoco será un camino de rosas. No todos serán éxitos, también llegarán los fallos (no fracasos, porque esta palabra no debería existir en nuestro diccionario, de forma parecida a como ocurre con la lengua inglesa) que serán una fuente inagotable de aprendizaje. Así que aunque nos equivoquemos, el espectáculo siempre debe continuar.

Automotivarse es un proceso de continuidad máxima. Uno de los tres pilares básicos de la automotivación, la resiliencia, es la máxima expresión del “TSMGO”. Pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. Esta frase convertida en mantra nos proporciona un depósito de motivación casi inagotable. Si lo interiorizamos realmente, pocas adversidades conseguirán frenarnos.

Empatizar también requiere mucho de “TSMGO”. La empatía, definida como la capacidad de entender a los demás sin contagiarnos de ellos es un auténtico ejercicio de continuidad del espectáculo. Sólo avanzando en este sentido conseguiremos el objetivo de empatizar con los demás.

Liderar, entendido como servir de referencia a los demás es también la más viva expresión del “TSMGO”. De hecho, el artículo que ha inspirado esta publicación iba sobre las enseñanzas de liderazgo que nos dejó el maestro Freddy. Me parece una “causalidad” y una forma original de cerrar el círculo. 

Por último, una relación de situaciones dónde creo que el uso del “TSMGO” puede ser bastante útil.

- Aunque el mundo se haya parado por culpa de un virus cuyas partículas agrupadas no ocuparían ni siquiera una lata de refresco de un tercio, el espectáculo debe continuar…

- Aunque no podamos ver la luz al final del túnel, y creamos que estamos a punto de rendirnos, el espectáculo debe continuar…

- Aunque el paso del tiempo comience a hacer huella en nosotros, el espectáculo debe continuar…

- Aunque echemos de menos los abrazos, los besos, y los encuentros multitudinarios (que en el lugar y momento de escribir esta publicación puede referirse a una reunión de cinco personas) el espectáculo debe continuar…

- Aunque cuando suene la alarma por las mañanas te entren ganas de todo, menos de levantarte, el espectáculo debe continuar…

- Aunque te preguntes si realmente estás viviendo la vida que quieres vivir y las señales parezcan confirmarte que no, el espectáculo debe continuar…

- Aunque el mundo parezca ir en un sentido contrario al tuyo, el espectáculo debe continuar…

- Aunque no te guste lo que ves por las mañanas al levantarte frente al espejo, el espectáculo debe continuar…

- Aunque la estupidez de la raza humana y el universo sean las dos únicas cosas que no parecen tener límite, el espectáculo debe continuar…

- Aunque nada golpee más fuerte que la vida, el espectáculo debe continuar…

- Aunque la tormenta no parezca tener fin, el espectáculo debe continuar

- En definitiva, pase lo que pase, el espectáculo debe continuar…

Cuando el espectáculo continúa como debe hacerlo, somos capaces de revertir la mayor parte de las situaciones que se describen en la primera parte de las frases anteriores, y si no lo somos, al menos podemos aceptarlas.

Finalizo como siempre dando las gracias por vuestro tiempo invertido en leer estas reflexiones personales en voz alta. Ya sabéis que pase lo que pase, “The show must go on”. Nos “vemos” en Marzo. La imagen de este mes me sitúa frente a una fotografía de mi ídolo Freddy “coronado” por una de mis múltiples pulseras, regalo de un muy buen amigo, que lleva inscrito mi lema vital “Show must go on”.







miércoles, 27 de enero de 2021

MIRAR CON (Y A) LOS OJOS

         Estrenamos año y con él publicación en el blog. Buscando como siempre temas de inspiración diaria, y poniendo esta vez el foco en la consciencia en las actividades que realizamos de la forma más cotidiana, no he podido dejar de fijarme en los ojos de las personas con las que interactúo.

Haber cubierto la parte inferior de la cara con las omnipresentes mascarillas nos ha dado, o al menos a mí así lo ha hecho, la oportunidad de poder fijarme aún más en los ojos. Mirar directamente a los ojos de los demás ha sido tradicionalmente una de mis asignaturas pendientes.  La exagerada timidez adolescente me hizo mucho daño en su día y fijar mi mirada en los ojos de alguien significaba para mí traspasar la importante frontera que separa el país de la introversión y el de la extroversión. A pesar de que los años se llevaron gran parte de la timidez, tengo que reconocer que no me sentía especialmente cómodo mirando a los ojos de los demás. Tan feliz estaba en mi zona de confort, que muchas veces no lo hacía ni siquiera con los que están más cercanos a mí, y mi mirada revoloteaba sin parar por toda su anatomía facial, sin llegar a detenerme en sus ojos.

En los últimos tiempos esto parece haber cambiado. Ya sea con mis familiares más estrechos, con mis amigos, con mis compañeros de trabajo o incluso con los cajeros del súper,  el mirarlos a los ojos me facilita un poco la comunicación que las mascarillas se han encargado de dificultar. Y mirar a alguien profundamente a los ojos, más que un gesto de  invasión de su intimidad, como me parecía antes, me parece un acercamiento sincero al otro. No sé si será algo generalizado, pero me cuesta pensar  mal de alguien a quien estoy mirando fijamente a los ojos. Es como si ejerciesen algún tipo de poder hipnótico y se activasen los circuitos cerebrales encargados de mostrar empatía.  

Estos órganos que rigen el sentido de la vista son uno de los más desarrollados del ser humano. Son conocidos como el espejo del alma, seguramente por lo que son capaces de reflejar. Estas maravillas de la naturaleza tienen una resolución estimada y comparada de 576 megas, en términos de cámaras digitales. Pueden distinguir hasta 10 millones de colores, aunque sea el cerebro posteriormente el que se encargue de identificarlos e interpretarlos. Son un claro reflejo de las emociones humanas. Junto con los párpados y las cejas son capaces de dar una clara idea del estado emocional de su propietario. La dilatación de la pupila es también un indicador de la salud y de la actividad cerebral. Además de esta función “biológica”, la dilatación y contracción de la “niña de nuestros ojos” responden claramente a nuestro estado interno. De ahí que los ojos claros nos parezcan por lo general más atractivos, porque nos es más fácil percibir en ellos las emociones positivas de los demás. Las pupilas dilatadas suelen indicar afinidad con lo que comunicamos, y cuando tenemos empatía con nuestro interlocutor, suelen coincidir los tamaños de las mismas, como consecuencia de la acción de las llamadas neuronas espejo. 

Hay auténticos especialistas, muchos de ellos en la policía, aunque cada vez más en algunos departamentos de personas, que pueden deducir de los movimientos incontrolables de los ojos la posibilidad de que su interlocutor esté mintiendo. De hecho, en función de que seamos zurdos o diestros (lo que determina la predisposición de nuestros hemisferios cerebrales) nuestros ojos se desplazan involuntariamente hacia un lado cuando recordamos y hacia al otro cuando nos inventamos lo que estamos diciendo. Además del desplazamiento, el parpadeo permanente es una evidencia de nervios, aburrimiento o desconfianza. El cierre intermitente de los ojos pretende bloquear de forma inconsciente la visión de la persona que tenemos enfrente.

Pero los ojos no sólo son importantes en la comunicación entre dos personas, también son críticos en el caso de las comunicaciones en público, ante un auditorio. Aunque con la distancia que suele estar presente en este tipo de presentaciones es más complicado fijar la vista de forma tan directa como cuando llevamos a cabo un bis a bis, las miradas son unos de los puntos relevantes de la comunicación no verbal, junto con los gestos y la postura corporal.  Para hablar de tipos de miradas en la comunicación haré uso de la clasificación de mi profesor Fran Carrillo, experto en comunicación y director de “La fábrica de discursos” de quien he tenido la fortuna de recibir clases en esta materia. Fran distingue cuatro tipos de miradas, definiendo una evolución natural de las mismas en el discurso que nos será muy útil como guía:

La mirada de mantequilla, porque recuerda al barrido lateral que llevamos a cabo al untar las tostadas.  Buscamos implicar a toda la audiencia, utilizando un ritmo alto (pero comprensible) tanto en la velocidad de nuestras palabras como en el movimiento de nuestro cuerpo.

 La mirada de queso (fundido), al quedarnos pegados a algunos de nuestros oyentes, como el queso de las pizzas lo hace en el cartón de las cajas que las llevan. Debemos disminuir la velocidad, tanto de nuestras palabras como de nuestros gestos, para acompasarlos con este tipo de mirada, preparando al auditorio para lo que viene después.

La mirada de caramelo, para concentrar la atención y provocar el posterior recuerdo de la experiencia, generando  tensión comunicativa. Nos adherimos a una persona como lo hacen las golosinas al papel de sus envoltorios para enfocarnos en él o ella y ayudarnos a comunicar. Aquí la velocidad se ralentiza, buscando que nuestro oyente se pegue al mensaje, recordándolo para el futuro.

La mirada de chicle. Cuando el discurso se agota llega el momento de finalizarlo, junto con las miradas. Es como la sensación que tenemos con un chicle al que ya hemos extraído toda su esencia. Continuar masticando sólo provocará dolor de mandíbulas sin que tengamos la capacidad para extraer más sabor.

Cambiando de tema, y a modo de curiosidad entre los efectos secundarios de la pandemia he localizado una palabra denominada “pareidolia”. Describe un mecanismo del cerebro que reconstruye estímulos vagos y aleatorios, hasta percibirlos como una forma reconocible. Es algo parecido a lo que nos pasa cuando vemos forma de animales en las nubes. En estos días, ver los rostros permanentemente ocultos en su parte inferior lleva al cerebro a reconstruir la cara en su totalidad, en base a la necesidad que tiene de crear imágenes mentales completas de lo que percibe. Y al parecer el cerebro siempre reconstruye las imágenes buscando la percepción más agradable. A modo de anécdota, escuchaba en la radio el otro día a una maestra de infantil que había debutado este año laboralmente con su clase de niños de 3 años. Después de varios días en clase, tuvo que bajarse la mascarilla para limpiarse la nariz, y uno de los enanos sentados en primera fila le recriminó lo fea que era. La profe no pudo evitar reírse y contarlo en el programa. La psicóloga allí presente explicó el fenómeno de la “pareidolia”. Los cerebros de los alumnos, que no tenían información sobre el rostro completo de su profesora, necesitaban recomponer la parte de la imagen que les faltaba y de forma general la idealizaron, haciéndola lo más agradable posible hasta que la necesidad de mantener su nariz limpia les descubrió la cruda realidad.  

Como penúltima aportación me voy a permitir copiar la cita que aparece en el libro de mi amiga Ángeles García Guerrero “La vuelta al mundo de una trasplantada” cuya lectura recomiendo encarecidamente. La  frase está  dedicada a su donante y hace mención a los ojos, como no podría ser de otra forma en esta publicación: “… donde una joven, a través de tus córneas, miraba un soñado traje de novia en un escaparate, que antes era incapaz de ver, y ni siquiera imaginar, con el que empezaría ese camino de vida junto a un compañero…y tú hacías posible esa realidad”. Si queréis leerlo basta con teclear su título en la barra de búsqueda de “San Google” y se os ofrecerán varias oportunidades de compra. Me quedo también con la frase que aparece en su contraportada, para aprovechar la publicación del blog y hacer un poco de apología de la donación de órganos:  “Un trasplante no sólo es un nuevo nacimiento, es el retorno a una vida digna.”

Sin embargo finalizaré la publicación con una paradoja. Todo este creciente protagonismo que hemos otorgado a los ojos no debería hacernos olvidar la sabia frase de Antoine de Saint-Exupéry en “El Principito” de que “Lo esencial es invisible a los ojos”, o la que sirve de lema a la maravillosa Fundación Olivares, que reza que “lo mejor y más bonito de esta vida no puede verse ni tocarse, debe sentirse con el corazón”. Esta frase es atribuida a Hellen Keller, la escritora, oradora y activista política que a pesar de quedar sordociega a la temprana edad de diecinueve meses fue un inigualable ejemplo para muchos.

Muchas gracias como siempre por vuestro tiempo y nos “vemos” en Febrero. Salud, que aunque lo ha sido siempre, parece ahora más importante que nunca.



jueves, 24 de diciembre de 2020

CIAO 2020 (POR DECIRLO DE FORMA EDUCADA...)


Llegó el momento de la publicación del mes de Diciembre, un mes en el que no tengo que complicarme mucho para encontrar tema sobre el que escribir. Es el momento de echar la vista atrás para dar un vistazo a los últimos doce meses y dar las gracias por estar aquí, por todo lo logrado.

Es obvio que este 2020 ha sido muy especial, por llamarlo de alguna forma. A pesar de lo duro y trágico que ha sido para mucha gente mi publicación sigue una línea de agradecimiento hacia el pasado y de esperanza hacia el futuro. Agradecimiento porque hoy estoy aquí gracias a todo lo que he vivido en estos últimos doce meses, con lo bueno y con lo malo. No puedo dejar de acordarme de “El algoritmo de la felicidad” de Mo Gawdat, uno de los libros cuya lectura más ha impactado en mí vida. Mo descubre que la felicidad reside en el control de la forma en que comparamos los acontecimientos de nuestra vida con nuestras expectativas. No es lo que nos pasa, es el control que tenemos sobre la comparativa que hacemos de nuestra interpretación de lo que nos pasa y lo que esperábamos que pasase. Y el descubrimiento llega tras perder a su hijo de 21 años, su verdadero Maestro y propósito de vida, tras una serie de fatales coincidencias en una aparentemente inofensiva operación de apendicitis.  Para seguir adelante, su hijo parecía enviarle un repetitivo mensaje desde el más allá: “Papá, ya he muerto. No hay nada que puedas hacer para cambiar eso, así que haz lo mejor”. Este mensaje es el que me inspirado el hilo conductor de esta publicación. No podemos hacer nada para cambiar lo que ya ha pasado, así que no nos queda otra que hacer lo mejor.  Eso es lo que intentaré hacer con esta publicación, quedarme con lo mejor de lo que he vivido este 2020 y aprovecharlo para hacer lo mejor para el 2021.

Comencemos con la crónica que también quiere contener mi modesto homenaje y dedicatoria para todos los que han sufrido una pérdida en este  singular 2020. Intentaré que no aparezca ni una queja, ni un reproche y que todos sean recuerdos positivos y valiosas lecciones para el futuro.

Comenzó el año con unas Navidades “normales” sin “nada” destacable. Entrar y salir sin restricciones, felicitar las fiestas con besos y abrazos, compartir mesa y mantel (incluso platos) con familiares y amigos. La noche de Reyes llegó con la ilusión de todos los años. Este año, a pesar de que el anterior lo había pasado en grande participando en la Cabalgata como beduino, decidí descansar. Para 2021, pensé. Primer error gordo del año y primera lección. Nunca sabes si habrá un mañana. Así que abraza, besa, canta, baila y sal de beduino desde el mismo momento en que puedas, sin esperar al mañana. Si tengo la oportunidad para 2022 espero no desaprovecharla.

Como los años “normales” la actividad lúdico-festiva es un no parar, de las últimas celebraciones navideñas dimos el salto a los carnavales casi sin respirar. Este año Pablo disfrutó más que nunca (él sí que sabe) e hizo doblete en la final del Gran Teatro Falla con dos terceros puestos en sus chirigotas infantil y juvenil. Visitas inolvidables a la Tacita de  Plata en varias ocasiones, incluso para la recogida de los correspondientes trofeos.  Una cabalgata genial en Dos Hermanas en vísperas de la Maratón de Sevilla, donde volveríamos a disfrutar de lo lindo acompañando a nuestro capitán Cristian. Ese día unas décimas de fiebre en plena carrera estuvieron a punto de arruinarme la experiencia (quien me iba a decir a mí lo importante que sería la temperatura en el resto del año) Puede que haya sido la maratón donde más haya sufrido, pero también de lejos una en las que más he aprendido. Y es que como he comentado en innumerables ocasiones la maratón con carros es uno de los deportes de equipo más increíbles que existen. A partir del kilómetro 35 comencé a sentir unos escalofríos que me hicieron pensar incluso en la retirada. Siempre he hecho deporte para disfrutar, intentando alejarme en todo lo posible del sufrimiento. A pesar de que lo pasé realmente mal, mis compañeros, amigos y capitanes (sobre todos estos últimos) me volvieron a enseñar la importancia de ayudar, pero sobre todo de pedir ayuda cuando la necesitas (algo que reconozco que no se me da especialmente bien, aunque estoy en ello…)

La maratón me llevó al cumpleaños de Pablo, el  famoso 13 de Marzo en que todo comenzaba a tambalearse. Recuerdo perfectamente como me extrañó su llamada poco antes de las doce de la noche para que pasase a recogerlo de la casa del amigo donde estaba celebrando su cumple, porque la mayoría de sus amigos se estaban marchando ya ante la amenaza de que el país se confinase al día siguiente.  Y llegó el confinamiento, donde otra vez tuve la oportunidad de comprobar lo afortunado que soy. Trabajar en Juvasa me permitió no parar de trabajar ni un solo día, con todo lo que ello significa y no sólo a nivel económico.  Me permitió también comprobar el compromiso y la empatía de mis compañeros,  especialmente de aquellos que tuvieron que sacrificar temporalmente sus puestos de trabajo para garantizar la supervivencia de la empresa. De aquellos días guardo el poema sobre la tormenta escrito por Haruki Murakami, que mi amiga Alicia me regaló justo antes de marcharse temporalmente a casa. Cuando salgamos de esta tormenta, no seremos las mismas personas que entramos en ella. De eso trata la tormenta.

Y hablando de celebraciones, llegó también el cumpleaños de Daniela, y nuestro aniversario de bodas, y lo celebramos los cuatro en casa. Fueron momentos de estar más unidos que nunca, de almorzar  y cenar juntos temprano y todos los días, algo que personalmente me encanta. Aprendí también una lección magistral por parte de mis hijos, la de la aceptación. Desde el primer momento entendieron con una claridad meridiana  de lo que iba la tormenta, y que tocaba quedarse en casa sin más. Para dos adolescentes, sobre todo para Pablo (que lleva mis genes callejeros entre otros grabados a fuego en su ADN) no es  nada fácil enclaustrarte en casa  y aislarte del  exterior. No le quedaba otra, pero lo podían haber hecho con lamentos, enfados y discusiones y sin embargo lo hicieron con un talante encomiable. También me enseñaron la lección de la amistad, de la cercanía. Utilizaron todos los medios que tenían a su alcance para estar  más cerca que nunca de los suyos, aunque paradójicamente estuviesen lejos.  La habitación de Pablo se me llenó de gaditanos y de música de carnaval, como era de esperar.

Pero en todos los hogares no iba todo tan bien como en casa.  Las pérdidas (de trabajo, de seres queridos, y sobre todo de ilusiones) iban haciendo mella en la moral de las familias. Así que decidí grabar algunos vídeos tirando de poca vergüenza y pisoteando literalmente mi sentido del ridículo para difundirlos e intentar arrancar alguna sonrisa. Así nacieron el “I Cholejaman” (un auténtico Ironman en el patio de mi casa), el “I want to break free” de Queen, o el “Resistiré” del Dúo Dinámico y el “Pero a tu lado” de los Secretos, donde conté con la colaboración de gran cantidad de artistas de gran calidad. Y aquí apliqué una de las normas no escritas que enmarcan mis retos deportivo-solidarios. Con que una sola persona se hubiese sentido beneficiada por alguno de mis vídeos el objetivo estaba cumplido.  Y aunque puede que alguna gente no lo entendiese, los comentarios positivos de los que se rieron con los vídeos olvidándose por unos momentos de la tormenta inclinaron claramente la balanza hacia  mi favor. Al final de la publicación dejo los enlaces de los vídeos, para nos nostálgicos o para los que no tuvieron la oportunidad de verlos en su día.

El confinamiento fue pasando. Durante todo este tiempo mi entrenamiento deportivo se limitó al rodillo y a fortalecer la zona de los abdominales que no es poco. En este largo periodo fui el único miembro del hogar que salía de casa a trabajar, a comprar, a echar gasolina al coche (poca porque prácticamente no se movía de casa más que una vez a la semana para ir a comprar). Llevé un ramo de flores a mi madre el día de su cumpleaños, y aunque no pude abrazarla ni besarla, la sentí muy cerca. La fatídica curva se iba doblegando, lo que permitió llegar al fin del confinamiento. Recuerdo el día en que se abrió la oportunidad de hacer deporte y decidí no salir a correr, previendo la explosión de deportistas en la calle y como una forma de demostrarme a mí mismo el control sobre mi adicción al deporte (falso, reconozco que sigo siendo un auténtico  “enganchao”). Al día siguiente salí con Pablo a pasear, y disfruté de esa concurrida caminata al mismo nivel que puedo hacerla en una de esas pruebas de ultradistancia que me hacen enloquecer.

Llegó el verano, y con ello mi cumpleaños, en el que pasaba de década y volvía a colocar un cero en la tarta. Medio siglo de vida, que es algo para agradecer. No hubo la celebración multitudinaria que esperaba, pero al menos dio para reunirnos los más allegados en la casa de mi cuñado y echar un rato de los inolvidables. Para no olvidarse, vídeo de recuerdo, por supuesto, donde volví a dejar patente mi sentido del ridículo (más bien la ausencia de él). Poco después, decidimos volver a Isla Canela a pasar las vacaciones, aunque las circunstancias no fuesen las de otros años. Restringimos el círculo de “allegados” y disfrutamos de una playa más tranquila que ningún otro año, y con el agua sorprendentemente templada. Tanto que sólo utilicé el neopreno el día en el que madrugué para ver el amanecer desde dentro del agua, como marca la tradición.

Justo antes de marcharme de vacaciones participé en el programa “Search Inside Yourself”, la formación que nació en Google para difundirse posteriormente al resto del mundo. Este curso me permitió ordenar toda la información que durante años había acumulado sobre inteligencia emocional y mindfulness, y entre otras cosas, me ha dado la oportunidad de recuperar el hábito de la meditación, una rutina que hacía años que no practicaba.

Este año también ha resultado muy especial para mi labor de monitor en San Telmo. La pandemia supuso un parón de poco más de tres meses en el programa, y la clausura inicialmente prevista para Julio se trasladó a Noviembre, con lo que sólo hubo un par de semanas entre el cierre de un programa y el inicio del siguiente. En la práctica, dos veces de chaqueta y corbata dentro del mismo mes, lo que casi provoca las sospechas de María. Las difíciles circunstancias supusieron una conexión especial con el equipo.

En cuanto a los eventos deportivos, desde la maratón un año casi en blanco, al menos en lo  que a competiciones oficiales y tradicionales se refiere. Mi gran reto deportivo del año, el Northwest Triman que debería haberse celebrado en Galicia a mediados de año se aplazó a 2021, y con ello mi oportunidad de seguir difundiendo el mensaje de la donación de órganos a través de la Fundación Donando Vidas. Las competiciones virtuales fueron apareciendo para sustituir a las oficiales. El circuito 5K de Dos Hermanas (cinco carreras de cinco kilómetros en una mañana que me volvieron a provocar unas décimas de fiebre), el Cross solidario de Nuestra Señora del Carmen en San Juan de Aznalfarache y la Nocturna de Sevilla (con el acompañamiento de todas mis hermanas) fueron las tres pruebas en las que nos volvimos a sentir impulsores junto a nuestro gran Capitán Cristian González.

El Puente de la Inmaculada nos trajo otra vez la Ultramaratón de la Vida, ese evento (sería injusto llamarla carrera) que anualmente colapsa Sanlúcar como difusión del mensaje de la donación de órganos. Las limitaciones de movilidad  entre municipios descartaban la posibilidad de acudir a Sanlúcar, así que hubo que encontrar una alternativa original. El espíritu era el mismo, esta vez completado con las palabras soledad, responsabilidad y solidaridad. Cincuenta kilómetros sin salir de Dos Hermanas, en una experiencia única. Como no podía ser de otra forma, vídeo al final.

Como habréis podido comprobar, un año bastante intenso y lleno de experiencias, a pesar de que posiblemente haya resultado el “peor” año de la historia de la Humanidad de los últimos tiempos. Por eso hablaba al principio que era una publicación con un claro sentido de agradecimiento. Dar gracias por todo lo bueno que me ha llevado hasta aquí, que será el punto de partida para ir a por el mejor 2021 de mi vida.

Gracias por vuestro tiempo como siempre y nos vemos en 2021.

 

Enlaces a vídeos:

“I Cholejaman” #QuédateEnCasa https://youtu.be/OGCF8VC5NsE

“I want to break free” https://youtu.be/2Ovqixp8L6I

“Resistiré” https://youtu.be/z1xAXB6bxsw

“Pero a tu lado” https://youtu.be/RflhBJATAUE

“Pasodoble cumple 50 años” https://youtu.be/gyfQotOLoTg

“Vídeo UMVD 2020” https://youtu.be/IxcKfKC6lYU