lunes, 21 de junio de 2021

Gracias, gracias, gracias...

 

”Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud.” (Jean de la Bruyère) Gracias, gracias, gracias.

Ya he citado en varias ocasiones a Anxo Pérez, quien en uno de sus principios de “Los 88 peldaños del éxito” afirmaba que cuando conseguimos algo no es el momento de vanagloriarnos y recrearnos en lo grandes que somos (entre otras cosas porque somos mucho más pequeños de lo que nos creemos), sino de mirar hacia atrás y de dar las gracias a todos los que nos han ayudado a conseguirlo.

Hoy, tras haber conseguido otro de mis retos deportivo-solidarios, quiero fundamentalmente dar las gracias a todos los que de una u otra forma habéis formado parte imprescindible de él. #CorazonesConMagia no hubiese sido posible sin vuestra inestimable ayuda.

Por cuestiones de cercanía empezaré por mi familia, con las que comparto techo cuando llega la hora de dormir (con excepciones últimamente, porque los niños se hacen mayores y se aficionan a dormir fuera). La principal beneficiaria de mis agradecimientos es mi mujer, María, la que siempre está ahí a pesar de que ni comparta ni le gusten estas locuras (aunque las respeta) y sin la que nada de esto sería posible. Es la sufridora de mis ausencias en los entrenamientos (imagino) y la que siempre me espera de vuelta de entrenamientos y competiciones. Es la verdadera Ironwoman, porque reconozco que no debe ser nada fácil convivir con un personaje como yo. Además de ella, mis hijos Pablo y Daniela tienen su gran parte de responsabilidad. Son la mejor motivación para intentar ser cada día un poquito mejor, porque creo que el ejemplo es la mejor forma de educar y todavía confío en dejar unos mejores hijos al mundo, en lugar de un mundo mejor para mis hijos. Su fotografía en los acoples de la bici siempre me acompaña durante todos mis kilómetros sobre las dos ruedas. Gracias infinitas para los tres.

Hablando de motivaciones, no puedo pasar por alto la Fundación Olivares, verdadera impulsora de este reto y la que evidencia el por qué que deja en un segundo plano al qué y al cómo. Poco se puede decir de una organización cuyos valores son Alma, Magia y Corazón, y cuya misión es conseguir que los niños de cáncer sigan siendo niños. Me han dado tanto, me siguen dando tanto y estoy seguro de que lo seguirán haciendo que toda ayuda que les preste es poca. Fue una de sus voluntarias la que me dijo una vez que cuando ayudamos a los demás recibimos muchísimo más de lo que damos, mostrándome uno de los secretos más importantes de esta vida. Gracias a la Fundación, a su presidente, a sus trabajadores, voluntarios, y a sus niños y familiares, pero sobre todo a sus niños. Sus sonrisas son las que iluminan el oscuro camino que pinta el cáncer infantil. A todos ellos, infinitas gracias.

En esta publicación una parte importante de los agradecimientos debe ir a todos los que se han convertido en un corazón y han aportado su generosa donación y su mensaje para formar parte de esta infinita cadena de corazones. Una de las verdaderas enseñanzas y ganancias de estos retos solidarios es sentir como la gente se compromete con las causas. Creo sinceramente que en el mundo hay un mayor porcentaje de buenas personas de las que creemos, pero eso no es lo que nos cuentan. Si los medios de comunicación difundiesen las buenas noticias con la misma intensidad que hacen con las malas, posiblemente el efecto contagio haría de este mundo un lugar un poco mejor. Por eso, y aunque soy consciente de que me quedo corto, unas inmensas gracias para todos y cada uno de vosotros.

Para este reto, como comenté con Javier Periáñez en su programa de Radio “Lánzate a la vida” sobre el que volveré posteriormente, he dado un paso más en mi nivel de poca vergüenza a la hora de solicitar la colaboración de los demás y he decidido pedir ayuda no sólo a particulares (quienes al final han sido los últimos colaboradores) sino también a empresas. Esto me ha permitido multiplicar el alcance del reto y llegar a muchísima más gente. Por orden de incorporación y colocación de la hucha en sus instalaciones, tengo que dar las gracias especialmente a estas empresas y a todas las personas que forman parte de estas organizaciones, que son las que realmente han dado el paso: La Croqueta del Abuelo, Barnizados García e Hijos, Estudio Jurídico Rey Abogados, Verti’C Bistro Bar, Club Tecnológico Tixe, Andaluza de Marquetería (con dobles gracias por haber sido también el patrocinador de este espectacular mono que he llevado el día de la competición), Be Beyond, MacFly – Plastinsa, Moto Club Pitos Locos de Bellavista y Deportes Jovimar (con su original campaña de camisetas solidarias).  Todos ellos han hecho posible con sus generosas aportaciones que los niños enfermos de cáncer sigan siendo niños y sobre todo han contribuido a dar difusión a la encomiable labor de la Fundación Olivares, que a buen seguro es de sobra ya conocida en todos sus entornos.

Dándole continuidad al punto anterior, tengo también que dar las gracias a todos mis contactos y amigos que han dado difusión al reto. Todos aquellos que habéis reaccionado a algunas de mis innumerables publicaciones en redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, LinkedIn) y las habéis compartido habéis llevado a cabo una labor casi tan importante como los que habéis donado (me consta que muchos de ellos estáis en ambas categorías). Me decía una vez Andrés Olivares, presidente de la Fundación al que no estaré nunca lo suficientemente agradecido, que para ellos casi tan importante como los recursos financieros, que son los que les permiten poner en marcha las innumerables medidas que llevan a cabo es la difusión de su labor. Y además de vuestra labor de “followers” en redes, tengo que destacar especialmente la labor de las empresas anteriormente citadas que han realizado una importante labor de altavoz, y la de alguien como Javier Periáñez, el Capitán Peri, a quien ya mencioné antes. En una entrañable edición de su “Navegando por la Vida” tuve la poca vergüenza de compartir ondas radiofónicas con él y con Andrés Olivares, en un programa inicialmente pensado para hablar sobre deporte solidario pero que estos dos genios se encargaron de elevar a la categoría de lección de vida. Al final os dejo su enlace, pare los que no hayáis tenido la oportunidad de escucharlo (algo difícil si ya me conocéis, porque lo he repetido hasta la saciedad). Llegar al mayor número de gente posible y que todos sepan lo que realmente significan las palabras Alma, Magia y Corazón es otro de los importantes objetivos de esta campaña. Y me consta que muchos habéis contribuido a ello. Por ello, gracias de todo corazón.

Hablando de difusiones, tengo una mención especial de agradecimiento a mi amigo Juan Luis Muñoz Escassi, impulsor del Reto Pichón y un auténtico referente en lo de ayudar a los demás. Este año está realizando una preciosa labor recaudando fondos para ayudar a niños con piel de mariposa a través de la asociación DEBRA. Como soy un auténtico suertudo, he tenido la suerte de compartir con él una de las pruebas que ha realizado este año y en un inolvidable viaje de ida y vuelta a As Pontes en camper hemos reído, aprendido y vivido muchísimo más que la cantidad de kilómetros que nos hemos metido entre pecho y espalda. Gracias por ser como eres, por tu generosa ayuda a los demás y por ser fuente de inspiración y motivación para tantos, entre los que tengo el lujo de incluirme.

Por último, y no por ello menos importante, no podía dejar pasar la oportunidad de agradecer a la oportunidad que la organización del Northwest Triman me ha brindado. Su actitud de colaboración desde el primer momento ha sido ejemplar, y han contribuido incluso a la difusión del reto en redes sociales. Aunque el protocolo Covid dificultaba que pudiese salir en último lugar para llevar a cabo mi reto, mi edad me ha colocado muy cerca de esa posición. Habéis robado una parte de mi corazón. Espero repetir en esta prueba muchas veces, porque definitivamente tenéis alma, magia y corazón, que es lo que verdaderamente importa.

Aprovecho la subida de este post para volver a brindar a todos sus lectores la posibilidad de convertiros en un corazón en el caso de que aún no lo hayáis hecho. Os dejo a continuación el enlace a la página de la Fundación Olivares desde donde podréis realizar una donación de un euro y dejar vuestro mensaje en ese corazón que formará parte de la cadena de corazones más larga del mundo.

https://www.fundacionolivares.org/record-corazones/

No puedo finalizar sin citar una frase que leí una vez y que dice algo así como que mucha gente, haciendo muchas cosas pequeñas, contribuye a que se haga algo grande. Por ello, por todo eso tan grande que habéis hecho, a todos vosotros, y este mes más que nunca, gracias, gracias, gracias…

p.s. Enlace del programa de radio “Navegando por la Vida” con Capitán Peri y Andrés Olivares, presidente de Fundación Olivares.

https://ondacapital.es/programas/navegando-por-la-vida/ (2 de Junio)

https://www.ivoox.com/navegando-vida-deporte-solidaridad-consciencia-audios-mp3_rf_70916509_1.html


 


jueves, 20 de mayo de 2021

#YoAdelantoTúDonas y #CorazonesConMagia en el próximo Northwest Triman (As Pontes, A coruña 27/06/2021)


    Aprovechando la celebración del séptimo Northwest Triman en As Pontes el próximo 27 de Junio vamos a llevar a cabo una nueva edición del reto #YoAdelantoTúDonas en tierras gallegas. Esta vez será para colaborar con la campaña #CorazonesConMagia de la Fundación Olivares. Vuelvo así a mis inicios, a poner mi granito de arena a favor de esta Fundación y de sus niños que tanto me han dado. La campaña básicamente consiste en realizar una donación de un euro y rellenar un mensaje en un corazón de cartulina que formará parte de la que será la cadena de corazones más grande del mundo. La donación se puede realizar de forma física, si tenéis al alcance alguna de las huchas que la Fundación ha colocado en los establecimientos colaboradores, o bien de forma virtual a través de su página web www.fundacionolivares.org

    La Fundación Olivares es una fundación malagueña que destina todos sus esfuerzos y recursos al cuidado y la atención de niños enfermos de cáncer y sus familias. Para tener una idea más concreta de la Fundación os dejo por aquí su misión, visión y valores, además de dos espectaculares vídeos, el de presentación de la Fundación y el de la campaña Corazones con Magia.

    MISIÓN: Conseguir que los niñ@s enferm@s de cáncer sigan siendo niñ@s.

    VISIÓN: Queremos ser una organización reconocida por trabajar para mejorar la calidad de vida de nuestr@s niñ@s y sus familias a través de un completo programa asistencial ofrecido por grandes profesionales con mucho corazón.

    VALORES:

        Alma: El alma de esta fundación se nutre de las miradas, abrazos y sonrisas de nuestr@s niñ@s.

        Magia: Movidos por la magia que desprenden nuestr@s niñ@s nos hemos marcado como uno de nuestros principales objetivos cumplir sus sueños.

        Corazón: Reivindicar la fuerza sin igual del amor incondicional, del amor de un niñ@, del optimismo que irradia su sonrisa.

Vídeo 1: Fundación Olivares https://www.youtube.com/watch?v=JWweIMMzW-M

Vídeo 2: Corazones con Magia https://www.youtube.com/watch?v=f5-6VkdkXXE

Por último os dejo dos vídeos, el primero de presentación del reto y el segundo con un resumen del proceso de donación.

Vídeo 3: Reto #YoAdelantoTúDonas y #CorazonesConMagia  https://youtu.be/VV32xEZRl54 

Vídeo 4: Cómo donar en #CorazonesConMagia https://youtu.be/oP1yDY3wAEI

Gracias de todo corazón a todos los colaboradores y difusores de esta campaña tan cargada de Alma, Magia y Corazón, como la propia Fundación.








El poder del olfato: "El perfume es el arte que hace hablar a la memoria" (Francis Kurkdjian)

 

El poder del olfato: "El perfume es el arte que hace hablar a la memoria" (Francis Kurkdjian)                

    En este mes de Mayo, conocido como el mes de las flores, he decidido escribir sobre el olfato. Como ya he comentado en otras publicaciones, casi todos los meses hay algún detonante que causal o casualmente me conduce hasta el tema a desarrollar. En esta ocasión fue un intenso olor a aceite el que me llevó a reflexionar sobre esta cuestión. Un amanecer habitual, en el que disfrutaba de mi carrera matutina un poco más tarde de lo normal (cosas del toque de queda) pasé por las puertas de una conocida fábrica de Dos Hermanas y un intenso olor a aceite activó recuerdos que permanecían ocultos entre los entresijos de mi mente. El primer trabajo que recuerdo de mi padre fue en una refinería de aceite de oliva. Hacía muchos años, tanto que había perdido la cuenta, que no recordaba ese intenso olor al zumo de aceituna que lo impregnaba todo. Especialmente ese mono azul de trabajo que hacía las veces de uniforme y que por muchas veces que mi madre lo refregase en la pila (soy tan viejo que cuando nací no todo el mundo tenía lavadora automática y el suavizante creo que ni existía) no perdía ese intenso aroma. Pude sentirlo con tal claridad que pensé que investigar y escribir sobre el olfato no sería mala idea.

Además de esta experiencia, tengo que reconocer que mi nariz (puede que junto a mi calva) sea uno de los rasgos más característicos de mi físico. Como nunca tuve la más mínima intención de ser modelo, sería una rinoplastia lo último que me haría (aunque respete y entienda a quien no está contento con su nariz y decida retocársela). De hecho siempre cuento como anécdota que en una intervención quirúrgica en la que me extirparon un pólipo nasal el celador que me llevaba en la camilla de camino al quirófano confundió la documentación y cuando se refirió a mí como el paciente de la rinoplastia estuve a punto de salir corriendo… Tras esta operación tuve la fortuna de recuperar totalmente mi olfato que había permanecido parcialmente taponado por el pólipo, volviendo al fascinante mundo de los olores. Anécdota aparte, mi relación personal con mi nariz y la vivencia anterior parecían indicar que el tema sería interesante.

Empezando por el continente, me han parecido cuanto menos interesante los estudios existentes sobre las diversas formas de narices. Según la investigación del doctor Abraham Tamir, de la Ben-Gurion University, tan sólo hay 14 tipos de narices caucásicas distintas. En la mayoría de las páginas web de las clínicas estéticas hacen mención al estudio y podréis comprobar en qué tipo estáis clasificados. Aquí os dejo un ejemplo.

https://clinicamarch.com/rinoplastia-nariz-personalidad/

Tras estas pinceladas sobre las distintas formas y tamaños en las que este apéndice se muestra a todos, me dispongo a hablar un poco del olfato, ese sentido olvidado. Hay gente que lo considera como el más importante de todos por la relación directa que tiene con nuestro instinto de supervivencia. Nada más nacer, es de los primeros sentidos que entran en juego para guiarnos al olor de la leche materna, que normalmente será nuestro principal alimento durante esta primera etapa. 

Las especiales circunstancias especiales que estamos viviendo (léase la omnipresente pandemia) también han permitido al olfato recuperar su protagonismo a veces olvidado. Su pérdida (junto con la del gusto) es uno de los temidos síntomas que suele evidenciar la aparición de la maldita enfermedad. He tenido la oportunidad de entender la conexión tan estrecha que guardan ambos sentidos. De hecho, he llegado a oír que si perdemos el olfato sólo podríamos distinguir los sabores salados, dulces, agrios y amargos, pero nos perderíamos toda la gama de matices que nos permiten disfrutar de nuevos sabores. 

El proceso del olfato explica la potencia evocadora de este sentido. Copio y pego a continuación e intento no equivocarme, porque como estaréis imaginando, un conocimiento tan elevado queda fuera de mi alcance. Las moléculas volátiles que componen el olor aterrizan en los millones de células receptoras que componen el epitelio olfatorio y que se encuentran en el interior de nuestra nariz. Allí se traducen en mensajes que alcanzarán nuestros bulbos olfatorios del cerebro, desde donde emprenden un doble camino. Por un lado, se encaminan a la corteza primaria, donde se integra toda la información. Simultáneamente viajan hasta la corteza piriforme, que se encarga de integrar respuestas emocionales, aprendizaje y memoria con el sistema límbico. Gracias a la amígdala el aroma se conecta con una emoción, mientras que el hipocampo relaciona el olor con un recuerdo en la memoria. Por eso un determinado olor (como me ocurrió a mí con el del aceite) nos hace viajar hacia el pasado y activa el recuerdo de momentos vividos, desencadenando unas respuestas automáticas en nuestro organismo que no podemos controlar.  Este complicado proceso hace al sentido del olfato distinto a todos los demás, al no realizar el relevo sináptico en el tálamo (que bien suena, aunque no tenga ni idea de lo que significa…)

Hay estudios que afirman que recordamos el 35% de lo que olemos, frente al 5% de lo que vemos, el 2% de lo que oímos, y el 1% de lo que tocamos lo que también resulta una clara evidencia del poder evocador del olfato.

La potencia del sentido ha supuesto el desarrollo de la aromacología, dedicada al estudio de la relación entre psicología y olores y que nos enseña básicamente las reacciones sentimentales, emocionales y corporales que desencadenan los distintos olores. Los estudios realizados en este campo proporcionan validez científica a las siguientes afirmaciones, entre otras muchas.  El olor a valeriana disminuye la presión arterial; los de naranja y lavanda nos relajan muscularmente; los aromas dulces, especialmente el de rosas, disminuyen el ritmo cardiaco; el de jazmín reduce el tiempo de reacción a una decisión y la lavanda lo aumenta y los olores a limón, eucalipto y lirio inciden favorablemente en la capacidad para memorizar. 

Estudios científicos más avanzados evidencian la posibilidad de comunicar nuestros estados emocionales sólo con señales químicas. Sin querer entrar mucho en detalle para no herir la sensibilidad de nadie, el olor del sudor que desprendemos cuando sentimos determinadas emociones (por ejemplo, cuando sentimos miedo o asco al ver una película) puede provocar esas emociones en sujetos expuestos al mismo, desencadenándose expresiones faciales alineadas con esas emociones de forma automática sin posibilidad de controlarlas. Parece ser que nuestra comunicación no se realiza exclusivamente en términos de lenguaje y gestos, sino que hay algo más “flotando” en el aire, que podría explicar muchas situaciones. 

El olor también resulta fundamental en uno de los aspectos más influyentes de nuestra vida como es el caso de la elección de pareja. Hay algunos estudios que demuestran que el CMH (Complejo Mayor de Histocompatibilidad, un grupo de proteínas y geles que intervienen en el reconocimiento olfativo) es un factor importante en la elección de pareja, ya que solemos escoger como compañero de viaje a aquél cuyo CMH es más distinto al nuestro.

También resulta muy interesante el concepto negativo que tenemos del olor corporal, porque inmediatamente lo asociamos a falta de higiene o ausencia de cuidado personal. Tenemos una auténtica cruzada personal contra él intentando disimularlo con todo tipo de productos, algo totalmente alejado de la conducta del resto de los mamíferos. Dicen que puede que el gran cambio se produjo cuando comenzamos a caminar erguidos y nos alejamos de la tierra, donde los aromas se sienten con mayor intensidad.

También resulta interesante el fenómeno conocido como la “magdalena de Proust”. En su novela “En busca del tiempo perdido” el autor francés nos regala este sobresaliente texto que con su estilo tan particular pone de manifiesto el poder del olfato (y el del gusto, que ya hemos dicho que está íntimamente unido al del olor):

“(…) Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tilo, los domingos por la mañana en  Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa), cuando iba a darle los buenos días a su cuarto. Ver la magdalena no me había recordado nada, antes de que la probara; quizá porque, como había visto muchas, sin comer las, en las pastelerías, su imagen se había separado de aquellos días de Combray para enlazarse a otros más recientes; ¡quizá porque de esos recuerdos por tanto tiempo abandonados fuera de la memoria no sobrevive nada y todo se va desagregando!; las formas externas también aquella tan grasamente sensual de la concha, con sus dobleces severos y devotos., adormecidas o anuladas, habían perdido la fuerza de expansión que las empujaba hasta la conciencia. Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más, persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo.

En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tilo que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina, y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando había buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cachar ro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té.”

Hablando de escritores, fue Hellen Keller (escritora y activista sordociega norteamericana) la que describía el olfato como «un hechicero poderoso que nos transporta miles de kilómetros y hacia todos los años que hemos vivido».

Y por último, aunque no por ello menos importante es la influencia que los olores tienen en el comportamiento de los consumidores y con ello en el neuromarketing. ¿Quién puede resistirse al olor a nuevo que rezuman los coches por estrenar? En un mundo donde la publicidad se ha centrado casi en exclusiva en la vista y el oído, el olfato aparece como la gran posibilidad de diferenciación en un mundo casi sin descubrir. Sin ir más lejos, todos los que hayamos tenido la posibilidad de visitar alguno de los parques de Disney hemos podido comprobar el intenso y atrayente olor a palomitas de maíz que lo envuelve a todo, incitándonos a su consumo. Quizás en un futuro más cercano de lo que pensamos el marketing olfativo en el que las grandes marcas ya están dando sus primeros pasos, generalizará el uso del aroma como medio de comunicación entre la marca y el consumidor para poder fidelizarlo. De hecho, dicen que la memoria puede almacenar hasta diez mil aromas distintos, mientras que sólo reconoce doscientos colores.  Paradójicamente existen nombres para toda una gama de matices de colores, pero ninguno para los tonos y los tintes de un olor. El campo que se nos abre frente a nosotros es inmenso.

Muchas gracias como siempre por vuestro tiempo invertido en la lectura de estas reflexiones en voz alta. Huelan, que la vida es breve. Hasta el mes que viene.

               

 



sábado, 24 de abril de 2021

LESSONS IN LOVE (IN LIFE – LECCIONES DE LA VIDA Y SENTIDO COMÚN AL PODER)

Reconozco que después de haber cometido la osadía de hablar sobre felicidad el mes pasado me había colocado el listón demasiado alto. En Abril, un mes muy importante en mi vida porque celebro entre otras cosas mi aniversario de bodas y el nacimiento de mi hija Daniela, no quería defraudarme a mí mismo. 

Así que mirando hacia atrás en este medio siglo largo de vida he decidido compartir con vosotros algunas lecciones que he ido aprendiendo en estos años. No se trata de complicadas teorías cuánticas, sino de unas normas básicas, cargadas de sentido común que algunas veces parecen tan obvias que olvidamos aplicarlas. Hablando de ponerlas en práctica, y como muy bien dice mi Maestro Antonio Garrido cuando hace mención a su definición de “obviosis”: “Saber y no hacer es como no saber”. Todos conocemos estas reglas del juego, lo complicado (sobre todo de entender por qué no lo hacemos) es aplicarlas en nuestro día a día.

 Para bautizar la publicación, vino a mi mente la canción de Level 42 “Lessons in love”, que aunque no define exactamente de lo que quería hablar, la he utilizado de igual forma.

Ahí va mi lista, a vuestra libre disposición. Si aparentemente estáis de acuerdo con estas normas, podéis probarlas por si os funcionan. No pretendo que se conviertan en consejos, para evitar que me podáis aplicar el castizo refrán de “consejos vendo que para mí no tengo…”

Cosechas lo que siembras. Mi Maestro de Ahumor Alonso Pulido lo dice de forma muy gráfica: “Si siembras tomates, recogerás tomates. Si siembras pimientos, recogerás pimientos…”. Nuestro refranero también hace mención a esta regla con “el que siembra tormentas, recoge tempestades”. También podríamos encontrar algo de este principio de agricultura en el llamado “karma”. En la religión budista, es la creencia en que toda acción tiene una fuerza que influye en las sucesivas existencias del individuo. 

Sin necesidad de ponernos tan filosóficos, es de bastante sentido común que sobre todo en las relaciones con los demás, obtenemos lo que damos. Puede que debido a la existencia de las denominadas “neuronas espejo”, que "reflejan" el comportamiento del otro, como si el observador estuviera realizando la acción. Seguro que si todos aplicásemos esta ley el mundo sería un lugar mucho mejor. Como ejemplo este vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=fJkWfHUaHTw


Conócete a ti mismo. Este imperativo decoraba el pronaos del templo de Apolo en Delfos (γνωθι σεαυτόν) Ya los griegos conocían de la importancia de que el conocimiento de nosotros mismos es la base sobre la que se sustenta todo lo demás. Varios siglos después, Goleman definió al autoconocimiento como el primer elemento de la llamada inteligencia emocional. Sin conocernos a nosotros mismos, sin ser conscientes de nuestras fortalezas y nuestras debilidades nuestro día a día se complica mucho más. Es muy complicado conocer a los demás (otra de nuestras principales tareas en esta vida, dada nuestra dimensión social) si no nos conocemos a nosotros mismos. Y volviendo a la publicación del mes pasado, donde parecía que la felicidad se encontraba en nuestro interior, necesitamos conocernos a nosotros mismos para saber en qué parte de nosotros mismos podemos hallarla.  


Cuando ayudas a los demás recibes muchísimo más de lo que das. Mi amigo Juan Luis Muñoz Escassi, creador del “Reto Pichón”, de las conferencias “Tu 100x100” e inspirador de muchos entre los que me encuentro, dice muy gráficamente que ayudemos a los demás para ayudarnos a nosotros mismos. Viniendo del presidente de la AFA (Asociación de Fundaciones Andaluzas) no debe estar muy equivocado. Yo recibí esta valiosísima lección de manos de una voluntaria de la Fundación Olivares, con los que tengo el gusto de colaborar cuando tengo ocasión. Fue un día del mes de Octubre de 2014, cuando los compañeros del desparecido club de triatlón Bikila Dos Hermanas llevamos a cabo el acto de presentación de nuestro primer Calendario Solidario a beneficio de los niños de la Fundación. Ese día, en el que además tuvimos la oportunidad de recibir la visita de una expedición de la Fundación, esta chica al ver la emoción que transmitía mi rostro, se acercó a mí y me hizo partícipe de este secreto que debería ser conocido por todo el mundo. Creo que hay cierto matiz de “egoismo postiivo” en este punto. La solidaridad, aunque aparentemente sea con los demás, en realidad lo es con nosotros mismos. Y aquí, más importante que lo qué hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos, dónde lo hacemos y en qué medida creo que es el por qué lo hacemos. Encaja perfectamente esa frase de la Madre Teresa de Calcuta que tantas veces repito y que forma parte de mi vida: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”. Seamos todos gotas en ese inmenso océano de la vida ayudando a los demás, porque recibiremos más de lo que damos, y al final nos estaremos ayudando a nosotros mismos.


Cuidado cuando subes con el que va bajando, porque la vida es larga y mañana puede ser al revés. Esta frase me la repetía mi padre desde que alcanzo a recordar. No es bueno pisar a nadie, además de por lo que se indica en la lección uno (siembras lo que recoges) porque la vida es caprichosa y un día te puede elevar a las alturas para al día siguiente hundirte en sus más oscuros y profundos pozos. En mi más de medio siglo de vida me he encontrado en más de una ocasión muy por encima mía a alguien a quien en el pasado había podido contemplar desde lo más alto de la montaña. Menos mal que mi padre me insistió en el tema (posiblemente porque él llegó bastante alto viniendo desde muy abajo) y al menos de forma consciente, nunca he intentado hacer daño a nadie.  


Sé tú mismo. Otra de las grandes enseñanzas de mi padre, y que puede guardar alguna relación con la anterior. Después de conocerte a ti mismo, sembrar lo que recoges y tratar a los demás con humildad y compasión, no te queda otra que ser tú mismo.  Como decía en el punto anterior mi padre pasó de trabajar detrás de la barra de una de las tabernas de los años cincuenta a ser confundido con el mismísimo Notario cuando acabó trabajando en una Notaría muchos años después. La vida le dio la oportunidad de relacionarse con gente de lo más diverso, pero Manuel Jurado, el “Chole”, como lo conocían los suyos era siempre el mismo. Trataba con la misma sencillez y desparpajo al aparcacoches en la calle que al mismísimo Registrador de la Propiedad, moviéndose con una increíble comodidad en cualquier ambiente por muy lejano que estuviese de sus humildes orígenes. Recuerdo especialmente cuando me decía: “Qué alguien tenga más dinero que tú no lo hace superior a ti, sé tú mismo, que es lo que importa”. Y a continuación me soltaba lo de la escalera de la vida.  Reconozco que echo de menos sus lecciones magistrales, aunque es cierto que él era más de hechos que de palabras, que es como realmente se enseña.



Carpe Diem. Vive el momento. La vida es demasiado corta como para perder el tiempo mientras pasa.  Vivir el momento y disfrutar de lo que tenemos cada día es uno de los consejos más valiosos que podemos recibir (aunque recuerdo que no estoy precisamente dando consejos).  Aquí sí me viene como anillo al dedo una de las estrofas que forma parte de la canción que titula esta entrada: “If we lose the time before us, the future will ignore us” (si perdemos el tiempo que hemos pasado, el futuro nos ignorará)

Por último, para hacernos conscientes de lo efímero de nuestra existencia, os adjunto un enlace con una publicación brutal que muestra en forma de gráficos nuestra vida en semanas. Basta colocar el ratón en nuestra edad actual para que un escalofrío recorra todo nuestro cuerpo al pensar lo que hemos dejado atrás y lo que teóricamente tenemos por delante. La sensación se intensifica en el caso de que, como ocurre con un servidor, ya le hayamos dado la vuelta al jamón.


https://waitbutwhy.com/2014/05/life-weeks.html


Respira. Lo primero que hacemos al llegar a este mundo, lo que no dejamos de hacer mientras estamos aquí y lo último que hacemos antes de marcharnos no debe ser algo banal. A pesar de esto, es una de las muchas cosas que damos por hechas y la llevamos a cabo en modo de piloto automático, sin ser conscientes de su importancia. La práctica del mindfulness nos lleva entre otras cosas a centrarnos en esta tarea tan cotidiana como importante. Respirar conscientemente calma la mente, alimenta el espíritu y relaja el cuerpo. Y además es gratis… Desgraciadamente no nos damos cuenta de su importancia hasta que no tenemos dificultades para llevarla a cabo, como ocurre en la mayoría de los aspectos de la vida.



Paciencia. Esta no es precisamente una de mis virtudes, ni creo que del resto de la humanidad. Parafraseando a Fred Brooks, que en 1975 acuñó la ley del mismo nombre, "nueve mujeres no pueden tener un bebé en un mes". Todo lleva su tiempo. En relación con la paciencia no puedo pasar por alto la metáfora del bambú. Si quieres cultivarlo, debes saber que tarda hasta siete años en desarrollar sus fuertes raíces bajo la tierra, hasta que, tras romper el suelo, pueden alcanzar una altura de hasta veinticinco metros en sólo seis semanas. Pero no basta con echar las semillas y dejarlas creer. Hay que cultivarlas, regarlas, cuidarlas y trabajarlas durante todo ese tiempo. Siete años en los que aparentemente no vemos ningún avance pero el bambú sigue haciéndose fuerte bajo tierra. Escuché la historia del bambú por primera vez haciendo referencia al proceso de educación de los hijos, y no puede ser más acertada. Durante años pasas inculcando tus valores a tus descendientes pensando que caen en saco roto, cuando en realidad no dejan de fortalecer sus raíces que le permitirán explotar y convertirse un día en unas maravillosas personas, altas y fuertes como el propio bambú.  


El espectáculo debe continuar. Pase lo que pase, como decía el gran Freddy Mercury, “El espectáculo debe continuar”. No te queda otra opción que seguir, como dice la mamá de Mara en este emotivo vídeo de la Fundación Olivares, en su colección “Historias con Alma”. Con este vídeo poco más tengo que decir.


https://www.youtube.com/watch?v=6dmjB8x_u78 


Agradece.  La gratitud es otra de las lecciones más valiosas que podemos aceptar. Pocas cosas en la vida tienen un efecto más positivo que unas “gracias” desde el corazón.  En este sentido, me encanta una de las frases que cita Anxo Pérez (el mismo individuo con pelo rizado que inunda nuestros anuncios de Youtube prometiéndonos hablar cualquier idioma en tiempo récord gracias a su método 8 Belts, y que fue capaz de convencer en un restaurante al mismísimo César Alierta de Telefónica de que todos sus ejecutivos utilizasen este método para aprender chino) en su libro “Los 88 peldaños del éxito”. Viene a decir, que cuando conseguimos algo no es el momento de vanagloriarnos ni darnos palmadas en la espalda por lo buenos que somos, sino de agradecer a todos los que nos han ayudado a conseguirlo. He intentado hacer de esta frase casi un mantra particular e intento dar las gracias el mayor número posible de veces. De hecho, llevo años escribiendo un “diario de gratitud” donde todas las noches antes de irme a dormir, escribo algo sobre tres cosas por las que me he sentido agradecido en ese día. Por muy complicado que haya resultado, siempre se pueden encontrar tres cosas por las que estar agradecido (estar vivo en el momento de escribir, recién cenado y a punto de irme a dormir a una cómoda cama bajo techo deberían ser más que suficientes, pero siempre aparecen más) Irme a dormir con esa emoción de gratitud no sólo influye favorablemente en mi sueño sino creo que también impacta de forma positiva en mis niveles de felicidad. De hecho, mis hijos, sabios como todos los niños, cuando eran pequeños llamaban a mi diario de la gratitud el libro de la felicidad de papá.

Un mes más, quiero agradeceros vuestro tiempo invertido en la lectura de estas líneas (que creo que este mes ha sido un poco más). Sin ánimo de dar consejos, como decía antes, la vida me enseñó que se cosecha lo que se siembra, que tengo que conocerme a mí mismo, que cuando ayudo a los demás recibo muchísimo más de lo que doy, que tengo que tratar bien a los demás con independencia de donde se encuentren, que debo ser yo mismo, que hay que vivir el momento, que tengo que ser consciente al respirar, debo tener paciencia, y que pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. Gracias otra vez, y hasta el mes que viene.






 

jueves, 25 de marzo de 2021

EN BUSCA DE LA FELICIDAD (SPOILER: ESTÁ EN NUESTRO INTERIOR)

             Justamente tres años después, retomo el mismo tema que dio origen a la publicación de Marzo de 2018. Quizás porque este año, aprovechando el día Mundial de la Felicidad que se celebra el 20 de Marzo, he tenido la oportunidad de asistir a algún que otro seminario (virtual, por supuesto), celebrado en el marco de la World Happinesss Week en el que me ha quedado patente que el concepto que teníamos de la felicidad ha cambiado significativamente (creo que para mejor) en los últimos años. He querido reflejar de alguna forma esta evolución en el título de la entrada del blog. Si hace un trienio era un modesto “Hablando de felicidad” ahora ya soy más ambicioso y pido prestado el título de la genial película de Will Smith llamada “Buscando la felicidad”, para a continuación dar pistas sobre su localización.

Recuerdo hace unos quince años, en mi etapa de padre primerizo, cuando acudía junto a mi mujer a unas sesiones de la Escuela de Padres del Ayuntamiento de Dos Hermanas, donde desarrollábamos unos talleres que llevaban por título “Aprendiendo a ser feliz”. Cuando comentábamos el tema con los amigos, algunos de ellos padres también, la mayoría se mostraban sorprendidos de que asistiésemos a clases de un curso con este nombre.

La felicidad, que parece ser el estado natural por defecto del ser humano (ése que traemos instalado de fábrica en nuestro sistema operativo) parece olvidarse cuando vamos cumpliendo años (la verdad es que podríamos celebrar aniversarios, porque la expresión que utilizamos normalmente “huele” un poco a condena) y  vamos transitando por el camino de la vida.

La felicidad, sobre la que existe la controversia de si sería conveniente considerarla como una decisión o como una obligación, creo que debería ser casi de obligado cumplimiento en el caso de los padres.  Al tener hijos tenemos entre otras, la dura y a la vez satisfactoria misión de dejar a nuestros hijos este legado, para que al menos tengan la oportunidad de decidir cuando sean adultos si quieren volver a la felicidad.

Volviendo al inicio y retomando el tema de la World Happiness Week que ha inspirado esta publicación, me sorprende muy gratamente la evolución tan positiva que ha tenido el tema de la felicidad en los últimos tiempos.

Paloma Fuentes, Gerente de Felicidad en Mahou, una verdadera referencia en este campo, abrió el evento con una conferencia sugerentemente titulada “Explorando las habilidades de la felicidad en las organizaciones”. Es una delicia seguir sus publicaciones por la positividad e ilusión que transmite. Si hace unos años hablar de felicidad en el trabajo casi se consideraba una utopía, actualmente hay empresas pioneras que hacen de la felicidad una importante ventaja competitiva porque no tienen dudas de que la felicidad de los empleados guarda una relación directa y estrecha con la productividad, los resultados y el futuro de la compañía. Todavía hoy hay quien recela de esta figura, pero en unos años el “Chief Happiness Officer” será tan habitual en las empresas como los aficionados corriendo por la calle (que por cierto, también éramos mirados de forma extraña hace unos años cuando éramos minoría.)

Si hablamos de Directores de Felicidad, Chade-Meng Tan es otra referencia a nivel mundial. El conocido como el tipo afable y alegre («cosa que nadie puede negar», como se afirma en su tarjeta de visita) fue uno de los primeros ingenieros que formaron parte de Google. Uno de los pioneros del crecimiento personal en el trabajo, desarrolló el programa “Busca en tu interior” (“Search Inside Yourself”) uniendo inteligencia emocional y mindfulness con la intención de impulsar el rendimiento de una de las empresas más innovadoras y exitosas del mundo.

Entre los beneficios de la inteligencia emocional se encuentran la de generar un liderazgo sobresaliente e inspirador, incrementar el rendimiento de forma espectacular y facilitar las condiciones que hacen posible la felicidad. Aún sin descartar los dos primeros, de indudable relevancia, nos centraremos en el último que es el que sirve de hilo conductor al artículo. Con independencia de la evidencia empírica que puedan arrojar los distintos estudios, el sentido común parece hacernos ver que los cinco componentes de la inteligencia emocional parecen estar bastante alienados con la búsqueda de la felicidad. Vayamos con ello.

õ  Autoconocimiento. Conocer los propios estados internos, preferencias recursos e intuiciones parece algo muy lógico para llegar a ser feliz. Si no nos conocemos suficientemente, no será fácil buscar aquello que nos hace feliz. El “Conócete a ti mismo” que coronaba el frontón del templo de Apolo en Delfos ha perdurado a lo largo de los siglos, convirtiéndose en un mantra imprescindible del crecimiento personal.

õ  Autogestión. Como gestión de los estados internos, impulsos y recursos. Aquí radica uno de los pilares de la libertad del ser humano. Como citó Víctor Frankl. “Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio se encuentra nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta está nuestro crecimiento y nuestra libertad.” Es pasar del reaccionar al responder, paso también imprescindible para ser felices.

õ  Motivación. Entendida como la existencia de motivos que nos empujan a actuar. Estamos motivados cuando tenemos alineamiento y lo que hacemos es coherente con nuestros valores, cuando tenemos visión y somos capaces de ver el futuro que deseamos, y cuando tenemos resiliencia, superándonos, adaptándonos y aprendiendo de los tropiezos. Tampoco parece que esto vaya muy en contra de la percepción de la felicidad, por muy subjetiva que sea.

õ  Empatía. La capacidad para experimentar y entender lo que otros sienten, pero manteniendo la clara separación entre nuestros sentimientos y los de la otra persona también es muy útil de cara a incrementar nuestros niveles de felicidad, si consideramos nuestra dimensión básicamente social. Nuestras relaciones suelen determinar nuestro nivel de felicidad, y hay pocas perspectivas mejores que la empatía para gestionarlas.

õ  Liderazgo: La capacidad de ser espejo para los demás, de inspirar a otros, es pieza inseparable de la felicidad. De hecho, dicen que la felicidad es de las cosas que se incrementan al compartirla.

Buscando información al respecto me he encontrado con una frase que se atribuye a Benjamin Franklin y me ha parecido espectacular, además de bastante acertada: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días” Todas las habilidades anteriores, que entre otras cosas son entrenables, y por tanto, mejorables, nos permiten dar cada día pequeños pasitos en busca de la felicidad. Al final, creo que la vida no es más que un continuo aprendizaje. El día que dejamos de aprender, dejamos de morir…

Finalizo la publicación con uno de esos cuentos que tanto me gustan. Éste sobre la Rabiya lo aprendí precisamente en la Escuela de Padres a la que hacía referencia al inicio de la publicación. La anciana mujer, como haría el señor Mang de Google varios cientos de años después, tenía muy claro que la felicidad se encuentra en nuestro interior.

Una tarde la gente vio a Rabiya buscando algo en la calle frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana. ¿Qué pasa? Preguntaron- ¿Qué estás buscando?

- ¡Perdí mi aguja – dijo ella!

Y todos la ayudaron a buscarla. Pero alguien le dijo:

– Rabiya, la calle es larga, pronto no habrá más luz. Una aguja es algo muy pequeño, ¿por qué no nos dices exactamente dónde se te cayó?

– Dentro de mi casa- respondió ella.

– ¿Te has vuelto loca? – gritó la gente- si la aguja se te cayó dentro de tu casa, ¿Por qué la buscas aquí fuera?

– Porque aquí hay luz y dentro de la casa no la hay.

– Pero aún habiendo luz, ¿Cómo podemos encontrar la aguja si no es aquí donde la has perdido? – Lo correcto sería llevar la lámpara a la casa y buscarla allí.

 Y Rabiya se rió.

-  ¡Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas! ¿Cuándo vais a utilizar esta inteligencia para vuestra propia vida interior? En el tiempo que os conozco os he visto siempre infelices, intentando cubrir vuestra felicidad con cosas exteriores, buscando afuera lo que sé, por mi propia experiencia, que se encuentra dentro de vosotros mismos. Usad vuestra inteligencia. ¿Por qué buscáis la felicidad en el mundo exterior? ¿Acaso la habéis perdido allí?

                Gracias como siempre por vuestro tiempo invertido en la lectura de estas reflexiones en voz alta y sed felices, que Abril está a la vuelta de la esquina. Ya sabéis, buscad la felicidad en vuestro interior, aunque esté oscuro. Al final acabará apareciendo.

                Y para poner la guinda al pastel la foto extraída de la película de Will Smith que bautiza esta publicación con una de mis frases favoritas y que durante tanto tiempo decoró las habitaciones de mis hijos:

“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo. Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo por ellos mismos, te dirán que tú tampoco puedes hacerlo. ¿Quieres algo? Ve por ello y punto”

                Para seguir este consejo creo que tienes que conocerte, gestionar tus emociones, motivarte, empatizar con los que te dicen que no podrás hacerlo, liderar a los demás con tu ejemplo, y ello te llevará, inevitablemente a esa felicidad que habita en tu interior.





sábado, 27 de febrero de 2021

Hablando de lemas vitales, "El espectáculo debe continuar" (The show must go on)

Este mes ha sido un artículo de LinkedIn el que me ha inspirado el contenido de esta publicación. Reme Egea Pastor hablaba sobre las seis enseñanzas de liderazgo que nos dejó el gran Freddie Mercury. Los que me conocéis sabéis que es uno de mis ídolos, además de ser el padre de la canción que coincide en su título con uno de mis lemas vitales. El genial “The show must go on” (“El espectáculo debe continuar”) resume en una sola frase bastantes puntos de mi filosofía vital.

Creo que al final todos tenemos nuestros propios lemas. Algunos son temporales, y nos acompañan en función del momento vital que nos ha tocado vivir, pero otros continúan marcándonos el camino durante casi toda nuestra vida. En mi caso este lema no creo que lleve conmigo más de diez años. No recuerdo exactamente cuándo me apropié de la frase de Freddie, pero sí que tuvo que ver con el inicio de mi relación con los deportes de resistencia. En entrenamientos y pruebas donde lo normal es pasar varias horas enchufados el principal enemigo con el que nos solemos encontrar son los pensamientos que nos pueden llevar a abandonar. El cansancio físico, pero sobre todo el psicológico, suelen hacer su trabajo para empujar a la mente hasta el borde del abismo del abandono. Ante ello, no hay mejor medicina y antídoto que interiorizar que pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. 

¿Por qué un lema vital? Al no tener mucha idea de psicología (como de otras muchas cosas), he pensado que un acercamiento al significado de los lemas en marketing podría darme una aproximación bastante certera.

Entre otros aspectos, los puntos que más he considerado que pueden justificar la elección de un lema son los siguientes:

- Expresan la promesa de la marca de forma directa. Si soy coherente con mi lema, bastará conocerlo para saber que soy un tío que pase, lo que pase, siempre continuaré con el “show”.

- Usan palabras suficientes para generar emociones. Creo que el “The show must go on” no suele provocar indiferencia emocional. Son pocos los que no reconocen en estas palabras al artista que las hizo famosas.

- No mencionan a la competencia y destacan cualidades reales y duraderas. Tampoco creo que existan dudas al respecto.

- En lo que me he perdido un poco es en lo de ser único y original, diferenciándonos del resto. El “The show must go on” está muy lejos de ser mío y obviamente está disponible para todo el que quiera utilizarlo. 

¿Qué significa para mí el “The show must go on” (TSMGO)? Más allá de su traducción en inglés, la reflexión irá en torno a las implicaciones personales que para mí tiene. 

Personalmente veo mucha conexión entre el “TSMGO” y las mal llamadas “soft skills” (essential skills, que dice mi amiga Cristina Jardón) que forman parte de la inteligencia emocional, algo con lo que cada vez estoy más conectado.

Autoconocerse implica que el espectáculo deba continuar, porque en este gratificante pero a la vez duro proceso de descubrir cómo somos realmente, en muchos momentos nos vamos a encontrar “cositas” que no nos van a gustar, pero que no serán excusas para detener el proceso.

Autogestionarse, y con ello autocontrolarse, tampoco será un camino de rosas. No todos serán éxitos, también llegarán los fallos (no fracasos, porque esta palabra no debería existir en nuestro diccionario, de forma parecida a como ocurre con la lengua inglesa) que serán una fuente inagotable de aprendizaje. Así que aunque nos equivoquemos, el espectáculo siempre debe continuar.

Automotivarse es un proceso de continuidad máxima. Uno de los tres pilares básicos de la automotivación, la resiliencia, es la máxima expresión del “TSMGO”. Pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. Esta frase convertida en mantra nos proporciona un depósito de motivación casi inagotable. Si lo interiorizamos realmente, pocas adversidades conseguirán frenarnos.

Empatizar también requiere mucho de “TSMGO”. La empatía, definida como la capacidad de entender a los demás sin contagiarnos de ellos es un auténtico ejercicio de continuidad del espectáculo. Sólo avanzando en este sentido conseguiremos el objetivo de empatizar con los demás.

Liderar, entendido como servir de referencia a los demás es también la más viva expresión del “TSMGO”. De hecho, el artículo que ha inspirado esta publicación iba sobre las enseñanzas de liderazgo que nos dejó el maestro Freddy. Me parece una “causalidad” y una forma original de cerrar el círculo. 

Por último, una relación de situaciones dónde creo que el uso del “TSMGO” puede ser bastante útil.

- Aunque el mundo se haya parado por culpa de un virus cuyas partículas agrupadas no ocuparían ni siquiera una lata de refresco de un tercio, el espectáculo debe continuar…

- Aunque no podamos ver la luz al final del túnel, y creamos que estamos a punto de rendirnos, el espectáculo debe continuar…

- Aunque el paso del tiempo comience a hacer huella en nosotros, el espectáculo debe continuar…

- Aunque echemos de menos los abrazos, los besos, y los encuentros multitudinarios (que en el lugar y momento de escribir esta publicación puede referirse a una reunión de cinco personas) el espectáculo debe continuar…

- Aunque cuando suene la alarma por las mañanas te entren ganas de todo, menos de levantarte, el espectáculo debe continuar…

- Aunque te preguntes si realmente estás viviendo la vida que quieres vivir y las señales parezcan confirmarte que no, el espectáculo debe continuar…

- Aunque el mundo parezca ir en un sentido contrario al tuyo, el espectáculo debe continuar…

- Aunque no te guste lo que ves por las mañanas al levantarte frente al espejo, el espectáculo debe continuar…

- Aunque la estupidez de la raza humana y el universo sean las dos únicas cosas que no parecen tener límite, el espectáculo debe continuar…

- Aunque nada golpee más fuerte que la vida, el espectáculo debe continuar…

- Aunque la tormenta no parezca tener fin, el espectáculo debe continuar

- En definitiva, pase lo que pase, el espectáculo debe continuar…

Cuando el espectáculo continúa como debe hacerlo, somos capaces de revertir la mayor parte de las situaciones que se describen en la primera parte de las frases anteriores, y si no lo somos, al menos podemos aceptarlas.

Finalizo como siempre dando las gracias por vuestro tiempo invertido en leer estas reflexiones personales en voz alta. Ya sabéis que pase lo que pase, “The show must go on”. Nos “vemos” en Marzo. La imagen de este mes me sitúa frente a una fotografía de mi ídolo Freddy “coronado” por una de mis múltiples pulseras, regalo de un muy buen amigo, que lleva inscrito mi lema vital “Show must go on”.