jueves, 23 de abril de 2020

LO POSIBLE Y LO PROBABLE (POSIBILIDAD vs. PROBABILIDAD)


Es difícil escribir algo sin estar influido por todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Ahora que en teoría tenemos más tiempo, las musas parecen más escurridizas y la inspiración llega casi a cuenta gotas. No me preocupa mucho, porque he leído que este fenómeno también le ocurre a artistas de verdad, como pintores, escritos y cantantes.

Después de muchas vueltas este segundo mes de confinamiento he decidido hablar de  posibilidad y probabilidad, algo que creo que se ha puesto bastante en evidencia en estos últimos días.

A menudo confundimos lo posible con lo probable (o lo imposible con lo improbable). Desde mi humilde punto de vista, la posibilidad es cuestión de sí o no (algo es posible o imposible), mientras que la probabilidad tiene más que ver con números y porcentajes (algo puede ser muy probable o muy poco probable, en función de las expectativas de ocurrencia)

En la película “Los Vengadores” se cita una frase que destruye la teoría anterior: “Nada es imposible, sólo teóricamente improbable”. La recién rescatada Adidas también hizo del “Impossible is nothing” de Muhammad Alí uno de sus lemas preferidos (al final añadimos el extracto del  discurso original en inglés donde posiblemente, ¿o probablemente? el mejor boxeador de todos los tiempos pronunció estas mágicas palabras). Pero más allá del mundo del marketing o de los superhéroes la imposibilidad parece tener su parcela reservada para ciertas afirmaciones, o al menos para ciertas afirmaciones basadas en nuestro limitado conocimiento.

Ambos términos, probabilidad y posibilidad, se unen y se confunden a la hora de generar preocupaciones sobre el futuro. Si algo fuese imposible (desoyendo los consejos de Muhammad Alí y de los Vengadores) no debería generar la más mínima preocupación. Pero si algo es posible, las posibles preocupaciones deberían venir de mano de su probabilidad de ocurrencia. Algo muy probable deberá llevarnos a actuar, bien para buscarlo si es positivo o para evitarlo si es negativo. Deberíamos priorizar nuestras acciones en función de probabilidades, para lo que la información que manejemos es clave. Al final asignamos un porcentaje de ocurrencia en base a los datos que tenemos. Concretemos un poco este galimatías de palabras en el que se ha convertido esta publicación. ¿Era posible que un virus provocase una pandemia mundial como la que estamos viviendo? Parece obvio que sí.  ¿Y cómo de probable era? Por lo que podemos ver, para algunos altamente improbable, muy cercano a lo imposible. Pero había algunas evidencias y opiniones que ahora consideramos fiables que ya adelantaban este horizonte. Ahora, que estamos inmersos en plena crisis, la salida es más cuestión de probabilidad que de posibilidad. Para ello, la información resultará una vez más clave. Si la información no es de calidad, erraremos en las probabilidades y las decisiones que se tomen nos alejarán aún más del camino, de ese camino que parece haber desaparecido bajo nuestros pies.
A continuación el mensaje de Alí, que se expresa bastante mejor que yo:

“Impossible is just a big word thrown around by small men who find it easier to live in the world they’ve been given than to explore the power they have to change it. Impossible is not a fact. It’s an opinion. Impossible is not a declaration. It’s a dare. Impossible is potential. Impossible is temporary. Impossible is nothing.”

“Imposible es sólo una gran palabra ideada por hombres pequeños a quienes les resulta más fácil vivir en el mundo que se les ha dado que explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho. Es una opinión. Imposible no es una declaración. Es un desafío. Imposible es potencial. Imposible es temporal. Nada es imposible."

Disculpad por el nivel de la publicación de este mes, porque es posible y muy probable que no guste tanto como otras, pero honestamente ahora mismo no doy para más. Posible y probablemente la del mes que viene será mejor.



domingo, 22 de marzo de 2020

LA SENSACIÓN DE CONTROL


Una de las acepciones de la R.A.E. define la palabra control como dominio, mando o preponderancia. Hoy quiero compartir con vosotros mis reflexiones sobre la sensación de control, que posiblemente sea una de las principales ilusiones que gobiernan nuestras vidas.

Desde muy pequeños mantenemos una relación muy estrecha con el control. Nada más nacer, controlamos a nuestra madre incluso de forma inconsciente simplemente con nuestro llanto. Nuestras lágrimas bastan para controlar su atención, en un acto de mera supervivencia.

Vamos creciendo y comenzamos a controlar nuestras cuerdas vocales para emitir sonidos (y para captar también la atención de cualquier forma de vida humana a nuestro alrededor), nuestra musculatura para mantenernos en pie y dar nuestros primeros pasos, y poco después nuestros esfínteres para poder dejar de depender de los pañales. Y así, poco a poco, casi sin darnos cuenta, nos pensamos que tenemos el control.
Tanto es así que incluso tenemos varias profesiones y negocios que hacen del control su razón de ser, como el controlador aéreo, el controller, las empresas de control de calidad, de control de plagas…todo sea por el control.

Parafraseando al gran Manolo Santander, maestro chirigotero de Cádiz para el que no lo conozca, “un día te piensas que eres un ser invencible, un día tú piensas que eres un ser inmortal, que lo que les ocurre a los otros en ti es imposible hasta que en tu vida se cuela esa enfermedad”. Este pasodoble con tintes autobiográficos, dedicado al cáncer, es aplicable hoy al conjunto de la humanidad y la irrupción del COVID 19. Es increíble (como diría Bisbal) que un virus de un tamaño tan pequeñito que es imposible de observar por el  ojo humano haya puesto en jaque a la poderosa raza humana, en teoría dueña del control. Hasta los más potentes países, las empresas más ricas, los futbolistas más idolatrados, todos hemos caído doblegados a sus pies.

En uno de los primeros libros de autoayuda que leí siendo un adolescente, “La actitud mental positiva” de Napoleon Hill y W. Clement Stone figuraba una frase que se me quedó grabada a fuego en lo más  profundo de mi ser: “toda adversidad lleva en su interior la semilla de un beneficio equivalente o mayor”. O como dice nuestro refranero, el “no hay mal que por bien no venga” que mi compadre de joven acuñó como mantra cada vez que los fines de semana regresábamos a casa con el casillero de conquistas a cero… Creo firmemente que esta adversidad nos hará más fuertes.

De entre las cosas positivas que me ha “regalado” el temido bichito, me quedo con la posibilidad de valorar lo realmente importante, de priorizar. Creemos necesitar muchas cosas pero nos acabamos de dar cuenta que se confirma la gran frase de mi amigo Andrés Olivares cuando dice que la felicidad no es más que la ausencia de deseo. En situaciones críticas nuestras necesidades se reducen a las básicas y el nivel de nuestros deseos se reduce al mismo nivel.  A modo de anécdota ha aprendido a lavarme las manos correctamente, con conciencia y aplicando mindfulness pleno a una actividad tan cotidiana. También he aprendido a disfrutar de los que duermen bajo mi mismo techo, a disfrutar del hogar. He vuelto incluso a invertir tiempo en juegos de mesa con los míos, una de mis actividades no favoritas… Una de las cosas que más me ha llamado poderosamente la atención es el  feedback en comunicación no verbal que he recibido con todas las videoconferencias que he tenido que realizar. Aunque en mis fotos en las carreras aparezco casi siempre sonriendo, en estas conversaciones profesionales en las que ahora he tenido oportunidad de observarme en directo estoy demasiado serio, como si estuviese enfadado, algo que me tengo que trabajar y mejorar desde ya. Si no hubiese sido por el corona posiblemente no me hubiese enterado…

Una vez leí una curiosa relación entre la felicidad y lo que echamos de menos cuando lo perdemos. Oculta su vieja mochila a cualquier viajero, y por muy poco valor que tenga, la felicidad lo inundará cuando pueda recuperarla. No valoramos lo que tenemos hasta que no comenzamos a echarlo en falta. ¿Cuántos abrazos, cuántos besos, cuántas gracias hemos dejado escapar porque podíamos decidir en cualquier momento llevarlos a cabo? Hoy nos emocionamos pensando en el momento en que volvamos a besar a nuestros padres, a abrazar a nuestros amigos, posiblemente porque añoremos todas esas oportunidades perdidas.  

En mi caso particular, mis hijos me han vuelto a dar otra lección de vida y a demostrarme que aunque albergaba serias dudas sobre su gestión del confinamiento, la generación que nos dará el relevo nos va a superar en muchas cosas. La tan denostada tecnología, las malditas redes sociales y las endemoniadas consolas se han convertido en un aliado perfecto para el desarrollo de la dimensión social del ser humano. Comparando con las mías el número de interacciones diarias que ellos han mantenido con familiares, amigos y compañeros de clase he resultado derrotado por una amplia goleada. Pensaba que los dos adolescentes en casa iban a tener serios problemas permaneciendo encerrados pero nada más lejos de la realidad. Los acordes de la guitarra de Pablo han sido la banda sonora del hogar de estos días, mezclados con la música que ha acompañado a Daniela en sus bailes, la mayoría de ellos compartidos con sus amigos gracias a la revolución digital que dudábamos a veces de que fuese realidad.   
          
Y cuando la pandemia pase, que pasará, volveremos a recuperar esa falsa ilusión de control que lo inunda todo. Hasta que un buen día, una señora vestida de negro y guadaña en mano se acerque a nosotros con el cartel de “GAME OVER” colgando de su cuello. Puede que a partir de ese momento recuperemos el control verdadero.

Mientras estamos en esa incierta tormenta, no puedo dejar de reproducir la frase de Haruki Murakami que mi compañera Alicia me regaló hace unos días y que ya tengo impresa y repartida por lugares estratégicos como doping extra de motivación en los momentos de “bajona”.

“…Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.”

Quiero aclarar que en absoluto esta publicación pretende difundir un mensaje de desesperanza ante nuestra falta de control. Hay una cosa sobre la que tenemos el control  total, y además creo que es de las más importantes: nuestra actitud. Con ella podemos decidir como reaccionamos, con independencia de lo que esté pasando. Sólo pretendo que tengamos claro donde tenemos que enfocar nuestros esfuerzos, sin crearnos falsas expectativas, aunque sin perder el optimismo y la ilusión que nos sacará de esta situación.

Viene a mi memoria la llamada plegaria de la Serenidad, una oración atribuida (al menos por Wikipedia) al teólogo, filósofo y escritor estadounidense de origen alemán Reinhold Niebuhr y cuya versión más conocida dice así:

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,
fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar
                                                       y sabiduría para entender la diferencia”          

En estos momentos, además de nuestra actitud, hay algo muy importante sobre lo que podemos actuar, cambiar y controlar: nuestra decisión de quedarnos en casa.

 Gracias como siempre por vuestro tiempo y nos vemos el mes que viene. Ahora más que nunca #ShowMustGoOn Y mientras esto dure, #QuédateEnCasa por favor. Dejaremos atrás la tormenta.



viernes, 28 de febrero de 2020

10 LECCIONES QUE ME ENSEÑÓ (MÁS BIEN RECORDÓ) LA MARATÓN


Como todos los meses, selecciono como tema para el blog algo que me haya llamado la atención o impactado especialmente en los últimos días. Este mes ha sido especialmente fácil. Hace justo una semana recorría por las calles de Sevilla los 42.195 metros que en su día inmortalizaron a Filípedes en la batalla de Maratón. Posiblemente haya sido mi participación más sufrida en las ocho ediciones que llevo en la carrera sevillana, pero sin duda ha sido la que más me ha enseñado.

Comienzo como casi siempre con una frase que esta vez tomé prestada de mi amigo José María Gallego en su genial libro a cuarenta y dos kilómetros de la felicidad (os podéis hacer una idea de lo que va) Entre otras aportaciones, cita el proverbio africano que dice así:

“Cada mañana en África, una gacela se despierta; sabe que deberá correr más rápido que el león, o éste la matará. Cada mañana en África, un león se despierta; sabe que deberá correr más rápido que la gacela, o morirá de hambre. Cada mañana, cuando sale el sol, y no importa si eres un león o una gacela, mejor será que te pongas a correr”.

Prefiero mil veces este proverbio que el castizo dicho que correr es de cobardes...por lo que es muy habitual que el amanecer me pille corriendo.

El pasado 23 de Febrero aprendí (o recordé más bien) entre otras muchas cosas, las siguientes:

1) Te limitan tus creencias, no tus capacidades. Esta frase de Alex Rovira (tan fácil de decir y tan difícil de poner en práctica) ya formaba parte de mis mantras para esta carrera. No es fácil creer en uno mismo, sobre todo cuando somos nuestros jueces más duros. Nuestra mente aprovecha cualquier resquicio de debilidad para hacernos dudar de nosotros mismos. Por eso, cuando peor lo pasé en la carrera, consciente de que no terminar era algo más que una posibilidad por las sensaciones que castigaban mi confianza, me aferré a mi fe como un clavo ardiendo, y al final pude entrar en meta junto a mi equipo (aunque me tuviesen que esperar lo más grande…)

2) La fuerza de una cadena la determina su eslabón más débil. Cuando se trabaja en equipo esta enseñanza cobra especial relevancia. El pasado domingo me sentí el eslabón más débil de la cadena, y mi fuerza fue la del equipo. Todos entraron en el mejor tiempo que fui capaz de hacer, aunque sus piernas hubiesen sido capaces de terminar mucho antes. Cuando trabajamos en equipo, nuestra preparación es aún más importante que cuando vamos solos, porque no es sólo nuestro resultado el que está en juego.

3) Rendirse no es una opción. Mi amigo Ramón Arroyo, inspirador de la magnífica película “100 metros” debería tener la patente de esta frase. Cuando los peores augurios atravesaban mi mente en un desierto de negatividad, un oasis de optimismo e ilusión disfrazado de estas palabras se convirtió en la luz que alumbraba mi oscuridad total. De todas las opciones que barajaba mi atormentado cerebro, rendirme era la única que no pasaba por mis planes.  Mark Allen, toda una leyenda del Ironman de Hawai, lo expresó con una frase aún más “deportiva”: “Puedes continuar para terminar la carrera y tus piernas te dolerán por una semana o puedes rendirte y tu alma te dolerá para toda la vida” Menos de una semana y ya no me duelen ni las piernas…

4) La clave del éxito son tres palabras: práctica, práctica y práctica. Podría encontrar innumerables excusas y explicaciones para justificar mi rendimiento el otro día. Pero no soy muy de dar explicaciones. Mis amigos no las necesitan, mis enemigos no las aceptan y los idiotas no las entienden. Si hay algo que me ha enseñado esta carrera es que a la maratón (y a la vida) siempre hay que llegar con los deberes bien hechos. Hay que ser consciente de tus circunstancias y  de tu situación y no menospreciar al “bicho” que tienes delante. Que lo hayas hecho anteriormente en innumerables ocasiones no es suficiente para volverlo a repetir si vas corto de práctica. Lección anotada, porque ésta me dolió especialmente.

5) Cuando coinciden amigos en tu equipo eres invencible. Una de las lecciones más bellas de la última carrera. El destino o la casualidad hicieron que coincidiésemos en carrera amigos que pocos días antes teníamos pocas posibilidades de hacerlo. Por eso, cuando me sentí vacío, sin fuerzas, cuando peor me encontraba y les pedí que por favor siguiesen adelante con su ritmo para conseguir ese objetivo de las tres horas y media que tanta ilusión nos hacía mientras yo me dejaría ir caminando hasta unirme a otro de los carros que viniesen por detrás la respuesta fue unánime por parte de todos: “Ni de coña” Esto lo habíamos comenzado juntos y lo íbamos a finalizar juntos. Jamás se abandona a un compañero de equipo, pero a un amigo aún menos. Las gracias en el punto final.

6) No combatas la tormenta. Tan sólo atraviésala. Este sabio dicho resume una teoría cargada de sentido común que procede de los hombres del campo,  tristemente protagonistas de estos días. En la agricultura se dan básicamente dos climas: sol y lluvia. Durante los días de sol hay que aprovechar para avanzar, para “combatir”. Pero cuando llega el periodo de tormenta (como me llegó a mí en la carrera) la única estrategia viable es atravesarla, resistir y esperar a que pase, a que lleguen tiempos mejores. Luchar contra algo que escapa a tu control te debilitará, mientras que aceptarlo y saber llevarlo bien te hará más fuerte. Si te obcecas en tu lucha contra la tormenta, es muy posible que cuando salga el sol no te queden energías para seguir adelante.

7) Para apreciar la luz, hay que conocer la oscuridad.  Durante mucho tiempo fui practicante de Tai Chi. Una de las cosas más valiosas que me aportó fue la importancia del concepto de la relatividad, el yin y el yang. Sin frío no hay calor, sin maldad no hay bondad, sin oscuridad no hay luz. Cuando crucé la línea de meta junto a mis compañeros impulsando el carro de Cristian me emocioné y lloré como hacía mucho tiempo que no lo hacía en una carrera. Esa sensación de felicidad infinita sólo pudo nacer del sufrimiento por el que había pasado sólo hacía unos kilómetros. Aunque mantengo mi promesa de intentar no sufrir en absoluto haciendo deporte, la excepcional experiencia vivida hace una semana ha merecido con mucho la alegría, como dice mi amigo Alonso Pulido.

8) Todo lo que deseas está al otro lado del miedo. Durante algunos kilómetros el miedo se adueñó de mis emociones. Miedo a no terminar, miedo a tener que retirarme por primera vez de una carrera, miedo a no estar a la altura de mis compañeros, de defraudar a nuestros capitanes, de que las extrañas sensaciones que recorrían mi cuerpo fueran el presagio de algo importante y estuviese siendo imprudente. Tantos y tantos miedos me llevaron a un bloqueo que me llevaron a recorrer varios kilómetros con el piloto automático puesto y sin disfrutar de la experiencia como debía. Sin embargo, el haber superado mis miedos me llevó a cumplir mi sueño pocos minutos después...

9) Cuando tienes un por qué, no importan ni el cómo, ni el dónde ni el cuándo... Esta es una de mis frases favoritas del gran Javier Iriondo. El propósito, la razón lo es todo. Cuando le encuentras sentido a lo que haces te sientes invencible. Mis porqués más cercanos tenían nombres como Cristian, Adri y Héctor. Un poco más lejos, pero dentro del circuito también iban Anita, Edu, Julia, Diego, Casilda, Elena e Iakes. Pensar en mis porqués hizo que el cómo, el dónde y el cuándo surgieran sin tener nada claro la forma en que lo hicieron…

10) El poder de la gratitud. Dice Anxo Pérez que cuando logramos algo no es el momento de recrearnos en lo bien que lo hemos hecho, sino en mirar hacia atrás y de dar las gracias a todos los que nos han ayudado. Éste es el principal motivo de esta publicación, dar las gracias a los diez capitanes, a los veintiséis impulsores oficiales que nos acompañaban (y a todos esos no oficiales) que en un alarde de generosidad imposible hicieron posible el fin de fiesta. Aunque puede que no sea justo, quizás porque la justicia no sea una de mis virtudes, quiero dar unas gracias especiales a los que sentí más cerca. A Cristian, que con sus ánimos a través de su altavoz me hizo llorar en más de una ocasión recordando la magia de las cuestas de la Orotava; a Adri, que con su arte gaditano me hizo esbozar más sonrisas de las que mi estado físico y mental eran capaces de dibujar; y a Héctor, que se coló en los últimos kilómetros como un soplo de aire fresco para revitalizar el cansancio acumulado a esas alturas de la película. A mi amigo Miguel Ángel, que cada vez que habla de Carros de Fuego su cara se disfraza de una ilusión infinita; a mi amigo Kito, porque hay que ser muy grande para ser sub tres en esta durísima prueba y renunciar a sus marcas para seguir impulsando; a mi amigo Guillermo, que protagonizó la alegría de la previa al colarse por sorpresa en nuestro equipo, y permitirnos disfrutar de su maldita cintilla; a mi amigo Mariano, a quien admiro y considero como a uno de los míos a pesar de que nos veamos poco más de un par de veces al año y más de quinientos kilómetros nos separen. Fuerte como el vinagre, corrió con el freno (del camión) echado para no perdernos de vista, y llegó a meta fresco como una rosa. También quiero agradecer a Rocío y a Carolo, que irrumpieron como auténticas motos cuando mi motor ya no daba para más. Podían y lo mismo debían haber seguido hacia adelante pero entendieron a la perfección las reglas no escritas del equipo. Y finalmente a Fabio y a Ramón, que fueron el refresco perfecto y me cuidaron y casi llevaron en volandas para que no desperdiciase ni un gramo de esa energía que parecía haber perdido por completo. Esta “pechá” de escribir va especialmente como agradecimiento para todos, pero especialmente para vosotros, porque si no hubieseis estado allí no tendría una octava medalla de finisher de la Maratón de Sevilla colgada de mi cuello. Gracias, muchísimas gracias. 

¿Todavía sigues pensando que no es importante que el amanecer te pille corriendo?

Pido perdón por la extensión de esta publicación, pero los cuarenta y dos kilómetros de una maratón se hacen molto longos… Gracias por vuestra atención, especialmente este mes que os he robado más tiempo del habitual.


 

lunes, 27 de enero de 2020

LA CANTERA


              De todas las definiciones que nos da la R.A.E. para la palabra cantera, en esta publicación que estrena el año 2020 nos vamos a quedar con la tercera: “Lugar, institución, etc., de procedencia de individuos especialmente dotados para una determinada actividad”; aunque también la segunda (talento, ingenio y capacidad que muestra alguna persona) guarda mucha relación con lo que vamos a tratar.

                En el lenguaje carnavalero la cantera añade a la primera definición, además del arte que atesoran los individuos la característica de que son niños y jóvenes, y aún no han dado el salto a la estupidez que gobierna la edad adulta. En este mundo absurdo del Carnaval la cantera tiene también una connotación positiva de la educación en valores que posiblemente se haya perdido en otros mundos como el deportivo (posiblemente debido a la intromisión de los adultos)

                Esta publicación del mes de Enero, muy próximo al mes del Carnaval pretende ser un modesto homenaje a la Cantera, y no sólo a sus niños, sino también a los adultos que los cuidan y que les transmiten unos valores que seguro que no perderán con el paso de los años.

                Sólo llevo metido en este mundo unos tres años, desde que mi hijo Pablo decidió que su pasión por la guitarra lo llevaría más por el camino de los pasodobles y cuplés que por el de bulerías y fandangos. Las cosas del destino lo llevaron a formar parte de esa familia disfrazada de Centro Cultural Carnavalesco Ibarburu. Allí no sólo encontró a otros chirigoteros, sino a amigos y compañeros de viaje que compartían la misma afición que él. Digo muchas veces que no hay mejor forma de hacer feliz a un padre que viendo feliz a su hijo y durante estos tres años son incontables las veces que he visto feliz a Pablo. Posiblemente haya llorado más viendo a Pablo actuar en estos tres años que sumando todas las veces que he visto “La vida es bella”

                Jamás olvidaré la primera vez que Pablo pisó las tablas del Gran Teatro Falla. Se incorporó a escena después de la presentación y los ojos estuvieron a punto de salirse de las órbitas cuando pudo contemplar la inmensidad del teatro desde la privilegiada posición del protagonista. Fue su debut con “¡Aquí no hay quien viva, mamá!”. Aquella timidez y casi miedo se transformaron en desparpajo y felicidad desmedida dos años después haciendo de surfero con “Una chirigota con tabla” y de niño mimado con “Los Reyes”. Entre medias, hizo de trabajador de MacDonalds en “Los que se colocan por primera vez” y de explorador en “Esta chirigota está por descubrir”. Cinco chirigotas, cinco tipos, y diez participaciones en el COAC, habiendo llegado a la final los tres años. Un currículum carnavalero del que no será consciente hasta que pasen los años y recuerde emocionado estos momentos.

                Y durante estos tres años un excepcional grupo de amigos se han convertido en su inseparable pandilla durante estos años de la adolescencia donde los amigos tienen una importancia capital.

                Pero toda esta maravilla no hubiese sido posible sin que algunos adultos, que precisamente no han enterrado al niño que llevamos en nuestro interior, como se suele hacer con el paso de los años, los hubiesen cuidado y guiado. Mena, Jordi, Juanma, Ale, y Toni, como directores, músicos y letristas han ejercido de auténticos padres y a ellos sobre todo va dedicada esta publicación.

No sólo los niños y sus guías forman parte de la Peña. Los padres, los hermanos, los abuelos, especialmente esas madres que improvisan un taller de costura durante varias semanas y pasan las tardes preparando esos disfraces que vestirán sus hijos y esos padres que preparan el atrezo con una destreza propia de los mejores artesanos completan un equipo envidiable.  

                Más de cincuenta niños (y no tan niños) con edades que van desde los tres años hasta los casi veinte forman esta excepcional escuela donde se aprenden muchas más cosas además de pasodobles, presentaciones y cuplés. Desde fuera es difícil hacerse una idea de lo que significa hacer cantar a unos niños tan pequeños que aún sin saber leer, memorizan cada letra, cada acorde y cada compás. Quizás más fácil que hacer que adolescentes en plena revolución hormonal se amansen con un repertorio que hacen suyo. Que a estas edades puedan enamorarse de una ciudad que no es la suya, de que sus corazones latan al ritmo del tres por cuatro y que el mes más corto del almanaque sea a la vez el más deseado… es algo difícil de explicar. Y además del desarrollo de estas capacidades son permanentemente bombardeados con una educación en valores que poco a poco irán calando en sus corazones haciéndolos mejores personas. Trabajo en equipo (dice el crack de la formación Antonio Garrido que la chirigota es el ejemplo tipo de la organización de alto rendimiento),  respeto (porque se puede hacer reír sin insultar), empatía (ponerse en el lugar del compañero que no atraviesa su mejor momento), sentido del humor (a raudales), disciplina (con una férrea rutina de ensayos indispensable para alcanzar el nivel que demuestran), solidaridad (con bolos sin cobrar cuando haya  una causa que lo merezca) y muchos más que harían de esta publicación una lista interminable.

                Hay una frase de mi amigo Jordi (a quien me volví a encontrar en este entorno después de más de treinta años sin vernos) que lo define todo a la perfección: “Esto es una familia, y el que llega se queda”. No puedo estar más agradecido de formar parte de esta familia y de haber sido tan bien recibido. Ojalá estos ejemplos cundan en otros ámbitos y podamos crear más canteras de chavales tan sanos. Los alevines, infantiles y juveniles de hoy son los adultos del mañana. Como dice mi amigo Miguel Pulido, no tenemos que preocuparnos por dejar un mejor mundo a nuestros hijos, sino por dejar mejores hijos a nuestro mundo…

                Y para finalizar y como prueba de lo dicho deberíamos seguir los consejos que nos dan estos chavales en la  última cuarteta del popurrí de la Chirigota Infantil “Los Reyes” con la que han alcanzado la final del COAC 2020:

“Y llegado el final

mi mensaje a pulmón,

esto es sólo un disfraz

que viste mi canción

visita las calles sin prisas

ensucia tus manos de tierra

respeta a tus padres, no exijas

comparte sonrisas y olvida las penas

defiende al más débil del malo

y arma tu mente con libros

que el día sea como un regalo

 aprovecha el tiempo

juega como un niño

vuela

recorre otros mundos en tu mente

juventud divina mi  suerte

y no crezcas sé paciente

vive por siempre en un cuento de Reyes

que sea en un cuento de Reyes

que sea en un cuento de Reyes”


                Nada más que añadir, sus señorías…

                Gracias y espero que os guste.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

GRAZIE 2019


Otro fin de año que se acerca. Otros 365 días vividos. Otros 365 motivos para estar agradecido. Llega el momento de mirar hacia atrás y de conectar los puntos, como decía el gran Steve Jobs. Hora de agradecer a todos los que me han ayudado a vivir estas experiencias. Si encontramos un hilo conductor que ha cosido la mayoría de los momentos sin duda alguna se trata del deporte. Un deporte practicado a mi estilo, muy lejos de las marcas de los cracks, muy alejado de los puestos de  cabeza, pero buscando siempre el peculiar objetivo de disfrutar a tope de los kilómetros recorridos, sin perder la sonrisa e intentando poner mi pequeño granito de arena en ayudar a los demás (aunque en realidad me esté ayudando a mí mismo). Un deporte que nunca deja de darme lecciones de vida para aplicar en mi actividad tanto personal como profesional.

Después de un 2018 a tope, llegaba el momento de fijar la que sería la etapa reina de la temporada. Este año, después de haberlo soñado durante mucho tiempo, por fin llegaba el momento de participar en el Ironman de Lanzarote. Primera lección: los sueños al final se acaban haciendo realidad. Si tienes el por qué, aparece el cómo. En este caso el por qué tomaba forma de reto solidario a favor de la Fundación Donando Vidas. Otra edición muy especial del #YoAdelantoTúDonas en uno de los lugares más emblemáticos que existen para este tipo de competiciones. Una prueba que no tuvo lugar durante las casi quince horas que tardé en completarla, sino durante los noventa días anteriores en las que casi cien donantes de órganos me regalaron todo su apoyo y su cariño. Sencillamente inolvidable. Segunda lección: si caminas solo, llegarás antes, pero si caminas acompañado llegarás más lejos. Aquí llegué muy lejos, mucho más de lo que jamás alcancé a imaginar.

Justo una semana antes del comienzo del reto tuvo lugar otra de las citas obligadas del calendario: la maratón de Sevilla. Mi séptima participación en esta carrera, mi segunda con los Carros de Fuego y la primera en la que tenía oportunidad de impulsar a Cristian, que por cuestiones médicas se había perdido la edición anterior. Toda la magia que se puede encontrar en esta distancia se multiplica por infinito cuando tienes la oportunidad de impulsar a un Capitán. Este año, por si fuese poco, Telecinco nos grabó un espectacular reportaje donde tuve la oportunidad de ser corresponsal en directo durante la carrera junto a mis inseparables Guillermo y Quinta, dos tíos que entre otras muchas cosas me han enseñado que nos limitan nuestras creencias, no nuestras capacidades. Muchas veces, al cruzar la meta he sido capaz de devorar kilómetros a un ritmo que jamás hubiese imaginado.

Entre la maratón y el Ironman de Lanzarote muchos entrenamientos, muchos madrugones y sobre todo mucho tiempo para pensar, que es uno de los principales regalos que me aporta el deporte. En el mes de Marzo participé en Alcalá de Guadaira en la I Carrera Solidaria contra la Leucemia “Valeria Pequeña Guerrera”. Una prueba que ojalá nunca se hubiese celebrado pero que nos enseña a todos el ejemplo de unos padres (Vanessa y Antonio) que son valientes no por sacar fuerzas de donde no las hay para seguir adelante, sino por seguir adelante sin tener fuerzas. Incluso de la más terrible adversidad la actitud es capaz de sacar algo tan extraordinario como esta admirable labor. Además del encuentro con muchos miembros del Donando Vidas Team, tuve la oportunidad de compartir unos intensos momentos con el gran Capitán América (mi indescriptible amigo Edu Balboa del Cid) que a lomos de su Harley se desplazó desde Málaga para inundar Alcalá de alma, magia y corazón, esas que rebosan los niños de la Fundación Olivares. Unicornios y besos de colores al cielo para la gran Valeria.

Pero todavía quedaban muchos platos fuertes por paladear en la temporada. En el mes de Julio, pocos días después de mi cumpleaños, tuve el inmenso regalo de acompañar a Cristian y a su familia en un viaje a Tenerife que jamás olvidaré. Gracias a Marcos, organizador de la serie de carreras de la Maskmororun pudimos disfrutar de unos días de ensueño en la Orotova (y en el resto de la isla) con sus cuestas infinitas. Un sueño que se pudo hacer realidad sobre todo gracias a la gente. Anthony, Zohila, Fernando, David, Lioneel, Miguel Ángel, Gilberto, Domingo y su mujer, Rafa, Dory, Ángel, Muller, Pablo, Antonio Lima y tantos otros que mi frágil y castigada memoria no me permite recordar me enseñaron tanto en tan poco tiempo. Además Ana, Feli y Cristian me regalaron en cinco días un Máster concentrado de la vida, sobre sentir, disfrutar y vivir, como decía el lema de esta carrera con la que soñamos todos los días en volver.

 Fue en Tenerife donde recibimos el jarro de agua fría de la suspensión de la Ultraworld, otra aventura de la Fundación Donando Vidas que nos iba a permitir recorrer en tres días el triángulo Sanlúcar de Barrameda, Huelva y Sevilla para homenajear a la primera circunnavegación al mundo quinientos años después. Desgraciadamente, las palabras  sentido común y política parecen discurrir por caminos opuestos y finalmente nos quedamos sin poder disfrutar de este evento. A veces que los planes no salgan bien (en contra de la opinión de Hannibal  Smith) resulta en una maravillosa experiencia que de otra forma no tendríamos la oportunidad de vivir. Sólo con el corazón (y eliminando cualquier posibilidad de razón que pudiese tirar por tierra la nueva aventura) planteamos (hablo en plural para compartir responsabilidades) realizar una versión modificada del #YoAdelantoTúDonas, transformándolo en un #YoCaminoTúDonas. Otra vez se trataba de llegar lejos (no rápido) así que había que ir acompañado. La genial idea con la que seguir concienciando al mundo sobre la importancia de la donación de órganos consistía en realizar el recorrido Sarria-Santiago de Compostela (116 kilómetros) a pie y con un límite autoimpuesto de veinticuatro horas. A pie acompañado por mis inseparables Jesús Rey y Manuel Navarro (este último que aunque un tema laboral de última hora le imposibilitó acompañarnos, estuvo muy presente en cada uno de esos kilómetros) y escoltados en bici por mis amigos Isidro Naranjo, Jesús Peña y José María Rey. Nada más que comentar, su señoría… Una experiencia que dio para una publicación exclusiva en el blog (como la totalidad de las anteriores)

Una semana antes de volver a Santiago otra visita obligada (esta vez sin nadar, pedalear ni correr) a la Fundación Olivares, para poder llevar a cabo la sesión fotográfica del Calendario Solidario. Este año, temática de películas infantiles magistralmente recogida por el mago del objetivo Diego Escobedo y mágicamente retocada por el gran Paco Aznar. Esa tarde de Septiembre en la que te vuelves a dar cuenta de lo que es verdaderamente importante y en la que esos niños año a año nos regalan lecciones de vida de valor incalculable. Por si fuera poco, este año hemos tenido un acompañante excepcional: mi hijo Pablo, que en plena efervescencia adolescente cree haber encontrado en la educación especial su propósito en la vida, y que tiene esa capacidad innata de caer bien y ayudar a los pequeños que puedan necesitarlo.

Pero el año no estaría completo sin la Ultramaratón de la Vida. Mucho más que una carrera. Un punto de encuentro obligado para todos aquellos que creemos en el deporte, en la solidaridad y en la necesidad de hacer desaparecer esa  maldita lista de espera que condena en vida a todos los que esperan un órgano para poder seguir adelante. Este año, por si las emociones fuesen pocas, fui generosamente invitado al debut oficial de Carros de Fuego en Cádiz, donde rodeado de buenísima gente acompañamos al crack de Adrián por las calles sanluqueñas espectacularmente decoradas con la iluminación Navideña. Al día siguiente, cincuenta kilómetros a pie magistralmente escoltado por Juanlu (incombustible y ejemplar su reto Pichón), Jesús Rey (otra vez) y el gran Javi (que con sus inconfundibles huaraches incorpora aún más mérito a lo que hace). Aquí la lista de agradecimientos daría para una publicación independiente, pero lo centraré en Eduardo Rangel (presidente de la Fundación Donando Vidas) y en su mujer Loli Vidal (que es la pieza clave que hace que todo funcione), sin nombrar pero recordando a todos los miembros del Donando Vidas Team, a todos los participantes, colaboradores y como no a sus voluntarios, que son únicos y especiales. Sólo espero poder acudir durante muchos años más a esta cita obligada en el Puente de la Inmaculada, en Sanlúcar de Barrameda o donde quiera que se llegue a celebrar.

Y alrededor de  esta carrera, tres medias maratones con los Capitanes de Carros de Fuego (Dos Hermanas, Córdoba y Los Palacios). A pesar de llegar muy castigado física pero también psicológicamente a este final de temporada, esos niños te hacen resurgir de tus cenizas como el Ave Fénix y quemar rueda con toda la ilusión que somos capaces de alcanzar.

Ya sólo me queda un paseo para finalizar el año. La solidaria y genial San Silvestre de Dos Hermanas donde un año más volveré a despedir el año enfundado en un disfraz que envuelva la poca vergüenza que me va quedando. Otra oportunidad de coincidir con el crack de mi amigo Quinta, organizador además del la prueba.

Y volviendo a la senda del agradecimiento, como mencionaba al principio, ninguna de estas locuras hubiese tenido lugar sin mi equipo, un equipo que es sin duda el mejor y que es el que me da fuerzas para  seguir adelante. Mi hija Daniela que a pesar de ser la menor me da ese punto de madurez que muchas veces necesita mi locura para alcanzar el equilibrio; mi hijo Pablo que a pesar de nuestra continua batalla es el tipo de persona que siempre me hubiese gustado ser y mi mujer María, que siempre está ahí a cargo de todo mientras  yo entreno y compito, a pesar de que no comparte mi adicción (ni siquiera el gusto) por el deporte. Gracias infinitas a las tres. Ojalá decidáis aguantarme durante muchos años más para poder seguir haciendo realidad mi leitmotiv: #ShowMustGoOn. Gracias, muchísimas gracias a todos los que estáis reflejados en estas líneas (incluso sin haber sido nombrados) Os deseo un 2020 infinitamente mejor que el 2019. 


 

 

 

 

lunes, 25 de noviembre de 2019

EL FUTURO ES HOY


            En un entorno cada vez más cambiante, en un mundo donde la incertidumbre ha llegado para quedarse, cada vez parece cobrar más sentido la preocupación por el futuro. Los conflictos internacionales, las pensiones, el cambio climático, la amenazante recesión… tantos y tantos temas de vital importancia mantienen nuestro foco puesto en el mañana hasta el punto de hacernos olvidar que no hay mañana sin hoy. Nos creemos inmortales y vivimos como si fuésemos a hacerlo de forma eterna, mientras deberíamos hacerlo como si supiésemos que íbamos a morir mañana.

¿Qué haríamos si nos diesen la noticia de que nos quedan sólo veinticuatro horas de vida? Posiblemente llamar a ese amigo con el que hace tanto tiempo que no tomamos café, o abrazar a esa persona que a pesar de estar tan cerca se siente tan sola y decirle que la quieres, o simplemente ir a la playa y disfrutar de la que sería nuestra última puesta de sol… posiblemente tantas ideas como personas, pero la mayoría de ellas (por no decir la totalidad) con un denominador común:  sentirnos en el presente, en el hoy, en el ahora, sin preocuparnos por lo que hicimos ayer o por lo que tendríamos que hacer mañana. ¿Y por qué esperar a que nos den esa trágica noticia? Una de las pocas verdades absolutas que existen en esta  vida es que todos vamos a morir. No sabemos el cuándo, pero al final el momento llegará. Y si no sabemos cuándo, ¿no sería mejor apurar y disfrutar de cada minuto, de cada segundo? Uno de los lemas de mi filosofía vital es intentar arrepentirme de lo que he hecho, no de lo que he dejado de hacer. No me gustaría llegar al final de mis días con una larga lista de cosas por hacer. De los arrepentimientos por los errores cometidos (por las cosas hechas) seguro que habrá lecciones por obtener que nos ayudarán a hacernos mejores personas.

Uno de nuestros principales enemigos a la hora de vivir el ahora es la pregunta “¿Y si…?” Este permanente freno es el culpable de que muchas veces no sepamos vivir. Y lo triste, como decía el gran Pablo Ráez no es morir, lo verdaderamente triste es no vivir mientras estemos por aquí. En relación con esta maldita pregunta que tantas veces condiciona nuestro ser os dejo un cuento que leí una vez al magistral Jorge Bucay, llamado “el oso del zar” y que de forma resumida viene a contar una historia tal que así.

En los tiempos de la antigua Rusia vivía un zar malvado y temido por todo el pueblo. Era famoso por sus arbitrarias decisiones que solían acabar con la cabeza de cualquier súbdito separada de su cuerpo como forma de castigo ejemplar. Odiaba a todos, sin distinción.  Sólo parecía mostrar cariño por un ejemplar de oso salvaje que desde muy pequeño cuidaba en una jaula de oro.

Un día, en una recepción oficial, se le cayó un botón de la saya y ni corto ni perezoso mandó ejecutar al sastre del reino por el descuido. El sastre pasó la noche en prisión, a la espera de ser ejecutado al amanecer. Como era una persona de recursos, se le ocurrió comentarle al guardia que lo vigilaba.
  • Vaya, que mala suerte que vaya a ser ejecutado. Ahora que había desarrollado un método con el que podría hacer hablar al oso del zar…

El verdugo, entre ilusionado por poder comunicar esta excepcional noticia al gobernante y asustado por la posibilidad de que el zar pudiese tener conocimiento de la  misma una vez ejecutado el sastre, lo hizo saber hasta sus superiores hasta que llegó a oídos del zar. Inmediatamente se paralizó la ejecución y el mandatario llamó al condenado a su presencia.
  • Me han dicho que podrías hacer hablar a mi oso. Estarás bromeando ¿no?
  • En absoluto. En un año podría hace que el oso hablase perfectamente. He desarrollado un método infalible.
El zar mandó llamar a su séquito y ordenó proporcionar alimentos, vestidos y educación para la familia del sastre durante un año para que éste pudiese dedicarse en exclusiva al adiestramiento de su mascota. Lo liberó y lo devolvió a su casa con todos los honores, escoltándolo como si de un alto gobernante se tratase.

Cuando llegó a casa, su mujer lo recibió entre lágrimas, sorprendida porque no lo hubiesen ejecutado como estaba previsto. Cuando le contó lo que había pasado, la mujer cambió la sorpresa y la emoción por indignación y enfado.
  • ¿Cómo se te ha ocurrido tremenda locura? ¿Sabes lo que ocurrirá cuando pase un año y el oso no hable? No sólo te van a matar a ti, sino a toda la familia al completo. Quemarán nuestra casa y ejecutarán a todo el que tenga algo que ver con nosotros…

El sastre, que como había quedado demostrado era un tipo con recursos, le respondió desde la más absoluta tranquilidad.
  • Relájate, por favor. ¿Tú sabes todo lo que puede pasar en un año? Se puede morir el zar, se puede morir el oso, me puedo hasta morir yo… pero además ¿y si el oso habla?

No deberíamos olvidar nunca a este sastre, para que en esos momentos de preocupación sobre el futuro, de dudas sobre nuestra capacidad, de incertidumbres sobre nuestro mañana, acertásemos a preguntarnos: ¿y si el oso habla?



sábado, 12 de octubre de 2019

EL SUEÑO DE LOS DESPIERTOS


Como todos los meses recurro a una experiencia que me haya impactado o llamado poderosamente la atención en los últimos días en la búsqueda de un tema para la publicación mensual del blog.

                Este mes lo tenía relativamente fácil. El reto #YoCaminoTúDonas, llevado a cabo con la finalidad de concienciar sobre la importancia de la donación de órganos me lo ha puesto relativamente fácil. Lo que a los ojos de muchos puede parecer una simple locura (locura lo ha sido, pero con sentido, lo que modestamente creo que evita que se le pueda tachar de simple) creo honestamente que ha podido ser una de las grandes aventuras de mi vida, y posiblemente de la de mis acompañantes.

                En cuanto al título ha surgido como lógica consecuencia de que este reto (recorrer a pie los ciento dieciséis kilómetros que separan Sarria de Santiago de Compostela en veintitrés horas, que se corresponden con las cinco o seis últimas cinco etapas del Camino de Santiago en su vertiente francesa) se ha desarrollado durante más de la mitad de su duración de noche, en la más absoluta oscuridad. Siguiendo la frase del genial Walt Disney, pensamos que si lo podíamos soñar lo podíamos hacer (como finalmente ocurrió) pero infravaloramos la influencia de la noche. Más que el cansancio, que la fatiga muscular, que nuestros propios miedos disfrazados de fantasmas mentales, fue la otra acepción de la palabra sueño la que estuvo a punto de hacernos fracasar en nuestro intento.

                Ya lo dijo Calderón en su día:

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

                Casi veinte siglos antes, Chuang-tzu escribía la famosa historia del sueño mariposa, que viene a decir algo así como:

«Érase una vez, yo, Zhuangzi, soñé que era una mariposa, revoloteando de aquí para allá, a todos los efectos una mariposa. Sólo era consciente de mi felicidad como una mariposa, sin saber que era Zhuangzi. Pronto desperté, y allí estaba yo mismo de nuevo. Ahora no sé si yo era entonces un hombre soñando que era una mariposa, o si ahora soy una mariposa, soñando que soy un hombre.”

                Esta dualidad de dimensiones (realidad vs. Ilusión ) también ha sido magistralmente tratada recientemente en la película “Mátrix” y nos puede llevar a reflexionar acerca de una cuestión que aparentemente tendría fácil solución, al menos así nos lo han enseñado desde muy pequeños.

                Pero la palabra “sueño” también tiene una importante segunda acepción además del antónimo de vigilia que también aparece oculta en el título de este post. Fuimos cinco “despiertos” los que soñamos con hacer realidad este sueño, como se deduce de nuestra anterior alusión a Walt Disney.

                Dicen los gurús del “management” (para lo que no encuentro una traducción apropiada en español) que los sueños no son válidos a la hora de guiar nuestro desarrollo personal y profesional. Que para eso están los objetivos, que siguiendo la regla de las siglas “SMART” (también en inglés: concreto, medible, alcanzable, realista y con un horizonte temporal) nos guían como faros en nuestro navegar. Pero desde mi modesta opinión a los objetivos les falta un ingrediente fundamental de los sueños: la pasión. Para mí la pasión es la gasolina que alimenta los sueños, el combustible que nos permite seguir avanzando por muchas dificultades que nos vayamos encontrando en el Camino.

                En esta inolvidable experiencia, nos quedamos con el sentido final de este sueño, de esta aventura. Al abrigo del paraguas de la Fundación Donando Vidas, dedicamos veintitrés horas de nuestra vida (algunas más con las previas y las posteriores) a concienciar al mundo sobre la importancia de hacernos donantes de órganos. Cuando dejemos este mundo, cuando posiblemente despertemos de este sueño que puede que estemos viviendo, no habrá mejor legado que dejar por aquí nuestros órganos para que, viviendo dentro de alguien que pueda necesitarlos, sirvan para seguir imaginando y viviendo sueños.

                Y para cerrar obviamente no hemos encontrado mejor imagen que la de este equipo #YoCaminoTúDonas feliz por haber alcanzado su sueño (no tengo muy claro si fue un objetivo, porque lo de realista no estuvo tan claro durante mucho tiempo) a la sombra de la Catedral de Santiago. ¿Soñamos? Buen Camino.