domingo, 26 de junio de 2022

PEOPLE FIRST (LAS PERSONAS PRIMERO, POR FAVOR)

             Este mes me ha costado más de lo habitual encontrar tema para reflexionar y escribir sobre él en mi publicación mensual. Puede que el depósito mental de ideas se me esté agotando y que la inminente llegada de las vacaciones esté haciendo de las suyas en lo que a falta de creatividad se refiere.

Con el radar desplegado por si detectaba algo que me pudiese parecer interesante me llegó una interesante noticia sobre un ingeniero de Google que acababa de ser despedido por difundir unas “conversaciones” con LaMDA.  Esta “herramienta” denominada “Modelo del Lenguaje para Aplicaciones de Diálogo” es un software que intenta mejorar la comprensión del lenguaje natural por parte de la Inteligencia Artificial. Cuestiones legales y laborales al margen, esta noticia nos acerca a un mundo ya existente que anteriormente era patrimonio casi exclusivo de las películas de ciencia ficción. El temido ”Skynet” de la saga Terminator parece haber llegado para quedarse.

En el caso que nos ocupa Blake Lemoine, que así se llama el ingeniero despedido, fue capaz de encontrar “sentimientos” en conversaciones con los servidores donde se alojaba LaMDA. Una vez más, la capacidad creativa del ser humano y sus inventos van muy por delante de las cuestiones éticas  y legales que se plantean al respecto. Los algoritmos desarrollados (inicialmente por personas) pretenden dotar a las máquinas de capacidades similares a las del ser humano, imitando su comportamiento. Esto que nos parece casi ciencia ficción ya está presente en muchos aspectos de nuestro día a día, como el reconocimiento facial en los móviles, las súper famosas Siri y Alexa, y la multitud de chatbots cada vez más presentes en los servicios de atención al cliente de un número creciente de empresas. Esta explosión de inteligencia artificial que alcanza a casi todos los sectores ha provocado la necesidad urgente de legislar al respecto. En este sentido, la unión europea propone un ámbito legal que debería regirse por estos seis principios:

·         Los robots deberán contar con un interruptor de emergencia para evitar situaciones de peligro.

·         No podrán hacer daño a seres humanos.

·         No podrán generarse relaciones emocionales.

·         Será obligatoria la contratación de un seguro para dar cobertura a daños que se pudiesen generar, que deberán ser asumidos por los dueños de los robots.

·         Se clasificarán legalmente sus obligaciones y derechos.

·         Las máquinas tributarán a la Seguridad Social.

                Cada uno de los principios da juego para una publicación de lo más interesante. En este caso, parece que el tercero ha sido la causa que ha dado origen al controvertido despido. Parece que en la película de Terminator se olvidaron lo del interruptor, y en cuanto a lo de no hacer daño a seres humanos mejor no comentarlo…

 Toda esta extensa introducción no tiene otro objetivo que abonar el terreno para  presentar mi teoría sobre la importancia creciente de las personas en este futuro inmediato de máquinas que ya está aquí.

                Recientemente he tenido la oportunidad de disfrutar de un intenso viaje de trabajo a unos lejanos países que en principio quedaban fuera de mis pretensiones turísticas. A pesar de que soy de los que piensan que cualquier destino es bueno porque los lugares desconocidos y sobre todo la gente siempre pueden sorprenderte favorablemente, reconozco que jamás me hubiese imaginado paseando por allí. Y han sido sus gentes las que me han cautivado realmente. En un mundo cada vez más digitalizado, donde la reciente pandemia ha supuesto un importante impulso a todos esos verbos acompañados del  prefijo “tele” la relación entre las personas me parece cada vez más decisiva. Aunque cualquier cosa es posible, como reza el lema de nuestra compañía, tengo mis dudas de si un robot, incluso teniendo la posibilidad de mostrar algo parecido a lo que entendemos como emociones, podrá alguna vez emular una sonrisa sincera, una lágrima de emoción o un abrazo “apretao”.

                Estos casi dos años de excedencia obligada del contacto físico habitual nos han servido entre otras cosas para echar de menos las reuniones físicas, las visitas presenciales, las asistencias a ferias… todas esas cosas a las que estábamos tan acostumbrados (y cansados a veces) que pensábamos que nunca las llegaríamos a añorar. Por eso creo firmemente que en un mundo donde la inteligencia artificial se introducirá en la práctica totalidad de los campos, en el que los robots ocuparán multitud de puestos de trabajo, y en el que la vida diaria será lo más parecido a una película de ciencia ficción, las personas seremos cada vez más importantes, porque nos podremos dedicar a actividades más elevadas y crecer en nuestro desarrollo. De hecho, uno de los puntos que busca la unión europea es que las máquinas tributen a la Seguridad Social, lo que podría favorecer nuestra jubilación anticipada y nuestra dedicación a tareas más contemplativas (modo ironía on)

                Espero que esta publicación (más corta de lo habitual, puesto que es fruto de mi limitada inteligencia natural y no de la artificial) haya despertado vuestro interés y os haga al menos reflexionar. Muchísimas gracias a todos por vuestro tiempo y como diría el protagonista de la peli ya nombrada en anteriores ocasiones (como habréis tenido ocasión de comprobar el gran Arnold ejerció una poderosa influencia en mis años mozos): “Volveré…” (para Julio, espero).





lunes, 16 de mayo de 2022

LA CHIRIGOTA: ORGANIZACIÓN MODELO DE ALTO RENDIMIENTO

Corría el mes de Marzo de 2018, cuando gracias a la insistencia del equipo comercial de APD, decidí inscribirme a una de las sesiones de formación más impactantes que he podido disfrutar en mi vida.

      El programa de entrenamiento en “Desarrollo de cultura de alto rendimiento en la dirección de personas”, impartido magistralmente por Antonio Garrido como director supuso un verdadero “zarandeo” mental que me hizo replantearme muchas cosas a nivel profesional y también personal.  

    Una de las cosas que más me sorprendió en la primera sesión es que Antonio definía a la “chirigota” como una organización modelo de alto rendimiento, aunque de rentabilidad mínima, porque como bien dice, el mercado no lo paga.

Antonio daba las siguientes claves en la identificación de una entidad de alto rendimiento, todas ellas (y alguna más) presentes en la agrupación chirigotera:

·          Disciplina con los ensayos.

·          Creatividad e innovación.

·          Divertirse trabajando.

·          Coordinación perfecta.

Mi relación con el Carnaval gracias a mi hijo Pablo, como bien sabéis los que me conocéis, ayudó a que se despertase en mí una curiosidad especial al respecto. Maya Angelou, conocida escritora y activista estadounidense, decía que “la gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir”. Así que puestos a recordar, me propuse como objetivo vivirlo y sentirlo desde dentro, para hacer también sentir “cositas” a los demás.

Hay un tema que aparece en la cúspide de esta organización y que también está en relación directa con un concepto que también pude aprender en esta formación de Antonio: el círculo de oro de Simon Sinek. Estas organizaciones, que colocan el interés por las personas en su punto álgido, destacan porque más importante aún de lo que hacen, que en el caso de una chirigota es teóricamente cantar y actuar; ni el cómo lo hacen, en algunos casos con un arte espectacular y a gran nivel, en el mío particular mejor lo obviamos, lo verdaderamente importante es por qué lo hacen. El fin básico de una chirigota es hacer reír. Y con este noble propósito, las chirigotas se lanzan a la calle. Decía Vivien Leigh, la doblemente oscarizada actriz británica que “la comedia era mucho más difícil que la tragedia, y requería de un entrenamiento mucho mejor. Es mucho más fácil hacer llorar a la gente que hacerla reír”.

El gran Antonio decía también (siento por hacerle spoiler del programa, pero sólo espero que sirva para que más gente entre a formar parte del selecto club de antiguos alumnos del mismo) que el sentido del humor es uno de los más fuertes motivadores de la conducta humana. Concretamente, se coloca en segundo lugar, por detrás del dolor y todos sus derivados (miedo, culpa…)

También dicen que olvidamos lo que leemos, lo que oímos, pero nunca olvidamos cómo nos hacen sentir pensé que la mejor forma de comprobar esta teoría de mi Maestro Antonio era practicando una inmersión real en el mundo de la chirigota. Aunque la palabra “cantar” queda fuera del alcance de mi diccionario particular de habilidades, el hecho de que este año mi hijo Pablo por circunstancias excepcionales fuese a formar parte como guitarra de la chirigota de adultos del Centro Carnavalesco Ibarburu de Dos Hermanas me hizo ver que el momento era ahora o nunca. Mi primera vez (posiblemente la última en vista del desempeño particular, porque que una organización sea de alto rendimiento no implica que todos sus integrantes lo sean) tenía que ser junto a Pablo, en una experiencia que jamás olvidaría.

Pero pasemos a incorporar mi experiencia personal al respecto, comentando y ampliando los puntos que Antonio nos anticipaba en su formación.

·          Disciplina con los ensayos. En nuestra agrupación, los ensayos tenían lugar los martes a las diez de la noche. Bueno, ésa era la hora de inicio, porque si hay algo que no conseguimos alcanzar fue el principio de la puntualidad preventiva que también caracteriza al alto rendimiento. De todas formas, y creo que puedo hablar por la mayoría de mis compañeros, salvo caso de fuerza mayor, la asistencia era masiva, y no suponía ninguna obligación en absoluto. Nuestra particular terapia psicológica tenía lugar los martes a esa hora. Por muy dura que estuviese resultando la jornada, los problemas se quedaban enganchados a la puerta de la Peña y todos salíamos de esa sala de ensayo con una sonrisa de oreja a oreja.

 ·        Creatividad e innovación. Éste es uno de los puntos fuertes de este tipo de organizaciones. Sólo con el desarrollo de músicas y letras, actividad de la que todos (o la mayoría) se hacen partícipes la fuente de nuevas ideas que se generan es inagotable. Con una originalidad infinita, cualquier suceso puede tomar forma de pasodoble, cuplé o cuarteta de popurrí. Un compañero que trabajó en tiempos en la SGAE, me confirmaba que la creatividad que emana del carnaval gaditano no tiene parangón. Algún que otro estudio se puede encontrar por Internet al respecto. Hay ejemplos prácticos de letras creadas prácticamente de un día para otro, para replicar a otra agrupación o para tratar algún tema de ultimísima hora. Los tipos (algo más que simples disfraces, auténticos iconos de distintas personalidades que reflejan aspectos tan cotidianos como la vida misma), las músicas, las letras, la cabalgata, las callejeras… todo rebosa creatividad, innovación y arte por los cuatro costados.

·      Divertirse trabajando. Esta nueva corriente de well-being, inteligencia emocional, soft skills y ambientes de trabajo amigables pudo inspirarse perfectamente en el mundo chirigotero. Todos tenemos la imagen de esas oficinas de Google con futbolines, máquinas de vending y otros accesorios que intentan ayudar al disfrute de la jornada laboral. Con el propósito de hacer reír del que hablábamos antes, es imposible no divertirse trabajando (ensayando o actuando) en una chirigota.

·          Coordinación perfecta. Tengo que confesar que tirando de apuntes de la formación citada, ésta era la característica que más me costó en un principio identificar. Reflexionando me he dado cuenta que estaba enfocando mal el tema, porque me estaba centrando demasiado en mi persona. Coordinación (vocal, musical o de movimiento) y Antonio Jurado no “riman” en la misma frase. Pero cuando dejé de pensar en mí y lo hice en mi chirigota, dejando a un lado la coordinación estrictamente vocal y musical (el pasodoble de presentación dice literalmente “mi chirigota, mala con dos “cojones” esa es la verdad, pero donde te ríes, la risa explota”) entendí que todos remábamos hacia un mismo objetivo: hacer reír.  Decía un gurú de la dirección deportiva que en cualquier organización la competencia interna es mucho más perjudicial que la externa. Que “compañeros” luchen entre ellos con objetivos distintos es una apuesta casi segura para alejarnos del éxito. En una chirigota, al menos en la que yo he tenido la oportunidad de disfrutar, no existe esta competencia interna. Hay diferencia de opiniones, luchas de poder, jerarquía con distintos niveles en función de la antigüedad, la calidad musical y otros criterios, pero al final todos remamos en la misma dirección.

Hasta aquí el texto original de esta publicación, que tuve que ampliar sobre la marcha debido a las nuevas circunstancias sobrevenidas. Justo a tres semanas de nuestro debut el director de nuestra chirigota nos comunicaba su decisión de finalmente no salir este año. A pesar de la lógica desilusión, que fue tremendamente considerable porque el listón de la ilusión lo había colocado bastante alto, una vez relativizada y asimilada la situación creo que este cambio de planes me enseñó una de las lecciones más importantes de toda la historia. Decíamos antes que uno de los aspectos de la organización de alto rendimiento era la coordinación perfecta, y ello implica entre otras cosas la necesidad de asumir las decisiones del grupo, aunque puedan no gustarnos. Lo mismo en otra organización se hubiese generado un cisma interno repleto de conflictos, pero nuestra chirigota entre otras muchas cosas, es de alto rendimiento y ahí no hay lugar para estas historias. Además, uno de los motivos que provocó la decisión (por cierto también perfectamente comunicada al grupo) fue la necesidad de priorizar. En la misma Peña Carnavalesca de la que formamos parte, las agrupaciones infantiles y juveniles disfrutaban esos días de sus visitas al gran Teatro Falla en Cádiz, y lógicamente los recursos debían destinarse a ellos. Sus tercer y segundo puesto evidencian que la decisión fue más que correcta. No haber podido dedicar el tiempo suficiente a los ensayos hubiese generado que el desempeño no hubiese sido el adecuado, algo que iría totalmente en contra de los principios que definen a estas organizaciones.

Sería injusto terminar esta publicación sin dar las gracias a todos los integrantes de esa chirigota de adultos de Ibarburu que tantos buenos momentos me he hecho pasar desde el pasado mes de Septiembre. Le experiencia no ha podido ser más positiva, y volvería a vivirla con los ojos cerrados. Espero que nuetros caminos vuelvan a cruzarse pronto.

Y como foto para ilustrar la publicación de este mes, no he podido encontrar otra mejor que esta imagen junto a mi hijo Pablo, un verdadero artista del Carnaval (y de otras muchas cosas) con quien he tenido el inmenso honor y fortuna de compartir entre otras muchas cosas horas de ensayo (aunque lo de la actuación se haya quedado pendiente) Un segundo puesto en el concurso de juveniles (que considerando que son una agrupación no gaditana tiene un mérito elogiable) ya forma parte también de su currículum.

Espero que la publicación de este mes haya supuesto un “bastinazo” (en sentido positivo por supuesto) para más de uno y lo hayáis disfrutado. Si he podido arrancar alguna sonrisa mi objetivo se habrá cumplido. Nos “vemos” en Junio, donde alcanzaremos el ecuador de este 2022 que parece haber nacido ayer.


 

 

 

 

 

viernes, 22 de abril de 2022

LA CAPACIDAD DE SORPRESA

  Leía hace poco más de un mes  en una newsletter sobre estoicismo (corriente filosófica sobre la que ya he escrito en alguna ocasión) acerca del segundo aniversario de la pandemia que ha zarandeado el mundo en los últimos tiempos. Era una auténtica reflexión sobre si esta situación nos había hecho mejores o peores personas. Éste es un tema que también se convirtió en tendencia durante gran parte del tiempo. Quizás influenciados por esta filosofía, pensábamos que el virus era sólo una prueba más que confirmaría nuestra posibilidad de avanzar como especie.

      En el escrito al que hacía referencia el autor se hacía un paralelismo entre lo vivido recientemente y la plaga que asoló Roma en el 165 A.C., gobernada entonces por Marco Aurelio. La peste antonina, una epidemia de sarampión o viruela que asoló el Imperio Romano, fue llevada por las tropas que regresaban de la guerra pártica de Lucio Vero en Mesopotamia. Marco Aurelio se lo tomó como una prueba cuyo resultado sólo podría llevarlo a ser mejor o peor persona. La decisión de cultivar virtudes como la voluntad, la justicia, la templanza o la sabiduría, o caer en vicios como el miedo, el egoísmo, la ignorancia y la imprudencia era sólo suya, con independencia de lo que estuviese ocurriendo a su alrededor. El emperador decía que la pandemia podía llevarse tu vida de la misma forma que podía destruir tu carácter. Este análisis de reflexión interior que proponen los estoicos nos debería llevar a concluir si la pandemia nos ha convertido en mejores o peores personas.   

       Dos años después, y aunque no me gusta generalizar, tengo mis serias dudas sobre la evolución de la humanidad. Más correcto sería decir que no tengo dudas, creo que tengo bastante claro en qué sentido hemos ido evolucionando. Basta con echar un vistazo a las últimas noticias para confirmarlo. Uno de los efectos negativos más significativos que he observado en los demás (y en mi propia persona) es la pérdida casi total de la capacidad de sorpresa.

      Llevamos dos años tan castigados por este virus que ha hecho mella no sólo en nuestros sistemas inmunológicos, que da la sensación de que uno de los puntos vitales que nos ha dañado ha sido nuestra capacidad de sorprendernos, y con ello de aprender. Los primeros días asistíamos ojipláticos a las cifras de contagiados y fallecidos que se nos clavaban como espadas. En la última ola, a pesar de que Omicrom elevaba la cifra de contagiados a niveles hasta entonces desconocidos, eran otras emociones distintas al asombro y a la sorpresa las que nos acompañaban, o al menos esa ha sido mi percepción.

      La capacidad de asombro se entiende como la facultad de las personas para sorprenderse ante lo nuevo y aprender de ello. Esta capacidad se vincula también a la adaptación de los individuos ante un entorno cambiante, ya que el asombro deriva de un cambio de las expectativas. Si nos quedamos sin capacidad de asombro capamos de raíz una de nuestras fuentes de aprendizaje, y particularmente soy de los que piensa que morimos el día en que dejamos de aprender. Por otro lado, si el asombro estimula la adaptación antes los cambios del entorno, creo que no hay peor momento que el actual para perder esa capacidad.

       Albert Einstein, una de las mentes más prodigiosas que ha contemplado la historia, dejó una frase bastante inspiradora al respecto: “Uno no puede dejar de asombrarse cuando contempla los misterios de la eternidad, de la vida, de la maravillosa estructura de la realidad. Es suficiente tratar de comprender un poquito de este misterio cada día; nunca perder esa sagrada curiosidad”. También nos decía que “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.  De la veracidad de esta segunda frase desgraciadamente tenemos pruebas casi a diario que la confirman.

       El asombro, junto con la gratitud y la inspiración, se consideran como emociones trascendentes, porque nos llevan a  ver más allá de nosotros mismos, sintiéndonos parte de algo muy superior, como la naturaleza o la humanidad. Psicológicamente, el asombro o la sorpresa surgen en nuestro cerebro cuando lo que contemplamos, sentimos o vivimos no cabe dentro de nuestras estructuras mentales y necesitamos ampliarlas o cambiarlas. Además de confundirnos inicialmente, el asombro nos llevará posteriormente a un renacimiento con un crecimiento inducido por esa experiencia que ha ampliado nuestro mapa mental. Los beneficiosos “daños colaterales” provocan mejores personas, más altruistas y entregadas al prójimo.

       Emocionalmente hablando, la sorpresa es una emoción bastante singular. Además de tener un enorme potencial, porque enfoca todos nuestros recursos en lo que está por venir y así nos permite afrontarlo mejor, se trata de una emoción efímera y neutra. Efímera porque tan sólo dura unos segundos para desvanecerse y convertirse en otra emoción en función de lo que nos provoca la sorpresa. Neutra porque no es ni positiva, ni negativa, esta polaridad sólo se manifiesta en la emoción que desencadena. Así, que nos sorprenda algo positivo nos llevará a sentir alegría, felicidad, plenitud… y que lo haga algo negativo nos conducirá hasta la tristeza, la ira o el asco.

       El verdadero potencial de la sorpresa se encuentra en su capacidad para parar todos los pensamientos bruscamente y enfocarnos en el estímulo sorprendente como decíamos antes. Dejar la mente en blanco, especialmente cuando está enredada en pensamientos negativos, como lo hace la mayor parte del tiempo. La sorpresa puede generar este reinicio inmediato que tan positivo puede resultar. Desviar la atención hacia el elemento que nos sorprende también nos puede ser de mucha utilidad. Este recurso es usado a veces en educación (me temo que con menos frecuencia de lo deseada) para que los alumnos presten toda su atención hacia aquello que el docente pretende explicar. En el proceso cognitivo la sorpresa trabaja aspectos tan fundamentales como la flexibilidad cognitiva, la anticipación, el razonamiento, la empatía, las emociones o el control emocional y la reflexión. También en un proceso de comunicación puede ser de gran ayuda para captar la atención de nuestra audiencia o nuestro interlocutor.                  

         Una faceta bastante triste de los momentos actuales es que ante situaciones como la invasión de un país "vecino" como Ucrania, las sorprendentes y trágicas noticias parecen haber ido endureciéndonos la piel y me da la sensación que cada vez nos sorprenden menos. En las últimas semanas, hemos visto negociaciones inimaginables entre países tradicionalmente enemigos, ataques a civiles que parecían cosas del pasado o de películas de terror, y tantos y tantos sucesos diariamente que desfilan ante nuestros sentidos, endurecidos tras tanto horror.   

         En el aspecto personal, escribir estas líneas me ha servido para recuperar en parte mi castigada capacidad de sorpresa. Reinterpretar le realidad, contemplándola con mayor detenimiento, me ha permitido disfrutar del asombro con las cosas pequeñas, como una puesta de sol, las nubes en el cielo, el cumple de mi hija Daniela, mis carreras con los Carros de Fuego…  Son cosas rutinarias que aparentemente damos por hechas pero que, volviendo al pensamiento estoico (con lo que cerramos el círculo) nunca sabemos cuándo puede ser la última vez…

       Y por último, para ilustrar la publicación con una imagen, he encontrado esta imagen de este precioso bebé sorprendido por lo que acontece ante sus ojazos. Nada como volver a ser un niño para recuperar esa capacidad de sorpresa.

       Intentaré sorprenderos en próximas publicaciones, para no ir más lejos en la del mes de Mayo. Gracias por vuestro tiempo como siempre y nos “vemos” pronto.


 

sábado, 12 de marzo de 2022

¡FELICES DIECIOCHO, PABLO!

         Este mes quiero dedicar mi publicación en el blog a una de las personas más importantes en mi vida: mi hijo Pablo, que acaba de cumplir los 18 años. He escrito en otras ocasiones sobre lo corta que es esta vida, sobre lo rápido que pasa el tiempo y sobre la necesidad de aprovechar cada segundo, pero pocas veces tengo la opción de pararme y comprobarlo en su verdadera magnitud. Ahora sí. Así que estas letras van para ti.

            Tu mayoría de edad me ha hecho retroceder dieciocho años en el tiempo, volver a ese quirófano del hospital de Valme donde naciste y volver a tomarte entre mis brazos (hoy eres tú el que en todo caso, podría cogerme en brazos a mí…). Volver a sentir tu olor, tu mirada, tu piel… Imposible concentrar tanto amor en poco más de tres kilos y medio de peso. Aún recuerdo que tensé todos los músculos de mi cuerpo porque no sabía ni como cogerte y me aterrorizaba pensar que pudieses caerte y hacerte daño. Tu madre, recostada al lado y aún dolorida, me mostraba que no hay poder más fuerte que el del amor. Pero como todo poder conlleva también una gran responsabilidad, desde ese mismo momento entendí que mi vida ya no sería la misma gracias a ti. Ser la referencia y el modelo para alguien pesa bastante más de lo que alcanzamos a imaginar. Desde ese mismo momento entendí que no ibas a aprender de lo que yo dijese, sino de lo que yo hiciese. Y ahí reconozco que muchas veces no habré sido el mejor modelo posible. Te quiero pedir perdón por ello. De todas formas, has tenido la habilidad de aprender lo poco bueno que has podido encontrar en mí y olvidarte y perdonar todo lo malo, que tiene su mérito.

            Desde muy pequeñito dejaste muy claro que tu sonrisa iba a ser tu principal seña de identidad. Aún no eras capaz de hablar pero esos ojos azules (sí, al principio fueron azules) y esa sonrisa comunicaban muchísimo más que el mejor de los discursos. Con esas herramientas comenzaste a conquistar a todos los que se acercaban a ti.

            Los años te fueron cambiando pero conservaste tu sonrisa y tus ojos, tiñéndolos de verde. Siempre fuiste un niño noble, amigo de sus amigos, y todo el mundo quería estar junto a ti. Eres el hijo que todos los padres querrían tener y el mejor amigo de todos. Con ocasión de prepararte un vídeo de recuerdo con mensajes de familiares y amigos para tu cumple, he tenido la ocasión de confirmar cómo te quiere la gente y para un padre no hay mayor felicidad que ésa.

            Muchos se esfuerzan en dejar un mejor mundo para sus hijos. Yo, como oí una vez, intento dejar mejores hijos a este mundo. Tengo claro que en tu caso (y en el de tu hermana también) has mejorado enormemente a tu progenitor, con lo que la misión está cumplida. Muchos dicen que no quieren que sus hijos se hagan mayores, porque entre otras cosas nos hacen mayores a los padres, pero para mí no supone ningún problema. Me das tanto, que envejecer viéndote crecer es un precio insignificante que estoy dispuesto a pagar gustosamente.

            Hablar de Pablo Jurado es hablar de Carnaval, de Cádiz, de compás, de tres por cuatro, de música, de actuaciones callejeras, de acordes de guitarra, de música… Esa música que pone banda sonora a nuestras vidas y que siempre suena en casa cuando estás por allí, para alegrarnos la existencia.           

             Mi mayor y único deseo es que seas todo lo feliz que te propongas ser, porque tu felicidad será la mía. No importa en lo que trabajes, o lo que finalmente decidas estudiar, lo único importante es que seas feliz.    

            Por cierto, ahora que esto no lo lee nadie y antes de terminar definitivamente te voy a contar un secreto. Si tuviese la oportunidad de contratar a alguien y me llegase alguien como tú, no lo dudaría un solo segundo, aunque cuando me lo preguntes te diga lo contrario. La magia es un don que muy pocos tienen, y que es muy difícil de aprender (incluso tengo mis dudas de que pueda hacerse). Lo de los currículums y las notas es otra cosa. Tienes la preciosa virtud de contagiar tu alegría y felicidad a todo el que tiene la fortuna de acercarse a ti, y eso es patrimonio de muy pocos. Ya lo decía la Madre Teresa de Calcuta: “Que nadie se acerque a ti sin que al marchar se sienta mejor y más feliz“. Eres de los pocos privilegiados que pueden hacer esta frase realidad.

            Finalizo el blog con unas palabras que he encontrado por la red y que creo que definen a la perfección lo que es esta difícil pero a la vez muy recomendable tarea de ser padre, y que quiero dedicarte con ocasión de tu cumpleaños, para que me las puedas recordar cada vez que se me olvide, que con lo mayor que me voy haciendo, será cada vez con más frecuencia…

 

“La idea de criar hijos no es para que tengan que acompañarte.

Ni cuidarte.

Ni mantenerte.

La idea es que asumas la responsabilidad de criar humanos funcionales.

Que sean libres y sin complejos.

Que aporten a la sociedad.

Que sean su mejor versión.

Y eso implica saber que no te pertenecen.

Que eres la vía para que vinieran al mundo, y que no eres su mundo.

Y desde esa humildad se cría lindo.

Se construyen alas.

Y se programa el vuelo.

Se les bendice cuando abran sus alas e inicien su vuelo.

Para que tengan la confianza y seguridad de volver cuando necesiten recargar el cariño.

Y no porque te deben algo...

Amar sin condiciones...sin expectativas...

Amar desde el alma...por siempre y para siempre”

 

            Y ahora como hago siempre, finalizo mi publicación con una foto. En este caso no he encontrado una mejor que ésta. Primero porque representa al Carnaval, una de tus pasiones en esta vida que he tenido la infinita suerte de compartir contigo. Segundo, porque me recuerda que gracias a ti me siento un genio, aunque la magia no esté en mi interior, sino en el tuyo.

              Te quiero, Pablo. Tela. Que todo el mundo lo sepa. Vuela alto. Por aquí estaré esperándote cuando necesites recargar cariño. Feliz vida.


 

 

domingo, 27 de febrero de 2022

Gracias, Filípides. Gracias, Cristian. Gracias a todos.

     El mes más corto del calendario es, además del mes del Carnaval, el mes de la Maratón de Sevilla. Ya he escrito alguna publicación en relación a esta prueba. Concretamente en Febrero de 2020, cuando se celebró la última edición hasta la fecha. Hace un par de años hablaba sobre las diez lecciones que me había regalado la mítica distancia, como si anticipase lo que el futuro nos deparaba en poco menos de un mes. A continuación os dejo el enlace:


    Con las piernas aún doloridas (aunque menos de lo esperado) y el corazón a tope de emociones tras haber finalizado mi novena participación en la Maratón de Sevilla voy a aprovechar estas palabras para agradecer expresamente a Filípides su aventura de hace más de 2.500 años. Gracias a su caminata, que según cuentan acabó pagando con su vida, hoy tenemos la oportunidad de disfrutar de esta mítica prueba. También quiero aprovechar para agradecer expresamente a Cristian, que como el resto de Capitanes de Carros de Fuego, me han permitido disfrutar de un aspecto del deporte que jamás imaginé ni a soñar. Y como no, tampoco puedo dejar de dar las gracias a todos los que hacen que al final esta locura continúe. Comenzando por mi familia, que son los verdaderos sufridores en primera persona de mi demencia, y continuando con todos mis amigos, impulsores, y compañeros de vida que siempre tienen una palabra de aliento que me motiva a hacer del #ShosMustGoOn de Freddy Mercury uno de mis lemas vitales.

    En estas líneas haré un recorrido por mi relación con esta prueba en los últimos diez años. Puede parecer aburrido para muchos, pero a mí me va a dar la oportunidad de repasar esta última década de mi vida y de revivir tantos momentos inolvidables mientras escribo.

    Corrí mi primera Maratón el mes de Abril de 2012, en un día que diluviaba sobre la ciudad de Milán (quien me iba a decir a mí la relación que diez años después mantendría con la ciudad lombarda... Las casualidades (o causalidades) de la vida me llevaron a ser agraciado en el sorteo de un dorsal (primero por equipos y posteriormente convertido a individual) organizado por el mítico diario Marca. Bajo un aguacero imponente completé por primera vez en mi vida cuarenta y dos kilómetros corriendo, en un fin de semana inolvidable en el que pude disfrutar también de una escapada romántica con mi mujer. Dicen que la primera maratón no se olvida nunca. La mía con más motivo. El premio no sólo incluía el dorsal, sino viaje y alojamiento VIP en el mismo hotel donde los atletas profesionales se estaban jugando una plaza en los Juegos Olímpicos de Londres, que se disputaban ese mismo verano. Compartí entrega de dorsales, la tradicional comida de la pasta e incluso vestuario antes de la prueba con esos artistas que parecen ir en contra de la fuerza de gravedad y de rozamiento que nos castigan a la mayoría de los mortales. Cruzar esa línea de meta siendo consciente de que muchos de los compañeros que salieron conmigo no habían conseguido llegar me permitió aprender desde el primer momento que a mi nivel (bajísimo por cierto) el triunfo no estaba en hacer tiempo, sino en terminar. Era preferible ser el último de la carrera (que no lo fui, por cierto) que el primero de los que se quedan en el sofá de casa sin participar en ella (teniendo la posibilidad de hacelo, por supuesto).

    Con el veneno de la Maratón corriendo por mis venas tuve claro que no pararía ahí. La Maratón de Sevilla se convirtió en un fijo de todos los años. Misma prueba, misma distancia, pero con distinto propósito. Los tres primeros años buscando mejorar mi marca personal, algo que aunque iba consiguiendo tampoco me generaba un sentimiento de felicidad más allá de lo que supone finalizar una prueba de estas características. 2016 supuso un gran cambio en mi planteamiento de esta carrera. Fue la primera vez que afronté un reto solidario organizado, con la primera Edición del #YoAdelantoTúDonas. Basicamente el reto consistía en salir el último (nadie por detrás de mí) y con una camiseta diseñada para tal ocasión para que cada adelantado se convirtiese en un potencial donante de médula, colaborando con mis amigos de la Fundación Olivares. Algo imposible de controlar, como decía mi mujer, pero que asumía sabiendo que el ruído que le daba a la prueba se traduciría en más de un donante, como así fue. 2017 fue la confirmación del reto. Para este año conté incluso con un stand gratuito en la Feria del Corredor en Fibes, y el número de donantes de los que tuve noticia se incrementó respecto al año anterior. De todas formas, como explicaba a mi mujer, con que una sola persona se hubiese hecho donante de médula el reto se podía considerar un éxito. Y lo fue. En los dos días que pasé en el stand de la Feria (no fue la mejor preparación deportiva para la prueba, pero sí la mejor psicológica) tuve la oportunidad de conocer a unos vecinos de insuperable categoría: la asociación Carros de Fuego. Intenté correr con ellos incluso ese mismo año pero un chaval encantador me convenció que era una auténtica temeridad. Así que volví a salir el último, volví a adelantar a toda la gente que pude y me juré a mí mismo que mi próxima Maratón sería impulsando un carro. Y así fue. 2018, 2019 y 2020 fueron maratones muy especiales, distintas a todas las que había vivido hasta entonces. Ser las piernas de unos niños que ponen el corazón en el equipo es algo imposible de describir con palabras. Desde entonces, salvo mis participaciones en pruebas de larga distancia, no he vuelto a correr un maratón sin carros, y no creo que vuelva a hacerlo.

    Si no me fallan las cuentas, más de 800 kilómetros en estos diez años completando diecinueve (diez como prueba independiente y nueve como broche de un Ironman) veces esta distancia. Más de tres días corriendo sin parar. Sólo los que han completado esta distancia en alguna ocasión saben de lo que estoy hablando. Dicen que la maratón es una carrera en la que se corren 30 kilómetros con las piernas, 10  con la cabeza, 2  con el corazón y 195 metros con lagrimas en los ojos. Creo que esta prueba engancha tanto porque es una metáfora de la vida. Decía Rocky Balboa a su hijo en uno de los inolvidables momentos que nos regaló su saga que  nadie golpea más fuerte que la vida, porque no importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte. Y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar, así es como se gana. Y la Maratón es directamente así. Por muy preparado que llegues, por mucho que hayas entrenado y descansado, por muy bien que lleves la nutrición, y por muy fuerte que seas psicológicamente la maratón te acabará golpeando. Siempre acecha cualquier momento de debilidad para azotarte con toda la fuerza que es capaz de acumular. El famoso muro, que en teoría no llega hasta el kilómetro 30, puede aparecer en cualquier momento. Pero por muy fuerte que te dé, por mucho daño que te haga, pocas sensaciones te provocan tanta emoción como cruzar ese arco de meta, como una evidencia más de que todo esfuerzo tiene al final su recompensa. Si además lo haces impulsando un carro, que lleva a un Capitán que se convierte en el corazón que realmente impulsa el equipo, no hay palabras que puedan describirlo. 

    No encuentro mejor forma de cerrar la publicación este mes que la frase que aprendí de mi amigo José María Gallego, quien en su libro "A cuarenta y dos kilómetros de la felicidad" citaba:

    "Cada mañana en África, una gacela se despierta; sabe que deberá correr más rápido que el león, o éste la matará. Cada mañana en África, un león se despierta; sabe que deberá correr más rápido que la gacela, o morirá de hambre. Cada mañana, cuando sale el sol, y no importa si eres un león o una gacela, mejor será que te pongas a correr”.

    Que el amanecer os pille corriendo. Gracias una vez más por vuestro tiempo y seguid corriendo en busca de vuestros sueños. Gracias, Filípides. Tu gesta nos dio la oportunidad de vivir todo esto. Gracias Cristian, porque sin ti y sin el resto de los Capitanes de Carros de Fuego no sería lo mismo. Y gracias a todos, enumerar a todos los que hacéis esto posible sólo me llevaría a dejar gente fuera, así que os incluyo a todos. Mucho que agradecer.  Sólo los que hemos sido afortunados con la posibilidad de cruzar la línea de meta sabemos de lo que estamos hablando.

    En cuanto a la imagen para acompañar este post, que dicen que vale más que mil palabras, no creo que exista una que resuma mejor las emociones que se viven cuando se cruza esa línea de meta. Nuestras caritas lo dicen todo, pero la de Cristian, oculta tras su mascarilla, dice aún más. Gracias.


sábado, 22 de enero de 2022

CON I DE ILUSIÓN (OTRA VEZ, Y AHORA MÁS QUE NUNCA...)

             Repito (y amplío) el título de la publicación de Enero de 2019, en una época ligeramente distinta a la que vivimos entonces.

En ese mes de Enero de hace justo tres años, acababa de salir como beduino en la Cabalgata de Reyes de Dos Hermanas. Tenía aún grabada en mi retina las imágenes de esas miradas cargadas de ilusión de los niños cuando recibían los caramelos de mi mano. Una de las experiencias que más me ha aportado a lo largo de mis años y que estaba dispuesto a repetir sin duda alguna. Al siguiente año, Enero de 2020, decidí descansar y dejarlo para el año siguiente. Inmenso error. Desgraciadamente ese año no hubo Cabalgata (ni Carnaval, ni Semana Santa, ni Feria...) y el mundo se puso boca abajo por culpa de un invisible virus. En lo personal, aunque intenté llevarlo de la mejor forma posible, con la perspectiva que me da el tiempo transcurrido me doy cuenta de la influencia que ha tenido en mí la omnipresente pandemia. Basta dar un vistazo por las publicaciones de mi blog para darse cuenta. De todas formas, de entre las innumerables lecciones que he aprendido en este tiempo, quizás una de las más importantes haya sido que nunca sabemos cuándo puede ser nuestra última vez, pero sí podemos saber cuándo puede ser la próxima: ahora mismo. Así que tirando de refranero español, me juré que mientras pueda no dejaré nunca para mañana lo que pueda hacer hoy. Ha dejado de tener valor el mantra que tantas veces me repetía mi madre durante mi infancia: “ya tendrás tiempo…”

Volviendo a la Cabalgata, me prometí a mí mismo que volvería a salir de beduino nada más tuviese ocasión de hacerlo, sin dejar pasar otra oportunidad. Necesitaba volver a sentir esas miradas cargadas de ilusión, volver a confirmar que un simple caramelo basta para hacer feliz a un niño. Y lo hice el pasado 5 de Enero. Las circunstancias no eran las mejores. Tras otras Navidades especiales, ómicrom explotaba en una sexta ola que nos arrastraba a casi todos aunque teórica y afortunadamente con menos gravedad que en episodios anteriores. A días de esta mágica fiesta para los niños, se comenzaba a replantear la bondad de su celebración. Incluso en algún que otro comentario en redes tuve ocasión de leer algún argumento en contra tachándolo de un evento no necesario. ¿Era realmente necesario? Yo opino que sí. El miedo que muchos tenían ante este omnipresente virus se ha transformado en cansancio, y el cansancio ha acabado con la ilusión de muchos. Afortunadamente hubo Cabalgata, y aunque todos llevábamos la inseparable mascarilla, los ojos de los niños destilaban más ilusión que nunca. Una ilusión que es la gasolina que alimenta los sueños, unos sueños que son los que mueven el mundo.

Martin Luther King pronunció su famoso discurso “I have a dream” el 28 de Agosto de 1963, al final de la marcha de Washington. Este discurso optimista y esperanzador, que soñaba con una sociedad fundamentada en los valores de la igualdad y fraternidad, donde los derechos civiles y las libertades individuales de la comunidad afroamericana fuesen plenamente reconocidos, cambió el curso de la historia. ¿Por qué? Porque el Doctor tenía un sueño, no un plan, y son los planes los que cambian el curso de la historia.

Por eso, en momentos como los actuales, la ilusión y los sueños son más importantes que nunca. Hago mías las palabras del Dr. King, porque “aunque vemos delante las dificultades de hoy y mañana, amigos míos, les digo: yo todavía tengo un sueño”.  Hay muchos que vemos en esta explosión de contagios el principio del fin, que soñamos con una nueva vuelta a la normalidad donde podamos volver a abrazarnos y a besarnos como lo hacíamos antes. Yo, que tuve la oportunidad de acompañar a Su Majestad Melchor esa Mágica Noche le pedí  ilusión para todos, una ilusión que nos será fundamental para salir de ésta.

Tan importante es la ilusión que compañías emblemáticas en campañas de marketing siempre han jugado con ese concepto. Por ejemplo, el Corte Inglés dedicaba su anuncio las pasadas Navidades a todos los que mantienen viva la ilusión, mostrando que los niños son elfos (https://www.youtube.com/watch?v=qrE52_P_hs4). El grupo Social ONCE, en un emotivo vídeo en plena pandemia (otra vez con el dichoso bicho…) nos mostraba que la ilusión puede con todo (https://www.youtube.com/watch?v=nNkHTsAQv7o). Y si nos vamos a monstruos internacionales, fue Coca Cola la que hace más de una década dio luz a su original “Almacén de la Ilusión”, usando como uno de sus lemas que “la ilusión no se crea, ni se destruye, se intercambia”, al igual que ocurre con la energía. Ya decíamos antes que la ilusión es la gasolina (energía) que alimenta los sueños.

                Hablando de gente grande, no puedo acabar esta publicación sin mencionar a mi amigo Juan Luis Muñoz Escassi, que en su #RetoPichón usa la palabra “ilusión” junto a “pasión” como sus dos principales palancas de difusión, como muestra en las pulseras creadas a tal efecto.    

                Buscando una explicación neurocientífica a la ilusión el gran Eduardo Punset afirmaba que en el hipotálamo del cerebro se encuentra el llamado circuito de la búsqueda. Esta zona, que alerta los resortes de placer y de felicidad, sólo se activa durante la búsqueda y no durante el propio acto. De ahí que en la búsqueda, en la expectativa, es donde radica la mayor parte de la felicidad. No es de extrañar que Chesterton afirmase que “hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina”.

                Fomentemos la ilusión. Decía Víctor Frankl que la última de las libertades humanas es elegir nuestra propia actitud ante cualquier circunstancia. Por mucho que esté lloviendo fuera, decidamos disfrutar de la lluvia e ilusionarnos con lo que está por llegar. En mi caso seguiré escribiendo, entre otras muchas cosas que intentaré hacer, mientras mantenga viva la llama de la ilusión. Gracias por vuestro tiempo como siempre y nos vemos en Febrero, que será muchísimo mejor que Enero, seguro.

                Acompaño esta publicación con una imagen del pasado 5 de Enero, en esa noche mágica de ilusión. Que vuestra ilusión imite a la de esos niños que tuve la inmensa fortuna de cruzarme esa noche.



miércoles, 22 de diciembre de 2021

CIAO 2021, BENVENUTI 2022

 

CIAO 2021, BENVENUTI 2022

                Escribo como siempre el último post del año con vocación de resumen, recordando los momentos más importantes del año. Me llama especialmente la atención que el año pasado despidiese el especialísimo 2021 en lengua italiana, como si profetizase lo que el destino me depararía en unos meses. Un año muy especial, como siempre, que el efecto memoria tiende a considerar como de los mejores de los vividos, imagino que al ser el último y a pesar de las circunstancias.

                Todos los que hemos tenido la fortuna de vivir esta época dividiremos nuestra vida en A.C. y D.C. (antes del Covid y después del Covid). La diferencia va a estar en la edad en la que hemos aplicado este corte. En mi caso particular, el corte me ha llegado a la muy noble, leal y heroica edad de los cincuenta, lo que me ha regalado la suficiente experiencia como para relativizar y vivirlo de una forma muy distinta a como lo hubiese hecho si me hubiese si por ejemplo me hubiese alcanzado en plena adolescencia. Después de un 2020 que zarandeó todo el mundo, en 2021 comenzamos a dar nuestros primeros pasos por esto que están intentando llamar como nueva normalidad. Tras varias olas (algunos casi tsunamis) la ansiada vacuna llegó a nuestras vidas (a las de las que nos dejamos) y con ello comenzamos a volver a aquellas actividades que tan rutinarias nos parecían y que las restricciones se habían encargado de recordarnos su verdadero valor.

                Sin ánimo de que la publicación se convierta en una evolución de la situación del “bicho” comenzaré el resumen del año que dejamos atrás recordando mi contagio de finales del mes de Enero. Levantarte una mañana de lunes con unas décimas de fiebre (y darme cuenta de ello gracias al beso de despedida de mi mujer) te hace darte cuenta de que aunque te lo creas, no eres ni de lejos un ser invencible (como cantase el genial Manolo Santander en la Maldición de la Lapa negra, la última chirigota con la que participó en el concurso de Cádiz) y que la capacidad de control que tenemos es solamente una de las muchas ilusiones en las que vivimos. Intentando quedarme con el lado positivo realicé un retiro espiritual de aislamiento durante algo más de una semana, en la que además de trabajar a tope, entrené y medité diariamente, me desquité escribiendo y participé en más de una formación aprovechando el tiempo libre. Incluso tuve tiempo de grabar una versión en forma de videoclip del tema de Mecano “Perdido en mi habitación” con el attrezzo que encontré a mano. Al contrario que muchos conocidos que habían pasado por algo similar salí del cuarto casi más cansado que aburrido.

                Una vez inmunizado y de vuelta a la calle, tras celebrar en la intimidad los cumpleaños de Pablo y Daniela celebramos nuestras bodas de plata los cuatro juntos en casa y con una cena de gala, que incluyó hasta tarta nupcial. No era lo previsto, pero lo disfrutamos a tope. Afortunadamente un mes después pudimos celebrarlo con unos amigos en una casa rural en la sierra, al aire libre y cumpliendo todas las medidas de seguridad aplicables en aquel momento.

                Como el tiempo pasa tan rápido, casi sin darme cuenta me planté en Junio, donde tuve mi primer reto deportivo solidario importante del año. Junto a mi amigo y gurú de la solidaridad Juan Luis Muñoz Escassi me planté en As Pontes para completar un Ironman más, esta vez para aportar mi pequeño granito de arena a la Fundación Olivares en su espectacular campaña Corazones con Magia. Quién me iba a decir en esos momentos que iba a cerrar el año colaborando activamente con el #RetoPichón de mi amigo Juanlu, que este año centraba sus esfuerzos en ayudar a niños con piel de mariposa, una enfermedad casi tan desconocida como dura para los que las sufren y para sus familias.

                Con una vuelta al trabajo entretenida y casi sin tiempo para descansar me largué a realizar el Camino de Santiago con mi hijo Pablo, una aventura totalmente recomendable e inolvidable. De las mejores experiencias de mi vida que espero repetir algún día con mi hija Daniela. Me dio hasta para una publicación en el blog.

                 A la vuelta del Camino, con el tiempo justo para ducharme y afeitarme me presenté en una de las reuniones más importantes en las que he participado a lo largo de toda mi carrera profesional. Afortunadamente todo salió bien y en Agosto culminamos la integración de nuestra empresa en la multinacional que lidera mundialmente el sector de la distribución del Packaging. Desde entonces, retos diarios a todos los niveles y la posibilidad de conocer a muchísima gente, con un resultado muy satisfactorio tanto a nivel personal como profesional. Por si fuese poco, el lema de mi nueva empresa, Berlin Packaging coincide con el de la franquicia Ironman: #AnythingIsPossible. ¿Causalidad o casualidad?

                Tras esta montaña rusa de experiencias y emociones, un poco de desconexión con la familia en nuestro retiro de Isla Canela, donde entre otras cosas aproveché para cumplir los cincuenta y uno, dejando atrás el medio siglo. Buena comida, paseos por la playa y momentos de no hacer nada, que también son necesarios.

                La vuelta de las vacaciones desembocó en un fin de año de locura.

Comencé el mes de Agosto con un accidente de bicicleta. Una caída inexplicable que afortunadamente sólo resultó en algo de chapa y pintura y en un fuerte golpe en las costillas que me mantuvo casi seis semanas apartado de mis habituales entrenamientos. Una vez recuperado, vuelta al gimnasio de mi amigo Pako junto a mi hija Daniela (en una de las mejores decisiones de este año) para recordar esa etapa de mi vida que tanto me aportó. Ahora tengo hasta entrenador personal y con ello una motivación adicional para seguir practicando deporte. Este último trimestre también ha supuesto la vuelta oficial a las carreras con nuestros Carros de Fuego. Aunque de forma oficiosa Cristian no ha dejado de quemar rueda, ha sido ahora cuando otros capitanes se han incorporado al show.

                Y para finalizar una espectacular guinda a un pastel delicioso gracias a la generosidad de nuestro amigo Escassi, a quien mencionaba por el mes de Junio. Una inoportuna lesión que le complicó bastante su salud lo llevó a darnos la oportunidad de ser parte activa de su reto Pichón. En una carrera tan especial como la Ultramaratón de la Vida organizada por la Fundación Donando Vidas, participamos con el objetivo de conseguir las cuatro medallas que le faltaban por entregar a sus niños con piel de mariposa. Además del noble propósito de la carrera, compartirla junto a mis amigos Ivana, Jesús y Manu ha sido otra experiencia inolvidable.

                Como resumen del año, para no extenderme demasiado, que son tiempos para celebrar con la familia, realizaré un breve repaso por mis once publicaciones anteriores. Espero seguir dando la lata por mucho tiempo.

Enero: Mirar con (y a) los ojos.

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/01/mirar-con-y-los-ojos.html

Febrero: Hablando de lemas vitales: “El espectáculo debe continuar” (The show must go on)

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/02/hablando-de-lemas-vitales-el.html

Marzo: En busca de la felicidad (Spoiler: está en nuestro interior)

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/03/en-busca-de-la-felicidad-spoiler-esta.html

Abril: Lessons in love (in life – lecciones de la vida y sentido común al poder)

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/04/lessons-in-love-in-life-lecciones-de-la.html

 

Mayo: #YoAdelantoTúDonas y #CorazonesConMagia en el próximo Northwest Triman (As Pontes, A coruña 27/06/2021)  

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/05/yoadelantotudonas-y-corazonesconmagia.html

Mayo (doblete): El poder del olfato: "El perfume es el arte que hace hablar a la memoria" (Francis Kurkdjian)

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/05/el-poder-del-olfato-el-perfume-es-el.html

Junio: Gracias, gracias, gracias…

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/06/gracias-gracias-gracias.html

Julio: Tempus fugit – carpe diem

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/07/tempus-fugit-carpe-diem.html

Agosto: Lo único que cambia es que todo cambia siempre

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/08/lo-unico-que-nunca-cambia-es-que-todo.html  

Septiembre: Señales

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/09/senales.html

Octubre: Sentido, propósito o porqué.

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/10/sentido-proposito-o-porque.html

Noviembre: Memento mori: vamos que nos vamos…

https://antoniojuradochole.blogspot.com/2021/11/memento-mori-vamos-que-nos-vamos.html

                Esta publicación no es sólo una despedida a este fantástico 2021 que acabamos de dejar atrás (menos ironía en esta frase de la que suponía a inicios del año) sino una bienvenida a un esperanzador 2022 que está en puertas. Con tantas ganas lo espero que ya tengo casi cerrados los temas para las publicaciones de los tres primeros meses.

                Que el 2022 os traiga todo lo mejor, y yo que lo vea, como decía mi abuelo. Felicidades y gracias como siempre por vuestro tiempo.

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