jueves, 21 de julio de 2022

HARD CHOICES, EASY LIFE; EASY CHOICES HARD LIFE… (DECISIONES DIFÍCILES, VIDA FÁCIL; DECISIONES FÁCILES, VIDA DIFÍCIL…)

        Título en inglés para la publicación de este mes de Julio, un mes en el que algunos celebramos aniversario de vueltas al sol, en el que otros disfrutan de sus vacaciones y en el que la mayoría sufrimos de los efectos de las altas temperaturas.

        Uso el original en la lengua de Shakespeare para respetar la frase de Jerzy Gregorek, campeón olímpico polaco que en 1986 llegó a Estados Unidos junto a su mujer Aniela como refugiado político. Su vida es fiel ejemplo de la filosofía estoica, una corriente sobre la que ya he escrito en alguna ocasión en este diario (más bien “mensuario”) público de reflexiones. Como dijo una vez Yousuf Karsh, fotógrafo armenio que también tuvo que vivir experiencias traumáticas en el genocidio llevado a cabo en su país: “el carácter como una fotografía, se desarrolla en la oscuridad”. O como dice nuestro sabio refranero: “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero…”

Esta aceptación de la realidad, esta capacidad de asumir decisiones difíciles con la esperanza  puesta en una vida mejor nos lleva a uno de los principios de la  filosofía estoica, el de aprender a distinguir lo que está bajo nuestro control de lo que no lo está. Y una vez alcanzada esta distinción, enfocar nuestras energías sólo en aquello que podemos controlar. Parece fácil, lleno de sentido común y  coherente, pero en la práctica vaciamos nuestros limitados depósitos energéticos en intentar cambiar cosas que quedan muy lejos de nuestra capacidad de control.

La pregunta previa sería ¿qué es lo que realmente podemos controlar? Parece claro que nada de lo que ocurre fuera de nosotros. El clima, el tráfico, la paz mundial, el comportamiento y las reacciones de los demás… Pero ¿y lo que ocurre dentro de nosotros? ¿Podemos controlar totalmente nuestras emociones, nuestras sensaciones, nuestros pensamientos, nuestra salud? Obviamente podemos influir en ello, pero controlar, lo que se dice estrictamente controlar, me temo que no. Si asumimos esta realidad tanto interna como externa, estrictamente incontrolable, sólo nos queda el control sobre nuestra reacción a lo que nos sucede y sobre las decisiones que tomamos al respecto. En otras palabras, no podemos controlar lo que sucede (ni dentro ni fuera de nosotros) pero tenemos la posibilidad (y casi la obligación diría yo) de reaccionar libremente a lo que sucede y de decidir qué hacemos con elllo. En palabras de Víctor Frankl, uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos: “Entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad”. Casi “ná”… Epicteto, otro estoico que pasó de ser esclavo a uno de los filósofos más influyentes de su tiempo decía que “No es lo que te ocurre, sino como reaccionas, y lo que aprendas de ello lo que importa”.

Pero volvamos a la vida de Gregorek y al tipo de decisiones que tuvo que tomar en su vida en busca de una existencia mejor. Bombero de profesión, en la Polonia de los 80 se vio obligado por el gobierno comunista a reprimir con dureza a sus compañeros del movimiento Solidaridad, del que era simpatizante. Muchos continuaríamos con nuestro trabajo apelando a la necesidad de mantenerlo y haciendo algo que va en contra de nuestros principios. Gregorek no, renunció al trabajo y con ello a su única fuente de ingresos. Podía haber renunciado a sus convicciones políticas en un país en el que se les perseguía duramente, pero tampoco lo hizo. No sólo tuvo que dejar su trabajo, también su país para comenzar totalmente de cero en Estados Unidos. Decisiones muy difíciles, pero que finalmente le llevaron a una vida de gloria deportiva con cuatro títulos olímpicos en levantamiento de pesas y un reconocimiento que jamás hubiese alcanzado trabajando de bombero. La historia de Gregorek nos pone de manifiesto la necesidad de tomar las riendas de nuestras vidas, de tomar decisiones difíciles y muchas veces incomprensibles para otros en aras de una vida mejor. Epicteto (otra vez) lo dejó claro con una de sus profecías: “Ya no eres un adolescente, sino un adulto. Por lo tanto, si continúas siendo negligente y perezoso, y siempre aplazas las cosas añadiendo más excusas, posponiendo el día en que te dedicarás a ti mismo, se te pasará la vida sin darte cuenta y haber progresado, y seguirás siendo del vulgo hasta el día de tu muerte.”

El tema de las decisiones da para mucho. En 2013 en Estados Unidos se llevó a cabo un estudio con más de 20.000 participantes. Básicamente se trataba de “preguntar”  a una página web sobre la decisión a tomar (¿Cambio de trabajo?, ¿Continúo con mi pareja?, ¿Es el momento de tener un hijo?...)  Una moneda virtual, de forma totalmente aleatoria, aconsejaba sobre el camino a tomar, quedando la decisión final en manos del participante.  Según este estudio, las decisiones más difíciles son las que implican mayores  cambios, como algunas de las incluidas en el paréntesis anterior. Pero el verdadero objetivo del estudio no era ése. Al contactar con los “decisores” cierto tiempo después, los más felices resultaban ser los que habían elegido el sí y habían afrontado cambios importantes en sus vidas (decisiones difíciles, vida fácil… o feliz). El estudio sirvió para cuestionar lo que en psicología se denomina “sesgo del status quo”, por el que las personas suelen rechazar decisiones que le provoquen grandes cambios para evitar afrontar las consecuencias negativas que puedan conllevar. Algo así como más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Como dice mi amigo Alonso Pulido, merece la “alegría” asumir el riesgo, salir de nuestra zona de confort y tomar decisiones difíciles en la búsqueda de una vida mejor.

Si asumimos que tomar decisiones difíciles nos llevará a una vida mejor, a continuación algunos consejos que nos pueden facilitar esa toma de decisiones, según apuntan los psicólogos.

ü  Cambiar los pensamientos para cambiar las emociones. En la medida que podamos cambiar nuestras percepciones sobre el resultado del cambio, anticipando lo positivo, nos colocaremos en una actitud mental más adecuada para tomar esa difícil decisión.

ü  Persistir, y nunca abandonar hasta conseguir lo que buscamos. Siendo resilientes, las posibles adversidades que nos genere la nueva situación se convertirán en lecciones de vida que nos harán avanzar por el camino del crecimiento personal.

ü  Atención plena, aquí y ahora. Este omnipresente consejo, válido no sólo para la toma de decisiones, nos proporcionará una mayor calidad de vida. Seguro que mis amigos Cristina Jardón y Eloy Doncel lo acreditan, como demuestra su programa “Search Inside Yourself”

ü  Gratitud y humildad. Ser humildes en nuestros planteamientos nos llevará a imaginar objetivos alcanzables. Aunque hay que pensar a lo grande, siempre es mejor mantener los pies en el suelo e ir avanzando poco a poco. Ahora bien, cualquier logro conseguido, por pequeño que sea, debería ser suficientemente agradecido. La gratitud es otro de los ingredientes indispensables de una vida feliz, junto con las decisiones difíciles.

ü  Compartir. La felicidad es de las pocas cosas que se multiplica cuando se reparte. Esta afirmación es un criterio fundamental que debe guiar nuestras decisiones. Como me enseñaron mis amigos de la Fundación Olivares, cuando ayudas a los demás, recibes muchísimo más de lo que das.

Por si nos sirve de refuerzo positivo de cara a la toma de decisiones importantes, no debemos obviar que las personas somos básicamente “homos decisoris”. Hay estudios que confirman que tomamos una media de 35.000 decisiones diarias, lo que hace una media de unas 2.000 a la hora si estimamos un sueño medio de siete horas. Todo en nuestra vida es una decisión, desde que damos el primer salto de la cama, hasta que decidimos volver a ella. Entre medias, decidimos que ropa ponernos, con qué nos alimentamos, qué camino tomamos hasta el trabajo, qué ejercicio hacemos, e infinidad de decisiones más. Por tanto, la falta de entrenamiento no debería ser una excusa de cara a la toma de decisiones importantes.

Para complicar un poco el tema, la teoría de los universos paralelos defiende, que en base al carácter infinito del espacio, existen infinitos planetas habitados, donde nuestros teóricos gemelos viven una vida complementaria a la nuestra en base a las infinitos caminos que vamos descartando con las decisiones que vamos tomando. En algún Universo Paralelo, hay un Antonio que no escribe mensualmente ese blog posiblemente por el miedo al qué dirán. Me resulta difícil entenderlo y expresarlo, imposible obviamente de explicarlo, pero no quería dejar pasar la oportunidad de citarlo.

Siempre me gusta aportar parte de mi experiencia vital a estas publicaciones para hacerlas más directas. En mi caso particular, en Diciembre de 2001 tomé una de las decisiones más difíciles que he tomado en mi vida. Con mi mundo interior zarandeado tras el reciente fallecimiento de mi padre, con una importante crisis de identidad profesional porque no creía en lo que hacía, la oportunidad de un cambio importante apareció en mi horizonte. Era cambiar mi estabilidad como director de banco, con un futuro prometedor y con una esperanza de jubilación anticipada por una vida llena de riesgos. Pocos de los que me rodeaban entendieron esta difícil decisión. Era cambiar mi posición de director de oficina de una de las Cajas de Ahorro líderes del mercado andaluz por un puesto de director financiero en una constructora pequeñita, con una situación relativamente complicada. Afortunadamente mi familia y mis jefes directos me brindaron todo su apoyo y esta decisión difícil me regaló una de las etapas profesionales (y personales) más brillantes de mi vida. Hoy, mirando hacia atrás como decía Steve Jobs, puedo observar como los puntos se unen de forma magistral para dar sentido a todo. Y es que parece que el Universo, al igual que el abuelo, tiene un plan. Ahora puedo volver a ver la misma película protagonizada por mi hijo. A sus recién cumplidos dieciocho años, le llega la hora de tomar decisiones difíciles. Espero y deseo con todo mi corazón que le lleven a una vida de plenitud.

Gracias como siempre por vuestro tiempo. Este mes me he extendido un poco más. Consecuencias de tener más tiempo libre. No obstante, vuestra es la decisión de leerlo hasta el final. Que tengáis un gran mes de Agosto en el que toméis decisiones difíciles que hagan vuestra vida más fácil. Gracias.