jueves, 23 de febrero de 2023

EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS

                 Continuamos con las publicaciones no tradicionales en este 2023. El mes más corto del almanaque nos deja como sugerente título esta película de Nagisa Osima estrenada en España en los mágicos ochenta. Seguro que a todos los de mi generación les trae muy buenos recuerdos. Momentos inolvidables. De todas formas, haciendo uso del “quiebro”, ese recurso tan propio de las letras de muchas agrupaciones carnavaleras que tienen en este mes su época favorita del año, no voy a hablar sobre la película anterior ni sobre el género al que pertenece.

                Este mes quiero reflexionar sobre los sentidos. Y no hablo de los sentidos que la RAE define como la recepción y el reconocimiento de sensaciones y estímulos que nos llegan a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. No. Quiero usar un significado más amplio, que recoge acepciones como el sentido común, el del humor, el del ridículo… en concreto me gustaría centrarme en el del humor y en el del ridículo, que muchas veces parecen fluir en sentidos (entendido ahora como orientaciones) opuestos dentro de la misma dirección.

                Mi genial profesor Antonio Garrido, al que suelo mencionar habitualmente, nos dijo una vez que los dos elementos motivadores más potentes para las personas eran el humor y el dolor. Si queremos que alguien haga algo no hay nada mejor que hacer que se divierta y lo pase bien o infringirle dolor (de cualquier tipo) como consecuencia no deseada y directa de que no acceda a nuestros deseos. Una auténtica paradoja de la naturaleza humana, que teniendo la posibilidad de hacer pasar un buen rato al prójimo, en muchas ocasiones (demasiadas quizás) opte por el plan B. Quizás por ello decidimos llamar al sentido común de esa forma, aunque en muchas ocasiones se trate del menos común de los sentidos.

                Hablando del sentido del humor, no puedo dejar de mencionar a otro de mis Maestros. El no menos genial Alonso Pulido, que ha desarrollado y puesto en práctica el concepto de “ahumor” (amor+humor) como forma de vida. Retomando el sentido del ridículo, del que ya avanzábamos que se movía en sentido contrario al del humor, Alonso muestra como permanente indumentaria un chalequillo de llamativos rombos multicolores. Cuando algunas personas con un sentido del ridículo bastante más desarrollado que el del humor se asombran, critican o incluso rechazan el uso del chalequillo, Alonso siempre argumenta, con un exquisito sentido del humor (y también con una educación innegable) que la principal diferencia con ellos es que él es capaz de llevar esa prenda, mientras que la gran mayoría de estos interlocutores no tienen la posibilidad ni la libertad para hacerlo. Yo me siento muy orgulloso de haberme colocado el chalequillo en alguna de las mágicas sesiones de formación que organiza.

                En mi caso concreto el paso de los años arrastró las grandes dosis de timidez y sentido del ridículo que rebosaba en mis años más mozos. Se llevaron enganchados la mayor parte de mis cabellos, pero es un efecto colateral que he pagado encantadísimo, y que volvería a pagar sin dudarlo lo más mínimo. En cuanto al sentido del ridículo siempre digo que mientras que lo que haga no atente contra los derechos de los demás y no haga daño a nadie, si encima soy capaz de arrancar aunque sea una simple sonrisa bienvenido sea. Deberíamos aprender a  relativizar más y ser menos “serios”. Total, en cien años, todos calvos (algunos antes…)

                La risa es el principal efecto directo del sentido del humor. Tiene un indudable y contrastado efecto positivo en nuestras vidas. Decía el insigne Freud, padre del psicoanálisis entre otras cosas, que la risa elimina la energía negativa del organismo. El córtex cerebral libera unos impulsos eléctricos que hacen que en menos de un segundo de liberar la risa, los pensamientos negativos queden bloqueados. Hablando de frases, un curioso proverbio escocés dice que la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. Más que acertado además en los momentos que vivimos. Rebuscando por la web, he encontrado este decálogo de efectos beneficiosos de la risa, que no he podido dejar de compartir:

·          Mejora la tolerancia al dolor, debido a la generación de endorfinas. Estudios confirman hasta un 10% de mayor resistencia al dolor en personas que ríen habitualmente.
·         Combate el estrés. Además de endorfinas, también se generan dopaminas y se reducen los niveles de cortisol.
·         Mejora el sistema inmunológico y previene enfermedades, también porque al reducir el cortisol se liberan unos anticuerpos llamados citoquinas.
·         Mejora el funcionamiento del sistema vascular. Estudios científicos revelan que las personas que han sufrido infartos suelen reír en promedio un 40% menos.
·         Genera un efecto antidepresivo, al reducir el estrés, la tensión y la irritabilidad.
·         Mejora la respiración, al vaciar los pulmones, como ocurre con las respiraciones profundas.
·         Mejora las relaciones sociales. Al ser contagiosa, ayuda a los demás a relajarse y a alinearse con nuestro estado de ánimo.
·         Favorece la quema de calorías, elevando hasta un 10% el gasto calórico y la frecuencia cardiaca.
·         Mejora la memoria, mediante un efecto de mejora del aprendizaje y el recuerdo retardado.
·     Fomenta una buena salud mental. Al reírnos de nosotros mismos (en relación con el sentido del ridículo que hablábamos antes) nos aceptamos tal como somos, ayudándonos a relativizarlo todo.

Y como cosecha propia, creo que reír nos hace más bellos, aunque sea interiormente. Las neuronas espejo, que controlan el mecanismo cerebral de la empatía, son decisivas a la hora de dar significado a la expresión risa contagiosa. De hecho, esta evidencia científica es utilizada por algunos cómicos, que se ríen para provocar el mismo efecto en su público. Si mi teoría sobre la belleza es cierta (que todavía no he encontrado prueba en contra) y todos nos contagiamos de nuestras risas haremos sin duda de este mundo un lugar más bello para vivir.

Hablar de risas en mi vida es hablar ineludiblemente de mi hijo Pablo. Suya es la foto que acompaña a esta publicación. En un momento y un lugar donde las risas son claras protagonistas, como es el Carnaval de Cádiz. Como ya publicaba hace un año, además de ser la chirigota el ejemplo prefecto de organización de alto rendimiento, las risas que provoca generan todos los efectos positivos descritos antes (y alguno más). Yo este año he tenido la oportunidad de vivirlo en primera persona, y doy buena fe de ello.

Gracias por su tiempo. Rían hasta que se os desencajen las mandíbulas y hasta que los abdominales se bloqueen por el dolor. Nos vemos en Marzo. Gracias.