domingo, 22 de octubre de 2023

OCTUBRE, MES DE LA SALUD MENTAL. TORMENTAS Y SOLES

                Octubre es el mes en el que se celebra el día Mundial de la Salud Mental, concretamente el día 10. Según la OMS, la salud mental es un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad.

Esta definición va mucho más allá de la ausencia de trastornos mentales. Estar bien es mucho más que no estar mal. Y lo escribo precisamente en un momento de mi vida en que mentalmente no estoy mal, pero tampoco estoy tan bien como suelo estarlo. ¿Por qué? Ciertamente no lo sé, y creo que aquí radica uno de los misterios de la salud mental. No es tan obvia y explícita como la salud corporal. Si te duele una rodilla, el hombro o la cabeza rápidamente la señal de dolor te pone en alerta y te permite enfocarte en el punto del dolor, buscando una solución. Sin embargo, y al menos bajo mi punto de vista creo que la salud mental es muy distinta. Un día te levantas con ganas de comerte el mundo con un sol que te ciega de tanto como brilla, y por arte de magia, unos negros nubarrones te hunden en la miseria sin que se sepa muy bien por qué. Aparentemente es más fácil averiguar la causa del dolor de rodilla, de hombro o de cabeza, y al menos tener la oportunidad de evitar repetir el comportamiento que lo provoca. Pero cuando algo se desmonta en el interior de la cabeza todo parece un poco más complicado. Esa relación causa-efecto no parece tan clara. Y por si fuese poco, todo lo que ocurre dentro parece tener su consecuencia directa en lo que ocurre fuera.

Decía antes que aparentemente no estoy tan bien como suelo estarlo. Y el termómetro que me ha llevado a verbalizarlo ha sido como casi siempre el del deporte. Este año, después de casi diez años y por primera vez en todo este tiempo parece que no voy. Pensé que era el resultado del calor de este verano, al que no he sido capaz de adaptarme este año como otros, pero no. Este año ha sido el primero en la última década en la que no he completado un triatlón distancia Ironman. Esta prueba es un excelente remedio para ordenar todo lo que pasa por ahí arriba. Casi doce horas nadando, pedaleando o corriendo es un ejercicio muy útil para encajarlo todo. Creo que la verdadera causa es que mi cabeza no está en las condiciones en las que ha estado otras veces. Admitirlo y verbalizarlo ha sido el primer paso. Ahora sólo queda aceptarlo, ser consciente e intentar cambiarlo.

La primera señal de alarma explícita saltó en Junio, con una rotura de fibras que no había sufrido en los últimos años. Pensé que era producto del cansancio acumulado, un cansancio que nunca había aparecido antes en años con mayor carga de entrenamiento. Me recuperé a tiempo de participar en alguna que otra prueba corta pero muy importante para mí (otra prueba más de que hablamos de un tema mental) y llegué muy justo a ese verano en el que nunca recuperé sensaciones de otros años. A principios de septiembre participaba en la “FanPin Race”, experiencia que inspiró mi publicación del mes pasado. Como os decía, por primera vez en mi “vida deportiva” pensé en abandonar, y la causa fue claramente el estado de mi mente.

Tengo una teoría particular y es que la salud mental suele ser más causa que efecto. Cuando estás bien, no importan las circunstancias externas (trabajo, pareja, familia, salud…) porque puedes con todo. Pero cuando estás mal, un imprevisto en cualquiera de estos aspectos te puede acabar de hundir en la miseria.

Antxo Pérez, es sus “88 peldaños para la gente feliz” utilizaba una metáfora bastante significativa usando el ejemplo de un agricultor. Antxo dice que en los períodos de adversidad (y yo lo interpreto especialmente como adversidad mental) debes hacerte agricultor, o al menos adoptar su mentalidad. Para el agricultor solo hay dos estaciones, la de tormenta y la de buen tiempo, y su función es sacar el máximo provecho de cada una de ellas. Cuando el clima es soleado es tiempo de cosecha, de hacer todo lo posible por elevar su productividad y maximizar la bonanza.

Cuando el clima es adverso y tormentoso y producir no es viable, es tiempo de proteger el grano y conservar la energía para cuando el clima mejore. Lo más práctico de su manera de afrontar la tormenta es que no le frustra. Lo ve cada año y sabe que igual que un día las lluvias llegan, otro día se van. Lo ha vivido suficientes veces como para no darle más importancia de la que tiene. Su felicidad es constante porque no se permite ligarla a los altibajos climáticos.

Después de releer estas palabras de Antxo por enésima vez, me quedo con que igual que las lluvias llegan, otro día se van. Hoy llueve, pero volverá a salir el sol y volveré a cosechar. De momento toca proteger el grano.

Y para pasar este tiempo de tormenta, hoy el deporte ha vuelto a facilitarme una lección magistral. Una nueva carrera con nuestros Capitanes de la Asociación Carros de Fuego, llevando a Cristian una vez más. Un equipo de guepardos, como lo definían algunos, sería el encargado de impulsarlo. Mi cabeza me decía que ese no era mi sitio hoy y que no tenía sentido sufrir. Pero mis amigos (los tres Migueles, Javi y Marcos) se han encargado de llevarme casi en volandas y de hacerme ver que la tormenta estaba en mi cabeza. Al final mucho mejor de lo previsto, como siempre. La lección es que la tormenta siempre se pasa mejor en compañía. Pedir ayuda es fundamental.

Me vienen las palabras de Haruki Murakami que tanto usamos en la pasada pandemia: "Y una vez que la tormenta termine, no recordarás como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Aunque una cosa si es segura, cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella".

Este mes ha tocado algo distinto. Como siempre digo, si compartir esto le sirve al menos a una persona, me doy por satisfecho. A mí me ha venido muy bien. Aunque en mi parcela aparentemente siempre brille el sol, hay veces que también llueve. Y no pasa nada. La lluvia es imprescindible para el crecimiento.

            Hasta el mes que viene. Gracias por vuestro tiempo como siempre. Como imagen de esta publicación, una imagen mía de cuando el sol brillaba tanto que quemaba. Volverá a hacerlo. Lo sé. Muchas gracias.