jueves, 21 de marzo de 2024

MIS PRIMEROS 100 DIAS EN MINIFUNKIDS (PUBLICACIÓN 100 DEL BLOG)

      Comparto hoy una publicación extraordinaria en mi blog para comentar y celebrar mis primeros cien días en Minifunkids. No sé muy bien cómo esta idea llegó a mi mente, pero sobre todo no sé cómo fue capaz de destacar entre la infinidad de ideas que lo hacen diariamente. Quizás porque 100 días es  una cifra redonda. Me acordé del genial cuento del Círculo del 99 de Jorge Bucay, que no destriparé hoy porque seguro que me da para una futura publicación. 100 días en los que mi vida ha dado un cambio espectacular que como dice mi amigo Alonso, merecía la alegría compartir.

        Si tuviese que resumir estas 2.400 horas en una sola palabra, no tendría ninguna duda. Escogería la palabra “gracias”, una de mis favoritas. Gracias por todo lo que he vivido en estos cien días, por las personas que se han cruzado en mi camino como últimos fichajes a mi álbum de la vida, y también gracias a aquellos que ya aparecían pero que han cambiado su demarcación e incluso su camiseta para jugar un papel aún más relevante. Pero una sola palabra creo que no sería suficiente para expresar todo el agradecimiento que siento. Así que pensé en escribir una publicación extraordinaria para poder compartirlo. A la hora de estructurarla, un “reel” de Instagram (perdonad el anglicismo, pero es uno de los efectos colaterales de haber “rejuvenecido” en esta nueva aventura) me mostró un señor de edad madura dando tres sabios consejos sobre la vida. Las tres frases me parecieron una forma muy original de hacerlo.

    v  Rodéate de personas cuyos ojos se iluminen cuando te ven llegar.

Las personas han jugado un papel fundamental en esta nueva temporada de la serie de mi vida, como no podía ser de otra forma. Lo de la luz en los ojos es bastante gráfico. Por razón de mi hoy perdida timidez, siempre he encontrado serias dificultades a la hora de mirar a la gente a los ojos. Lo veía como una especie de intromisión en su intimidad, pero ahora me doy cuenta de que en realidad era una barrera para proteger la mía. Hoy, casi sin timidez y sin intimidad, me encanta disfrutar del brillo en las miradas de los ojos de las personas.

Y estos cien días los he podido vivir gracias al brillo de todos los que han iluminado mi camino con sus ojos. Por orden de aparición, como en los créditos de las películas, tengo que comenzar por dar las gracias a mi familia, a mi mujer, María, y a mis hijos Daniela y Pablo. Ellos fueron los primeros que iluminaron sus miradas y sonrisas cuando les planteé la posibilidad de cambiar de trabajo y me animaron sin dudarlo a pesar del riesgo que podría entrañar. Ya conocían a Minifunkids y a María Jesús desde antes y seguro que la luz en los ojos de María Jesús también los había hipnotizado. Porque si algo derrocha María Jesús es luz. En estos cien días, las decenas de veces (casi cien sin temor a equivocarme mucho) que la he escuchado contar la historia de Minifunkids he podido vivir en primera persona como la luz que rebosan sus ojos cuando habla de sus niños hipnotiza a todo el que se cruza en su camino. Con esa  luz no era posible decir que no a este sueño.

Pero Minifunkids no es sólo María Jesús. Además de su CEO y fundadora, que no es poco, Miguel, Juandi, Alejandro, Alberto y todos los que de una u otra forma colaboran en el proyecto, también iluminan sus ojos cuando hablan de Minifunkids.

Esa luz se extiende a los socios, que vieron luz también en la posibilidad de ayudar a niños con diversidad funcional y fueron fundamentales para que el sueño se fuese haciendo realidad. Para cerrar este círculo, la luz de José María, mi Amigo con Mayúsculas (Hermano no de sangre con Mayúsculas también) que fue quien actuó de alineador de astros para que esto  saliese adelante. Por si fuese poco, mi Hermano (este de sangre) formó parte de ese equipo que junto a María, Jesús y Paco nos permitieron que les “okupásemos” su despacho durante los primeros meses. A pesar de haber irrumpido en sus vidas, iluminaban sus ojos cuando nos veían llegar. Los echamos de menos.

En este ejército de iluminadores no podemos olvidar a todos los mentores, formadores y otros colaboradores que nos hemos encontrado por el camino y que han intercambiado sus valiosos consejos a cambio de la luz de Minifunkids. No queremos olvidar a ninguno de esa larga lista que conforman Jose, Pablo, Paloma, los “Carlos”, Bassem, Beatriz, Enrique, y todos a los que no he tenido el gusto de conocer pero también iluminaron el camino de María Jesús con el brillo de sus ojos.

Y no podemos finalizar este apartado sin destacar el brillo de los ojos de los niños, esos niños que son nuestro verdadero porqué y en los que hemos puesto la esperanza y nuestro esfuerzo para que con el uso mágico de la realidad virtual y con la iluminación que sus ojos generen dentro de esos visores podamos ayudarles a mejorar su calidad de vida, haciendo de este mundo un lugar más inclusivo, diverso y visible.

Cerrar este apartado sin hablar de mi amigo Cristian sería imperdonable. Si alguien es ejemplo de luz en sus ojos es precisamente él. Por eso cada vez que tenemos ocasión contamos con él como imagen para unos flyers en la MWC, o como protagonista de un vídeo de agradecimiento en la diapositiva que cierra la mayoría de nuestras presentaciones.                     

v  Lentamente es la forma más rápida de llegar a dónde quieres estar.

         Avanzar lento y firme sin desviarte mucho del camino es mejor que hacerlo como pollo sin cabeza y sin tener muy claro dónde vas. Si usas la segunda opción al final terminarás equivocándote de camino, y tendrás que volver sobre tus pasos para deshacer lo recorrido. Esta experiencia la tengo muy asumida gracias a mi experiencia en deportes de larga distancia. Si te equivocas en el trazado de una ultra y después te das cuenta de que por ahí no se llega a la meta no te quedará otra que volverte hasta el punto donde te equivocaste. Ese punto donde una parada y reflexión sobre el camino a tomar posiblemente te hubiese ahorrado una cantidad extra de kilómetros que seguro que al final acabas lamentando.

 Ya hablé sobre este tema en mi publicación de enero donde hablaba de atarme los cordones antes de empezar a correr. Paradójicamente (¿qué es la vida, sino paradoja junto a humor y cambio?, como la definen magistralmente en el “Guerrero Pacífico”) en este metaverso de realidad virtual, donde todo viaja a una velocidad endiablada, mantener la firmeza, ser paciente y saber contar hasta diez pueden ser virtudes diferenciales y verdaderas ventajas competitivas. En un mundo donde todos corren sin saber por qué, priorizar, ralentizar y racionar las fuerzas te pueden acelerar al final. Carrera de fondo donde lo  importante no es sólo llegar, sino seguir avanzando y subiendo (como veremos a continuación) cuando nos creamos haber cruzado la meta. Como escribía en T3, uno de mis libros, “La verdadera competición empieza cuando cruzas la línea de Meta”.

v  La cima de una montaña es la base de la siguiente, así que sigue subiendo.

Dice un proverbio africano que si quieres caminar rápido vayas solo, pero que si quieres llegar lejos, lo hagas acompañado. Ya dejamos claro en el punto anterior que nuestro caminar debía ser lento pero firme. En este aclaramos que nuestro objetivo es llegar lejos, muy lejos. Que el viaje sea largo y dure lo máximo posible. Que creemos un Minifunkids tan sostenible y sólido que seamos capaces de ayudar a muchos niños. A mientras más mejor. Así que toca ir acompañado de gente a las que les brillen los ojos, con paso firme y seguro. Porque una vez lleguemos a dónde queremos estar, el camino no se habrá terminado. De hecho es ahí donde comenzará el verdadero camino. Este tercer consejo precisamente se habla sobre esto. Cuando creemos haber alcanzado la cima, tenemos que tomar conciencia de que la cúspide tan sólo es la base de la siguiente montaña que nos aguarda, así que debemos seguir subiendo.

En esta subida permanente no puedo dejar de subir sin recordar las sabias palabras de mi padre. Él hablaba de que la vida era una escalera. De que a veces tocaba ir cuesta abajo, casi frenándote, pero que otras veces tenías que subir y apretar porque los escalones se hacían insalvables. Y que cuando bajases fueses amable con los que en esos momentos sufrían la  subida, porque algún día tú ocuparías su lugar y puede que los que hoy estaban sufriendo mañana disfrutarían de la bajada. Y al final la vida te iba a devolver lo que tú le dieses a ella. Una lección brutal, como todas las que me regaló sin necesidad de haber pisado nunca una universidad. La otra que más utilizo es la de que fuese siempre el mismo, fuese donde fuese y estuviese con quien estuviese. Lecciones fáciles de enunciar y comprender pero difíciles de poner en práctica, como la de los verdaderos Maestros.

Con este privilegiado material genético hoy tengo la suficiente experiencia como para tener la posibilidad de usarla a mi favor. Paradójicamente, a mi edad me encuentro jugando en una Champions para jóvenes, donde la mayoría son emprendedores de startups que podrían ser incluso mis hijos. A pesar de ello, he sido más que bien recibido y en ningún momento he sentido rechazo a la llamada generación de plata, además de por mi falta de canas, posiblemente por que contemos con la inclusión y con la diversidad como dos pilares de nuestro proyecto.

Tenemos muy claro que no todo serán días de vino y rosas, ni achuchones en la espalda ni alfombras rojas por las que desfilar. Llegarán las espinas, los inconvenientes, las subidas interminables, y ahí es donde debemos mantener la luz en los ojos y recordar por qué comenzamos, cuál es nuestro propósito y nuestra motivación. El otro día escuchaba en una conferencia que los dos secretos del éxito en la vida son ilusión y voluntad. Ahora mismo nuestros depósitos rebosan. Vigilaremos que no se vacíen. Reponerlos será una de nuestras tareas principales.

Gracias por invertir vuestro tiempo en leer esta reflexión, quizás un poco más larga de lo habitual. 100 días no son nada. Lo importante es el día de  hoy. Y cuando pase, el de mañana, que se acabará convirtiendo en hoy también, a vivirlo a tope. Día a día. Trocito a trocito. Partido a partido.






martes, 12 de marzo de 2024

REGRESO AL FUTURO: LA ILUSIÓN DEL FIN DE LA HISTORIA

     En mi reciente reestrenado papel de aprendiz, que paso interpretando la mayor parte de mis días, ha llegado a mis dominios  una excepcional charla Ted del psicólogo de la Universidad de Harvard Dan Gilbert. Dan Nos habla sobre la “ilusión del fin de la historia”.

(https://www.ted.com/talks/dan_gilbert_the_psychology_of_your_future_self?utm_campaign=tedspread&utm_medium=referral&utm_source=tedcomshare)  

    Básicamente este fenómeno mental se pone de manifiesto cuando nos preguntamos a nosotros mismos si somos la misma persona que éramos hace diez años. La respuesta en la mayoría de los casos es negativa. Puede ser para mejor o para peor, pero todos admitimos que evolucionamos. “Cómo hemos cambiado” que cantaba la genial Sole Giménez de Presuntos Implicados. Sin embargo, si nos preguntamos cómo seremos dentro de diez años la cosa cambia. A pesar de que tenemos muy claro que nuestro yo pasado es bastante diferente a nuestro yo presente, tendemos a pensar que quienes somos ahora es la versión "real" y "terminada" de nosotros mismos, y que nuestro yo futuro será básicamente el mismo que somos hoy. Pensamos que la persona que somos hoy es la persona que siempre seremos. Gilbert lo explica de manera espectacular con una frase para enmarcar: "Los seres humanos son obras en progreso que erróneamente piensan que están terminadas".

       Nos olvidamos de que todo lo que hacemos, pensamos y decimos hoy está creando lo que seremos el día de mañana. Igual que todo lo que hicimos, pensamos y dijimos en el pasado nos hizo llegar hasta nuestro yo de hoy. Lo verdaderamente fascinante de este tema es como en muchas ocasiones en el futuro nos acabamos lamentarnos de las decisiones del presente. Posiblemente las tomamos sin pensar que tendrán su impacto en el futuro. La gente se (nos) gasta importantes cantidades de dinero en eliminar tatuajes por los que también pagaron una cantidad importante, se casa para después divorciarse, incluso a edades adultas se lucha duro para olvidarnos de tantas cosas que durante la madurez se luchó duro para conseguir. Tomamos las decisiones en este justo momento pensando que el yo futuro será exactamente igual que el yo presente, con lo que el impacto de la decisión será correcto. Pero cuando miramos hacia atrás nos damos cuenta de que las decisiones de hace diez años no nos afectaron como pensábamos, porque el yo de hoy no es el yo del pasado, e incluso a veces tiene poco que ver con él. Dan sugiere que este fenómeno puede estar relacionado con que el cerebro humano tiene más facilidad para recordar que para imaginar y para crear. Al yo de hace diez años lo tenemos controlado, pero al yo de dentro de otros diez lo tenemos que imaginar, y quizás nos sea más cómodo suponer que será igual que el de ahora.

       En mi caso particular, creo que una de las razones que me empujó a dar el salto en el ámbito laboral tuvo mucho que ver con esto, aunque no de forma consciente. Obviamente no estaba nada contento con el yo que veía frente al espejo. La frase de Steve Jobs me llegó a perseguir como una señal de que algo tenía que hacer. Cuando me preguntaba si quería hacer lo que iba a hacer cada día si fuese el último día de mi vida y el  "no" comenzó a repetirse durante demasiados días seguidos, entendí que tenía que cambiar algo. Me obligué a imaginarme dónde me gustaría estar dentro de diez años, algo que realmente no fue fácil, y a escribir mi particular (y mental) carta a los Reyes. Y sin saber muy bien ni cómo ni por qué, la oportunidad apareció. Fue una decisión tomada más con el corazón que con el cerebro, más con la emoción que con la razón, con todo lo que ello conlleva. Sin embargo, cuando miro hacia atrás para conectar los puntos de mi vida (otra vez el eterno Jobs) creo firmemente que en mi vida los resultados de las decisiones emocionales han superado por goleada a las racionales.

     Y hablando de emociones, no puedo escribir estas líneas sin dejar de emocionarme. Hablando de décadas hacia adelante y hacia atrás, mi hijo Pablo, sopla por segunda vez en su vida las velas con un cero en la tarta. Le deseo que todo lo que haga hoy le lleve al Pablo que quiere ser dentro de diez años. Un Pablo que con su creatividad él seguro que es capaz de imaginar muy distinto al de hoy con todo lujo de detalles. Como decía Melendi, uno de nuestros artistas favoritos, veinte años no son nada…  

     Al final queda claro que el tiempo es nuestro gran definidor. El que nos coloca a cada uno en  nuestro sitio. Lo bueno es que con nuestras decisiones de hoy tenemos el poder de definir a nuestro yo del futuro. El de dentro de diez años, o el de los que sea. Lo importante en la vida es siempre el camino, no la meta. Y lo dice un individuo que ya ha perdido la cuenta de todas las que ha cruzado.

     Y como imagen para ilustrar la publicación de este mes, una imagen generada por inteligencia artificial (sí, quien me iba a decir a mí que a mis años yo iba a enredar con esas cosas) que me ayuda a visualizar a mi Antonio del futuro, dentro de diez años o más. Un Antonio que sigue llevando puestas gafas de realidad virtual.

     Gracias como siempre por vuestro tiempo y nos vemos en un mes. En un plazo de tiempo en el que todos seremos distintos a los de hoy, aunque no nos demos cuenta.