martes, 20 de diciembre de 2022

FELIZ NAVIDAD, FELIZ 2023. SEGUIMOS BUSCANDO...

    Llega la publicación del mes de diciembre, como una prueba más de que el tiempo vuela (tempus fugit). Ya lo comentaba en el post de Julio de 2021 cuando llegó el momento de cumplir los 51 años. Año y medio más tarde, no sólo sigue volando, sino que lo hace cada vez de forma más rápida (movimiento uniformemente acelerado, creo que se llamaba en Física cuando estudiaba).

    Esta  tradicional publicación de diciembre suele ser de despedida del año en curso, de agradecimiento por todo lo vivido y de preparación para el nuevo año a punto de comenzar. Este mes usaré como hilo argumental el cuento de “El Buscador” del genial Bucay, sobre el que ya he escrito también en alguna que otra ocasión.

     Es un cuento sobre una persona que andaba por la vida en constante búsqueda, sin saber muy bien de qué (un poco como me pasa a mí, y como creo que en cierta medida nos ocurre a muchos). Este buscador decidió salir en un viaje sin ningún destino planeado para buscar eso que no tenía nada claro lo que era. En cierta ocasión llegó a un camposanto. Allí el viajero contempló aterrorizado las inscripciones de las lápidas en lo que parecía ser un cementerio de niños. Ninguna de ellas marcaba edades superiores a los once años. Desolado, rompió a llorar pensando en la terrible maldición que pesaba sobre aquel lugar. Un anciano al verlo le preguntó si tenía algún familiar allí enterrado. Le contestó que no, pero que estaba desolado al ver aquel cementerio repleto de niños… El anciano sonrió y le contestó algo así:

     “Tranquilo amigo, no hay ninguna maldición. Le explicaré… Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y la costumbre es que cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró el disfrute ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿Y después?, la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?, ¿horas?, ¿días?

      Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso… Y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”

       Esa debería ser para nosotros la verdadera medida del tiempo. Y el objetivo de nuestras vidas, que el tiempo disfrutado se acercase en la mayor medida posible a nuestra edad biológica. Y afortunadamente ésta es la sensación que me queda mirando atrás hacia los últimos doce meses del calendario. Ha sido un año espectacular, posiblemente de los mejores de mi vida, aunque eso lo acabo diciendo casi todos los años. Imagino que mi decadente memoria selectiva me hace recordar con mayor intensidad los últimos buenos momentos vividos en detrimento de los menos buenos.

        2022 será un año que recordaré mientras viva. Ha sido un año muy especial a todos los niveles. En el profesional me ha permitido seguir aprendiendo y conociendo a gente espectacular a un ritmo de vértigo. Muchas de las horas vividas en el trabajo, especialmente las experiencias vividas junto a compañeros se han quedado anotadas en mi imaginaria libreta colgada del cuello.

       En lo personal ha sido aún más espectacular. Los años me van dando la experiencia que no se puede adquirir de otra forma y todo se contempla desde otro punto de vista. Estoy en el camino de buscar qué es lo realmente importante en mi vida, y priorizarla en torno a ello. Para ello tengo que hacer mención especial a mi familia, que son los que realmente me iluminan en los momentos de oscuridad y le dan sentido muchas veces a esta aventura llamada vida. Muchos de los momentos que he anotado en mi libreta las he vivido junto a ellos. Unas vacaciones inolvidables, y unos momentos vividos cada vez más intensamente.  Quizás aprovechando que uno de los miembros de la familia ha comenzado a vivir su vida de forma independiente, cerca en distancia kilométrica de nosotros pero lejos en distancia emocional, porque lo echamos bastante de menos.  En esta línea, las vacaciones de este año han sido de las mejores que hemos vivido.

        También mi vida social me ha regalado gran cantidad de horas de calidad que han sido realmente vividas. Dicen que los amigos son la familia que se escoge, y aquí también han jugado un papel fundamental en haber completado un año con matrícula de honor.

         No podría pasar por alto un agradecimiento a la vida por el espectacular estado de salud que me ha regalado en este año que se va. No hay mejor lotería que ésta, y que conste que escribo estas líneas antes del día 22, el día mundial de la Salud.. Como consecuencia directa me ha hecho vivir uno de los años más intensos de mi vida deportiva, por llamarla de alguna forma. Maratón de Sevilla, medio Ironman de Marbella, Desafío Doñana, Ultramaratón de la Vida no oficial y el culmen de la temporada en la Maratón de Atenas, con un viaje inolvidable que hizo realidad el sueño de Cristian, y sobre el que ya escribí el mes pasado. Todas estas pruebas y muchas más que he llevado a cabo, la mayoría de ellas junto a los Capitanes de Carros de Fuego,  han ido a engrosar directamente mi cuenta de momentos realmente vividos.

        No quiero alargar esta publicación mucho más allá del agradecimiento a todos los que me habéis hecho vivir estos momentos, que sois muchos y muy buenos. A los que tenéis el detalle de leerme mensualmente, gracias especiales por vuestro tiempo, como os digo siempre. No creo que estas líneas tengan la calidad suficiente como para que podáis considerar el tiempo invertido en su lectura como tiempo realmente vivido, por lo que os lo agradezco especialmente.

         Para finalizar, y como no puede ser de otra forma en la época en la que estamos os quiero desear una muy Feliz Navidad y todo lo mejor para este inminente 2023, en el que espero que vuestro contador de momentos vividos alcance la cifra más cercana posible a los 31.536.000 segundos que esperamos vivir a partir del próximo 1 de Enero. Y como imagen que acompaña a la publicación, una simpática (espero) felicitación navideña que me recuerda las casi cuatro horas intensamente vividas hace poco más de un mes. Feliz Navidad y gracias.